Los españoles y Alemania

22/12/2014
Alemania: Impresiones de un español

Alemania: Impresiones de un español

No he tardado mucho en leer el otro libro de Julio Camba por el que sentía interés. “Alemania: Impresiones de un español” es el título de una colección de artículos que se publicó en Madrid 1916. Los artículos parecen estar escritos entre 1912 y 1915 que es el periodo que Camba pasó en Berlín como corresponsal primero de La Tribuna y después de ABC. Así pues, algunos de los artículos de esta colección pueden encontrarse en la maravillosa hemeroteca de este segundo diario, que aún existe y ha tenido a bien ponerla a disposición de todos nosotros.

No sé cuánto alemán llegó a aprender Camba. Él sugiere que no demasiado. Las palabras alemanas están transcritas con numerosos errores, por no mencionar que no se respeta la convención de que los sustantivos alemanes se escriben con mayúscula inicial. Quizá los muchos fallos deban atribuirse a los cajistas de imprenta. Otro sí puede decirse de las palabras inglesas, pero dejémoslo ahí, que bastante duro era ya el oficio de tipógrafo por aquel entonces.

El artículo “El alemán es fácil“, aunque no demuestre lo que su título afirma ofrece un recurso útil hasta cierto punto para aquellos que quieran aprender la lengua de Goethe. Lo de los españoles con las lenguas extranjeras es un tema clásico de incapacidad y desinterés. Tiene Camba otro artículo “Los españoles de Casa Grube” en el que trata del grupo ibérico alojado en la misma casa de huéspedes que él, sita en una céntrica calle berlinesa y donde me entero de que también tomó cuartel Julián Besteiro.

El Café Bauer a principios del siglo XX

En total se ve poca Alemania en los artículos de Camba: apenas Berlín, Múnich y un poquito de Baviera. Hay mucho de salchichas, cervezas, cabezas cuadradas y poquita, muy poca información. Yo quise leer este libro como germanófilo sobrevenido y estudiante eterno de alemán, con la intención de conocer aquella Prusia convertida en Alemania que dio al capitán de Köpenick, y que si el pasado es otro país lo es en este caso más aún que en otros.

Para mi desilusión resulta que el representante del periodismo español se dedicó a ejercer de bon vivant y deleitar a su público con observaciones de filósofo turista sin llegar a conocer la gran nación más allá de su prejucio. A veces se cuela algún dato interesante, como el aumento del presupuesto naval que presagia acontecimientos por venir o algún perfil curioso como los de Zeppelin, von Tirpisch o Haeckel, pero puede decirse que son la excepción y que la mayor parte es costumbrismo de café de un género que hoy nos parecería más cercano a la literatura de viajes que al periodismo, por muy devaluado que consideremos este último oficio.

No tengo claro si es a resultas de su experiencia alemana que Camba miró la Gran Guerra como aliadófilo, o si ya antes de ir para allá no tenía la misma simpatía por Germania que por Francia e Inglaterra. El caso es que no se puede decir que su obra sirva demasiado para aumentar la comprensión entre nuestro mundo cultural y el de los modernos tudescos.

Al final en lugar de desistir de mi propósito me resigné a intentar aprender entre líneas y buscar algunos apellidos que acaban siendo importantes con posterioridad (verbigracia von Moltke, cuyo pariente será pieza clave en la conspiración contra Hitler del 20 de julio de 1944) y otras curiosas conexiones (Ernst von Heydebrand und von der Lasa, de la liga agraria alemana tiene que ser pariente del barón Tassilo von Heydebrand un von der Lasa, ilustre ajedrecista del siglo XIX). Valgan como ejemplo estos dos casos prusianos de Silesia y Posnania.

Por poner otra curiosidad sugeriré que la profusa explicación del artículo “Las cigüeñas alemanas” pareciera indicar que la leyenda centroeuropea según la cual a los niños, cuando nacen, los trae la cigüeña no era aún muy conocida en la España de la segunda década del siglo XX. Los de mi generación podríamos decir que es nuestro patrimonio cultural desde tiempo inmemorial, del mismo modo que “nuestros cuentos” son en realidad los de Perrault y los hermanos Grimm. Hubo sin duda otro folclor y otras tradiciones hispanas que seguramente perecieron por exceso de localismo y que en esta pequeña Kulturkampf que es la selección natural de memes no resistieron el empuje de las tres culturas fuertes del norte.

Por último, si les ocurre como a mí y no disponen de tiempo de leer todo cuanto quieren, creo que hay un artículo que es una buena representación a escala de la colección. Se llama “El pueblo alemán” y está en la página 255 de la edición de 1916 que les comento.

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La rana viajera

20/12/2014
El libro

El libro

Hace unas semanas pensé que quizá 2014 era el año en que menos libros había leído desde que tengo uso de razón y ahora parece como si estuviera apurando las últimas semanas del año intentando compensarlo. Además del efecto Kindle está la muy poderosa razón de que en diciembre el tiempo irlandés es más desapacible que de costumbre y que a las pocas horas de luz se añade el hecho de que las gentes se lanzan como posesas al consumismo, por lo que el propio hogar es el mejor lugar en que pasar las horas.

