España, república de trabajadores (Iliá Ehrenburg, 1931)

Libro

Entre mis lecturas de este fin de semana ha destacado la de uno de los libros que me traje de España hace unas semanas. “España, república de trabajadores” publicado en la URSS a principios de 1932 a partir de las experiencias españolas del interesante año anterior de Iliá Ehrenburg (lo encontrarán como Ilya y como Erenburg, Ehrémburg y varias combinaciones de formatos).

El título invita a presuponer un tipo de relato mucho más político que el que se acaba presentando, que en el fondo es más bien costumbrista y me recuerda a nuestro Camba salvando lugares y décadas. El propio autor admite en el prólogo a la edición española que es un libro escrito en ruso y para rusos, lo cual se deja ver en varios lugares de la obra, que no contiene notas explicando, por ejemplo, que el nombre de un establecimiento madrileño llamado Sakuska (закуска) significa entremés o que Jlestákov (hay un capítulo dedicado a los jlestakov españoles) es el personaje de una obra de Gógol.

Es un libro muy del año treinta y uno en el sentido de que no recoge la tradición española o la historia de longue durée y sí acontecimientos que resultaron de importancia en su momento (por ejemplo las apariciones marianas en Ezquioga, Guipúzcoa) y que luego acabaron en lo que Trotsky llamó el basurero de la Historia. En otro momento Ehrenburg comenta que en España no existe el subsidio de desempleo: curiosamente y tras décadas de atraso en esta materia acabó implantándose al año siguiente (1932). Por decirlo de otro modo, es un libro de corresponsal más que de historiador.

Oigo y leo con cierta frecuencia una frase de un por lo demás para mí oscuro autor inglés que dice que the past is a foreign country. Mira uno hacia atrás ochenta años y se encuentra con una país irreconocible de niños famélicos que hoy no aparecen salvo en la propaganda de Podemos y servicios de tren lamentables en Extremadura, que aunque en esto haya cierta continuidad me imagino que ya no se tarda ocho horas en hacer los 100 km que separan Cáceres de Badajoz. (Leo también que el trayecto Granada-Murcia eran quince horas).

El género del costumbrismo y los viajes da mucho margen de maniobra para la hipérbole. En dos párrafos consecutivos se dice que Madrid se pone en marcha cuando los funcionarios comienzan a trabajar alrededor del mediodía. Y si eso tan exagerado era así parece que ha cambiado a mejor, aunque la desidia de los empleados públicos siga siendo proverbial al menos está ya en otra dimensión y a continuación se comenta una peculiaridad inextirpable de la idiosincrasia española que ha condicionado el tipo de lucha política que se ha producido en el país durante al menos cinco siglos: todo el mundo es individualista y a la vez quiere cobrar del estado.

Entre las contradicciones que Ehrenburg percibió en la España de 1931 menciona la que se daba la entre el lenguaje político revolucionario y la situación de subyugación de la mujer o el caso del incendiario de iglesias que tras su jornada acudía a misa en un templo intacto. Yo diría que los revolucionarios de salón que no aplican sus convicciones en el ámbito privado y los anticlericales devotos son figuras que han llegado hasta nuestros días.

Hay más continuidades como lo del cambio de nombres de las calles, el cambio de actitudes de los políticos que llegan al poder y mantienen a su servicio las estructuras que antes llamaban a destruir, esos catalanes que se las dan de más europeos o más avanzados que el resto de los españoles. Cuando tenga ocasión me pondré con el diario del diputado pacense que había viajado a la URSS y dejó escrito que los popes eran judíos, afirmación o broma que Ehrenburg mienta.

Por último, el autor comenta que al llegar a Madrid lo registraron acaso en busca del “oro de Moscú”. Como estamos hablando de 1931 este no puede ser el famoso oro con el que la República pagó a Stalin el armamento soviético. Tras una búsqueda en varios idiomas veo que la expresión ya estaba consolidada a finales de los años veinte en el sentido de pagos o salarios que Moscú hacía en el exterior a cambio de propaganda o de favorecer sus intereses. Pero era oro que Moscú pagaba.

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One Response to España, república de trabajadores (Iliá Ehrenburg, 1931)

  1. […] Noviembre: España, república de trabajadores […]

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