Brooklyn y Enniscorthy

18/03/2017

Saoirse Ronan es bien mona

Me imagino que la razón de que uno de nuestros museos favoritos haya puesto hoy en su sala de proyecciones la película Brooklyn (2015) es que estamos en el fin de semana de San Patricio y está la ciudad llena de turistas, muchos de ellos de Norteamérica. Estos suelen sentirse halagados por las menciones a la conexión entre las dos orillas del Atlántico y hay bastante de papanatismo sumiso en la actitud isleña hacia la primera potencia mundial.

A mí me parece que el título de la película es un poco engañoso. Vale que querrían respetar el título dle libro, pero no es sólo que las escenas de Brooklyn estén rodadas en Montreal, es que creo que menos de la mitad de la película ocurre en Nueva York.

Enniscorthy es un pueblo por el que pasa el tren que yo tomaba cada mañana a las 8.36 y que acababa en el puerto de Rosslare. Yo me bajaba mucho antes, pero dado que tiene buena conexión desde Dublín debería acercarme algún fin de semana aunque sólo sea para echar un vistazo. De hecho tengo este plan hace meses y si acabo llevándolo a cabo pondré alguna foto aquí.

Diría que un tema importante de la peli es ese clásico de la emigración y la evolución en la mente del emigrante sobre su lugar en el mundo, cuando parte con la intención de volver y cómo luego se va dando cuenta de que su nuevo sitio es su sitio. La distancia, la tristeza de no estar con la familia en los momentos difíciles y todas esas cosas.

Pero el más importante de todos es la contraposición entre la mierda de mundo que era la Irlanda de los años cincuenta (y eso que el cura que hace algo más que dar misa está en Nueva York y es bueno). Era la isla verde y gris un agujero sin perspectivas en el que la injusticia campaba a sus anchas en la forma de personas siniestras que ejercían el poder de amargarle la vida a todos aquellos a quienes pudieran para mantener sus privilegios.

Hay en Irlanda una larga tradición de soltar vapor y reducir la presión social mediante la emigración, sistema que ha permitido que las clases potencialmente revolucionarias o reformistas acaben en Australia mientras aquí todo seguía más o menos igual. La contraposición entre la vida semirrural y opresiva del pueblucho que era Enniscorthy en los años cincuenta y el mundo grande y abierto que prometía Nueva York es uno de los temas centrales. Yo le habría puesto Adiós, Enniscorthy o De Enniscorthy a Brooklyn.

No es una gran película y es un poco larga para lo que cuenta, pero no sólo se deja ver sino que es emotiva además. La fotografía es más que decente. Hay que verla en versión original para disfrutar el choque de acentos.

Cuando se encendieron las luces me sorprendió que en entre el centenar de asistentes sólo hubiera tres varones. Ojalá sea una extraña coincidencia. Quisiera pensar que no hay límites de público para los filmes protagonizados por mujeres.


Lolita de Nabokov

23/01/2017
Portada de la edición de 1955

Portada de la edición de 1955

Creo que ya nos hemos curado de la gripe, pero aún sentimos la debilidad. Aunque hoy sí que tomamos la decisión sensata de salir de casa todavía ha quedado suficiente tiempo entre las cuatro paredes como para hacer alguna cosa más. La lectura del día: Lolita de Vladimir Nabokov, que es un libro que a mi modo de ver está sobrevalorado debido a consideraciones de orden moral.

En estos tiempos estamos curados de espanto y si la novela hubiera visto la luz del día como hija de un autor no consagrado y en este siglo seguramente habría llegado a poquísimo o a nada. Yo me he aburrido bastante, excepto por algún que otro juego de palabras y poco más. Hay veces que si no leo según que obra del tirón, la dejo y ya no vuelvo y esta era candidata. Seguramente tendría que haber comenzado al autor por La Defensa Luzhin (vi la peli). Tampoco es que la temática lo salve todo: de hecho, los problemas de ajedrez compuestos por Nabokov son del estilo de mate en X en un tablero plagado de piezas que no me interesan nada.

