El problema de las nacionalidades

28/11/2017

Hoy en el desayuno una compañera, que es francesa mora, nos ha contado que ahora es también irlandesa. Que hace unos días estuvo en la ceremonia en la que las autoridades irlandesas dan el certificado de nacionalidad y que también va a mantener la francesa, que al parecer se puede. Dice que estaba muy nerviosa con el bréxit y que entre que había comprado un apartamento y que tiene un crío de cinco años le ha parecido la mejor solución para estar segura de cara al futuro. Los presentes hemos hecho caer un chaparrón de preguntas y felicitaciones.

Entre los más escépticos yo mismo. Después de que la moza ha partido hacia sus quehaceres he comentado que para los ciudadanos de la Unión Europea los mil euros por los que sale el proceso administrativo vienen a ser el equivalente de pagar un seguro más caro o con más cobertura de la estríctamente necesaria para cualquier cosa. Puede haber buenas razones psicológicas para hacer eso, pero pongo a un lado de la balanza los mil euros y al otro la seguridad frente a la improbabilidad de ser deportado de este país y me quedo con los billetes. Obviamente, se podrá demostrar que me equivoco el día que me expulsen.

Ahora bien, también uno es lo que es y eso no lo cambia ningún documento. Si Europa vuelve a los tiempos oscuros del peor tribalismo no será un papel el que determine sí uno pertenece o no a la tribu. Si un país se deteriora hasta el punto de convertir al extranjero en indeseable no sé cuántas ganas le pueden quedar al rechazado de luchar para quedarse allí. No hace falta ponerse en Austria en 1938, si viviera hoy en el Reino Unido estaría buscando un modo de salir y hay lugares en los que los rasgos de tribalismo suponen que ni me plantee vivir en ellos aún en las mejores condiciones económicas que pudieran plantearse. Cierta región española es un ejemplo que está de actualidad.

Un malévolo ha sugerido que la chica adquiere otro pasaparte porque o bien no es o bien no ha sido aceptada como francesa véritable. Más explicaciones psicológicas. A los (pos)marxistas nos gustan más las de tipo materialista y creo que el factor principal por el que uno renuncia a asimilarse es que creer que lo suyo es al menos igual de bueno y que siempre tiene una salida de ese medio.

Hace años que decidí no formar parte de la sociedad irlandesa y serlo tan sólo de su base de contribuyentes. Coincide con este episodio matinal que anoche había estado releyendo a Cháves Nogales, que tiene este fragmento:

Aquí, en este hotelito humilde de un arrabal parisiense, viven mal y esperan a morirse los más diversos especímenes de la vieja Europa: popes rusos, judíos alemanes, revolucionarios italianos…, gente toda con un aire triste y un carácter agrio que se afana por conseguir lo inasequible: una patria de elección, una nueva ciudadanía. No quiero sumarme a esta legión triste de los «desarraigados» y, aunque sienta como una afrenta el hecho de ser español, me esfuerzo en mantener una ciudadanía española puramente espiritual, de la que ni blancos ni rojos puedan desposeerme.

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De ratones y hombres

22/01/2017
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Portada (1937)

La gripe ha pegado fuerte este año. Llevamos seis días jodidos en casa. Entre semana lo llevo mejor porque yendo a la oficina se me olvida, pero este sábado además han bajado bastante las temperaturas invitando a la dudosa decisión de no salir en todo el día, que he aprovechado para la hibernación, la sopa y alguna lectura dispersa. Vida de ratón.

Y en un rato entre siestas y sin fijarme mucho he leído por encima Of Mice and Men, de Steinbeck, que es uno de esos clásicos de la literatura estadounidense del siglo XX. Literatura social, antihéroes, la Gran Depresión, el desencanto del sueño americano y tal. Se podrían decir muchas cosas del libro y al final la cuadrilla de siempre lo acaba criticando porque sale mucho la palabra nigger. A mí no es que me haya interesado mucho, pero sí que me deja con la idea de que a la mayor parte de la ficción le sobran páginas. Aquí se cuenta lo que se tiene que contar en un espacio razonable.

