Declive y caída del Imperio Austrohúngaro

10/02/2019

by Alan Sked

He leído relativamente deprisa Decline & Fall of the Habsburg Empire (1815-1918), de Alan Sked (1989) que es un volumen de unas 250 páginas, la longitud ideal para mi grado de interés en la historia centroeuropea. He llegado a él buscando claves de organización política y territorial y errores flagrantes que causen la desintegración de una unidad política. No he encontrado nada necesariamente convincente ni que me sirva para construir un modelo. Al final pareciera que todos somos contingentes y que todo es contingente. De hecho, el autor reconoce que “declive y caída” es una frase hecha y que de hecho en muchos sentidos el imperio estaba mejorando cuando la guerra lo tumbó.

Hay partes de la explicación que tienen que ver con personajes y decisiones concretas. Estas suelen ser las que menos me agradan, por oposición a otras de tipo más estructural que son las que sirven para modelar. Por tanto los jueguecitos de diplomacia y espías de Metternich y el príncipe Schwarzenberg y básicamente todo lo que va entre el Congreso de Viena y las revoluciones de 1848 casi que me lo salto. Lo que me interesa mucho tiene que ver con la articulación lingüística de Bohemia, con la recomendación de Palmerston respecto a cómo se debe ser conservador y la comparación entre las diversas articulaciones de los territorios de la Monarquía a partir de su diversidad étnica.

En un momento del prólogo se indica que el imperio de los Habsburgo tiene en el momento de la accesión al trono de Francisco José (1848) unos 667.000 km2 (algo más que la península Ibérica) y unos 37,5 millones de habitantes; de los cuales 8 son alemanes, 5.5 magiares, 5 italianos, 4 checos, 3 rutenos, 2.5 rumanos, 2 polacos, 2 eslovacos, 1.5 serbios, 1.5 croatas, 1.5 eslovenos, 0.75 judíos y 0.5 más entre gitanos, armenios búlgaros y griegos. Me sorprende la cantidad de italianos porque tengo en la cabeza el mapa de 1914 con apenas el Tirol del Sur y la península de Istria sin caer en la cuenta de la previa pérdida de Lombardía (1859) y Venecia (1866).

Hay una frase que me resulta fascinante porque describe con elegancia algo que habrá ocurrido en un sinfín de ocasiones:

Los estudiantes de la Monarquía, como los de todas partes, recogieron las ideas más críticas de su época del modo más acrítico y habrían de convertirse en el grupo social más implicado en los acontecimientos de 1848.

No me he quedado convencido de que más allá de la Gran Guerra haya una causa clara que causara el derrumbe de esta polity tan peculiar. Es claro que mirada desde hoy parece un modelo insostenible, pero también supone un arcaísmo muy extraño la Mancomunidad Británica de Naciones y ahí sigue. Con todos sus problemas y limitaciones si no hubiera mediado un gran choque el Imperio Habsburgo podría haber aguantado mucho más.


Polonia y Rumania: Dos transiciones a la democracia en Europa oriental (2005)

24/10/2017

Las transiciones a la democracia son un fenómeno que ha llamado la atención de los estudiosos a lo largo de las últimas décadas. No en vano, el número de países que han cambiado desde un régimen político autoritario para dar lugar a otro que reúne las características poliárquicas ha sido elevado en los años recientes, que han marcado lo que Huntington denominó la “tercera ola de democratización”.

Hay diferentes teorías sobre el cómo y el por qué de estas transiciones. En general, se pueden dividir en dos tipos: Teorías de gran alcance, como las de Theda Skocpol[1] inciden en factores estructurales que conducen al cambio. Según defiende Francis Fukuyama en El fin de la historia y el último hombre, la democracia es “el punto final de la evolución ideológica de la humanidad” y “la forma definitiva de gobierno humano”[2]. Otras teorías inciden en la génesis de los acontecimientos y los procedimientos utilizados. Por ejemplo, Przeworski en Democracia y mercado[3] remarca, desde el enfoque de la elección racional, el carácter estratégico de las diferentes decisiones de los actores políticos que condujeron a las transiciones.

En el presente trabajo pretendo analizar, en el marco de las diferentes transiciones que se produjeron en los países que formaron parte de lo que se denominó entre 1945 y 1989 el “bloque soviético”,  los casos de Polonia y Rumania y cotejarlos con las teorías existentes respecto de las transiciones a la democracia.

