Episodios Nacionales: Cádiz

14/06/2017

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Servidor prosigue con la lectura de los Episodios Nacionales. Cádiz es la ciudad en la que parece que cupo la España toda durante los años de 1810 a 1814. No alcanza uno a entender ni la expansión del espacio ni la inexpugnabilidad de la plaza. La lectura del episodio homónimo ha dado un nuevo artículo a mi lista de tareas a llevar a cabo algún día, que es el estudio detallado de los debates de las Cortes y la prensa de la época, de lo que tengo un conocimiento muy superficial.

Luego hay otro asunto, que va de Zaragoza a Cádiz. Hace un par de años estaba buscando cosas viejas de flamenco para oír y me encontré con una entrevista a Marchena en el que explicaba que las alegrías tienen el mismo compás de la jota aragonesa. Al parecer el palo surge en aquel tiempo formador de todo lo que va entre la soberanía nacional y la tortilla a la francesa.

Por lo demás, un tanto insensible al drama de los personajes, sigo entreteniendo mi mente con cosas irrelevantes. Me pregunto cómo Pérez Galdós, nacido en las Canarias, dice que el Mulhacén es el monte más alto de España. ¿Es que en la década de 1870 aún no se sabía que era el El Teide o es que era aceptable decir España en vez de “la península”?

El efecto que me causó la relación de mi antigua ama fue terrible. Figúrense ustedes cómo me habría quedado yo, si Amaranta hubiera cogido el pico de Mulhacén, es decir, el monte más alto de España… y me lo hubiese echado encima.

Capítulo II

La fallida expedición de Mariano Renovales, acontecimiento lamentable, queda recogida en uno de esos párrafos que retratan la España eterna.

[…] Es el caso que D. Mariano Renovales, aquel soldado atrevido que tan heroicas hazañas realizó en Zaragoza, fue destinado a mandar una expedición que debía salir de Cádiz para desembarcar en el Norte. Renovales era un hombre muy bravo; pero con esta bravura salvaje de nuestros grandes hombres de guerra: valor desnudo de conocimientos militares y de todos los demás talentos que enaltecen al buen general. Había publicado el guerrillero una proclama extravagantísima, en cuya cabeza se veía un grabado representando a Pepe Botellas cayéndose de borracho y con un jarro de vino en la mano, y el estilo del tal documento correspondía a lo innoble y ridículo de la estampa. Sin embargo, por esto mismo le elogiaron mucho y le dieron un mando. ¡Achaques de España! Estos majaderos suelen hacer fortuna.

[…]

Regresamos a Cádiz. Algunos fueron a recibirnos con júbilo creyendo que volvíamos cubiertos de gloria, y en breves palabras contamos lo ocurrido. La gente entusiasta y patriotera no quería creer que el valiente Renovales fuese un majadero. Por desgracia, de esta clase de héroes hemos tenido muchos.

Capítulo VII

Por lo indicado más arriba he estado pensando en todas las letrillas de alegrías de contenido ibérico del Ebro. Hay otra letra famosa cuyo contenido nunca habría creído que fuera tan literal.

Ocurrió esto el día de la bomba. ¿Saben ustedes lo que quiero decir? Pues me refiero a un día memorable porque en él cayó sobre Cádiz y junto a la torre de Tavira la primera bomba que arrojaron contra la plaza los franceses. Ha de saberse que aquel proyectil, como los que le siguieron en el mismo mes tuvo la singular gracia de no reventar; así es que lo que venía a producir dolor; llanto y muertes, produjo risas y burlas. Los muchachos sacaron de la bomba el plomo que contenía y se lo repartían llevándolo a todos lados de la ciudad. Entonces usaban las mujeres un peinado en forma de saca-corchos, cuyas ensortijadas guedejas se sostenían con plomo, y de esta moda y de las bombas francesas que proveían a las muchachas de un artículo de tocador, nació el famosísimo cantar:

Con las bombas que tiran
los fanfarrones,
hacen las gaditanas
tirabuzones.

Capítulo XII

Hay muchas biografías en el texto que querría investigar y eso requerirá revisión y cribado. Por fortuna el autor colocó una lista de publicaciones en un mismo párrafo y quizá hoy sean fáciles de obtener a nada que los poderes públicos hayan cumplido con su deber.

