Episodios Nacionales: Zaragoza

10/06/2017

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Muchos años depués he llegado al libro y párrafo completo que al que invitaba el reverso del billete de mil pesetas. Está en el capítulo XXIX:

¿Zaragoza se rendirá? La muerte al que esto diga.

Zaragoza no se rinde. La reducirán a polvo: de sus históricas casas no quedará ladrillo sobre ladrillo; caerán sus cien templos; su suelo abrirase vomitando llamas; y lanzados al aire los cimientos, caerán las tejas al fondo de los pozos; pero entrelos escombros y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.

Es el segundo sitio épico de Zaragoza, en el que la ciudad acaba destruida y su población diezmada el momento histórico en el que Pérez Galdós sitúa el sexto episodio de la primera serie. Nunca he estado en Zaragoza, alguna vez la habrá pasado de camino a Barcelona. Alguna cosa he descubierto mirando un plano viejo de la ciudad a la vez que leía, como que hasta finales del siglo XIX tuvo una famosa torre inclinada que es un escenario y símbolo importante en el episodio.

En treinta y dos capítulos en la ciudad de zaragoza consigue no meter ni una vez la palabra maño, lo cual me hace sospechar que su popularidad es posterior al XIX. Me ha venido esta idea observando el personaje de José de Montoria, aragonés típico y tópico. Me pregunto en cuánto habrá contribuido esta obra a sostener el estereotipo.

Esta lectura ha sido una buena oportunidad para volver a escuchar Los Sitios de Zaragoza y descubrir que el padre del compositor había participado en el asedio con las tropas imperiales.

Como suele suceder hace uno días descubría las palabras “morrión” y “capacete” y la diferencia entre lo que cada una de ellas describe (y ahora me da vergüenza haber escrito “casco” en vez de “capacete” en una ocasión)  y hete aquí que en éste, el siguiente libro que leo, se habla de los morriones que son los chacós de los franceses,

 


Napoleón en Chamartín

05/06/2017

.

El progreso que llevo en la lectura de los Episodios Nacionales (voy a uno por día el día que me pongo) indica que hay algo en la prosa de Pérez Galdós que la hace óptima para mis entendederas. Lo digo por oposición a otros libros en los que llevo atascado semanas o meses. Hoy le tocó el turno a Napoleón en Chamartín, que es el quinto de la primera serie. Napoleón llegó a Chamartín el 2 de diciembre de 1808.

Lo primero que he conseguido averiguar es que Chamartín, que yo tenía por barrio de Madrid (en realidad distrito) fue municipio hasta 1948. De propina la curiosa historia del nombre del barrio de Tetuán y que Lavapies fue primero el Avapiés. Episodio muy madrileño este. Los Pozos, dónde el vecino apodado el Gran Capitán lleva a cabo su absurda gesta es hoy la glorieta de Bilbao, que sólo tomó ese nombre tras el sitio de la capital vizcaína durante la primera guerra carlista.

-Sí, cuando el general Belliard fue a tomar posesión de los Pozos, todos entregaron las armas. D. Santiago continuaba encerrado en el jardín de Bringas. ¿Qué pensarás que hizo? Pues por la mañana al volver de su casa amontonó toda la leña puesta allí para calentarnos. Ya recordarás que también había una gran cantidad de madera vieja de la casa que han derribado en la esquina. Pues con aquellos materiales y la leña hizo un gran parapeto en el rincón del fondo, donde estaba el gallinero vacío, y púsose dentro de su improvisada fortaleza. Derribaron los franceses la puerta del jardín, y cuando vieron aquel monte de madera, de cuyo interior salía una hueca voz diciendo: «Se rendirá Madrid, se rendirán los Pozos, pero el Gran Capitán no se rinde», tuvieron al que tal decía por loco y diéronse a reír. Pero Fernández había puesto dentro una buena cantidad de cartuchos y dale que le das, empieza a hacer fuego por las aberturas y resquicios de su montón de leña. Los franceses que se vieron heridos (y alguno de ellos murió) arremetieron contra el gallinero destruyendo los parapetos de madera vieja. Fernández no cesaba de hacerles fuego desde adentro. Pero cátate que a lo mejor empieza a salir humo, y luego llamas que crecieron rápidamente, y la ronca voz del defensor del gallinero gritaba: ¡Viva España; mueran los franceses y el granuja de Napoleón!