El año 1989 supuso un punto de inflexión en la Historia contemporánea. Los países que tras la segunda guerra mundial habían quedado bajo la tutela de la Unión Soviética inician una transición hacia la democracia. Un cambio de forma política que a su vez supone un cambio de sistema económico con la transición desde economías centralizadas a economías capitalistas de libre mercado.

El proceso se completa tras la disolución de la URSS en 1991. Rusia se convirtió en heredera de la Unión Soviética en el orden internacional y las otras catorce repúblicas accedieron a la independencia. En cualquier caso, la experiencia de estos quince estados (gran parte de ellos situados en el Cáucaso y Asia central) es lo notablemente singular y se rige por una dinámica propia. Del mismo modo, sus procesos de transición hacia la democracia de mucha menor calidad, en términos objetivables.

La comparación entre Polonia y Rumania parece valiosa. Por un lado tienen elementos comunes, en tanto que Estados post-comunistas que existían antes de la segunda guerra mundial. La comparación con otros países como Yugoslavia o Albania resulta más difícil debido al hecho de que sus unas peculiaridades en lo étnico-político los convierten de algún modo en modelos únicos. Los países que han cambiado su forma estatal por división o secesión (Checoslovaquia, Yugoslavia, URSS), incorporación (RDA) son también más difíciles de comparar.

En principio, el grupo compuesto por Polonia, la RDA, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria y Rumania parece idóneo para la comparación, al menos hasta 1990 ó 1993 (años en que la RDA y Checoslovaquia dejan de existir como estados). Dentro de este grupo de seis estados que vivieron procesos muy relacionados en 1989, Polonia y Rumania son, de alguna manera, extremos opuestos, en tanto que el proceso polaco viene gestándose desde 1979-80 y el rumano se definió en cuestión de días o de horas.

Tanto Timur Kuran como Przeworski citan una pintada callejera –un graffiti– en el que se dice: “Polonia, diez años; Hungría, diez meses; Alemania oriental, diez semanas; Checoslovaquia, diez días”. Kuran comenta que se podía haber añadido “Rumania, diez horas”[4]. He querido comparar estos dos casos, por lo sugerente que resulta la idea de que un país pueda cambiar en diez horas lo que en otro toma diez años de evolución histórica. Intuitivamente parece complicado, pero se entiende mejor cuando uno se aproxima a unos cuantos elementos clave de los que conforman la realidad.

Tipologías de regimenes no democráticos

Linz fue el primero en teorizar sobre los regímenes autoritarios. Su clasificación se establece a partir de elementos como el grado de pluralismo del régimen, si tiene una ideología definida o no, el grado de movilización de las masas que utiliza, o el tipo de liderazgo (personalista, colectivo).

A partir de estas variables construye un esquema en el que los regímenes no democráticos se clasifican como autoritarios, totalitarios, postotalitarios o sultanistas. Según Linz, sólo puede existir una transición a la democracia desde los regímenes autoritarios y los postotalitarios. Para Linz, los regímenes de la Europa oriental eran postotalitarios, aunque creo que hay diferencias importantes en cuanto al grado, en especial en algunos elementos muy íntimamente asociados al totalitarismo como el culto a la personalidad.

Ciertamente, el estalinismo en la URSS fue un régimen marcadamente totalitario, el problema teórico con el comunismo en la URSS (1917-1991) es el mismo que el surge con el análisis del régimen de Franco, abarca un período histórico demasiado amplio como para poder encasillarlo en una sola categoría. Tras la victoria franquista en la guerra civil y tras la llegada al poder de Stalin, ambos regímenes mostraban elementos totalitarios que, con el tiempo fueron decreciendo, con la aceptación de mayores niveles de pluralismo. Los regímenes de los países satélites mostraban elementos autoritarios y totalitarios (así como de otra índole, patrimonialistas etc.) en diferentes proporciones.

En cualquier caso, el análisis de Linz no estaba muy bien adaptado a las circunstancias del “socialismo real”. De alguna manera, entre los años cincuenta y ochenta del siglo XX la “transitología” se había dedicado a analizar procesos de cambio político desde regímenes autoritarios hacia democracias que no implicaban, al mismo tiempo, un cambio de sistema económico. Como observó Maravall, los acontecimientos históricos desmintieron la teoría que defendía el postulado de que lo mejor era que el régimen autoritario emprendiera la reforma económica y que el cambio político fuera posterior.

