En Lughnasa Franco no era aún generalísimo

28/12/2019

Dancing at Lughnasa

En estas dos semanas habré visto más películas que en los dos años anteriores. La oficina está cerrada por navidades y entre que unos días son festivos y otros trabajamos desde casa suelo estar en el sofá con la tele puesta, bien leyendo mis cosas o avanzando lo que se pueda en asuntos laborales que, la verdad sea dicha, no es casi nada.

Anoche vi la coproducción de 1998 Dancing at Lughnasa, adaptación de la obra de teatro homónima del dramaturgo Brian Friel (1929-2015) que tiene como escenario el condado de Donegal de la costa del oeste de Irlanda durante el verano de 1936. Lughnasa, que también puede escribirse Lúnasa (mi favorita, ya que es como suena) o Lughnasadh (estereotípico del gaélico irlandés: diez letras para seis sonidos). Lughnasa era un antiguo festival pagano (o es ahora un festival neopagano), que se celebra el primero de agosto para celebrar el inicio de la cosecha. Se hace en honor del dios celta Lug, del que hablamos en una ocasión, un dios tan desconocido en España que la película allí se llamó El baile de agosto.

La película no está mal del todo, trata de una especie de casa de Bernarda Alba en un lugar llamado Ballybeg, que podría ser un Ballycrap, uno de esos contornos rurales en que los hombres emigran y las mujeres sufren y en la que Meryl Streep interpreta su papel de matriarca con un acento irlandés impecable hasta donde mi oído puede determinar.

Sin embargo, el asunto que me trae a escribir estas líneas es que Gerry, uno de los personajes, quiere acudir como voluntario a la guerra de España a luchar contra Franco. Siendo que Lughnasa es el 1 de agosto y que la acción se desarrolla en los días inmediatamente anteriores, el golpe no es aún el de Franco sino más bien el de Mola y Sanjurjo. Franco no fue elegido jefe supremo del bando rebelde hasta el 1 de octubre, por lo cual que un irlandés (o galés) quisiera durante la última semana de julio o la primera de 1936 ir a luchar contra Franco me resulta muy pero que muy improbable.

Ya puestos me dio por consultar algo que debería saber (tengo leído La internacionalización de la guerra civil española de Fernando Schwartz, pero la memoria es falible) que es cuándo se decidió formar las Brigadas Internacionales. Una simple búsqueda en Wikipedia indica que la decisión se tomó el 18 de septiembre y que los primeros brigadistas llegaron a Albacete el 14 de octubre. La mayoría de los irlandeses que formaron la mitificada Columna Connolly llegaron a España en diciembre. Me imagino que ya habrá habido alguien más que se haya dado cuenta de que las fechas no encajan pero no salían en la primera página de Google.


Yo fui un ministro de Stalin

16/11/2019

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Ahora que parece que puede haber un gobierno con ministros a la izquierda del PSOE es buen momento para revisar los escritos de uno de los dos ministros comunistas que en España han sido: Jesús Hernández Tomás (1907-1971), que formó parte de los gobiernos de Largo Caballero y Negrín al mismo tiempo que Vicente Uribe (1902-1961), en plena guerra civil.

Debe tenerse en cuenta que el libro Yo fui un ministro de Stalin fue publicado en 1953 y que en 1944 Hernández ya había sido expulsado del Partido Comunista de España. Ofrece una interesante perspectiva de muchos aspectos del periodo bélico, empezando por las elecciones de febrero de 1936 en las que, según un pequeño detalle trivial que descubro en la primera página, el escrutinio empezó a las seis de la tarde. Entre los principales temas están el de la caída del gobierno de Largo Caballero en mayo de 1937, la persecución contra el POUM y cómo se produjo el hundimiento de la zona centro-sur tras el golpe de Casado y sobre todo el papel que la dirección del PCE y los agentes soviéticos desempeñaron en todos estos asuntos.

Selecciono un par de párrafos que me interesan . Es el primero la recreación de una conversación de Hernández con el secretario general  del partido, José Díaz, que resulta curiosa desde la perspectiva de la evolución del pensamiento político izquierdista en relación al problema de España. De aquí salió el folleto de Hernández El orgullo de sentirnos españoles, a cuyo contenido atribuyo la capacidad de incomodar a la militancia comunista o podemita actual más que la descripción detallada de los crímenes estalinistas.