Tiene la obra algo en mi opinión muy admirable, que es la capacidad del autor para capturar en una grafía los giros dialectales y argóticos. Me piden a mí que escriba en el dialecto de mi provincia y apenas se me ocurre meter de vez en cuando (no siempre) algún condicional en el lugar de un subjuntivo y quitarle la d a algún participio.

Ligada con esta idea de buen hacer a la hora de constatar un registro lingüístico está la de que me resulta una obra que tiene que ser muy difícil de traducir a otros idiomas, o necesariamente puede haber una pérdida de matiz importante si se decide hacer caso omiso de estas cuestiones o incluso la versión final puede acabar resultando ridícula dependiendo de la decisión que se tome sobre cómo convertir esas variaciones sobre el habla estándar de la lengua A en variaciones sobre el habla estándar de la lengua B. Por poner un ejemplo de esto último: la versión doblada de la película El color púrpura, donde la negra sureña hablaba no sé si como los gitanos españoles o como exactamente quien.


Máquina de escribir

01/12/2015
Máquina

Máquina

Hay un poema de Miguel Hernández que hace muchos años que me gusta mucho. No es uno de los más conocidos. Lo lanza la visita que hace a una fábrica de tractores en la URSS en septiembre de 1937. No sé por qué no se me ocurrió la conexión en una ocasión que me ocupé de los tractores ucranianos. Ese poema y otro escrito durante el mismo viaje que se llama “Rusia” me parecen muy buenos. Me da igual la invocación y loa al compañero Stalin: es pura fascinación sovietista que arrastro.

En todas las ediciones que he visto siempre dice que la ciudad es Jarko, pero entiendo que tiene que ser Járkov, que es una de las ciudades más grandes de Ucrania. Un día se me ocurrió que las fábricas de tractores no son como las panaderías y que seguramente se podría saber cuál es la factoría que le llevaron a ver. Debe de ser la llamada Malyshev, que anteriormente tuvo otros nombres (“Fábrica de locomotoras de Jarkov”, “Komintern”) pero que en 1937 se llamaba “Fábrica nº 183”. Además de su dedicación ferroviaria primigenia, incorporó los tractores Kommunar en 1923 y justo antes de la Segunda Guerra Mundial había empezado a fabricar el famoso tanque T-34.

Es curioso pensar en lo difícil que habría sido conseguir esta información hace unos veinte años (antes del boom de Internet) y no digamos hace treinta (antes del crash de la Unión Soviética). Incluso hace diez (ya con Internet, pero antes de la etapa de expansión brutal de la información) habría sido complicado. Al menos habría hecho falta suertecilla, Siempre podía uno haberse encontrardo con una enciclopedia creada por un trainspotter friqui del todo en Geocities.

El sábado pasado, en una tienda del mercadillo de Navidad (a nadie sorprende ya que sea en noviembre) tenían una máquina de escribir antigua de la marca Royal. Sé lo mismo de máquinas de escribir que de tractores, al parecer ha sido una casa conocida. Estos trastos son cosas que a uno le gustan y mi principal desincentivo para adquirirlos no es tanto su precio como la falta de espacio en mi humilde morada. En general no aspiro a acumular objetos y seguramente la fotografía de la máquina me hace tan feliz como la máquina en sí. A lo mejor esto me convierte en una persona espiritual.

He calculado que sería de los años treinta y no es nada difícil encontrar un listado de modelos. He errado por dos décadas ya que parece que se trata del modelo 10, de 1914. He encontrado varias en subasta o en oferta. Me parece que por menos de 200 dólares podría conseguirse una.


Homenaje a Cataluña

27/11/2015
Primera edición (1938)

Primera edición (1938)

Debe de ser este mes de noviembre en que hace cuarenta años del fin de los cuarenta años el que me ha provocado este renovado interés por la guerra por antonomasia. Se me ha ocurrido leer el Homenaje a Cataluña de Orwell. La primera edición, de 1938, que acabo de enterarme de que después trastocó el orden de los capítulos. Yo había leído Rebelión en la Granja de joven y es uno de los escasísismos libros que habré leído dos veces y me parece un libro fantástico para vacunarse de muchas cosas en la vida (tengo amigos de mi misma de tribu que no entienden mi escepticismo por Podemos). También 1984, que no me gustó tanto y desde hace unos cuantos años lo tengo algo desvalorizado. Nunca había caído en la cuenta de que Homenaje a Cataluña fuera anterior a las otras dos, que tienen en cambio más renombre.