Kitschelt, Toka y Mansfeldova consideran el análisis de Linz insuficiente. Analizan más específicamente los países del este de Europa (básicamente, Checoslovaquia, Polonia, Hungría y Bulgaria) y llegan a la conclusión de que el socialismo de Estado que ha gobernado estos regimenes desde el final de la segunda guerra mundial se puede dividir en tres tipos: el comunismo de acomodación (Polonia, Hungría), el comunismo burocrático autoritario (Checoslovaquia, RDA) y el comunismo patrimonial (Rumania, Bulgaria).

Lo que en su opinión explica que los países hayan desarrollado un modelo u otro de comunismo es el pluralismo político y social preexistente y el grado en el que la burocracia es de carácter legal-racional. Centran su análisis en el capital social existente en los años veinte y treinta. Sociedades civiles activas, que formaban parte del mercado mundial (Checoslovaquia, Alemania) conformaron Estados comunistas burocráticos autoritarios.

Los países del sistema de comunismo de acomodación (Hungría y Polonia) ya habían mostrado elevados niveles de disidencia con anterioridad a 1989. De hecho, Hungría fue el primer país más allá del telón de acero en el que se produjo una rebelión contra el régimen (1956). En la Polonia de 1980, el régimen tuvo que aceptar la existencia del sindicato Solidaridad, que fue ilegalizado el año siguiente, pero siguió siendo un actor clave gracias a su gran implantación social. El “comunismo del gulasch” de Kadar suponía un intercambio tácito de cierta prosperidad material por aquiescencia con el régimen.

Los países de comunismo burocrático-autoritario se caracterizan por haber transformado su estructura de modo más radical. Lo que durante cuarenta años fue la República Democrática Alemana se disolvió en 1990 en la República Federal Alemana. Checoslovaquia dejó de existir en 1993 para dar lugar a la República Checa y a Eslovaquia.

Los países de comunismo patrimonial, como Rumania o Bulgaria se caracterizan por un nivel de desarrollo industrial mucho menor. De hecho sus economías tienen un marcado carácter agrario. Se encuentran mucho más en la periferia del continente (e incluso del área de influencia soviética). En gran parte, han permanecido al margen de las grandes corrientes de la historia europea. Una orografía difícil y sus vínculos históricos con el Imperio Otomano. Un pueblo latino rodeado por un mar de eslavos.

Sus regímenes políticos tienen en común con los sultanismos de otras partes del globo el carácter patrimonial del Estado, que pertenece a una elite no mucho más amplia que una familia. Ceaucescu, en Rumania, es el ejemplo paradigmático. En su caso, se confirma el planteamiento de Linz, de que los sultanismos no pueden dar lugar a una transición y el cambio político se desarrollo conforme a un  modelo revolucionario, debido al hecho de que quien detenta el poder tiene demasiado que perder.

Alfred Stepan: Revoluciones “desde arriba”, “desde abajo” y “desde fuera”.

Alfred Stepan reconoce las múltiples vías de acceso a la democracia en la realidad política contemporánea, pero las acaba reduciendo a tres tipos ideales: “desde arriba”, “desde abajo” y “desde fuera”[5].

Si se analiza el caso de los países de Europa oriental, vemos que ninguno de ellos encaja plenamente en una sola de las categorías. Polonia, por ejemplo, fue a principio de los ochenta el país en el que la oposición alcanzó un papel más importante (en ese momento no quedan ni rescoldos de la experiencia húngara de 1956, o checoslovaca de 1968). Pero, ciertamente, la voluntad del Partido Obrero de acceder a negociaciones para conducir el proceso fue muy importante y las reformas iniciadas desde mediados de la década por Gorbachov en la URSS fueron un catalizador importante del proceso. Definitivamente, Polonia no encaja bien en ninguna de las categorías, ya que la revolución se produjo tanto desde arriba, como desde abajo, como desde fuera.