Ahora bien y volviendo a Lolita, hay algo muy admirable en escribir una novela en una lengua que no es la propia. Nabokov escribe un inglés impresionante, no en el sentido en que lo es el inglés de Steinbeck (que no sé si viene a cuento compararlos, pero es que a Steinbeck lo leí ayer) sino en un estilo mucho más profesoral y cosmopolita. Yo diría que no es un lenguaje natural, pero lo aprecia quien forma parte de esa capa cultural. No sé hasta qué punto se perdería elementos la tropa con la que uno suele tratar aquí en Anglolandia y que no sabe ni tres palabras en francés, pero creo que muchos sí.

El ejemplo que se suele poner de escritor destacado en inglés y que no era hablante nativo es el del polaco Joseph Conrad. He encontrado una lista en la que además de Nabokov aparecen otros como Chinua Achebe. Me preguntó si ha habido escritores destacados en lengua española que no hayan sido hablantes nativos. No me viene a la cabeza ningún nombre (si su primera lengua es otra lengua de España puntúa menos de la mitad, y lo mismo de aquellas lenguas de América que tienen un contacto intenso con la castellana: el Inca Garcilaso no sería un gran ejemplo).


Sylvia Plath atrapada en la campana

10/01/2017
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La 1ª edición y el nombre de pluma

Descubrí el nombre de Sylvia Plath hará década y media en uno de esos diccionarios de citas memorables que me interesaban mucho en aquel entonces por la razón de que me permitían asimilar la lengua inglesa en trozos digeribles. Los poetas tienen la ventaja de que porciones significativas de su obra quepan en estas compilaciones. Se la solía presentar como diarista y al ser convención que el año de nacimiento y el de la muerte aparezcan entre paréntesis tras el nombre, puede darme cuenta de que la moza había muerto joven. Supe luego que se había suicidado y siempre quedó en mí la idea de una Alejandra Pizarnik gringa, pero sin saber si era precisa, aproximada o totalmente carente de sentido.

He leído su novela The bell jar, que escribió con seudónimo y cuyo título es el nombre de la campana gigante de vídrio que se utiliza en los laboratorios. La lectura invita a pensar –post hoc ergo propter hoc- que hay suicidas que saben que lo serán con mucha anterioridad. La historia, que es cuasiautobiográfica, no me ha entusiasmado pero sí el estilo conciso y directo. Pueden entreverse algunos de los cambios sociales que transformaon la sociedad estadounidense entre la década de 1950 y la de 1960 y que comienzan y acaban en las mentes individuales de personas concretas.


Estados de la Tregua

20/02/2016
Bandera

Trucial Coast

Ha caído en mis manos un álbum de cromos de la Editorial Bruguera llamado “Banderas del universo” y aunque como era previsible sean todas del planeta Tierra me ha parecido un gran hallazgo. Aunque no encuentro la fecha de publicación por ninguna parte diversas circunstancias me hacen pensar que el año podría ser 1950.

Una de las cosas de las que me he enterado es que a los Emiratos Árabes Unidos antes de convertirse en tales (1971) se los conocía como “Estados de la Tregua” y “Costa de la Tregua” a la región. La tregua a la que se alude es una paz marítima firmada con Gran Bretaña en el siglo XIX.

Si me fío de la Wikipedia, que por poco de fiar que sea lo será más que un álbum de cromos de la España autárquica, la bandera que aparece en la ilustración no es correcta, ya que la de los Estados de la Tregua es distinta, compuesta por tres bandas de colores rojo, blanco y rojo, siendo la blanca de doble anchura que cada una de las rojas y una estrella de ocho puntas en el centro.

Parece que la bandera que muestra el cromo puede ser tanto la de emirato de Ajmán como la del de Dubái, ya que ambas son idénticas.


Todo se desmorona

01/02/2016
Portadas de dos ediciones

Portadas de dos ediciones

Hoy que ha hecho un día de bastante mal tiempo hasta para Irlanda me he podido leer la famosa novela de Chinua AchebeThings Fall Apart (1959), que se tradujo al español como Todo se desmorona. Como aquí hablamos mucho de Irlanda diremos que el título original proviene de un poema de Yeats. Hace años que quería leer esta novela. No sé cuantos, pero he encontrado un correo de 2010 escrito a un amigo en el que le digo que ya hace mucho tiempo que quiero hincarle el diente. Esto venía de que él me había enviado un enlace a una presentación de Chimamanda Adichie en la que escritora, también nigeriana, hablaba del peligro de la falta de diversidad en la narrativa. Como también en el mundo hispánico abusamos de nuestros clichés me ha costado horrores separar la trágica historia del protagonísta Okonkwo de la tragicómica odisea de Yogurtu Mghé.

