El templo de Lúxor

21/10/2016
Sin gente

Sin gente

El otro día me he dado cuenta por casualidad de que hace diez años de cuando recorrimos Egipto, o por decirlo con más precisión (aunque Egipto no deje de ser una raya de agua en la arena) de la semana que pasamos entre El Cairo y Lúxor. Después de bastantes años se me ha ocurrido volver a mirar las fotos de entonces. La edad se va notando. El país también ha cambiado mucho, en varios sentidos a peor, y ahora no me parece un destino tan apetecible como en 2006.

Eso puede que tenga alguna ventaja. Llegamos a Lúxor tras una noche entera en tren y tras encontrar alojamiento el primer lugar que fuimos a ver fue el templo que da nombre al sitio. Lúxor es en árabe al-Uqsur, que es el plural de al-Qsar. Las guías turísticas se escriben primero en inglés y luego se traducen y dicen que el nombre significa “los palacios” pero “los alcázares” es una traducción mucho más acertada hacia lo nuestro. Cuando los árabes llegaron en el siglo séptimo descubrieron los templos enormes cubiertos por la arena y por alcázares los tomaron o así los llamaron.

En la entrada del templo, que creo que debe verse antes que el de Karnak, ya que hacerlo al contrario podría resultar decepcionante, tomé dos fotografías. Una en la que no podía verse la muchedumbre turística y otra con la realidad de lo que es o lo que era aquello. Seguramente hoy día esté menos concurrido, para alivio del visitante y tristeza de la economía local.

Con gente

Con gente


Regreso a los orígenes

23/07/2016
El perro me gusta tanto como el museo

El perro me gusta tanto como el museo

Este pasado miércoles hemos retornado tras una fugaz visita a las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya (esta última porque es la que tiene un aeropuerto serio) en la que la apretada agenda y el excesivo calor no nos han permitido hacer todo lo que habríamos deseado ni ver a todos aquellos a los que habíamos querido.

Sí que hemos superado unos cuantos hitos. Uno vuelve a la casa de la familia y esa es suficiente paz, pero tiene que ocuparse de que la consorte tenga incentivos turísticos y cosas que hacer. A causa de los precios recalamos en Bilbao en vez de en Biarritz y esto fue un acierto por esas huelgas intermitentes del control aéreo francés y lo que acabó pasando en Niza (y en Turquía) durante nuestra estancia. Ya que estábamos en la capital del mundo dispusimos echar allí la tarde y que la jefa conociera la ribera del Nervión, el espectacular museo de titanio (aunque fuese por fuera) y eso que llaman las siete calles. Su veredicto fue claro: “no es tan horroroso como tú siempre dices”. Tenía que haberlo conocido por aquellos años. Yo ya no me voy a curar y siempre seré contrario a Bilbao y sobre todo al Athlétic de Bilbao, pero es verdad que ya no es tan horroso como siempre digo.

Y luego ya, en la capital vasca bonita, puestos a hacer cosas de guiris nos dio por subir al monte Igueldo con las sobrinas y además en el funicular. Tiene que hacer unos treinta años de mi última vez, en la que seguro que hasta monté en pony. Mi hermana nos invitó a comer en el Tenis con un dinero de la lotería que ni recordaba que teníamos. No me pareció un menú nada caro para lo que es el sitio. Ventajas de vivir en un lugar peor. Luego la tarde al sol entre todas esas atracciones pasadas de moda, ni tan mal.

También nos dio tiempo a caminar una mañana de las de antes de la ola de calor hasta las minas de Arditurri. Dice la jefa que Oyarzun es mucho mejor que Rentería. No para uno como yo, que se aburre pronto de todo. Vi un torneo de partidas rápidas de ajedrez diecisiete años después, que se dice pronto. Y cumplí hasta donde pude con visitas de mi prima y marido los que vienen a Dublín y de una tía e incluso me acerqué al hospital a ver a un pariente al que encontré desanimado pero que espero que se recupere pronto. Con eso y un par de visitas al dentista, que hay que hacer arbitraje, culminamos siete días contados en los que llegamos a 38C, muy negativos para la infancia que nos acompaña, bendito paracetamol. Mis disculpas a los que no he llamado y que me leen. La próxima está prevista para otoño y en soledad, que seguramente permita hacer más cosas.