En cambio, el proceso en Rumania, cuyo cambio de régimen es cuestión de días o incluso de horas se ajusta bastante bien al modelo de revolución desde abajo. El carácter personalista del régimen de Ceaucescu. La caída del Conducator muestra similitudes con la de los dirigentes de los regímenes patrimonialistas y sultanistas latinoamericanos. Ninguna concesión a las demandas externas, caída de tipo revolucionario o violento.

En todos los países, las influencias externas (la revolución desde fuera) existieron y fueron importantes. La perestroika en la URSS, y la doctrina de la soberanía enunciada por Gorbachov, que declaró ante los medios en Finlandia que el Ejército soviético no intervendría, fueron un factor decisivo. A su vez, el proceso en cada país alimentaba el de los demás. Se podría hablar de efecto dominó. Como ya hemos dicho: Polonia, diez años; Hungría, diez meses; RDA diez semanas, Checoslovaquia, diez días; Rumania, diez horas.

Respecto a la revolución desde arriba, ciertamente en Polonia, Hungría y la misma Unión Soviética se produjo el “colapso del centro”. Fue la dirección de cada partido comunista quien tomó las decisiones que provocaron que el sistema se desmoronase desde dentro. A diferencia de las transiciones en Latinoamérica e Iberia, el ejército no desempeñó un papel político autónomo. En cambio, en Rumania, el Ejército (al igual que la pequeña nomenklatura) abandonó a su líder.

Polonia

Según la clasificación de Kitschelt, Toka y Mansfeldow, Polonia, al igual que Hungría, entra en la categoría de “comunismo de acomodación”. Probablemente esta condición incidió en el hecho de que ambos países comenzaran su democratización antes que el resto de los estados satélites de la URSS.

En palabras de Carmen González Enríquez: “ambos regímenes se distinguían del resto por su carácter más liberal, con unas relaciones de los partidos socialistas-comunistas con sus sociedades mucho más inclusivas, más tendentes al pacto, a la conversación, a la resolución de los conflictos, mientras que los demás partidos comunistas del área estaban instalados en el seguidismo fiel a Moscú o en una reelaboración nacionalista de su identidad”[6].

Tanto Polonia como Hungría habían llevado a cabo reformas económicas (más audaces en Hungría) y un hecho distintivo de Polonia era que no se habían estatalizado las propiedades agrarias, por lo que el sector terciario permanecía en manos privadas.

En Polonia contamos con dos actores políticos de gran importancia, que no existen en otros países con esa fuerza. La Iglesia Católica y el Ejército. Su importancia se puede entender en términos históricos, debido a que el catolicismo es un rasgo definitorio de la identidad nacional. A lo largo del siglo XIX y XX su territorio se dividió en diversas fases entre protestantes germánicos (Prusia, el Imperio Austro-Húngaro) y ortodoxos eslavos (Rusia). Lo católico era la esencia de lo polaco. El ejército tiene un papel clave en el mantenimiento de la independencia nacional.

Desde el comienzo del comunismo, la sociedad polaca se organizó de modo autónomo. En 1956, los obreros de Poznan se movilizaron mediante huelgas para conseguir mejoras salariales. Gomulka accedió a negociar con ellos. A las elecciones de 1989 se llegó tras un año de conversaciones. Otra diferencia importante con Rumania es que hubo una renovación mucho mayor del liderazgo y que el régimen buscaba tener una base más amplia: Przeworski cita el plan de Gierek para, en los años 70, incluir a una serie de diputados católicos en el parlamento.

Rumania

En la Rumania anterior a 1945, los comunistas no habían sido significativos. La Unión Soviética presionó para conseguir la inclusión del minúsculo Partido Comunista en el gobierno post-bélico. Tras la abdicación del rey Miguel en diciembre de 1947 se proclamó la República Socialista de Rumania. Entre 1947 y 1948, a la vez que el país veía la colectivización agraria y la estatalización de la banca, se produjeron importantes luchas internas dentro del Partido, que concluyeron con la victoria del sector liderado por Ghorghe Gheorghiu-Dej, que fue apoyado por Stalin. Este rasgo de la lucha entre elites por el poder parece interesante, ya que la revolución de 1989 vio emerger una clase dirigente que había formado parte de la nomenclatura.

Al igual que Polonia, Rumania también tenía problemas territoriales con Rusia, pero estos no se remontaban al siglo XIX. La constitución de la República Socialista de Moldavia contribuyó a ampliar la brecha que separaba a Gheorghiu-Dej un estalinista de la línea dura, de Jruschov.