Mandó el oficial que se apartase la madera para sacar a aquel desgraciado, que sin duda excitaba su admiración; pero Fernández gritó de nuevo: –«Se rendirá Madrid, se rendirán los Pozos; pero el Gran Capitán no se rinde»,hasta que cesó la voz; y las llamas, extendiéndose vorazmente, destruyéronlo todo. La inmensa hoguera estuvo humeando todo el día. Cuando aquello se acabó buscaron el cuerpo, pero estaba hecho ceniza.

En este episodio Pérez Galdós escribe la palabra “perulero“.


Episodios Nacionales: Bailén

03/06/2017

.

Mientras leía el siguiente episodio nacional, Bailén, he recordado al profesor de Historia que tuve en el tercero de bachillerato, que dictaba las clases y hablando de la famosa batalla dijo algo así como que para la historiografía española era la primera derrota de Napoleón en campo de batalla mientras que para la inglesa era una mera emboscada en condiciones muy desfavorables de calor y terreno para el ejército francés. La lógica subyacente era que así los ingleses podían reclamar el honor de haber sido los primeros en derrotar a la Francia imperial. Eso me pareció lógico. Creo que era la primera vez que oía la palabra “historiografía” y de lo que no de di cuenta entonces es de que la auténtica derrota sea seguramente que en España la historiografía británica lo valga todo.

A lo mejor el primer sitio en el que había visto el nombre de Bailén había sido en el juego del Palé. Esa sería la de Madrid, creo que hay en varias decenas o cientos de poblaciones. Después Miguel Hernández :”Andaluzas generosas, nietas de las de Bailén”. Por la batalla en sí nunca me había interesado. Tampoco esta vez. De hecho el fragmento que me ha parecido más digno de ser destacado ocupa los dos párrafos finales del capítulo quinto y trata de la relación entre Don Quijote y el feo paisaje manchego.

Así atravesamos la Mancha, triste y solitario país donde el sol está en su reino, y el hombre parece obra exclusiva del sol y del polvo; país entre todos famoso desde que el mundo entero se ha acostumbrado a suponer la inmensidad de sus llanuras recorrida por el caballo de D. Quijote. Es opinión general que la Mancha es la más fea y la menos pintoresca de todas las tierras conocidas, y el viajero que viene hoy de la costa de Levante o de Andalucía, se aburre junto al ventanillo del wagon, anhelando que se acabe pronto aquella desnuda estepa, que como inmóvil y estancado mar de tierra, no ofrece a sus ojos accidente, ni sorpresa, ni variedad, ni recreo alguno. Esto es lo cierto: la Mancha, si alguna belleza tiene, es la belleza de su conjunto, es su propia desnudez y monotonía, que si no distraen ni suspenden la imaginación, la dejan libre, dándole espacio y luz donde se precipite sin tropiezo alguno. La grandeza del pensamiento de don Quijote, no se comprende sino en la grandeza de la Mancha. En un país montuoso, fresco, verde, poblado de agradables sombras, con lindas casas, huertos floridos, luz templada y ambiente espeso, D. Quijote no hubiera podido existir, y habría muerto en flor, tras la primera salida, sin asombrar al mundo con las grandes hazañas de la segunda.

