El diario de Lena Mujina

25/02/2019

Esta edición de 2012

Cuando leí el libro de Anna Reid sobre el sitio de Leningrado uno de los elementos que me impresionaron favorablemente fue el uso de diarios personales en la bibliografía. No había sido publicado aún el diario de Lena Mujina que he estado leyendo este fin de semana, ya que salió en el mismo 2011 (y en español en 2013).

En general me parece bastante feo el defecto tan habitual en los titulares de prensa de definir algo en función de otra cosa supuestamente superior. Así que el inevitable “la Ana Frank de Leningrado” lo tengo por bastante horroroso ya de por sí, sin siquiera tener en cuenta el relevante hecho cronológico de que el diario de Lena Mujina acaba en mayo de 1942 mientras que el diario de Ana Frank comienza en junio de ese mismo año. El paralelismo interesante está en que ambas comienzan a escribir días antes de acontecimientos históricos importantes que tendrán importantes consecuencias en sus vidas. También me resulta interesante a falta de una mejor explicación (sólo tengo una hipótesis) el hecho de que los diaristas adolescentes más destacables sean del sexo femenino.

Desde mi perspectiva de haber leído el año que abarca el libro en unas pocas horas lo más fascinante es cómo empieza hablando de guerra y bombardeos para acabar hablando de colas y comida. Esto es, la capacidad del ser humano para llegar a considerar que puede ser algo normal y ni siquiera digno de mención el que se estén lanzando bombas incendiarias desde aviones a la población en la que uno vive.

Mi entrada favorita es la del 17 de febrero de 1942, nueve días después de quedarse sola en el mundo:

Siento que soy rica. Tengo un bote con mijo, otro con cebada perlada y otro más con alforfón, un puñado de guisantes en una caja y 125g de carne en el alféizar de la ventana. En cambio no he tenido suerte con el azúcar: aún no he conseguido nada. Ayer comí sopa de guisantes y alforfón con mantequilla y para la cena cebada con mantequilla.

El pan de hoy, a 1 rublo y 25 kópecs, estaba rico y seco, muy bueno y sabroso.

Llevo tres días con la radio encendida. Está bien porque hace que no me sienta sola.

Tengo dinero – 105 rublos -, tengo leña, tengo comida. ¿Qué más me hace falta? Soy completamente feliz.

Hoy hace frío. El sol brilla y no hay ni una nube en el cielo

No tengo una idea muy precisa de lo que es la comida considerada en gramos. Estos simples cálculos y otras peripecias expresadas en este diario y otros similares me hacen suponer que estamos en mucha peor forma para sobrevivir a un colapso de la civilización que implique la renuncia a los niveles de calorías a los que estamos acostumbrados, además de nuestra falta de preparación física y psicológica.

Respecto a esto último siempre me ha fascinado que con una población famélica las escuelas siguieran abiertas y que hubiera exámenes, pero quizá fingir normalidad es la única forma de seguir adelante. En resumen, que mi impresión es que con un golpe mucho menor de lo que fue el asedio para los habitantes de Leningrado los occidentales de cualquier sitio hoy caeríamos como moscas. La inmensa mayoría no estamos nada preparados para el colapso de la civilización, ni para una guerra, ni para un cierre de fronteras, ni para una inflación un poco más elevada.

 

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Arte falangista

15/11/2015
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“De Corte a Cheka”

El fin de semana pasado hice caso a Pérez-Reverte y me puse a ver “Rojo y Negro” (1942), película de Carlos Arévalo, director de cine de filiación falangista. A los amantes del cina de la edad dorada de Hollywood les tiene que gustar. Para lo que se suele esperar del cine español la película tiene aportes técnicos indiscutibles, siendo a mi modo de ver lo más interesante corte en sección – estilo 13 rue del Percebe – de la famosa checa de Fomento. Sin embargo, al no ser yo un gran cinéfilo mi comentario se tendrá que circunscribir a aspectos políticos, campo en el que se acepta que el amateurismo sea la norma.