Tras la muerte en Moscú de Gheroghiu-Dej en 1965, el ascenso al poder de Nicolae Ceaucescu no mejoró las relaciones con la URSS. Ceaucescu denunció la intervención soviética en Checoslovaquia. En su primera etapa fue muy popular en el interior (debido a mejoras en la situación económica) y especialmente en el exterior (debido a la distancia que mantenía con la URSS).

Un elemento clave para entender cómo era Rumania es que el país no desarrolló una elite amplia. Aparte de Ceaucescu y algunos allegados muy próximos. Esto supuso que ni desde dentro del aparato comunista ni desde dentro del Estado pudiera surgir un sector reformista que pudiera alcanzar acuerdos con quien se opusiera al régimen.

Como, a diferencia de lo que ocurrió en Polonia, Ceaucescu no fue nada tolerante con los movimientos de oposición y basaba su poder en gran parte en las redes de informadores y su policía política (la Securitate), el proceso siguió el modelo de una olla a presión, no había ninguna válvula de escape para el vapor acumulado con lo que, finalmente, sólo hubo que esperar a que llegar el momento crítico. Finalmente, el calor proveniente de los otros países aceleró el momento de la explosión.

Hay muchos elementos inciertos en los acontecimientos que ocurrieron en la semana que va del 17 al 25 de diciembre de 1989, pero a grandes rasgos, el modelo rumano se caracterizo por el personalismo del liderazgo y la ausencia de pluralismo y dinamismo en la sociedad.

Conclusiones

Polonia y Rumania pertenecieron al bloque soviético entre el final de la segunda guerra mundial y 1989. Nominalmente, estos países eran repúblicas socialistas a las que unían acuerdos de cooperación y lealtad (Pacto de Varsovia, Comecon) entre ellas y con la URSS. Su sistema económico estaba basado en los mismos principios de control central de la economía y su sistema político en la dictadura del proletariado y el partido comunista como vanguardia de la clase trabajadora.

Formalmente se podía considerar que respondían al mismo modelo, que eran una misma cosa, pero excepto ese esqueleto jurídico-económico-político ambos países compartían poco más. La experiencia histórica de Polonia, un país compuesto por eslavos mayoritaria e intensamente católicos[7], que había sobrevivido como nación a pesar de la presión de las potencias que lo habían rodeado e invadido no tenía mucho que ver con la de Rumania, un país de religión ortodoxa y habla latina, en la zona de influencia de los decadentes imperios otomano y austro-húngaro.

La agricultura tenía una importancia destacada en ambos, con la notable diferencia de que en Rumania había sido colectivizada y en Polonia permanecía en manos privados. Este destacado peso del sector terciario muestra que ambos países adolecen de falta de desarrollo. A pesar de ello, Polonia había experimentado un mayor nivel de desarrollo industrial y vida urbana en los años de entreguerras. En ninguno de los países los comunistas habían sido un poder influyente antes del conflicto. Durante la guerra, Rumania formo parte del Eje, mientras que Polonia fue el primer país en ser invadido por el mismo.

Una vez que ambos países se constituyen como repúblicas socialistas, se comienzan a observar diferencias en su modo de funcionar. El sistema polaco es más colegiado, el ejército ejerce una tutela importante sobre el poder civil y el Estado tiene un adversario importante en el contrapoder que supone la Iglesia católica y las redes sociales que se generan a su alrededor. La sociedad civil rumana está mucho más desestructurada, nada más establecerse el nuevo estado comienzan las luchas entre facciones comunistas. El tipo de liderazgo que se construyó fue de tipo personalista, muy centrado en la figura de Gheorghiu-Dej, primero y Ceaucescu después. La elite fue muy reducida y la oposición muy escasa. A partir de estos elementos, podemos categorizar el tipo de régimen desarrollado en Polonia como comunismo de acomodación y el que se da en Rumania como comunismo patrimonialista.