Estrasburgo (junio de 2015)

28/11/2015
Catedral de Estrasburgo

Catedral de Estrasburgo

Tengo estas fotos por aquí y quería subirlas desde haceunos meses. En junio por cuando se casó mi hermana y al día siguiente de subir por las alturas de la Selva Negra, cruzamos el Rin para acercarnos a la argentina ciudad de Estrasburgo, que ha sido sucesivamente alemana y francesa a lo largo de varios periodos de la Historia.

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Plaza de la catedral y la casa bonita en la esquina

Uno había estado de paso por aquí en mayo de 1998, pero la visita fue muy fugaz -apenas una escala técnic – y apenas recuerdo de la misma la plaza de la catedral, una casa muy bonita que había en la misma, un organillero que había por allí y enviar una postal desde un buzón que sigue existiendo.

Plaza Kleber

Plaza de Kléber (no el de las Brigadas Internacionales, el otro)

Esta vez, con algo más de tiempo, pudimos recorrer bastante del centro histórico de la ciudad. Supongo que para cualquiera lo de estar en la zona de fricción entre la cultura francesa y alemana le da un interés especial. Los nombres de las calles están escritos en francés y en el dialecto germánico regional. Se supone que desde la última vez he olvidado algo de francés y aprendido algo de alemán y pero sumando lo uno y lo otro medio se entera uno de las cosas.

Tiovivo

Tiovivo

Lo primero que me llamó la atención fue una placa que había en uno de los canales del río conmemorando cómo en ese lugar ejecutaban a la gente por inmersión, lo cual a día de hoy parece bastante horrible pero quien no apetezca de horrores mejor no desenrolle los pergaminos de Clío, que alguna que otra vez se presentan abiertos a plena luz del día.

Canal

Canal

Esta vez hubo incluso tiempo para entrar en la catedral. Suelo intentar evitar las catedrales y a la vez he visto ya tantas que no sé ni compararlas. Así pues lo más memorable fue un tanto banal: un tipo gritando por un altavoz para pedir al públcio silencio atendiendo a la condición del edificio. Lo de desgañitarse para pedir silencio fue una contradición en términos pero sirvió para deshacer el murmullo.

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Bicicleta

Estuvimos comiendo no lejos de la catedral. Servidor se metió una Flammekueche entre pecho y espalda. Una especialidad alsaciana que llena bastante y no es cara. A mí me pareció perfecta para un día de llovizna.

Braco

Barco

Luego todo el grupo de paseo por los canales. Creo que el haber vivido casi siempre en edificios de apartamentos ha provocado cierta fascinación por las casas bonitas. En Estrasburgo hay muchas. El estilo alemán de construcción se aproxima a un ideal que en la península Ibérica se encuentra sólo de modo disperso. Hace poco leí que en realidad el caserío vasco tradicional era bastante moderno (siglo XV- XVI) y que en realidad provenía de la zona de Suabia, junto a Alsacia. Interesante conexión.

 

Esclusas

Esclusas

El sistema de esclusas y los barcos subiendo y bajando por las mismas para poder desplazarse por los canales también debe ser un pequeño espectáculo si no se ha visto antes. En realidad yo tengo algo así como quien dice al lado de casa.

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Maison des Tanneurs – Casa de los curtidores

Desde ese barrio típico al que llaman “la pequeña Francia” nos acercamos hasta los descubiertos Puentes Cubiertos, para una foto de familia propiamente dicha con la presa de Vauban como fondo para después volver a la ciudad.

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Fachada catedralicia

En la plaza de Kléber nos interesamos por las glorias de la música universal en sus medallones en la fachada de l’Aubette. No sé si es más vergüenza que no conociéramos a algunos o que los eleven en piedra junto a Bach y a Mozart. Me quedó cierta curiosidad por el general que da nombre a la plaza, que fue con Napoleón a Egipto. Al final fueron unas cuantas horas en una ciudad recomendable, cuyo tamaño hace que en esta etapa de la vida prefiera pasar el tiempo allí que en París. El día anterior habíamos estado en Friburgo que quizá sea un poco más bonita aunque su historia puede que un poco menos interesante.