D. Quijote necesitaba aquel horizonte, aquel suelo sin caminos, y que, sin embargo, todo él es camino; aquella tierra sin direcciones, pues por ella se va a todas partes, sin ir determinadamente a ninguna; tierra surcada por las veredas del acaso, de la aventura, y donde todo cuanto pase ha de parecer obra de la casualidad o de los genios de la fábula; necesitaba de aquel sol que derrite los sesos y hace locos a los cuerdos, aquel campo sin fin, donde se levanta el polvo de imaginarias batallas, produciendo al transparentarde la luz, visiones de ejércitos de gigantes, de torres, de castillos; necesitaba aquella escasez de ciudades, que hace más rara y extraordinaria la presencia de un hombre, o de un animal; necesitaba aquel silencio cuando hay calma, y aquel desaforado rugir de los vientos cuando hay tempestad; calma y ruido que son igualmente tristes y extienden su tristeza a todo lo que pasa, de modo que si se encuentra un ser humano en aquellas soledades, al punto se le tiene por un desgraciado, un afligido, un menesteroso, un agraviado que anda buscando quien lo ampare contra los opresores y tiranos; necesitaba, repito, aquella total ausencia de obras humanas que representen el positivismo, el sentido práctico, cortapisas de la imaginación, que la detendrían en su insensato vuelo; necesitaba, en fin, que el hombre no pusiera en aquellos campos más muestras de su industria y de su ciencia que los patriarcales molinos de viento, los cuales no necesitaban sino hablar, para asemejarse a colosos inquietos y furibundos, que desde lejos llaman y espantan al viajero con sus gestos amenazadores.

Entre el final del capítulo XVII y el inicio del XVIII hay una elegante explicación del concepto de soberanía popular que también me ha gustado bastante.


El 19 de marzo y el 2 de mayo

31/05/2017

.

Sigo con mi lectura de los Episodios Nacionales. El tercer libro de la primera serie es El 19 de marzo y el 2 de mayo y se refiere a sendas fechas del año 1808, que no sé si es importante precisar ya que el día de san José de 1812 supone un hito más relevante en la Historia de España. El de 1808 se refiere al motín de Aranjuez y la caída de Godoy.

He aprovechado para volver a oír un especial de radio de hace un par de años que trataba de mejorar la figura histórica de Manuel Godoy, víctima quizá de la maledicencia y diversas traiciones que lo habían dejado en el mal lugar que ocupa en la desmemoria colectiva. Galdós habrá contribuido a que Godoy haya quedado en ese sitio (o al menos no ha ayudado a sacarlo de ahí), pero buscando imágenes de la tumba del extremeño en Père-Lachaise me he encontrado un político regional de estilo populista intentando sacar tajada en 2008, porque todo vale. Al final no se sabe que es peor si caer en el olvido o que te reivindique no sé quien.

Hay bastante más del 19 de marzo que del 2 de mayo, y ahí ha acabado ganando Pérez-Reverte, que para eso jugaba con más de un siglo de ventaja. Hay un párrafo, el último, en el que para mí brilla el narrador poniendo en palabras la experiencia de quien es fusilado.

Y al ver esto sentí un estruendo horroroso, después un zumbido dentro de la cabeza y un hervidero en todo el cuerpo; después un calor intenso, seguidode penetrante frío; después una sensación inexplicable, como si algo rozara por toda mi epidermis; después un vapor dentro del pecho, que subía invadiendo mi cabeza; después una debilidad incomprensible que me hacía el efecto de quedarme sin piernas; después una palpitación vivísima en el corazón; después un súbito detenimiento en el latido de esta víscera; después la pérdida de toda sensación en el cuerpo, y en el busto, y en el cuello, y en la boca; después la inconsciencia de tener cabeza, la absoluta reconcentración de todo yo en mi pensamiento; después unas como ondulaciones concéntricas en mi cerebro, parecidas a las que forma una piedra cayendo al mar; después un chisporroteo colosal que difundía por espacios mayores que cielo y tierra juntos la imagen de Inés en doscientos mil millones de luces; después oscuridad profunda, misteriosamente asociada a un agudísimo dolor en las sienes; después un vago reposo, una extinción rápida, un olvido creciente e invasor, y por último nada, absolutamente nada.