—¿Qué te parece si comenzamos a desplegar una campaña, hábilmente desarrollada, tendiente a despertar en nuestro Partido un sentimiento de orgullo por todo lo español? —me preguntó Díaz.
La mirada de Díaz se había animado. De sus ojos negros se desprendía ahora un reflejo de malicia y de contento. Su ocurrencia le animaba. Prosiguió:
—… Si logramos encender la llama del entusiasmo por lo español, por nuestras costumbres, nuestras glorias, nuestros guerreros, por nuestras tradiciones, será más fácil llevar al Partido hacia una política auténticamente nacional, que en caso necesario, comprenda nuestra posición.
—Me parece excelente la idea.
—Tú debes abrir el fuego —dijo.
—¿Cómo?
—Preparando una serie de artículos en los que exaltes desde el Cid a los Reyes Católicos, desde Numancia a las Germanías, desde los Comuneros al Alcalde de Móstoles. Habla de nuestras glorias y grandezas, de España madre de pueblos, de conquistadores y misioneros, de genios de las letras, de la pintura, de la ciencia. Habla de todo y de todos, desde Viriato a los heroicos milicianos del Cuartel de la Montaña… De todo lo que se te ocurra, pero exalta lo español, despierta entre los comunistas el orgullo de ser español.
El entusiasmo de Díaz crecía con sus propias ideas.
—…Habla con Mije. Dile que el Comisariado de Guerra transmita instrucciones a todas las unidades para que los periódicos y alocuciones de los comisarios sigan esta línea. Nuestras Divisiones —agregó— cantan canciones con música de himnos soviéticos. Que acaben con eso. Que canten con música española, aunque sea de zarzuela. Desde el Agit-Prop del Partido debes tomar inmediatamente medidas para que nuestros camaradas desplieguen una intensa campaña en todas las fábricas de producción de guerra, dando a entender que agradecemos los auxilios de los demás, pero que, en definitiva, todo dependerá de nuestro esfuerzo.
Observaba un poco admirado a Díaz. Debió de comprenderlo, pues me dijo:
—Te asombra oírme hablar así ¿no?
—Me asombra y me entusiasma. ¡Ojalá podamos hacer vibrar a nuestra gente en esta misma pasión!
—De ti va a depender mucho —indicó.
—Por mí no ha de quedar —declaré.
—¡Es increíble! Tener que comenzar a conspirar en nuestro propio Partido y en nuestro propio país para poder hacer una política nacional —comentó Díaz.

El tema principal del libro es la intromisión soviética en España, que puede entreverse en todos los demás asuntos. Uno muy interesante son las relaciones entre los dirigentes comunistas españoles, también mediada en gran medida por Moscú. De José Díaz se suele escribir simplificando que a pesar de ostentar el cargo orgánico teóricamente superior no tuvo demasiado protagonismo durante la guerra debido a sus problemas de salud (se acabó suicidando en Tiflis en 1942 aquejado del dolor de un cáncer estomacal). Sin embargo en política siempre hay algo más en la zona en que lo ideológico se entremezcla con lo personal. Aqui sobre Pasionaria:

Comprendiendo Antón lo inestable de su situación, buscó la manera de afianzarse en un puesto de dirección del Partido. Y dio en la flor de enamorar a Pasionaria. Pasionaria le defendería. Pasionaria intrigaría cerca de la delegación soviética para sostenerle a él. Y no se equivocó. Pasionaria olvidó que era la mujer de un minero; se olvidó de que tenía dos hijos con tantos años como su amante; olvidó que su esposo, Julián Ruiz, se batía en los frentes del norte; olvidó el decoro y el pudor; se olvidó de sus años y de sus canas y se amancebó con Antón sin importarle la indignación de cuantos sabían y conocían sus ilícitas relaciones. Togliatti, Codovila y Stepanov —que ya preparaban a Pasionaria para heredar en vida a Díaz— complacieron a ésta. Antón dejó de ser comisario del frente de Madrid, pero pasó a dirigir la Comisión político-militar del Partido. José Díaz había dicho a Pasionaria:

—«Me tienen sin cuidado tus asuntos privados, pero ya que tengo que ser forzosamente alcahuete de tus amoríos (pues si el hecho trasciende se vendría al suelo todo tu prestigio, y tu nombre lo hemos convertido  en bandera moral y de ejemplo de mujeres revolucionarias), debes saber que todo el aprecio que tengo por Julián lo siento de desprecio por Antón».

Era la de Pasionaria una de esas pasiones seniles que en su desenfreno saltan sobre toda clase de obstáculos y que a ella habría de llevarla hasta el sacrificio de su propio hijo. Rubén Ruiz, capitán del Ejército Rojo, se haría matar en la U. R. S. S. para huir de la vergüenza de ver a su padre comido de piojos y muerto de hambre en una fábrica de Rostov y a quien, además, no le permitieron visitar por prohibición expresa de su madre, mientras veía a Antón vivir espléndidamente y pasearse por Moscú en el automóvil de su madre. Esa pasión provecta, insana, que motivaría también la muerte de Julián en medio de la más negra desesperación y maldiciendo el nombre de Pasionaria y de Stalin, esa pasión era un odio inextinguible contra José Díaz, que le había escupido su desprecio en plena cara.

La ruptura sentimental de Pasionaria y Antón tiene luego rasgos de crueldad inusitada. Es curioso como la mujer ha acabado ocupando un espacio de santa laica de la memoria histórica que da nombre a calles y plazas en Vasconia y por toda España cuando tiene actuaciones más que discutibles en el plano politico y en el moral (en cambio los ministros Hernández y Uribe son dos vizcaínos olvidados en términos memorialísticos en un espacio geográfico e ideológico en el que hay más casos, como Óscar Pérez Solís, con una biografía  más que reseñable.