Estrasburgo (1888)

Estrasburgo (1888)


Luneburgo

18/10/2015
Am Sande

Am Sande

En julio estuvimos de vacaciones por el norte de Alemania y ahora que ha llegado el otoño me agrada recordar aquellos días de manga corta. Volamos a Bremen para pasar primero unos días en el Hamburgo veraniego (ya que la anterior vez había pasado tanto frío). De camino a Hanóver hicimos parada en la hanseática ciudad de Luneburgo (Lüneburg).

Es Luneburgo o Lunemburgo una ciudad de unos setenta mil habitantes a orillas del río Ilmenau, afluente del Elba. Es famosa desde antiguo por la sal que producían sus minas y en la actualidad por las landas repletas de brezales que hay en sus alrededores. La mina ya no está operativa aunque queda un museo, los tonos del brezo aportan un valor para la industria aún vigente del turismo.

Como sólo paramos un par de horas en la ciudad no puedo dármelas mucho de listo. Mientras mis jefas tomaban café yo me dediqué a patear las calles y a sentirme fascinado por esos tejados germánicos. Todo lo que vi está en el mismo centro de la ciudad, como muestra este mapa viejo.

Mapa de 1910 con rayas de 2015

Mapa de 1910 con rayas de 2015

Aparcamos el coche cerca de la plaza mayor “Am Sande“. Algo que me llamó la atención es que muchos comercios tenían una sardina de cartón a la puerta. Buen adoquinado. La calle cuyos edificios más gustaron se llamaba Grapengiesserstrasse que creo que quiere decir de los caldereros. En la parte alta de Am Sande está el edificio oscuro de la Cámara de Comercio y de allí en adelante es todo una belleza de balcones y tejados que intentan de suspender la ley de la gravedad.

En otra plaza en la que se celebra un mercado se encuentra el ayuntamiento. En su fachada del ayuntamiento vi una estatua del Emperador de España y Alemania, que es bastante más famoso en el país del sur que en el del norte de Europa. Hay un par de farmacias dignas de mención por la grandeza de los edificios que las albergan. Una tiene como estandarte un unicornio y la otra, que queda cerca del ayuntamiento, un colorido umbral y una estupenda inscripción latina dirigida al Altísimo que indica “que ni las hierbas ni los ungüentos son los sanan sino tus divinas palabras que todo lo curan” (traductio libérrima).

 

 

Aparte de la belleza de los pequeños elementos arquitectónicos y de la interacción de ladrillo y vigas de madera, una peculiaridad de la ciudad que puede y debe verse es la vieja grúa (Alter Kran) que servía para cargar y descargar los barcos de la sal que iban por el Ilmenau. La parte de la ciudad en la que se encuentra es especialmente bonita, gracias a la combinación de viviendas bellas y vistas al río.

Si paramos alguna otra vez a lo mejor intento ver el museo de la sal, o uno que hay sobre Prusia Oriental del que he leído cosas bastante interesantes.


A orillas del Támesis

24/09/2015
Vista

Vista matutina del río que luego pasa por Londres

He tenido que volver a nuestra sede de por los alrededores de Londres para asistir a unas reuniones de la empresa. Esta vez nos hemos tenido que alojar en un hotel que no es el que queda al lado de la oficina, pero que a cambio tiene una vista decente del Támesis y de un aparcamiento de coches. Esta vez era inevitable imaginarse dónde jugó Julio Camba a la pelota allá por 1912 mientras pensaba en el error de los deportistas. No es que me agrade especialmente venir a trabajar a esta zona próspera del extrarradio londinense, pero me parece un lugar bastante más civilizado que la capital irlandesa, cosa que es muy de notar en la limpieza de sus calles peatonales. Es una barbaridad la cantidad de inmobiliarias que hay en el lugar y en los pubs la cocacola es de esa de grifo. Comida de pub, nos ha dado tiempo hasta de ver un partido del mundial de rugby. La nueva terminal 2 de Heathrow me sigue flipando bastante, tras años esperando el embarcar en aquel pasillo horrible de la 4. Londres no acabo de disfrutarlo, me parece que voy a tener que esperar a ser rico.