La corte de Carlos IV

28/05/2017

Un talego con el jeto de Galdós

Dado que venía incluido en el mismo volumen que Trafalgar, hoy me ha dado por seguir con el segundo de los Episodios Nacionales: La corte de Carlos IV, con el mismo protagonista ya en Madrid allá por los años de 1806 y 1807, justo antes de la invasión napoleónica. Me ha parecido que tiene menos ritmo que la primera entrega, cosa que parece lógica si se compara una aventura bélica con los entresijos de la vida en una capital más o menos convulsa. Las batallas navales tienen aspectos nobles de los que carecen las que disputan entre sí los bandos teatrales y las camarillas que confabulan para obtenerel poder.

Es curioso cómo en España se tiene mucho más presente el año 1808 y el del dos de mayo que el año 1807 en el que empieza la francesada con el tratado de Fointanebleau y la invasión de Portugal. Aquí se pueden establecer interesantes paralelismos históricos con otros países que han cambiado de bando durante una guerra. También en 1807 se produce la conjura de El Escorial, que aparece destacadamente en este episodio y en la Historia acabará embarullada con todo lo que vendrá después y que me imagino se describirá bien en el siguiente episodio, que espero poder comparar con el día de cólera que Pérez-Reverte escribió para el bicentenario.

Me reencontré con la palabra “covachuelista” que me fue presentada por Javier Garrido hace años, y me he enterado de que a Godoy le decían choricero porque “así se llamaba despectivamente a los extremeños” según las notas de la edición. Nunca había oído este apelativo acaso ya en desuso y que no parece haber dejado muchos rastros, más allá de la autoridad de Pérez Galdós.

Y ya que hablamos de Godoy, me ha parecido interesante el parangón que hace una erudita rusa que compara su figura con la de Rasputín. Ambos cortesanos fueron advenedizos favorecidos por les reinas e impopulares para casi todos los de más. Dice también esta señora que la obra de Galdós tiene una cosa buena que no tiene “Guerra y Paz” de Tólstoi, que es que tiene en cuenta la opinión de las clases populares. Me pregunto si esto es simplemente una elección de los autores o si en el siglo XIX de España el vulgo contaba más en la configuración de la opinión pública de lo que lo hacía en Rusia.


Un día de cólera

20/12/2008

Hace años que uno de mis hábitos de los domingos es leer la página de Pérez-Reverte en “El Semanal”. Antes en papel y ahora por Internet. Luego más o menos, según dispongo de tiempo, voy intentando leer todo lo que escribe. Me falta algún libro, como “Cabo Trafalgar”, que se me atragantó y otro par que no he comprado. Pero el otro día en el aeropuerto me encontré con este día de cólera y me gustó la edición, con un mapa plegable del Madrid de 1808 para ubicar las escenas. Ya había leído algún fragmento, como la historia de los presos de la Cárcel Real, que vuelven a la trena tras batirse.

El caso es que me lo leí del tirón y ahora estaba buscando algunos datos sobre los personajes del día: Daoiz, Velarde, Manuela Malasaña… y me he encontrado con esta entrevista al autor de la que entresaco un fragmento que me agrada:

Lo pintoresco es cómo el franquismo y también el absolutismo y cómo, digamos, las fuerzas más conservadoras españolas se apropiaron siempre de Daoiz y Velarde como para decir: “el Ejército intervino contra los franceses y el pueblo le secundó” y es mentira.

Se ha abusado demasiado de la palabra “patriotismo”, de la palabra “heroísmo”, de la palabra “gloria”, de la palabra “Guerra de la Independencia”. En realidad la gente no sale a la calle por eso, la gente salió a la calle ese día porque estaban furiosos, porque no querían que el francés le dijera piropos a la novia y se bebiera el vino sin pagarle en la taberna. Y este tío que vive…. me han echado de mi casa para que se siente él…. la gente estaba cabreada. Fue un día de cabreo. Entonces, no fue el patriotismo, no fue… todo eso vino después, eso son las lecturas posteriores. El impulso es furia, es cólera, es gente con navajas, furiosa… y se lía la que se lía.