Si en los últimos días me había juntado con Juderías y Ganivet, hoy he vuelto a por otro autor español y viajero y de principios del XX: Julio Camba. A diferencia de los arriba indicados disfrutó de una larga vida, murió en 1962 por lo que no tengo claro si las obras están ya libres de derechos de autor, ya que creo que son 50 años en unos países y 70 en otros. El caso es que están bien disponibles en varios lugares que se dedican a compilar el dominio publico.

Yo a Camba sólo le había leído artículos sueltos y muy citado por otros autores. Sus libros vienen a ser artículos encuadernados y me he puesto con La Rana Viajera, publicado en 1920. Los artículos están agrupados por temas (España reencontrada, En la tierra de los políticos, En el país de la ruleta, En el rincón de los millonarios, Una nueva batracomiomaquia, Los médicos, Entre caballeros, La política, La antipolítica). Algunas veces por los aspectos que trata de la Gran Guerra se adivina que el fragmento está publicado en 1914 o en 1918 pero ciertamente una edición superior en la que se indicara la fecha de edición sería de agradecer. En Aliadófilo convencido, en 1918 hace comentarios muy interesantes sobre Alemania y lo que intuye que ocurrirá veinte años después. Otros artículos parecen motivados de modo muy obvio por la revolución rusa de 1917.

En lo relativo a España, es un autor costumbrista con cuyos valores parece difícil estar de acuerdo en nuestro tiempo, aunque muchas veces no estoy seguro de hasta dónde llega la opinión y dónde empieza la ironía y la exageración grotesca. Algún que otro artículo me recuerda a Larra. En ocasiones trata de su Galicia natal (La última vez que yo estuve en Galicia, Galicia era una de las más hermosas regiones españolas. Ahora ha ascendido a la categoría de nación). Por la conexión irlandesa mencionaré que coincido bastante en su visión de un asunto que ya hemos tratado en otras ocasiones, el panceltismo:

Yo no soy un celta. Acaso lo haya sido alguna vez, pero en una época tan remota, que no conservo de ello ni el más vago recuerdo. Si yo fui celta, este fausto suceso me aconteció mucho antes del imperio romano, y, desde entonces acá, ¡han pasado tantas cosas! Es posible que, en el transcurso de los siglos, yo haya sido también godo, fenicio y moro. Los irlandeses se las echan a su vez de celtas, y, sin embargo, yo me siento mucho más afín a un madrileño que a un irlandés.

También me parece bastante cierto lo que dice de que el castellano es “la verdadera forma actual del gallego”, en el sentido de que dos lenguas tan similares habladas por los mismos hablantes son al final son la una un calco de la otra. Como emigrante en Irlanda debo añadir otro fragmento de un artículo notable sobre la emigración, en el que también se mienta esta isla:

Hay quien atribuye la emigración de los gallegos a su sangre celta, y apoya esta opinión con el dato de que Irlanda, uno de los pueblos donde la raza céltica se conserva más pura, es también pródiga en emigrantes. Yo no quiero negar el espíritu aventurero de la raza céltica, a la que, según parece, tengo el honor de pertenecer; pero, ¿por qué es tan aventurera esta raza? En 1845 la patata irlandesa fue agostada por no sé qué enfermedad, y desde entonces al 1850 más de un millón de irlandeses huyeron a los Estados Unidos. Los irlandeses se sintieron en aquellos años más celtas que nunca. Después desapareció la enfermedad de la patata, y la emigración irlandesa disminuyó en un 80 por 100. Amigo lector; cuando vea usted a un celta migratorio, ofrézcale una patata y, acto continuo, lo convertirá usted en un europeo sedentario. Las razas aventureras lo son por falta de patatas, por falta de pan, por falta de libertad. Se echa de sus casas a los judíos, a los polacos y a los armenios, y una vez que se les ha echado, al verlos correr el mundo, se dice que tienen un espíritu muy aventurero. Si, en efecto, lo tienen, que Dios se lo conserve, porque buena falta les hace.

Paso ahora a mi país de origen. No parece que San Sebastián le impresione demasiado como ciudad. Diríase que le resulta un aburrimiento alrededor de un casino. Los easonenses que no se lo tomen tan mal, que parece que al hombre le gustaba mucho el casino y además Bilbao no sale mucho mejor parada. Y en cuanto a la cultura vernácula, si en lo del gallego tiene más acierto, su crítica del vascuence por tomar palabras de otras lenguas me resulta bastante insustancial (y tampoco creo que ogia provenga de hogaza).

Tengo interés en seguir leyendo al autor, en especial el libro sobre Alemania y no tanto su obra de gastrónomo. Y como hemos pasado por mi capital provincial natal, cerraremos con mi municipio de adscripción donde entiendo que se fabricó el papel de la edición impresa en Fuencarral que he estado consultando en formato electrónico.