En cambio siempre había tenido la sensación de que me conocía el rollo porque hará unos veinte años vi la película aquella de Ken Loach, Tierra y libertad, que también trataba de un guiri que se alistaba para ir a defender la República o algo y pasa por Barcelona y acaba en el frente de Aragón. Es muy parecida, aunque el de la peli se convierte de comunista a poumista y Orwell va con el POUM desde el principio, más que nada porque estaba vinculado a su partido de Inglaterra. En la peli de Loach estaba muy surrealista y poco creible la escena del debate aquel en el que el alcalde español de un pueblo de paletos de los años treinta chapurrea inglés.

Por cierto, que creo que este libro lo compran muchos catalanes (es que lo he visto en la estantería de varios amigos catalanes) y creo que algunos se sentirán defraudados de que el autor en realidad pase más tiempo en Aragón que en Cataluña y no haya casi nada específicamente catalán en él (en algunos momentos al parecer alguien habla algo en catalán, pero casi dudaría de si Orwell -que hablaba muy poquito castellano- podía establecer la diferencia). En realidad es un detalle de saber vender libros. “Homenaje al POUM” o “… al ejército de milicias” o “… a la revolución española” hubieran envejecido mucho peor. No hay más que ver al POUM, primero masacrado por Moscú, y al final disuelto en el PSC. Esto último pasó hace 35 años y seguiro que hace quince sonaba mejor que ahora, pero en estos tiempos acabar en el PSC suena a lo peor de lo peor.

Entonces, Orwell llega a Barcelona y va a la guerra con su mujer a la que ni nombra en el libro pero que se pasa la vida en un hotel mientras él anda por los frentes de Huesca. Esto no lo entiendo mucho, lo de llevarse a la guerra a la mujer. También el libro se tendría que escribir hoy de modo muy distinto si se tiene en cuenta lo que llaman “perspectiva de género”. Orwell y Hemingway y compañía es difícil que den otra impresión que la de haber venido a España a nada más que a divertirse y a sus aventurillas y que en el fondo lo que les pasara a los españoles les importaba un carajo. En total pasa medio año por aquí, que puede parecer mucho o poco. Obviamente en una guerra una semana es mucho, pero para comprender un país, con medio año aún falta bastante. Me fascina cómo para no conocer la lengua parece enterarse de matices sutilísimos de la inaprehensible situación política de la época (lo cual me hace suponer que muchas cosas las dice de oídas o se las inventa) y defiende bastante lo de que es posible hacer la revolución a la vez que se intenta ganar una guerra, que ya se vio en lo que quedó. Lo bonito es que con suerte y dinero se sale de todos los sitios y de ahí a Inglaterra a escribir en el cottage y a no colectivizar nada. Tiene una frase buena en lo de que el carácter español no sirve mucho para el totalitarismo. Falta mucha fe y fuerza de voluntad como para eso, ahí si que acertó.

Yo quiero ser una fábrica de independentistas y se me ocurre intentarlo con la máquina de dar saltos en el tiempo para atrás y para adelante. Me pongo en Barcelona (precisamente en 1984) y me acuerdo de aquel anciano del polvorín que criticaba el pujolismo en su momento de mayor gloria y decía que esa forma de ser catalán no podía ser “nosotros liberamos Cataluña, y cuando la habíamos liberado nos fuimos a liberar Aragón”. Me parece ahora que había intuido mejor el egoismo pujolista que el amigo charnego que me explicaba una nochevieja vieja lo bueno que Pujol había sido para Cataluña. En estas semanas de 2015 me parece interesante ver como el postpujolismo anda arrastrándose ante un grupo antisistema y me parece difícil no imaginarme a la Generalidad de Companys y la CNT de 1936-37. No es que estemos precisamente ante los sucesos de mayo, todo es como más de broma pero ¿Si Mas y sus amiguetes no doblegan a la CUP cómo van a doblegar a España? ¿Y cómo va la CUP a destruir el capitalismo si no consigue ni destruir a Mas? La primera como tragedia y la segunda como farsa.