También y dada las circunstancias actuales me interesa un párrafo en el que se trata la capacidad de sembrar cizaña entre los socialistas que el PCE tuvo durante la guerra. Esto condicionó la división en facciones y la práctica desaparición del venerable partido obrero durante los años cuarenta, lo obliteración de Negrín de la historia oficial del PSOE hasta tiempos muy recientes y una desconfianza mutua que no estoy seguro de que se haya superado, aunque estaré atento a los acontecimientos. El PSOE que salió de Suresnes lo tenía muy claro, el sanchista no lo sé.

Si nos proponíamos demostrar que Largo Caballero, o Prieto, o Azaña, o Durruti, eran responsables de nuestras derrotas, medio millón de hombres, decenas de periódicos, millones de manifiestos, cientos de oradores darían fe de la peligrosidad de estos ciudadanos con tal sistematización, ardor y constancia que, a los quince días, España entera tendría la idea, la sospecha y la convicción del aserto metidos entre ceja y ceja. Alguien ha dicho que una mentira, cuando la enuncia una persona, es simplemente una mentira; cuando la repiten millares de personas, se convierte en verdad dudosa; pero cuando la proclaman millones, adquiere categoría de verdad establecida. Es esto una técnica que Stalin y sus corifeos dominan a las mil maravillas.
Para nuestro combate político contábamos, además, con algo de que carecían las demás organizaciones: la disciplina, el concepto ciego sobre la obediencia, la sumisión absoluta al mandato jerárquico y el hombre de un solo libro… Ello generaba toda la energía de la acción cerrada, maciza, rectilínea, absoluta de los comunistas ante no importa quién ni qué.
¿Qué había frente a esta tromba granítica? ¡Helo aquí!: un partido socialista roto, dividido, fraccionado, laborando en tres direcciones divergentes; con tres hombres representativos: Prieto, Caballero y Besteiro, que luchaban entre sí, y a los que poco después se agregaría uno más: Negrín. Nosotros logramos sacar de sus suicidas antagonismos ventajas para arrimar el ascua a nuestra sardina. Y hoy apoyábamos a éste para luchar contra aquél, mañana cambiábamos los papeles dando un apoyo a la inversa, y hoy, mañana y siempre empujábamos a unos contra otros para que se destrozaran entre sí, juego que practicábamos a ojos vistas y no sin éxito. Así, para aniquilar a Francisco Largo Caballero nos apoyamos principalmente en Negrín y, en cierta medida, en Prieto; para acabar con Prieto utilizamos a Negrín y a otros destacados socialistas; y de haber continuado la guerra, no hubiéramos titubeado en aliarnos con el diablo para exterminar a Negrín cuando éste nos estorbase, o bien habríamosle invitado a tirarse de un balcón como más tarde harían los comunistas checoslovacos con Massarik. Es el destino de todos cuantos se alían con el engendro comunista de Stalin.

Como indiqué al principio el libro se escribió en 1953. El nombre de Santiago Carrillo no aparece ni una sola vez. Un efecto retrospectivo de la memoria histórica creada en la Transición es atribuirle a Carrillo un papel de mayor importancia en la guerra del que realmente tuvo.

Seguramente nada de lo que en este libro se indica tenga relevancia presente y aún y todo me resulta muy difícil sustraerme a la tentación de comparar.


El colapso de la República – Payne

23/08/2017

Payne

Gracias a una discusión guasapera sobre el concepto del “candado del 78” y alguna que otra idea podemita más he ido al libro de Payne sobre la caída de la República para buscar un fragmento que trata de cómo la vanguardias politicas no pueden arrastrar a sociedad más allá de donde ésta está dispuesta a ir.

Mi opinión (bastante ortodoxa) sobre la Transición es que es de lo poco que se ha hecho bien en España en  los últimos quinientos años y que si allá por 1978 teníamos unos 4.000 dólares de renta y en 2016 cerca de 26.000 dólares, no me imagino cuál podría haber sido el arreglo o desarreglo por el cual hubieramos acabado siendo más ricos y más felices (y además sin paceder gran mortandad). Creo que un problema del izquierdismo (y en esto también caía yo cuando estaba ahí) es considerar que está solo en en el campo de juego, cuando en general tiene a un 60% en contra o al menos no a favor. La famosa mayoría silenciosa.

Los propios podemitas han dado bandazos sobre las ideas de “régimen” y “candado” de 1978 (más que ideas son ocurrencias: en un momento se orquestó la fugaz campaña tuitera “gracias 1978, hola 2016”, pero después han vuelto a las andadas). En el fondo lo que yo creo es que la mayoría sociológica que existe en España no tiene demasiado interés en un cambio constitucional y que le valdría el esquema actual pero con más dinero en el bolsillo, con menos desempleo, con mejores servicios y mejores posibilidades. El truco está en a ver quién lo paga y cómo, pero creo que acierto cuando digo que la mayoría silenciosa no quiere volver a 1978 sino a 2008 y que me parece normal.

