Los muchachos de zinc

04/12/2017

Boys in Zinc

El domingo por la mañana había empezado a leer Boys in Zinc de Svetlana Alexiévich y el Embajador me manda un artículo sobre transliteración rusa. El propio apellido de la Nobel bielorrusa plantea una de las elecciones típicas: Alexiévich o Aleksiévich. Los muchachos de zinc trata sobre la invasión soviética de Afganistán y es de nuevo un mosaico con las experiencias de soldados, enfermeras, viudas y parientes cuyas vidas se vieron afectadas por la decisión que tomó la Unión Soviética en 1979 de “proteger” su frontera meridional a través de lo que se suponía que iba a ser una misión internacionalista que iba a construir puentes, hospitales y escuelas. En el avispero afgano, precisamente.

Mi mujer conoce a una rusa que estuvo allá como enfermera. De hecho, una de las historias me ha recordado mucho a la suya. Por lo que he oído, esta señora, que tendrá ya unos sesenta años, perdió su posibilidad de concebir a causa de la metralla de una explosión y también ha acabado teniendo problemas con el alcohol.

Este fragmento que recojo de la traducción española de Yulia Dobrovolskaia me recordó las historias de los cubanos que me contaba uno de Angola que trabajó conmigo:

Sí, nuestros muchachos se lo vendían todo. No se lo reprocho… No… En la mayoría de los casos. ¡Morían por tres rublos al mes! El sueldo mensual de nuestro soldado era de ocho vales. Eso equivale a tres rublos… Los alimentaban con carne podrida, con pescado pasado que olía a herrumbre.. Todos padecíamos escorbuto, a mí se me cayeron los dientes incisivos. Ellos vendían las mantas y compraban hachís. O algo dulce. O bagatelas… Los tenderetes allí son tan llamativos… Había montones de baratijas atractivas. Aquí en la Unión Soviética, no hay nada parecido, ellos nunca lo habían visto. Así que vendían sus armas, hasta los cartuchos, y después con esos mismos fusiles y con esos cartuchos los mataban. Compraban chocolate… Bollos…

Estaba buscando el texto de la edición española para otro trocito que había anotado y sin haber visto la original me parece que a los españoles se lo dan más mascado que a los anglos:

At the political awareness sessions they spoke to us about heroism. Afghanistan, they told us, is the same as Spain all over again.

Lo tenía marcado porque parece indicar que en la URSS a principios de los años ochenta la mera mención de España aún evocaba la guerra civil en la memoria colectiva, En la versión inglesa sólo dice España, pero en la traducción española habla de “las brigadas internacionales que lucharon en España contra los nazis” y si la traductora se lo ha inventado dando por supuesto que muchos españoles no entenderían que quiere decir “España” en ese contexto, creo que se ha equivocado y mucho, ya que en las brigadas internacionales no hubo apenas soviéticos y la referencia tendría que hacerse a los dos mil asesores militares, pilotos y tanquistas que Stalin envió a la República. Y me da rabia, porque ahora ya tengo que buscar un libro en un idioma que desconozco para encontrar una página y satisfacer mi curiosidad.

En fin, otro Vietnam pero sin Hollywood, mucho síndrome de estrés postraumático, mutilados, alcoholismo y suicidios y la injusticia de una suciedad y que la victoria tiene muchos padres y las derrotas ninguno. En general leo a Svetlana Alexiévich como hojeo los informes del trabajo, hasta que de pronto se me clava una de esas frases punzantes de alguno de sus protagonistas. He vuelto a pensar hasta que punto no falsea la realidad su selección personal de horas y horas de grabaciones en cintas y cuántos otros libros distintos no podrían haberse escrito a partir de estrictamente el mismo material.

Me ha parecido que @unesceptico y yo hemos ordenado la bibliografía de la autora en el mismo orden de prelación. Creo que sólo habrá otro par de piezas que intercalar.

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Hobereau – hobby – alcotán

01/05/2017

Origenes sociales de la dictadura y de la democracia

Leyendo el libro de Barrington Moore me encontré con el término hobereau, relativo a la estructura de clases en la Francia prerrevolucionaria que supongo que los traductores no vierten al español por falta de equivalente preciso. Era el hobereau un terrateniente de la baja nobleza que habitaba en sus propios terrenos. Sin embargo, originalmente, hobereau es un ave falcónida a la que se llama en inglés hobby y en español, alcotán. Su nombre científico es Falco subbuteo.

A la vista de esta nomenclatura he recordado que el “subbuteo” era una especie de juego de fútbol de mesa en el que por balón se empleaba una canica que había que empujaba a base de golpes a los pequeños jugadores, que eran figuritas elevadas sobre una peana semiesférica. Creo que en España se hizo más conocido durante el Mundial 82 y que los minifutbolistas venían en los botes de colacao.

Resulta que el creador del juego, inventor y ornitólogo, quiso registrar el nombre hobby, que es tanto el del alcotán como esa actividad que quizá por ser menos que una afición y más que un pasatiempo ha pasado a denominarse con la palabra inglesa en otras muchas lenguas. Como era una palabra normal y corriente no se lo permitieron y escogió la segunda parte del nombre del ave. Esta historia me ha recordado a la del nombre de la marca Audi y el hecho de que la lengua latina suele tener más prestigio entre los hablantes de lenguas germánicas que entre los de las neolatinas.

Ya puestos, he intentado enterarme a ver de dónde venía la palabra hobby. No es del ave sino, según dicen, de hobby horse, que es como se llamaba a los caballitos de juguete de los niños. Como esos no sirven para ir a ninguna parte, esa sería la idea que los conecta con los pasatiempos. También he visto un episodio de El hombre y la tierra en el que Félix Rodríguez de la Fuente explicaba allá por 1979 las características del alcotán.