Hace años oí a otro escritor creo que africano en un programa de radio la BBC. Le daban un minuto para proponer una idea para mejorar el mundo y dijo que si cada persona leyese tres novelas al año escritas por gentes de otras culturas el mundo sería un lugar mejor. Hasta hoy no se me había ocurrido relacionarlo con la conexión que Pinker establece entre ficción y empatía (y consiguientemente con la reducción de la violencia).

Se considera que la novela de Achebe es la primera novela africana internacional, escrita en inglés y para un público amplio. Lo del inglés es relativo y conviene tener a mano el glosario que aparece en las últimas páginas. No sé cuántas páginas tiene porque la he leído en un Kindle pero aseguro que se puede leer en una tarde. La novela se sitúa en la última década del siglo XIX y más allá de las tribulaciones de los personajes el tema principal es un mundo viejo que recibe los primeros avisos de su próxima extinción. A mí me parece que la llegada de unos extranjeros es el catalizador más que la causa del declive o del final de la estructura tribal y que incluso sin colonialismo tarde o temprano África habría tenido que pasar de los clanes a los estados, que habrían sido otros diferentes, pero esto ya es mi propia ficción histórica.

La nvela se desarrolla en pueblos ficticios de la zona Ibo o Igbo de Nigeria

La nvela se desarrolla en pueblos ficticios de la zona Ibo o Igbo de Nigeria

Tenemos entonces a un escritor nigeriano (y en parte a su pesar, ya que después se alineó con el separatismo de Biafra) haciendo novela sobre el periodo precolonial y colonial que también es prenigeriano. La defensa que se hace de la civilización africana es que está más estructurada de lo que los europeos dan a entender con su narrativa única. A mí, por mucho que me quieran contar, todas esas salvajadas y brujerías me parecen legitimadoras de los intentos civilizadores europeos y si el propósito de la novela es decir que África no estaba tan mal, para mí no lo consigue.

Incluso alguien que no es amigo de la religión ve que el paso del animismo de los pequeños dioses presentes que exigen sacrificios inmediatos al monoteísmo del dios único y distante es un paso positivo. Me parece maravilloso que haya un montón de voces en muchas lenguas y que no se caiga en la tiranía del estereotipo, pero al final la civilización sólo es una y muchas prácticas que existieron en territorios luego colonizados por los europeos incompatibles con la misma.

Desde que a mediados del año pasado Grecia dejó de importarle a mis amigos izquierdistas del Facebook, el centro de su preocupación internacional se trasladó de la ribera sur al mar Mediterráneo propiamente dicho y a las pateras de sirios y otros que se hacen pasar por sirios e intentan llegar a Europa. Muchos declaran que se avergüenzan de ser europeos. No entiendo muy bien que vergüenza ni orgullo en ser lo que uno es cuando no se puede ser otra cosa, pero me pregunto si se podría estar más orgulloso de ser africano, siendo África lo que es. O del mundo islámico. O de la propia Siria. La Antártida.

En el campo de las pequeñas cosas hemos descubierto que las conchas llamadas cauríes, que se utilizan como dinero, ostentan el hermoso nombre científico de Monetaria moneta. Para hablar en español del palm wine que en la novela aparece en casi todo momento no hace falta recurrir a la traducción por separado de ambas palabras inglesas: esta bebida blancuzca que se produce a partir de la savia de ciertas palmeras se llama tuba en México y Filipinas. La omnipresencia del ñame y el fufu me han recordado las habilidades culinarias de quellos hermanos de Ghana con los que viví hace ya tantos años.

En el campo de las cosas grandes África sigue muy lejos de mi entendimiento y me temo que no he avanzado mucho con esta novela que sí que me ha gustado leer.