La nada, el minimalismo y el encontrarse a sí mismo

Una de las lecturas ligeras del día ha sido una entrevista a una tía que era cantante o algo y un día se rayó y pasó de eso y se dedicó a otra cosa y el dinero da igual. Me ha recordado mucho a una viñeta del New Yorker en la que se tocaba la paradoja del minimalismo. Efectivamente, no tener nada resulta carísimo, especialmente donde el metro cuadrado también lo es. El rico puede comer fuera de cosa y el pobre tiene latas de sardinas, botes de conservas y medio kilo de harina. Esa idea tan maravillosa de simplificar la vida de uno y hacerla más zen tirando todo lo que tiene hace falta mucha pasta para mantenerla. Lo de encontrarse uno a sí mismo es un lujo semejante. Estoy seguro que la rumana que limpia nuestra oficina no se planta un día diciendo que ya está bien de engañarse a sí misma y se pira a un retiro de yoga en el Himalaya para reinventarse a la vuelta como diseñadora de ropa ecológica.

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