Bola de cristal rayado

Aquí y pocas veces allí

Desde esta cómoda distancia he seguido en cierta medida la campaña electoral española y aunque hace varios años que decidí no participar en elecciones no me resisto a dejar mis preferencias y pronósticos por escrito para que sean los años quienes confirmen cuán errado estuve como ciudadano y como adivino.

La primera idea que informa mi pensamiento es que el cambio que España necesita para mejorar no es político, sino que sería preferible uno de tipo económico o tecnológico o incluso moral. Pocas esperanzas puestas en lo que puedan traer estas elecciones que no cambiarán demasiado ni para bien ni para mal. El sistema institucional, bien anclado en la mentalidad colectiva, es lo suficientemente sólido como para que los cambios que él mismo prevé no lo desestabilicen.

Mi preferencia, moderada, es de hecho la estabilidad. Me alegro de no votar porque realmente no sé cuál sería el voto que mejor contribuiría a una große Koalition que aísle a los extremos y los extremismos (algo así como un gobierno de Ciudadanos con las alas razonables de PP y PSOE). Parece que todo el mundo espera o bien el gobierno del bloque de izquierdas con apoyo de los separatistas o bien el gobierno de centro-derecha con el apoyo de la nueva derecha más dura que aún no se sabe qué cariz tendrá. En todo caso el país no se hundirá sino que continuará su lento declive al ritmo de la molicie ciudadana y la inercia demográfica.

Quien quiera seguir con más de lo mismo ahí tiene al PP o al PSOE. En las últimas semanas les he oído alguna idea buena y he pensado que sería interesante verlos gobernar así algún día y cómo habrá sido que no les haya dado tiempo a poner esas cosas en práctica en todos estos años. Lo peor del partido socialista es quien lo dirige en estos momentos: un ególatra sin escrúpulos que haría cualquier cosa por mantenerse en el poder, sin menoscabo de la deriva posmoderna e identitarista que aflige a la socialdemocracia por doquier. Sus aliados tampoco tienen las cartas de presentación más recomendables ni defienden los modelos internacionales precisamente más admirables por sus resultados.

Con lo de siempre no llegaremos a ningún sitio, pero también es verdad que hay lugares mucho peores y que para ir a esos, mejor no moverse. Ciudadanos es partido de algunas ideas nuevas que están bien, otras como que considero moralmente reprensibles (vientres de alquiler) y todos los errores tácticos del mundo (¿no es obvio que renunciar a pactar con el PSOE te hace perder tu ventaja natural de estar en el centro del espectro?, y ¡qué fichajes, por dios!). Quizá algunas de las ideas (contrato único, recentralización selectiva) sean lo que haga falta en este momento, pero veo que tras un periodo de realineamiento este espacio acaba como el CDS.

Podemos es hoy por hoy un desastre comunista y bolivariano en horas bajas y Vox es un engendro conformado por un 25% de sentido común y un 75% de vacío envueltos en una bandera de España gigantesca. Ni el desprecio ni la devoción acrítica por lo que ha hecho de Occidente ser lo que es van a servirnos de nada.

Mi pronóstico se corresponde con lo que he visto en las encuestas. Si acaso creo que quizá Vox puede hacer un resultado incluso mejor del que se sugiere y acabar tercero. Ya dije que echaríamos de menos “el bipartidismo“. Alguna vez he acertado mucho con el panorama, con los números y en especial en esta ocasión es mucho más complicado.

ACTUALIZACIÓN 29.04.2019: Tras conocerse los resultados. No se ha repetido lo de Andalucía y al final la entrada de Vox ha sido más modesta con lo que mi apuesta arriesgada queda en agua de borrajas (al final el Twitter es una burbuja). Me ha sorprendido la bajada espectacular del PP, que en este nuevo sistema pentapartito tiene un suelo más bajo. También parece que los de “asaltar los cielos” y el “sí se puede” se quedan en la papelera de reciclaje de la historia por un rato. Hay posibilidad de continuar con el Frankenstein pero las matemáticas dan la posibilidad de un central PSOE – Cs como el que a mí me parecía bien (dependiendo del contenido programático, que al final los eslóganes…), pero como estamos a un mes de las siguientes elecciones me temo que tardaremos bastante en saber qué va a ocurrir realmente. Aunque sigo teniendo una opinión pésima de Pedro Sánchez le veo más legitimación ahora para encabezar el gobierno que con los 84 diputados misérrimos que arrastraba.

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