 

 

 

El laureado escritor y académico lo explica mejor, pero básicamente es una película del bando de los vencedores de la guerra civil que describe las maldades del bando derrotado y las calamidades del régimen anterior. En cambio, a cualquiera que haya visto cine del que los franquistas consideraban “patriótico” le llamará la atención que la película es más ponderada y presenta más matices que el cine propagandístico al uso en la época. Los malos no son satanizados sin más, sino que aparecen como personajes equivocados y víctimas de demagogos. También asoman críticas (de mucha menor entidad si se quiere) que apuntan hacia bando ganador. Probablemente por estas causas cayera en desgracia, quedando olvidada en un cajón durante varias décadas y abandonando el director la cinematografía.

Por la temática (primeros meses de la guerra en Madrid y la persecución a los quintacolumnistas), he creído que podría resultar similar a una novela que no había leído pero sobre la que había leído varias veces: “Madrid, de corte a checa” del aristócrata, diplomático y también falangista Agustín de Foxá (1906-1959), así que anoche me puse con ella. La novela fue concluida en Salamanca en 1937 y publicada en San Sebastián en 1938 y a pesar de ello tampoco es propaganda pura, pero me resulta bastante menos mesurada que el filme de Arévalo. Se divide en tres partes llamadas “Flores de lis”, “Himno de Riego” y “La hoz y martillo” que más o menos vienen a corresponderse con la etapa final de la monarquía (pre 1931), la república (1931-1936) y la guerra civil (1936-1939). Tengo la impresión de que la primera está bastante bien escrita y que luego la calidad literaria va descendiendo en beneficio del mensaje político.

La primera parte me gusta porque resulta una especie de caleidoscopio del final de reinado de Alfonso XIII (sus estertores en tiempos del gobierno de Miguel Primo de Rivera y la posterior dictablanda de Berenguer) y creo que se recogen bien las personalidades políticas y artísticas y las ideologías que había en España en los estertores de la década de 1920, una situación que en nada se parecerá a la polarización de pocos años después. Foxá, que parece tener más talento para el relato corto que para la complejidad de la trama de novela trama tiene momentos graciosos:

-¡Muera el Rey! -clamaba un estudiante encaramado en el brazo de piedra de la estatua de Recesvinto-. ¡Muera! -atronaba la muchedumbre.
Frente a los jardines de la calle de Bailén, en el rincón callado de la fuente, las celosías y los chamerots del convento de la Encarnación, se había estacionado el grupo de los tiradores de estatuas. Rodeaban con un cable el cuello blanco
de una reina de piedra.
-Traed picos.
Interrogó José Félix:
-¿Por qué vais a tirarla?
-Es la madre de Berenguer.
José Félix se acercó al pedestal. Leyó en la piedra una inscripción, entre una hormiga que subía y la mancha caliente del sol: “Doña Berenguela, Reina de León.”

Luego, llegadas la República y la guerra el narrador en primera persona se va metiendo en harina. Tengo para mí que algunas cosas que se tienen por Historia cierta pueden provenir de ficciones como esta novela y que episodios como el asedio al alcázar de Toledo y las últimas frases de los fusilados en las sacas de noviembre de 1936 han sido embellecidos por propagandistas y la propia dinámica selección natural de memes.

Nadie puede negar los hechos luctuosos en la capital en el otoño de primer año bélico. La discusión suele centrarse en quién es responsable de la disolución del órden público, si el Gobierno o la facción rebelde del ejército, pero las sacas, paseos, registros, arrestos estuvieron ahí. Acierta bastante Foxá al describir cierto lumpen que forma parte de la turba y que aprovecha el río revuelto. Esas clases que aprovechan la causa de la izquierda no por que crean en un reparto más justo sino porque quieren mejorar su posición en él.

No les desarmaba el pudor, ni la belleza, ni la valentía. Eran fuerzas telúricas, abismales, sueños prehistóricos que resucitaban. Y un odio químicamente puro.  Era el gran día de la revancha, de los débiles contra los fuertes, de los enfermos contra los sanos, de los brutos contra los listos. Porque odiaban toda superioridad. En las “checas” triunfaban los jorobados, los bizcos, los raquíticos y las mujerzuelas sin amor, de pechos fláccidos que jamás tuvieron la hermosura de un cuerpo joven entre los brazos.

-Hay que darles a esas señoritas del pan pringao.