La India en Hanóver

31/08/2015
El templo y la plaza

El templo y la plaza

Hace unas semanas comentaba el día de la excursión al zoológico de la última vez que estuvimos en Hanóver. En aquella ocasión enseñaba unas fotografías de la zona que acoge la fauna del Yukón canadiense, que se convirtió en mi preferida.

Así de cerca pueden verse

Así de cerca pueden verse

La segunda zona que más me gustó fue la dedicada al subcontinente indio, que creo que se llamaba Palastgarten. Había una hermosa plaza decorada al estilo de esos fuertes del Rajastán desde donde uno podía ver a los elefantes y los macacos.

Plaza

Plaza

Todos los detalles estaban muy bien cuidados, por ejemplo el retrato en el estilo del imperio mogol en uno de los muros, los templos y las guirnaldas.

Elefantes

Elefantes asiáticos

Los elefantes se podían ver muy cerca y estaban a la misma altura que los visitantes del zoo, de los que sólo les separa un foso que no es suficiente para evitar que puedan alargar la trompa en busca de comida.

Los elefantes junto al agua

Los elefantes junto al agua

Al otro lado de la plaza se encuentran los macacos, dueños y señores de un templo por el que caminan, saltan y hacen diversas monerías.

Macacos

Macacos

Entrando por uno de los templos del decorado y en una zona más oscura y tranquila pueden verse, si es que se dejan ver, los tigres de Bengala. Cuando me adentré por ahí estaban en la siesta y apenas veía el color anaranjado de su piel a rayas por entre la hierba.

Arte mogol

Arte mogol

Como ya dije la otra vez, el zoo de Hanóver me parece mucho mejor que el de Dublín, que es el que tengo más cerca. Se puede pasar tranquilamente un día entero de escenario en escenario. Si sólo se dispone de un par de horas yo recomedaría ir a ver lo del ártico canadiense y esta parte de la India. La montaña de los gorilas también me gustó mucho. Cada cual sabrá cuáles son sus bichos favoritos.


El Yukón de Hanóver

01/08/2015

Vamos con unas escenas de las vacaciones del mes pasado, que parecen ya tan lejanas. En Hanóver hay un zoológico más que notable. De hecho, en una comparación el de Dublín podría palidecer o sonrojarse. Aquí se da la circunstancia de que he estado en dos zoos en pocos meses, cuando creo recordar que la anterior vez que había estado en uno fue en la Barcelona en los años ochenta.

Focas

Focas

Hoy me voy a referir tan sólo a una parte del zoo de Hanóver que se llama Yukon Bay. El territorio del Yukón está en Canadá y tiene la extensión de la España peninsular y la población de Rentería. Lleva el nombre del río Yukón, pero creo que no hay bahía ni golfo que así se llamen.

Aquí nadan las focas y para ser cartón piedra está espectacular.

Aquí nadan las focas y para ser cartón piedra está espectacular.

La primera vez que leí el nombre del Yukón fue hace muchos años en un tebeo del pato Donald, que por cierto es mucho más importante en Alemania que en España, aunque allí no se llama Ente Donald sino Donald Duck.

Pingüinos en cubierta

Pingüinos en cubierta

Yukon Bay es un área más reciente del parque y muestra la fauna norteamericana: el bisonte y el caribú; perros de la pradera, mapaches o lobos. Pero dicho esto, la mejor parte es la de los animales acuáticos o que viven cerca del agua.

Oso polar en su siesta

Oso polar en su siesta

Sobre todo es digna de mención la piscina en la que las focas nadan y hacen acrobacias y el graderío que tiene enfrente. Toda esta parte, donde también está el oso polar, está modelada como si se tratase de un auténtico puerto canadiense con barcos amarrados y almacenes. La posibilidad de situarse bajo el nivel del agua y ver el buceo de las focas y cómo pescan ciertas aves fue una de las experiencias más interesantes de un día bien provisto de ellas.

Perros

Perros de la pradera

Por desgracia el oso polar ni se movió en el rato que pasamos por sus territorios. La gente que planea bien estas excursiones controla la hora en que dan de comer a cada bicho. Los perros de la pradera estuvieron muy graciosos, al igual que las suricatas que habíamos visto antes en la parte africana.