En un momento dado a mí también me desagrada que la dinastía borbónica que tan nefasta ha sido para España siga aupada al machito, pero no arriesgaría ni un pelo por levantarlos de ahí, que los cambios revolucionarios se sabe cómo empiezan pero no como acaban. Uno de mis interlocutores cree que el secesionismo catalán ofrece la oportunidad de crear una España mejor. Y Largo Caballero creía que un golpe militar se sofocaría mediante una huelga general revolucionaria sería la oportunidad para implantar la dictadura del proletariado.

Y con esto aprovecho para comentar el libro de Payne, o más bien la pésima traducción del mismo de que dispongo y que he vuelto a hojear. Espero que en una década la traductora haya aprendido algo de inglés o de política o de historia de España. Le podía dedicar un monográfico en mi sección de falsos amigos porque que recuerde se ha tragado plurality, extravagant motorist. Lo mejor es cuando traduce highway primero como autovía y luego como autopista, que ya me diréis cuántas de esas había en los años treinta en España. Hasta el título me parece desacertado, ya que creo que la mayoría entendemos colapso como bloqueo y no como caída.

Pero dejando a un lado mis manías, este libro debería leerse para comprender que si algun día hay una Tercera República en España deberá ser totalmente diferente de la Segunda. Que además, para convencer a los reacios, los republicanos que haya (entre los cuales según cómo, cuándo y para qué me contaría) cuanto menos aludan a la Segunda República, mejor que mejor; y que es bastante curioso que la República burguesa de 1931 sea reivindicada por aquellos que a su vez reivindican a quienes trataron de destruirla para dar paso a una dictadura del proletariado o a una revolución permanente u otros modelos que son cualquier otra cosa menos democráticos. Quizá lo que se reivindica no es tanto la República de 1931 como la de 1936, que algunos han llamado precisamente “Tercera República” o “República Popular”. En cualquier caso, no hay mayoría crítica para hacer eso y es harto difícil que la pueda haber.

Es interesante leer la letra pequeña, tan desconocida por el gran público de hoy, de lo que fue aquel periodo de entre 1933 y 1936. A mí me ha interesado especialmente la descripción del bienio llamado negro o radical-cedista. Hace unos años recomendé una serie bloguera sobre los primeros meses del año 36, que iba haciendo el conteo de los aproximadamente 300 asesinatos políticos que se produjeron en la primera mitad del año fatídico y que en su epílogo citaba la conclusión de Payne en este libro, que viene a ser que el asesinato de Calvo Sotelo fue el catalizador que lanzó el golpe que venía gestándose desde meses atrás y que sirvió a Mola para obtener la aquiesciencia de los dubitativos de las derechas, que percibieron que estaban más seguros en rebelión que expuestos al arbitrio de quien ejercía el poder. La base que acabó apoyando el golpe se compuso de muchas clases bajas y medias, sectores mucho más amplios que los reaccionarios a los que el gobierno y sus apoyos temían. Clases silenciosas.


Homenaje a Cataluña

27/11/2015
Primera edición (1938)

Primera edición (1938)

Debe de ser este mes de noviembre en que hace cuarenta años del fin de los cuarenta años el que me ha provocado este renovado interés por la guerra por antonomasia. Se me ha ocurrido leer el Homenaje a Cataluña de Orwell. La primera edición, de 1938, que acabo de enterarme de que después trastocó el orden de los capítulos. Yo había leído Rebelión en la Granja de joven y es uno de los escasísismos libros que habré leído dos veces y me parece un libro fantástico para vacunarse de muchas cosas en la vida (tengo amigos de mi misma de tribu que no entienden mi escepticismo por Podemos). También 1984, que no me gustó tanto y desde hace unos cuantos años lo tengo algo desvalorizado. Nunca había caído en la cuenta de que Homenaje a Cataluña fuera anterior a las otras dos, que tienen en cambio más renombre.

En cambio siempre había tenido la sensación de que me conocía el rollo porque hará unos veinte años vi la película aquella de Ken Loach, Tierra y libertad, que también trataba de un guiri que se alistaba para ir a defender la República o algo y pasa por Barcelona y acaba en el frente de Aragón. Es muy parecida, aunque el de la peli se convierte de comunista a poumista y Orwell va con el POUM desde el principio, más que nada porque estaba vinculado a su partido de Inglaterra. En la peli de Loach estaba muy surrealista y poco creible la escena del debate aquel en el que el alcalde español de un pueblo de paletos de los años treinta chapurrea inglés.

Por cierto, que creo que este libro lo compran muchos catalanes (es que lo he visto en la estantería de varios amigos catalanes) y creo que algunos se sentirán defraudados de que el autor en realidad pase más tiempo en Aragón que en Cataluña y no haya casi nada específicamente catalán en él (en algunos momentos al parecer alguien habla algo en catalán, pero casi dudaría de si Orwell -que hablaba muy poquito castellano- podía establecer la diferencia). En realidad es un detalle de saber vender libros. “Homenaje al POUM” o “… al ejército de milicias” o “… a la revolución española” hubieran envejecido mucho peor. No hay más que ver al POUM, primero masacrado por Moscú, y al final disuelto en el PSC. Esto último pasó hace 35 años y seguiro que hace quince sonaba mejor que ahora, pero en estos tiempos acabar en el PSC suena a lo peor de lo peor.