Allí aparecieron, arrebatados de una mano a otra mano, los primeros números de aquellos periodiquitos tan inocentes, mariposillas nacidas al tibio calor de la libertad de la imprenta, en su crepúsculo matutino; aquellos periodiquitos que se llamaron El Revisor Político, El Telégrafo Americano, El Conciso, La Gaceta de la Regencia, El Robespierre Español, El Amigo de las Leyes, El Censor General, El Diario de la Tarde, La Abeja Española, El Duende de los Cafés y El Procurador general de la Nación y del Rey; algunos, absolutistas y enemigos de las reformas; los más, liberales y defensores de las nuevas leyes.

Capítulo XVI

Vamos para el norte.

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Ideas de 1812: el surgimiento de la nación española

19/03/2012

Constitución de 1812

Me toca las pelotas que a la Constitución de 1812 le diga “la Pepa” gente que ni se la ha leído. Ni si quiera es el uso, es el abuso. Es como que me llame por el nombre de pila gente que no me conoce de nada. En Internet muchos funcionamos con seudónimos, pero en la vida real para algo tenemos apellidos. A mis colegas anglosajones se lo disculpo porque no lo acaban de entender. Otro abuso terminológico constitucional que no acabo de aceptar es el que ocurre en el País Vasco, donde algunos que no son nacionalistas vascos se llaman a sí mismos por no serlo “constitucionalistas”. Absurda apropiación de un término que define a los estudiosos de las constituciones y que en pura lógica sería contrario a los intereses de quienes lo utilizan.

Mi historia con la gaditana viene de cuando estudiaba Derecho Político, también conocido como Derecho Constitucional, allá por 1993. Tuve la ocasión de leer la Historia del constitucionalismo español de Jiménez Asensio y aprendí bastantes cosas sobre la de 1812, que multiplican su interés cuando se van comparando con las de 1837, 1845, 1876, 1931 y 1978. Sin todas esas cosas, que creo que estos días faltan en los medios de difusión masiva, me parece que todo queda un poco manco.

Porque creo que el español medio de hoy, la España del Antiguo Régimen y la del siglo XIX le quedan tan lejos como Zambia. Hace algunos años, en una conversación sobre Cataluña, mi amigo Víctor que se define como “nacionalista (catalán) pero no independentista” achacaba algunos de los defectos del nacionalismo catalán a los correspondientes del nacionalismo español y yo le pregunté si se refería al de 1812 o al de 1936 y no pareció entender la pregunta. Para muchos españoles de hoy, el nacionalismo español nace con Franco y no hay más modelo de nacionalismo español que el franquista. Tampoco suelen entrar en demasiados matices para distinguir la etapa fascisto-falangista de la nacionalcatólica y anticomunista o de la tecnocrático-autoritaria, pero eso lo dejo para otro día.

En resumen, que es muy difícil para muchos españoles de la actualidad imaginar que la nación española aparece como sujeto soberano opuesto a la monarquía, que hubo un siglo XIX a lo largo del cual el ejército era uno de los sectores más progresistas de la población o que hasta la guerra civil, las izquierdas consideraban que encarnaban a la verdadera España, heredera del pueblo de Madrid que se sublevó en 1808, por oposición a las dinastías extranjeras que habían regido el país durante siglos, o el capital de origen extranjero que comenzaba a gobernarlo. Con la llegada de la Transción muchas de las izquierdas aceptaron ceder el nombre y los símbolos del país y el patriotismo a las derechas, y prefirieron tomar partido con los nacionalistas periféricos, renunciando a la idea de nación española y reinventando el concepto franquista de Estado español que había servido en los orígenes del régimen para ocultar su naturaleza futura de reino o república. Y hoy hay pueblos y nacionalidades del Estado español donde antes hubo Nación española o España.

El león de la izquierda con las armas tomadas al fascio

El 19 de marzo de 1812, por poner una fecha que también podría ser el 2 de mayo de 1808 es el día en el que aproximadamente nacen la Nación española y el nacionalismo español. España existe desde mucho antes, desde que alguien llamó Hispania a una península. Primero como designación geográfica, luego como ideal. Luego como estado con la unión de las coronas de Castilla y Aragón, aunque esta unión sobreviviera durante siglos en la forma de una sola corona y diversos reinos. Como la unión de estructura política y cultural es contingente nadie se dio cuenta de nada. Ni campesino, ni ganadero ni clero. Por decirlo de un modo gráfico, los españoles eran los habitantes de un pueblo o de un valle y no fueron españoles hasta que vieron la llegada de un ejército de franceses.