En 1979 el Papa polaco visita su país natal, y en este punto simbólico sitúan algunos el inicio de la transición. Al año siguiente comienza una serie de huelgas en los astilleros Lenin de Gdansk. El poder no tiene más remedio que aceptar la existencia de una sociedad civil autónoma (uno de los requisitos de la democracia) que se organiza alrededor del sindicato Solidaridad. Durante los años ochenta, los líderes de Solidaridad (en especial, Walesa) hacen valer su voz en el escenario internacional y finalmente vuelven a ser legalizados para vencer en las elecciones parcialmente democráticas de junio de 1989. En cambio, lo que ocurre en la Rumania de Ceaucescu no tiene apenas repercusión en Occidente. Ceaucescu reprime duramente cualquier intento de oposición. A finales de diciembre de 1989, cree que sigue teniendo todo el país bajo su control. Sin embargo, fue fusilado el día 25. Mientras que Polonia estaba en una fase postotalitaria, que implicó diversas negociaciones y pulsos a lo largo de toda la década de los ochenta, Rumania permanece en el totalitarismo neopatrimonialista hasta el último de los días.

Se puede considerar la transición polaca como un proceso que comienza en 1979-80 y que concluye en 1989-90, o bien dividirse en dos partes. Hay quien considera que el proceso de transición de 1980 fue frustrado por la promulgación de la ley marcial por parte del general Jaruzelsky. En cualquier caso, aunque se discute sobre si es cierto o no, el propio Jaruzelsky ha justificado la promulgación de la ley marcial como una medida necesaria para evitar una intervención soviética (habida cuenta de la experiencia húngara de 1956 y la de la Primavera de Praga)

En Rumania, más que transición, se produjo una vertiginosa revolución. Gran parte de lo ocurrido permanece en la oscuridad y probablemente quienes acabaron tomando el poder no estaban demasiado lejos de quienes lo detentaban en los años del autoritarismo. La escasa renovación de las elites es una consecuencia lógica de una sociedad civil poco activa y desestructurada con pocas redes sociales de relación al margen del aparato del Estado.

Como conclusión podemos establecer que la capacidad de inclusión de un sistema lo dota de mayor estabilidad y previsibilidad, ya que la libertad de expresión de preferencias genera un marco de seguridad en el que los comportamientos de los actores políticos son más predecibles. El régimen polaco mostró esa voluntad en diversos momentos, aunque en otros tuvo que mostrar su fuerza, finalmente acabó disolviéndose por decisión propia. Ceaucescu, en cambio, optó por no incluir a nadie ni negociar nada, acabó identificando el Estado consigo y con su camarilla. Finalmente, el sistema no sólo le estalló, sino que se quedó sólo y la ira se concentró en su persona.

Bibliografía

FUKUYAMA, Francis (1994): El fin de la historia y el último hombre, Barcelona: Planeta-Agostini

GONZÁLEZ ENRÍQUEZ, Carmen (2002): Rasgos peculiares de la transición polaca, en La transición a la democracia en Polonia. Seminario sobre Transición y Consolidación Democráticas 2001-2002

KURAN, Timur (1994): Ahora o nunca: el elemento de sorpresa en la revolución de Europa oriental de 1989

LINZ, Juan José (1971): Del autoritarismo a la democracia, publicado originalmente como The Transition from Authoritarian Regimes to Democratic Political Systems and the Problems of Consolidation of Political Democracy.

MARCU, Silvia (2003): El proceso de transición política. Rumanía: Herencias y realidades postcomunistas, en Revista electrónica de estudios internacionales, nº 7.

MARTÍN DE LA GUARDIA, Ricardo (2004): Singularidad y regularidad de las transiciones a la democracia en Europa del Este, en Pasado y Memoria, Revista de Historia Contemporánea, nº 3

PARAMIO, Ludolfo (2002): La doble transición en Polonia, en La transición a la democracia en Polonia. Seminario sobre Transición y Consolidación Democráticas 2001-2002

PRZEWORSKI, Adam (1996): Democracia y mercado (Barcelona: Cambridge University Press)

SUCHOCKA, Hanna (2002): La transición democrática polaca Polonia, en La transición a la democracia en Polonia. Seminario sobre Transición y Consolidación Democráticas 2001-2002

[1] SKOCPOL, Theda. Los Estados y las revoluciones sociales

[2] FUKUYAMA, Francis (1994): El fin de la historia y el último hombre, Barcelona: Planeta-Agostini

[3] PRZEWORSKI, Adam (1996): Democracia y mercado (Barcelona: Cambridge University Press)

[4] KURAN, Timur (1994): Ahora o nunca: el elemento de sorpresa en la revolución de Europa oriental de 1989

[5] Citado en «Paths toward Redemocratization: Theoretical and Comparative Considerations», en O’DONELL, Guillermo, SCHMITTER, Philippe y WHITEHEAD, Laurence, Transition from Authoritarian Rule. Comparative Perspectives, Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 1986, pp. 105-135.