Entonces, Orwell llega a Barcelona y va a la guerra con su mujer a la que ni nombra en el libro pero que se pasa la vida en un hotel mientras él anda por los frentes de Huesca. Esto no lo entiendo mucho, lo de llevarse a la guerra a la mujer. También el libro se tendría que escribir hoy de modo muy distinto si se tiene en cuenta lo que llaman “perspectiva de género”. Orwell y Hemingway y compañía es difícil que den otra impresión que la de haber venido a España a nada más que a divertirse y a sus aventurillas y que en el fondo lo que les pasara a los españoles les importaba un carajo. En total pasa medio año por aquí, que puede parecer mucho o poco. Obviamente en una guerra una semana es mucho, pero para comprender un país, con medio año aún falta bastante. Me fascina cómo para no conocer la lengua parece enterarse de matices sutilísimos de la inaprehensible situación política de la época (lo cual me hace suponer que muchas cosas las dice de oídas o se las inventa) y defiende bastante lo de que es posible hacer la revolución a la vez que se intenta ganar una guerra, que ya se vio en lo que quedó. Lo bonito es que con suerte y dinero se sale de todos los sitios y de ahí a Inglaterra a escribir en el cottage y a no colectivizar nada. Tiene una frase buena en lo de que el carácter español no sirve mucho para el totalitarismo. Falta mucha fe y fuerza de voluntad como para eso, ahí si que acertó.

Yo quiero ser una fábrica de independentistas y se me ocurre intentarlo con la máquina de dar saltos en el tiempo para atrás y para adelante. Me pongo en Barcelona (precisamente en 1984) y me acuerdo de aquel anciano del polvorín que criticaba el pujolismo en su momento de mayor gloria y decía que esa forma de ser catalán no podía ser “nosotros liberamos Cataluña, y cuando la habíamos liberado nos fuimos a liberar Aragón”. Me parece ahora que había intuido mejor el egoismo pujolista que el amigo charnego que me explicaba una nochevieja vieja lo bueno que Pujol había sido para Cataluña. En estas semanas de 2015 me parece interesante ver como el postpujolismo anda arrastrándose ante un grupo antisistema y me parece difícil no imaginarme a la Generalidad de Companys y la CNT de 1936-37. No es que estemos precisamente ante los sucesos de mayo, todo es como más de broma pero ¿Si Mas y sus amiguetes no doblegan a la CUP cómo van a doblegar a España? ¿Y cómo va la CUP a destruir el capitalismo si no consigue ni destruir a Mas? La primera como tragedia y la segunda como farsa.


Arte falangista

15/11/2015
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“De Corte a Cheka”

El fin de semana pasado hice caso a Pérez-Reverte y me puse a ver “Rojo y Negro” (1942), película de Carlos Arévalo, director de cine de filiación falangista. A los amantes del cina de la edad dorada de Hollywood les tiene que gustar. Para lo que se suele esperar del cine español la película tiene aportes técnicos indiscutibles, siendo a mi modo de ver lo más interesante corte en sección – estilo 13 rue del Percebe – de la famosa checa de Fomento. Sin embargo, al no ser yo un gran cinéfilo mi comentario se tendrá que circunscribir a aspectos políticos, campo en el que se acepta que el amateurismo sea la norma.

 

 

 

El laureado escritor y académico lo explica mejor, pero básicamente es una película del bando de los vencedores de la guerra civil que describe las maldades del bando derrotado y las calamidades del régimen anterior. En cambio, a cualquiera que haya visto cine del que los franquistas consideraban “patriótico” le llamará la atención que la película es más ponderada y presenta más matices que el cine propagandístico al uso en la época. Los malos no son satanizados sin más, sino que aparecen como personajes equivocados y víctimas de demagogos. También asoman críticas (de mucha menor entidad si se quiere) que apuntan hacia bando ganador. Probablemente por estas causas cayera en desgracia, quedando olvidada en un cajón durante varias décadas y abandonando el director la cinematografía.

Por la temática (primeros meses de la guerra en Madrid y la persecución a los quintacolumnistas), he creído que podría resultar similar a una novela que no había leído pero sobre la que había leído varias veces: “Madrid, de corte a checa” del aristócrata, diplomático y también falangista Agustín de Foxá (1906-1959), así que anoche me puse con ella. La novela fue concluida en Salamanca en 1937 y publicada en San Sebastián en 1938 y a pesar de ello tampoco es propaganda pura, pero me resulta bastante menos mesurada que el filme de Arévalo. Se divide en tres partes llamadas “Flores de lis”, “Himno de Riego” y “La hoz y martillo” que más o menos vienen a corresponderse con la etapa final de la monarquía (pre 1931), la república (1931-1936) y la guerra civil (1936-1939). Tengo la impresión de que la primera está bastante bien escrita y que luego la calidad literaria va descendiendo en beneficio del mensaje político.

