Primero francés, luego inglés

29/07/2017

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Alguna vez leí que el curso escolar de 1980-81 fue el primero en que la lengua extranjera más estudiada por los escolares españoles fue el inglés, en detrimento del francés que lo había sido hasta aquel año. No sé cómo están ahora las cosas, pero en los tiempos de la EGB uno no tenía su primer contacto con los idiomas europeos hasta 6º de EGB. Yo empecé con francés en el año 86 y de hecho nunca llegué a estudiar inglés ni en primaria ni en secundaria.

Aprender francés primero tiene algunas ventajas, como que es mejor empezar con una tarea más fácil y luego pasar a otra similar de mayor dificultad. Es importante la cantidad ingente de vocabulario inglés que uno está adquiriendo sin ni siquiera saberlo y sobre todo, no corre el riesgo de llamar man-get-out a unas vainas que aquí llaman mange-tout.


Voces de Chernóbil – Svetlana Alexiévich

09/05/2016
La noria de Pripiat

La noria de Pripiat

Por afán de plenitud le eché un vistazo a las “Voces de Chernóbil”. A Svetlana Alexiévich se la puede leer muy deprisa, como la prensa. El universo del libro está en la zona de exclusión, aunque algo he aprendido de la guerra civil de Tayikistán. Leer Belarús en vez de Bielorrusia me produce urticaria.

Creo que he conseguido bloquear todo sentimiento humano de modo que lo más destacado del libro me ha acabado resultando la idea de que el ser humano no está hecho para entender la radiación ni para luchar contra ella y en consecuencia la ausencia de libros, películas y reflexiones sobre la catástrofe de Chernóbil. Yo nunca he pensado demasiado en este accidente nuclear que sigue costando vidas año tras año y me parece que la razón es la misma: no entenderlo. Estamos hechos para unirnos en tribus y para las guerras, o para escapar de un incendio, pero nadie entiende del todo una amenaza que se presenta de modo invisible y en apariencia errático. La ignorancia, que además es en gran parte voluntaria (mejor no saber), plantea problemas que reducen el espacio de lo narrable.

Otra consecuencia de la ignorancia que sufro en mi mismo es que mis opiniones sobre la energía nuclear varían de año en año. Puede que no sea todo desconocimiento y haya algo de la dificultad que supone calcular riesgos improbables. A veces me levanto con un pie y entonces me parece que la energía atómica es la más segura, económica y eficiente, la que menos altera el ambiente y menos basura emite a la atmósfera. Otras veces es con el pie contrario (Especialmente en 1986 ó en 2011 y en los años de sus alrededores) y me parece que es una lacra con la que hay que acabar como sea. Al final, si uno puede permitirse pagar una electricidad más cara (que no todo el mundo podrá, esa es otra) para qué arriesgar.

Hace unos años, cuando estuve en Kiev, me enteré de que existía la posibilidad de ir a la central. Creo recordar que costaba unos cien euros (que aunque sea asequible para los precios que tenían las cosas en Ucrania era carísimo). Nunca llegué a entender qué gracia podía tener acercarse al reactor con un contador géiger apuntando con el dosímetro a cosas para ver qué número daban. Estamos anormales. Uno también tiene lo suyo, pero hasta ahí no llego.

Lo de si los liquidadores eran carne de cañón, héroes, locos o personajes trágicos lo dejo para la subsiguiente reflexión sobre el patriotismo soviético.