Ursificación

14/11/2015
Mola

The Last Stalinist (Preston)

En el libro que acabe la semana pasada (la biografía de Carrillo escrita por Preston) el autor utiliza un interesante adjetivo a cuento de la unificación de las organizaciones de las juventudes socialista y comunista en 1936. Las gentes del PSOE siempre han considerado que la fusión no fue tal, sino una traición de Carrillo al haberse apropiado de las juventudes socialistas para el PCE . Ya en la época hubo quien dijo que las Juventudes Socialistas Unificadas eran en realidad “Urssificadas” (Preston lo escribe así, en español y con dos eses). Creo que Preston le atribuye la acuñación a Araquistáin (ahora me da pereza comprobarlo), pero he gugleado un poco y veo que la gracieta y el adjetivo fueron moneda común en la época. Con la forma “Ursificadas“, que con una sola ese parece más una palabra de verdad.

No creo que haya sido el primero en reparar en que lo de “ursificación” es doblemente gracioso, ya que también se podría llamar así al proceso de convertirse o convertir algo en ursus –oso-, que curiosamente es el animal con el que se suele identificar a Rusia. En efecto, una búsqueda del equivalente inglés ursification, (en inglés el juego de palabra y sigla no funciona ya que la URSS es SSSR) me da resultados que apuntan a la filología, videojuegos en los que los personajes se convierten en plantígrados y cierto colectivo homosexual.


Analogías con los años treinta

25/10/2015

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Cuando uno lee Historia de España de los años treinta del siglo pasado (seguramente sea la década sobre la que más se lee) se encuentra uno con muchas referencias a la masonería. Nunca he sabido demasiado de la masonería y me imagino que eso implica que su labor de sociedad secreta la están haciendo bien. En Salamanca he visto el Archivo Histórico Nacional (sección Masonería y Guerra Civil) donde uno puede entrar a una sala que es la reconstrucción de una típica logia. El carácter secreto o reservado de esta sociedad y todas las semiverdades y mentiras que se hayan podido decir de ella -como la famosa conspiración judeomasónica que tanto inspiraba al de El Ferrol- son los principales desafíos para saber en qué consistía (¿consiste?) en realidad su actividad.

Lo que sí que parece cierto es que fue un punto de encuentro de diversas personalidades que tuvieron mucho que decir en la vida política y social del primer tercio del siglo XX en España y que parece haberse esfumado por completo o, al menos, haber perdido la mayor parte de su importancia real o ficticia. Los teóricos de la conspiración han encontrado otros chivos expiatorios de más difícil ingreso (¿cuánto hay que pagar para ser del club Bilderberg?) y los políticos y los que parten el bacalao se encuentran ahora en los clásicos reservados de los restaurantes y en los palcos de los estadios de fútbol.

Tengo que trabajar un poco más esta analogía, pero  me parece que el fútbol es el sustituto de la masonería en la España del siglo XXI.


Una historia de la guerra civil que puede gustar o no

17/10/2015
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Portada goyesca de la segunda edicción

Aproveché mi reciente paso por tierras de España para hacerme con varios libros en mi lengua materna. Por ejemplo, uno de 2005 que he estado leyendo estos días: Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie de Juan Eslava Galán. A estas alturas de la vida tiene uno ya a sus espaldas bastantes libros de la guerra por antonomasia (para nosotros) y se sigue acercando a ella con interés pesimista en tanto que evento fundador de la psique nacional contemporánea.

Eso sí, la perspectiva ha ido variando desde el partidismo sesentayochista que alumbró nuestra juventud hasta cierto escéptismo nihilista que sólo consigue rebajar la improbabilidad estadística de que como país volvamos a caer tan bajo. De adolescente leí libros como loa que se venían publicando desde los años setenta y que más o menos trataban de desacreditar la bibliografía oficial del franquismo y creo que debido a no haber pasado yo mismo por esa etapa anterior se me quedó la sensación estúpida de haber perdido una guerra que sucedió decenios antes que uno mismo.