La primera parte me gusta porque resulta una especie de caleidoscopio del final de reinado de Alfonso XIII (sus estertores en tiempos del gobierno de Miguel Primo de Rivera y la posterior dictablanda de Berenguer) y creo que se recogen bien las personalidades políticas y artísticas y las ideologías que había en España en los estertores de la década de 1920, una situación que en nada se parecerá a la polarización de pocos años después. Foxá, que parece tener más talento para el relato corto que para la complejidad de la trama de novela trama tiene momentos graciosos:

-¡Muera el Rey! -clamaba un estudiante encaramado en el brazo de piedra de la estatua de Recesvinto-. ¡Muera! -atronaba la muchedumbre.
Frente a los jardines de la calle de Bailén, en el rincón callado de la fuente, las celosías y los chamerots del convento de la Encarnación, se había estacionado el grupo de los tiradores de estatuas. Rodeaban con un cable el cuello blanco
de una reina de piedra.
-Traed picos.
Interrogó José Félix:
-¿Por qué vais a tirarla?
-Es la madre de Berenguer.
José Félix se acercó al pedestal. Leyó en la piedra una inscripción, entre una hormiga que subía y la mancha caliente del sol: “Doña Berenguela, Reina de León.”

Luego, llegadas la República y la guerra el narrador en primera persona se va metiendo en harina. Tengo para mí que algunas cosas que se tienen por Historia cierta pueden provenir de ficciones como esta novela y que episodios como el asedio al alcázar de Toledo y las últimas frases de los fusilados en las sacas de noviembre de 1936 han sido embellecidos por propagandistas y la propia dinámica selección natural de memes.

Nadie puede negar los hechos luctuosos en la capital en el otoño de primer año bélico. La discusión suele centrarse en quién es responsable de la disolución del órden público, si el Gobierno o la facción rebelde del ejército, pero las sacas, paseos, registros, arrestos estuvieron ahí. Acierta bastante Foxá al describir cierto lumpen que forma parte de la turba y que aprovecha el río revuelto. Esas clases que aprovechan la causa de la izquierda no por que crean en un reparto más justo sino porque quieren mejorar su posición en él.

No les desarmaba el pudor, ni la belleza, ni la valentía. Eran fuerzas telúricas, abismales, sueños prehistóricos que resucitaban. Y un odio químicamente puro.  Era el gran día de la revancha, de los débiles contra los fuertes, de los enfermos contra los sanos, de los brutos contra los listos. Porque odiaban toda superioridad. En las “checas” triunfaban los jorobados, los bizcos, los raquíticos y las mujerzuelas sin amor, de pechos fláccidos que jamás tuvieron la hermosura de un cuerpo joven entre los brazos.

-Hay que darles a esas señoritas del pan pringao.

Querían ver los bellos cuerpos humillados en la muerte, desnudos, los hermosos senos sonrosados, a la altura de sus tacones torcidos. Algo satánico animaba a aquellos hombres. Parecían un caso colectivo de posesión diabólica
Tenían reflejos rojos en sus caras renegridas y una sonrisa feroz, casi con espuma de salivilla. Olían a sangre, a sudor, a alpargatas. El instinto del mal les dada agudeza. Y obreros ignorantes que jamás habían pisado el museo, sabían destruir los mejores lienzos, rasgar los “Riberas” más difíciles.
No eran ateos, sino herejes. No ignoraban a Dios, sino lo odiaban. Le decían al cura, tembloroso, junto al zanjón de la Casa de Vacas en la “checa” de la Casa de Campo:

-Blasfema y te perdonamos la vida.

Entre tantos curas heroicos, aquél era una excepción. Tenía miedo. Dijo una irreverencia. Entonces le pegaron un tiro. Y comentaba el jefe, con una preocupación teológica:

-Así es seguro que va al infierno.

Por eso fusilaban en el Cerro de los Ángeles al Sagrado Corazón y serraban las cabezas de los ángeles de los retablos. Eran creyentes vueltos del revés.

Lo de “creyentes vueltos del revés” me parece que se aplica a muchos procesos políticos, que funcionan por negación y oposición incorporando gran parte de lo que pretenden rechazar. Los modos de los autodenominados antifascistas no de los años treinta sino de esta última hora son un ejemplo bastante representativo, pero más en general en todas las etapas históricas he observado una parte de las izquierdas cuyo agravio no es la forma en que se reparten los recursos sino su posición relativa en la misma, esa visión de socialismo como capitalismo de los pobres, similar al anticlericalismo como religión de los desheredados que Foxá ilustra.

En cambio tiene otros fragmentos en los que se expresa un clasismo que me gustaría que a día de hoy a todos nos pareciera deleznable. El párrafo que viene a continuación me ha desagradado especialmente y  no he sido el único al que le ha llamado la atención:

Pasaban masas ya revueltas; mujerzuelas feas, jorobadas, con lazos rojos en las greñas, niños anémicos y sucios, gitanos, cojos, negros de los cabarets, rizosos estudiantes mal alimentados, obreros de mirada estúpida, poceros, maestritos amargados y biliosos.
Toda la hez de los fracasos, los torpes, los enfermos, los feos; el mundo inferior y terrible, removido por aquellas banderas siniestras.