[6] GONZÁLEZ ENRÍQUEZ, Carmen (2002): Rasgos peculiares de la transición polaca, en La transición a la democracia en Polonia. Seminario sobre Transición y Consolidación Democráticas 2001-2002

[7] Durante siglos existió una notable comunidad judía que fue exterminada durante el Holocausto


Araos aliblancos

19/05/2017

Las aves en el muelle del Liffey.

El viernes pasado fuimos de paseo hasta donde empieza el espigón sur del puerto de Dublín, adonde haría unos seis años que no llegaba. Antes de salir de la ciudad nos encontramos dos araos junto al río. Existen cinco subespecies del arao aliblanco, cuyo nombre científico es cepphus grylle. La que puede encontrarse en Irlanda parece ser la ártica. Abundante en Groenlandia, Islandia y el Báltico su hábitat alcanza las islas Británicas pero es raro encontrarla más al sur.

Arao aliblanco x 2

A mí me parece que arao es una derivación rara de la palabra latina uria que aún se usa en italiano (me parece que esa clase de u inicial se suelen convertir en o en castellano). En inglés se le llama black guillemot, sustantivo francés que viene de Guillermo. Si lo vuelvo a encontrar en invierno lo más probable es que no lo reconozca. Torpe que es uno y lo que el plumaje le cambia hasta quedar en el colorido de una gaviota, como puede verse en el sello groenlandés de 1989.


Mesofactos postsoviéticos

17/02/2014
El gráfico

El gráfico

Estaba leyendo un paper sobre el desarrollo de la economía en Uzbekistán, que es un país que me interesa porque unos amigos míos estuvieron por allí de vacaciones y tal. Entre algún otro dato sobre el país de los uzbecos, como el muy relevante de que junto con Liechtenstein es el único país del mundo rodeado por países que no tienen salida al mar, me he enterado un poco de cómo están las cosas y por qué están como están.

Más relevante me ha parecido un gráfico que muestra el crecimiento del PIB en los países postsoviéticos desde 1989. El dato del 89 es el índice 100 y a algunos países como Turkmenistán, Uzbekistán, Azerbaiyán y Bielorrusia parece irles muy bien. Luego hay un agragado al que llaman “Europa Central” (que es la que nosotros consideramos oriental) que está alrededor del 160, o sea que también muy bien. Parece que 25 años después de la caida del muro Rusia ha recuperado el tamaño de su economía y está en un grupo intermedio con otros países que parecían ir mejor y luego se estrellaron, como los bálticos.

En cambio, hay tres países, distintos los tres, que van de pena en comparación con la riqueza que tenían hace un cuarto de siglo: Georgia, Ucrania y Moldavia. Me parece que este es un mesofacto muy relevante.

 


Pensad bien en lo que va a pasar dentro de diez años

16/02/2013

Quería traer aquí un pequeño párrafo de un artículo que habla de la elección de Karol Wojtyla como autoridad suprema de los católicos del mundo. Fue publicado en El País el día 13 de este mes de febrero:

Viendo que no cedían ni los unos ni los otros, los cardenales austriacos y alemanes defendieron la idea de hacer Papa a un cardenal del Este que estuviera preparado por experiencia propia a la hora en que se desplomara el comunismo. Y la Iglesia sabía que el comunismo estaba agonizando.

Bien, me imagino que el entonces cardenal polaco tendría por aquel momento una experiencia en caídas del comunismo impresionante. Pero decir que en 1978 la Iglesia sabía que el comunismo estaba agonizando, cuando su derrumbe llegó completemente por sorpresa no uno ni dos, sino once años después me parece un logrado ejemplo de la falacia del historiador.

Curiosamente el artículo no está firmado en Roma, sino en Río de Janeiro. Una insolación.