Incluso esta idea es una simplificación excesiva, porque junto a esos franceses luchan otros españoles y hay en la Guerra de la Independencia muchos elementos de guerra civil. Hay españoles que ven en las ideas que vienen de Francia una oportunidad de volver a tomar el tren de la Historia y la propia Constitución de 1812 es deudora de los textos que se habían escrito en Francia y los Estados Unidos décadas atrás. Pero por primera vez aparece en la historia un sujeto histórico que es la Nación española y una ideología que puede considerarse el nacionalismo español, de corte más francés que alemán, sin duda, en sus características.

Y a mí me parece que esta idea no se destaca lo suficiente. Cuando oigo a políticos que creo que son nacionalistas españoles suelen hablar de la España de los cinco siglos. Que era reino, que fue imperio, pero no nación. El matrimonio de los Reyes Católicos en 1469 y la conquista del reino de Granada en 1492 dieron origen a un Estado católico que estaba hecho contra el judío y contra el moro, pero que distaba mucho de mostrar elementos nacionalizadores. Sí que es verdad que hay elementos como la preponderancia del castellano respecto al aragonés o al leones o la extensión del uso de los pesos y medidas castellanos por la península que podrían parecerlo, pero en realidad son un proceso más similar a la expansión del inglés como lengua franca universal.

Elementos de nacionalización que se han mostrado muy eficientes, como lo son la escuela pública y el servicio militar obligatorio, a pesar de las buenas intenciones mostradas en Cádiz no se dieron hasta mucho más tarde.

Art. 366. En todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras, en las que se enseñará a los niños a leer, escribir y contar, y el catecismo de la religión católica, que comprenderá también una breve exposición de las obligaciones civiles.

Una idea que siempre me ha parecido interesante es la que me dio en su día el profesor Llamazares. La de que si España hubiera dispuesto de un estado fuerte (como Francia) durante las décadas de 1830 y 1840, el problema nacional hubiera quedado zanjado definitivamente y no hubieran podido surgir los nacionalismos catalán y vasco en las últimas dos décadas del siglo XIX. Eso hubiera supuesto la escolarización y alfabetización de amplias capas de la población, que se produjo de modo errático e insuficiente, no ya para fines nacionales sino de mero desarrollo económico y mejor calidad de vida. Para mí esa es sólo la mitad de la historia de por qué el concepto de Nación española y el nacionalismo español están hoy en horas bajas.

La otra mitad se encontraría en el desarrollo del siglo XX, con la guerra civil y el franquismo y la apropiación de la idea de España por las derechas y la renuncia de las izquierdas, Obviando todo esto (lo cual es por supuesto mucho obviar) hay un elemento muy importante en la no participación de España en otras guerras contra potencias europeas durante los siglos XIX y XX.  Luego, en los territorios con nacionalismos autóctonos, una parte muy importante de la explicación se encuentra en las migraciones internas que se produjeron en España entre 1880 y 1980 y que son el gran rasgo invisible de la historia social del país.

En 1808-1812 los españoles se reconocieron como tales cuando llegó la invasión francesa. En gran medida, un proceso análogo supuso una revelación para vascos y catalanes autóctonos, las migraciones internas producidas en España desde finales del siglo XIX supusieron que por primera vez algunos vascos y catalanes tomaran conciencia de su antigua y nueva identidad, al entrar en contacto con maketos y xarnegos: los españoles. Esto no habría sido posible en los tiempos de Cádiz y a mi modo de ver explica la ausencia de un nacionalismo fuerte en regiones como Galicia, el País Valenciano o las islas Baleares, donde existirían rasgos culturales suficientes para darle sustento.

La idea que quiero dejar con este texto es la de que aunque España existe como estructura de poder desde el siglo XV (1469-1492-1512), la aparición de la nación española es un fenómeno contemporáneo (1808-1812) y cuya implantación relativamente débil y vinculada a ideologías más específicas ha imposibilitado una hegemonía similar a la nacionalidad central del estado tiene en estados-nación del entorno como Portugal, Francia o Italia.