Lobos

Lobos

Otro día comentaré alguna otra zona de este zoo: hay un paseo en barca por el Zambeze que ya solo es mejor que muchos otros parques con animales. También está muy bien decorada la zona de los templos de la India. Una amiga siempre me dice que no hay que ir a circos ni zoos porque se favorece el maltrato a los animales. Yo discrepo mucho y creo que se contribuye a que la gente sepa qué animales existen e incluso podrían estar siendo maltratados en algún rincón del orbe. Lo que es curioso es que el efecto de pasar por el zoológico de Hanóver es que tengo muchas menos ganas de volver por el de Dublín.

 


Bremen

19/07/2015
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Bremen

 Cuando quisimos comprar nuestro pasaje a Alemania, los vuelos a Bremen costaban tan sólo una tercera parte del precio de los destinados a nuestros aeropuertos de costumbre y como el horario era conveniente y permitía llegar a destino con un tren vespertino, decidimos darnos la oportunidad de conocer la ciudad hanseática.

El aeropuerto queda muy cerca del centro de la ciudad y otra de las ventajas es que no hace falta taxi, ya que el tranvía para justo enfrente del edificio de la terminal. Hay una parte del edificio que está muy bien, pero si uno sólo ve la parte desde la que opera la aerolínea irlandesa de bajo coste podría llevarse una pésima impresión.

Del aeropuerto a la estación del ferrocarril

Del aeropuerto a la estación del ferrocarril

El tranvía, en cuyo interior hay una máquina donde se puede comprar el billete, atraviesa la especie de isla en la que se encuentra el centro de la ciudad y muy convenientemente nos deja frente a la estación donde tenemos que utilizar la consigna para liberarnos de nuestro bagaje.

Hauptbanhof

Hauptbanhof

La ciudad es conocida mundialmente por el cuento recogido por los hermanos Grimm de los animales músicos de Brema. En cualquier esquina se encuentra uno al motivo del burro, el perro, el gato y el gallo. Hay estatuas conmemorativas, adornos del mobiliario urbano y suvenires turísticos por doquier.

Bremen, interior de la estación

Bremen, interior de la estación

Este cuento, aunque sea bien conocido y haya tenido su influencia en la cultura, nunca me ha parecido especialmente bueno. De hecho, los bichos ni siquiera llegan nunca a Bremen. Ahora que le intento contar cuentos a mi hija me he dado cuenta de que a diferencia de las canciones, es un aspecto de la cultura europea en el que ya hemos alcanzado una fase posnacional y los cuentos de Perrault y los hermanos Grimm tamizados por Disney son las historias de la infancia de todos. Esto hace más fácil una formación multicultural.

Molino

Molino

Para retornar hacia el centro de la ciudad hay que pasar por un puente desde el que se ve el foso de la ciudad y un molino. Antes pasamos por un puente mayor sobre el río Wéser, que es donde en otro cuento un flautista lleva a los ratones a ahogarse, pero eso es en otra ciudad: Hameln, que es Hamelín como Bremen es Brema.

Demóstenes en el ayuntamiento

Demóstenes y Aristóteles (y/u otros) en el ayuntamiento

Ocurrió que llegamos a las cuatro de la tarde y hacía 32ºC, que es calorcito para allí. Ese mismo día Hamburgo tuvo la temperatura más alta registrada desde que se miden esas cosas, así que considero posible que en Bremen también lo fuera. Agradezco a los genes mediterráneos el hecerme más tolerable el paseo hasta la plaza de la catedral y el mercado, por donde estaban las cosas que queríamos ver. Tal era la temperatura que en la primera vuelta por el Domshof, había gente con los pies en la fuente de Neptuno.

Los del cuento

Los del cuento

No puedo aconsejar gran cosa tras un par de horas en la ciudad. El centro “neurálgico” son las plazas que hay junto a la catedral y el ayuntamiento, donde se encuentra la estatua del tal Roldán al que según la leyanda nuestro Bernardo del Carpio le dio las del pulpo. Leyenda todo. Como en Hanóver, hay “ayuntamiento viejo” y “ayuntamento nuevo”, sólo que aquí son edificios anejos. El viejo tiene mejor pinta para el ojeador. Hay unas estatuas de profetas bíblicos reconvertidos a pensadores clásicos y unos soportales que pueden verse en la ambientación de los fondos de la serie española de dibujos animados que versionaba el cuento de los cuatro animales, que se supone que nunca habían llegado a la ciudad.