En resumen on me parece que la novela tenga demasiado valor por lo que es como novela en sí, sino por la descripción que hace del ambiente de aquel Madrid revolucionario. Las tramas de amor de los protagonistas no me han parecido demasiado buenas. Sí que me ha parecido ver aspectos de “Rojo y negro” en los registros domiciliarios. Supongo que es posible que Carlos Arévalo hubiera leído el libro de Foxá, pero las coincidencias pueden deberse simplemente a que las cosas fueran aproximadamente así.


El último estalinista

12/11/2015
Mola

La portada,muy buena. La tipografía de época me encanta

El otro libro de Preston que tenía en la recámara era la biografía de Santiago Carrillo (1915-2012), volumen que en español se ha llamado “el zorro rojo” y en inglés “el último estalinista”. Lo de estalinista venderá más en el mundo anglosajón… a nosotros que tuvimos nuestra dictadura estilo años treinta hasta los setenta, el estalinismo no nos puede evocar tanto como a húngaros, checos o polacos. Ciertamente, los modos estalinistas con los que se dirigía el PCE desde Moscú, París y Bucarest en casi nada afectaban a la población española del interior. El caso es que una de las partes más interesantes del libro es la de cómo se las traían a salto de mata entre París y Moscú en la pelea por conservar el cetro del PCE. La idea central del relato es que Carrillo acabó traicionando a todo aquel que se le acercó en sus seis décadas de actividad política. Las habilidades de politburó del Carrillo exiliado pueden ser lo que provoque que quien lea el libro salga de él con un peor concepto del protagonista que el que tenía antes de haberlo empezado.

Paracuellos. Quizá no sea un episodio que explique demasiado su biografía, pero sí es el que más juego ha dado. La opinión de Preston es que Carrillo no es “el responsable”, pero que tampoco es del todo inocente. A mí me parece que es un asunto en el que nunca será posible delimitar con precisión la responsabilidad individual. Visto lo que pasó parece que hasta cierto punto habría sido posible haber evitado las sacas, pero hacían falta dos cosas: voluntad y suerte. Probablemente Carrillo seguramente ni tuvo la voluntad, pero también puede entenderse que entre tanta muerte y en una ciudad a punto de ser invadida por un ejército enemigo hay muchas cosas de las que ocuparse y que en esa jerarquía de cosas las vidas de los amigos de los enemigos pueden ocupar un lugar bajo de la lista. Si el caos atenúa la culpa por omisión culpable es algo que podremos discutir toda la vida desde los planos moral, político y bélico. En el continuum entre la inocencia y la culpabilidad la visión de Preston mueve la aguja de mi barómetro unas décimas hacia esta última.

Puñaladas. Cuando esta tropa andaba en la URSS donde pasaron tantos años uno se imagina que hablarían ruso como quien respira. Al parecer sólo Líster aprendió y el resto se defendía a lo sumo con un francés pasable pero pobre. Casi se pregunta uno de qué le servían al Kremlin. A veces incluso parecería que le estorbaban más que ayudar. Me ha parecido muy interesante el punto de vista de que la conocida reunión de 1948 con Stalin en la que les recomienda que se infiltren en las estructuras del franquismo, lo que el georgiano les estaba pidiendo en realidad es que no molestaran en la dinámica de Guerra Fría y que se olvidaran de hacer una guerra convencional. Del mismo modo, he podido reintepretar la famosa carta de Carrillo a su padre en 1939 a la luz de las purgas de los procesos de Moscú, que cuando uno la leyó creyó que de verdad iba dirigida al destinatario y no era eso. También del periodo y estilo soviético, la parte más chunga de la biografía de Carrillo (obviando Paracuellos) son todas las traiciones a los camaradas a los que limpiaron el forro por sospechas más o menos infundadas de colaboracionismo, unas purgas a pequeña escala supongo que por el pequeño poder del que disponía el pequeño partido derrotado y exiliado pero que le hacen a uno plantearse cómo habría sido este partido en el gobierno de un país.

Más tarde, diría que al inicio de la Transición hubo una oportunidad de que el PCE hubiera ocupado el espacio de referente de la izquierda que tenía el Partido Comunista Italiano y qur fueron sobre todo los errores de Carrillo la causa de que no fuera así. El gran error habría sido presentar a las elecciones de 1977 a la galería de ancianos derrotados de la guerra civil, o por decirlo con otras palabras: al PCE le faltó un Suresnes. En cambio, para el país fue bueno que de las dos fuerzas a la izquierda y las dos a la derecha saliera reforzada la más centrada de cada lado. No sé si la reflexión servirá de algo en un momento en el que nos acercamos a otro escenario tetrapartito. El gran mérito de Carrillo es haber hundido al PCE para que el cambio brutal que tenía que experimentar España fuera más llevadero.

