Chopin contra la lluvia

Para ir jaqueando a la vida es necesario un repertorio inagotable de recursos. Desde hace años los nocturnos de Chopin nos defienden de los autobuses en días de lluvia. Las notas se esconden en el bolsillo y suben por cables hasta los alrededores del gorro de lana para que el trasiego de la humanidad entera transcurra a cámara lenta y el traslado a la oficina se convierta en una secuencia de metraje de ensueño. El ruido se disuelve hasta parecer silencio y el tráfico denso se difumina para ser mero escenario. Así la prisa es toda ajena, del estado de sueño puede pasarse ocasionalmente al de inspiración y un empleado gris consigue atravesar el espacio semiurbano mientras nada es del todo real. O como mucho unos cuantos bemoles son dolores de emigrado en París si Polonia, en modo menor, ya ha caído.

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