Querían ver los bellos cuerpos humillados en la muerte, desnudos, los hermosos senos sonrosados, a la altura de sus tacones torcidos. Algo satánico animaba a aquellos hombres. Parecían un caso colectivo de posesión diabólica
Tenían reflejos rojos en sus caras renegridas y una sonrisa feroz, casi con espuma de salivilla. Olían a sangre, a sudor, a alpargatas. El instinto del mal les dada agudeza. Y obreros ignorantes que jamás habían pisado el museo, sabían destruir los mejores lienzos, rasgar los “Riberas” más difíciles.
No eran ateos, sino herejes. No ignoraban a Dios, sino lo odiaban. Le decían al cura, tembloroso, junto al zanjón de la Casa de Vacas en la “checa” de la Casa de Campo:

-Blasfema y te perdonamos la vida.

Entre tantos curas heroicos, aquél era una excepción. Tenía miedo. Dijo una irreverencia. Entonces le pegaron un tiro. Y comentaba el jefe, con una preocupación teológica:

-Así es seguro que va al infierno.

Por eso fusilaban en el Cerro de los Ángeles al Sagrado Corazón y serraban las cabezas de los ángeles de los retablos. Eran creyentes vueltos del revés.

Lo de “creyentes vueltos del revés” me parece que se aplica a muchos procesos políticos, que funcionan por negación y oposición incorporando gran parte de lo que pretenden rechazar. Los modos de los autodenominados antifascistas no de los años treinta sino de esta última hora son un ejemplo bastante representativo, pero más en general en todas las etapas históricas he observado una parte de las izquierdas cuyo agravio no es la forma en que se reparten los recursos sino su posición relativa en la misma, esa visión de socialismo como capitalismo de los pobres, similar al anticlericalismo como religión de los desheredados que Foxá ilustra.

En cambio tiene otros fragmentos en los que se expresa un clasismo que me gustaría que a día de hoy a todos nos pareciera deleznable. El párrafo que viene a continuación me ha desagradado especialmente y  no he sido el único al que le ha llamado la atención:

Pasaban masas ya revueltas; mujerzuelas feas, jorobadas, con lazos rojos en las greñas, niños anémicos y sucios, gitanos, cojos, negros de los cabarets, rizosos estudiantes mal alimentados, obreros de mirada estúpida, poceros, maestritos amargados y biliosos.
Toda la hez de los fracasos, los torpes, los enfermos, los feos; el mundo inferior y terrible, removido por aquellas banderas siniestras.

En resumen on me parece que la novela tenga demasiado valor por lo que es como novela en sí, sino por la descripción que hace del ambiente de aquel Madrid revolucionario. Las tramas de amor de los protagonistas no me han parecido demasiado buenas. Sí que me ha parecido ver aspectos de “Rojo y negro” en los registros domiciliarios. Supongo que es posible que Carlos Arévalo hubiera leído el libro de Foxá, pero las coincidencias pueden deberse simplemente a que las cosas fueran aproximadamente así.


Estalingrado

07/03/2014

Anoche estuve viendo un documental llamado “Secretos de Estalingrado”. Me ha parecido que la idea principal que quieren transmitir es que Stalin no fue tan buen estratega militar como suele suponerse y que realmente tuvo bastante suerte, y que lo que se solía considerar una retirada estratégica fue más bien una huida desordenada de soldados soviéticos despavoridos.

No sé hasta qué punto puede describirse una campaña militar con una versión que sea “la verdad”. Seguramente también haría falta saber leer en ruso y escuchar la opinión de los historiadores soviéticos y rusos. En todo caso soy escéptico respecto a la posibilidad de una versión verdera: ni siquiera en otros casos sin barrera lingüística y donde el acceso a documentos sería más sencillo estamos nada cerca. Es probable que los soviéticos tuvieran la fortuna de cara en importantes momentos concretos, pero eso ocurre todo el tiempo en todas las batallas de todas las guerras. Más o menos es opinión comunmente aceptada que la obcecación de Hitler por no retirarse, contra la opinión de sus generales, fue un error estratégico de primer orden y el rival también juega.

A mí me parece que el documental fracasa en ofrecer una narrativa coherente de si las fuerzas y el armamento alemanes eran superiores o no, o si el exceso de extensión creaba problemas de abastecimiento que eran más importantes que esa ventaja y también de cuántas tropas disponía la URSS para la operación Urano y desde dónde tenían que transportarlas.