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Las plazas de la catedral y del mercado ocupan una extensión considerable. Primero hay una iglesia de nuestra señora que no veo en absoluto porque su torre está toda cubierta de andamios y plásticos y luego en la plaza del mercado hay numerosos tenderetes protegidos por elevadas carpas que impiden una buena visión global, pero acercándose hay varios edificios interesantes, y en especial me gusta el de la cámara de comercio donde se indica que butten un binnen – wagen un winnen, que es bajoalemán que ni mi traductora oficial comprende, pero que quiere decir algo como que dentro o fuera hay que arriesgar para ganar. De la catedral me llaman la atención las alegorías de los evangelistas (un motivo que siempre me interesa) esculpidas en las escaleras.

El monumento famoso

El monumento famoso

El monumento oficial de los animales músicos está junto al ayuntamiento y debe de ser un lugar donde siempre hay gente como haciendo cola para sacarse fotos. He visto demasiadas representaciones del concepto y casi cualquiera me resulta más graciosa que esta estatua de bronce. En un cuento infantil, el color y la simpatía.

WOL GODT VORTROVWET DE HEFT WOL GEBOVWE

Wol Godt vortrovwet de heft wol gebovwet

Hay solamente un par de zonas por las que queremos pasear y que son idóneas en plena canícula. Una es la Böttcherstraße, la calle de los toneleros, que el nazismo consideró un ejemplo de arte degenerado del periodo de Weimar. Aquí hay varios edificios notables y esculturas, y encima de la entrada a la calle hay una imagen dorada de un ángel con espada flamígera que viene a alumbrar y aunque se lo quisieron ofrecer como homenaje a Hitler, que también era un iluminado, éste lo despreció. Y menos mal, porque si no seguramente ya no podríamos verlo, las cosas de la memoria histérica.

Buzón

Buzón

También hay muchos sitios donde tomar un refrigerio. Una vez que acaba la calle ya hay una carretera que es un horror y un túnel subterráneo para acceder a los muelles del Wéser y mucha gente sin camisa tomando cerveza y música técno. Llegar hasta ahí fue seguramente un error. La otra zona que queremos ver se llama Schnoor y fue de los cordeleros.

Todo lleno de detalles de estos

Todo lleno de detalles de estos

A mí me pareció que Schnorr estaba escondido en un lugar en el que uno no puede imaginarse que haya una zona histórica. Un par de calles de adoquines, con casitas de muñecas, callejones y tiendas de recuerdos. Me ha recordado a Friburgo y Basilea porque los tengo muy recientes en la memoria, pero en Europa central hay muchos lugares así. De camino a Schnorr vi un dintel en el que un antiguo dueño había escrito que todo lo que era y tenía se lo debía al Dios de Lutero. Ya en el barrio una fuente nos recordaba que el agua y el pan son las cosas más importantes de la vida. Hay infinidad de palabras sabias en una cultura tan grande.

Teléfono público

Teléfono público – Fernsprecher es una palabra que mola

Era sábado y estaba todo muy tranquilo. Unos mendigos que habíamos visto junto a la catedral habían bajado a San Juan a pedir limosna a la salida de misa, había un tour dirigido por una actriz vestida de época y poca actividad. Un par de horas después de nuestra llegada la temperatura bajó notablemente y comenzó a llover a ratos, con lo que el camino de vuelta a la estación resultó mucho más agradable.