Por supuesto, la revancha bibliográfica adolecía a veces de los mismos defectos que la de los vencedores: romanticismo, maniqueísmo y falta de aprecio por la verdad, entre otros. Así pues, mientras que mi yo adolescente se transportaba a los años treinta para defender a la República del fascismo y de sí misma, el actual sabe que en las mismas se iría del país para seguir pensándolo desde lejos, que en el fondo es lo que ha hecho algo después y con mucha menos causa.

Es correcto lo que dijo de este libro el amigo que me lo recomendó: “es sensato y ameno”. Es lo mejor que se puede decir dado que no existe un modo medianamente justo de abarcar un acontecimiento de esta magnitud, que tan grave y diversa fortuna e infortunios deparó (y repartió de modo tan irregular) entre tantos millones de españoles.

Mapa

Mapa del 18 de julio de 1936 (Wikipedia)

Pero en fin, yo creo que el autor hace un buen trabajo yendo continuamente del micro al macro e ilustrando escenas de la vida más o menos cotidiana del período bélico para diversos tipos de personas en las diversas Españas que quedan a cada uno de los lados del frente. Aunque la historia sea consabida siempre adquiere uno datos nuevos o nuevos modos de mirar las cosas. Por ejemplo, me gustó la descripción del estado inicial de cosas del 18 de julio que supera lo que puede mostrarnos el mapa que habremos visto tantas veces:

España partida por gala en dos. Sobre el papel, rebeldes y republicanos parecen casi equilibrados: los golpistas dominan 230.000 km2 de territorio con diez millones y medio de habitantes; el gobierno los supera en 40.000 km2 y en tres millones y medio de habitantes. En términos económicos, el gobierno controla las regiones industriales y mineras, pero los sublevados tienen las zonas cerealistas y ganaderas. En principio parece que la situación es favorable para el gobierno, pero en términos de abastecimiento el resultado es preocupante: la República deberá alimentar a más del cincuenta por ciento de la población con menos de un tercio del trigo nacional, con una quinta parte de las vacas y con una décima parte de las ovejas.

Este aspecto de la distribución del ganado lo desconocía y me parece muy relevante si se tiene en cuénta que tipo de economía era la España del los años treinta. También me ha llamado la atención esta nota de los inicios del conflicto sobre cuán diferente era la soldada en uno y otro bando:

El combatiente nacional recibe cincuenta céntimos diarios; el miliciano de la República, diez pesetas, el jornal de un obrero especializado (aproximadamente lo que gana un alférez en el bando nacional). Con tan generosa asignación muchos milicianos desprecian el rancho cuartelero y prefieren comer en un restaurante barato, donde un almuerzo o una cena valen dos pesetas.

Me parece bastante ilustrativo de una de las causas a las que se suele atribuír el fracaso militar del bando republicano (falta de organización y disciplina) y más en general, del de todo tipo de programa político que pretenda redistribuir a lo grande sin demasiados miramientos.

Otro aspecto que se deja ver bastante bien es el de la retaguardia. Teniendo en cuenta que la mayor parte de las muertes violentas no ocurrieron “en” la guerra sino “durante” la guerra, es un aspecto que en general se descuidó bastante en la bibliografía hasta que recientemente ha pasado a tener todo el protagonismo político de un modo parejo al modo en que la memoria del Holocausto ha sustituído a la de la guerra mundial. Aquí les faltan palabras a los idiomas para deslindar lo que es guerra de lo que es aún peor. Falta una taxonomía del terror ya que llamar genocidio a todo tampoco vale (y es contraproducente además). Como digo, es la vida en las retaguardias algo que queda bastante bien esbozado en su diversidad.

No quisierá escribir más que para eso está leer el el libro. Quien quiera conocer aspectos de la vida íntima de Millán Astray, un los pormenores de la rebelión de Cartagena y el bombardeo al barco nacional que dejó diez veces más muertos que el de Guernica, el intrigante proceso que llevó a Franco al mando único, la maquinaria del terror falangista y una cantidad enorme de operaciones militares, en general poco exitosas, de las que apenas se ha oído hablar pero que dejaron centenares de muertos olvidados tiene este libro para hacerlo.

Por último una línea, que es la que los ingleses llaman de flotación: a mí sí que me ha gustado.