(Creo que una prueba de su naufragio absoluto puede ser mi humilde ignorancia de licenciado en Ciencias Políticas que sigue las noticias de España desde lejos. Al descubrir que José Díaz se suicidó en Tiflis he buscado a ver quién era el actual secretario general del Partido Comunista de España. El actual lleva en su cargo desde 2009. No había oído su nombre en mi vida).

Lo que queda del libro. Al final, Carrillo es un personaje con el que sólo puede simpatizar el español más o menos “de centro”. Para el de derechista será siempre el asesino de Paracuellos; para el izquierdista, el hombre que manejó con mano de hierro el PCE hasta traicionarlo y dejado reducido a escombros electorales en beneficio tan sólo de su ego. Creo que de entre esos españoles poco ideologizados que lean este libro la mayoría acabará con un concepto del personaje peor del que tenían. Pero ahí está, una pieza importante del siglo XX español. En las aguas de la política ser capaz de mantenerse siempre a flote es un todo un arte.


1936

03/12/2011

A diferencia de lo que pueda parecer, 1936 fue un año que comenzó el primero de enero, y entre esa fecha y otra de julio sucedieron muchas cosas. Me ha resultado muy entretenido leer la serie “la normalidad del 36” de JdJ en el blog Historias de Hispania (con licencia CC).

Trata de todo lo que ocurre desde la convocatoria de elecciones a principios de año, la complicada celebración de las mismas, la constitución de las Cortes, los problemas de orden público, desmanes, asesinatos políticos de todo color: todo lo que va empujando España pendiente abajo hasta que se produce el golpe militar.

Hace falta casi un par de horas para leer todas las entradas y no es lectura que recomiende a quien no sepa nada de la Segunda República y de la Guerra Civil. Eso sí, tiene perlas de sabiduría que muestran a la España eterna tal cual es:

La izquierda gobernante, aquella tarde del 16 de junio, se obstinó en no entender. Tradicionalmente, en España, cuando un gobierno y su partido de apoyo se obstinan en no ver algo, no lo ven aunque les den dinero. Con la misma cenutriez con que Ansar no fue capaz de ver que España no quería ir a Irak ni a poner un puesto de pipas; con la misma cenutriez con que el actual Gobierno se obstinó en seguir diciendo que eran galgos los podencos de la crisis económica, con esa misma cenutriez, digo, el gobierno del Frente Popular, y el propio FP, se obstinaron, la tarde del 16 de junio de 1936, en sostener que:

  1. La anarquía no era para tanto.
  2. En todo caso, lo poco o mucho de anarquía que pudiera existir era provocada por los fascistas, no ellos ni los de su cuerda.
  3. En todo caso del todo caso, si alguna violencia de izquierdas pudiera haber, estaba justificada porque es que el personal estaba muy puteado.

y otras que deberían estar en los manuales de ciencia política

Por su parte, Casares Quiroga hizo algo que es bastante habitual en las izquierdas gobernantes, que es tratar de actuar como si fuesen oposición.

Además de estar escrito con un lenguaje que me recuerda al del sector más y menos recomendable de mis amistades:

cualquiera que se estudie las movidas anarquistas de la época llegará, creo yo, a la convicción de que los de la FAI sabían mucho más de agitación obrera que Besteiro, Largo Caballero, Pasionaria y McGyver amalgamados en un solo Mazinger.

Como en esto de la Historia es muy difícil ser totalmente objetivo y en estos asuntos en particular es casi imposible que un español escriba sin sesgo aún si se esfuerza y pone en ello todo su empeño, diré que lo que está escrito me parece infinitamente más objetivo que lo que se escribió durante los primeros cuarenta años y algo más objetivo que lo que se ha escrito durante los últimos treinta y cinco,  pero sobre todo mucho más que las pretendidas memorias basadas en el olvido selectivo, tan en voga últimamente. Eso último en lo político, que en lo historiográfico lo veo más como un línea que se afina en la búsqueda del matiz que como una vuelta de péndulo.

Por simplificar, la tesis sería que el error de las izquierdas en octubre del 34 y los que cometen desde que recuperan el poder en febrero del 36 hasta julio tienen tanto que ver con el golpe como las maniobras de los conspiradores. De hecho las acciones y omisiones de quienes participan en el Frente Popular empujan a los conjurados a rebelarse ya que les ponen en una tesitura en la que lo ven menos arriesgado que seguir sin hacer nada. Es interesante y discutible.

Aquí dejo las entradas, y si también se las leen del tirón, aquí tienen a un amigo para toda la vida:

La “normalidad” del 36.
La votación.
Azaña gobierna.
Y Falange cogió su fusil.
Marzo de hostias y muertos.
Au revoire, Président!
Más de lo mismo.
El entierro del bochorno.
Mayo de amenazas y caramelitos.
Más vueltas de tuerca.
Yeste.
El día que Prieto se fue de bareta.
Comienza el debate.
…y Calvo Sotelo.
¿Qué narices puedo poner para ser original?
Coda
Epílogo