Por el norte de Alemania

17/07/2015
Cartel de entonces

Cartel de entonces

Si el mes pasado nos tocó recorrer algo del sur de Alemania, este ha sido el de las vacaciones más largas que vamos a tener este año y nos hemos acercado al norte del país. La mayor parte de tiempo hemos estado en Hamburgo y Hanóver, que son las ciudades de siempre y sobre las que ya he escrito y mostrado imágenes en otras ocasiones, por lo que probablemente cuando en los próximos días suba alguna galería las omitiré, quizá con la excepción del maravilloso zoo de Hanóver que ha sido para mí toda una experiencia. También en Hamburgo he conocido un par de cosas nuevas, como son el jardín botánico y el parque que llaman de la ciudad, amen de celebrar el nuevo título de la Speicherstadt (patrimonio de la Humanidad) y comprobar el progreso de Citihafen y el edificio de la Filarmónica del Elba, aunque creo que todo ello me ha impresionado menos que la casa de fieras hanoveriana.

Pero no todo han sido las ciudades familiares, ya que en esta vuelta también ha habido alguna novedad. Por ejemplo, la carestía de los vuelos nos obligó a aterrizar en la ciudad hanseática de Bremen, por la que uno no había pasado y que ahora me parece muy bien y además mi niña está encantada con los cuatro animales músicos de Brema. Tengo una ridícula anécdota con su madre hace muchos años, que tiene que ver con las polis de aquella talasocracia del Báltico. La ciudad de Bremen y su puerto de Bremenhaven son un estado federado de la República Federal Alemana. Al igual que Berlín y Hamburgo son apenas una ciudad. Curiosamente el aeropuerto está en terreno de Bremen pero la pista se sale del estado y entra en Baja Sajonia y luego vuelve a ser Bremen otra vez. El avión ni se acerca a tocar estos confines aeroportuarios pero la curiosidad ahí queda.

También ha sido la primera vez que me he bañado en el Báltico. El agua estaba fresquita, pero se llevaba bien en un día de tanta calor como el que hizo en Timmendorfer Strand. De hecho quizá ni estuviera tan fría ya que había medusas y creo que a esos bichos los mueven las altas temperaturas. Mi impresión fue que no eran de las que picaban ya que nadie parecía alarmado por su presencia pero por si acaso intenté no tocar ninguna.

Otra de las experiencias interesantes ha sido conocer la también hanseática y salada ciudad de Luneburgo, que tiene un aire a Estrasburgo cuando uno está cerca del agua. bien vale una visita. Aunque mis planes de pasarse por Lubeca fueron boicoteados, me he quedado contento con el descubrimiento de esta ciudad, que por razones de poca actualidad estaba de mucha actualidad. La noticias más destacadas de esos días en cambio han sido todas las relativas a la crisis helena y de hecho un día almorzamos en un restaurante griego, acto que no sé muy bien como se interpretaría desde la perspectiva de esa gente que tanto dice querer a Grecia y tan poco a Alemania. A mí Alemania me encanta. La comida griega también.

En fin, que tras unos días de brötchen y Kafee und Kuchen ya hemos vuelto a la isla esmeralda donde siempre es otoño.


Aires boreales

06/06/2015
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Barco amarrado en el río Liffey

Hace un par de fines de semana, mientras dábamos un paseo por los muelles dublineses, nos encontramos con un barco de mayor tamaño que los que suelen amarrarse en el Liffey. Además no se trataba de uno de los barcos habituales: era una embarcación francesa. Así pues, me quedé con el nombre de la nave: Le Boréal y busqué luego en la enciclopedia de siempre a ver si podía enterarme de algo más sobre el mismo.

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C’est un bateau

Me encontré con un interesante reportaje sobre un viaje que el barco había hecho a la Antártida tras zarpar de Buenos Aires. Creo que está hecho con la intención de mostrar la intensidad y el frenesí de toda la logística que acompaña las operaciones de un barco de estos. Se han hecho programas parecidos sobre aeropuertos, hospitales, restaurantes y otros sistemas complejos de manejar.

Mighty Ships – Le Boréal  en Vimeo.

Lo de ir a la Antártida en sí nunca lo he entendido mucho. Sí que es verdad que algunos de los paisajes helados que pueden verse son impresionantes, aunque no sé hasta qué punto no prefiero verlos en una pantalla gigante ahorrándome el frío. Algunas de las experiencias están un poco manufacturadas, como lo de subirse a una placa de hielo flotante, una especie de pequeño iceberg. Los animales como los pingüinos y los leones marinos pueden verse en Patagonia y otros lugares sin necesidar de invertir la pequeña fortuna que cuestan estos cruceros antárticos.