Timur Kuran (esquema)

04/02/2011

He encontrado entre mis archivos de notas un esquema que hice en la universidad, en los tiempos en que leí el texto de Timur Kuran que recomendaba ayer cuando hablaba de Egipto. La lección es que no hay lección y que estas cosas son impredecibles:

Ahora o nunca: El elemento de sorpresa en la revolución de Europa oriental de 1989. de Timur Kuran.

I.                   Unidos en la sorpresa

  1. a.       Expertos internacionales
  2. b.      Intelectuales de Europa oriental (Havel, Urban, Tisimeanu)
  3. c.       Población de los países

II.                Las teorías de la revolución preexistentes y su debilidad predictiva

  1. a.       Theda Skocpol. Los Estados y las revoluciones sociales
  2. b.      Teorías de la elección racional
  3. c.       Heurística de la disponibilidad (historian’s fallacy)
  4. d.      Teoría de la privación relativa

III.             La falsificación de las preferencias y los carros (bandwagons) revolucionarios

  1. a.       Distinción entre la preferencia privada de un individuo y su preferencia pública
  2. b.      Falsificación de la preferencia
  3. c.       Recompensas de orden interno y de orden externo
  4. d.      Umbral revolucionario
  5. e.       Ignorancia pluralista

IV.             El comunismo de Europa oriental y la fuente de su inestabilidad

  1. a.       Abismo entre retórica y logros del comunismo
  2. b.      La sublevación es la excepción
  3. c.       Ciudadanos tolerantes, dóciles, sumisos, tolerantes
  4. d.      Havel y el tendero
  5. e.       Partición mental (Mental partitioning)

V.                La revolución

  1. a.       Los regímenes eran más vulnerables de lo que parecía
  2. b.      Incluso el apoyo de los fieles era frágil
  3. c.       Catalizador: Perestroika en la URSS
  4. d.      Muchos puntos de inflexión
  5. e.       El éxito de las movilizaciones animó a los demás
  6. f.       El miedo cambió de lado

VI.             La predictibilidad de lo impredecible

  1. a.       Los signos eran confusos hasta que todo hubo sucedido
  2. b.      No es la primera vez que ocurre
  3. c.       John Dunn
  4. d.      Teoría de la evolución, meteorología
  5. e.       Elemento de observación imperfecta (no es no observable)
  6. f.       Pakistán y Noruega

Russia 1989-2004

06/08/2010

EAST AND WEST RELATIONS

Essay: “How has Russia changed and adapted since 1989? What are the consequences of these changes? Who are the protagonists?”

I decided to write this essay while I was watching again on TV the images of the massacre in Beslan. Chechnya has been the bloodiest political conflict in the new Russia of the nineties. Certainly, this is something very difficult to imagine some years back, beyond the iron curtain. So I will try to explain what has happened in Russia since 1989, which have been the changes and their protagonists, and why Russia reached were it is now. Chechnya is a part of the story, but not all of it. There will be communists and the birth of new old nations, alcohol and mafia, powerful tycoons that made a fortune from scratch, terrorism and nuclear weapons. All the elements that are needed to create a good thriller. But it is better, for it is real.

There are three men that can be chosen undoubtedly as the main characters of this drama. Of course there are a lot of important actors on such a huge stage as Russia is, but a good way to structure the last 15 years is to focus on these three man: the last Secretary General of the USSR and its only President: Mikhail Gorbachev, and the two Presidents Russia has had so far: Boris Yeltsin and Vladimir Putin. Ruling in Russia has been very personalistic since the Czarism. Perhaps strong personal leadership is the only way to hold together such a large territory. Let’s see what they change in the Russia they inherited from the past.

1989-1991. Collapse of the Soviet Bloc and emergence of the new Russia.

Mikhail Gorbachev was appointed Secretary General of the USSR in 1985. After the dead of Brezhnev in 1983, there were two ephemeral Secretaries: Andropov and Chernenko, the two of them selected from the ranks of the old guard. Gorbachev was young and dynamic and soon he started to implement reforms so that a declining regime that had been established in 1917 could survive. He had not live the times of the Revolution or the War as and adult. By 1989 his reforms, which we know in the West by the totalizing name of “perestroika” (sometimes we also use “glasnost”) had arrived at a point of no return. We will remember 1989 for the picture of people going across the Berlin Wall and this fact was possible thanks to the reforms initiated a few years before by Gorbachev in the USSR, which extended through the Eastern Europe countries.

Along with Gorbachev, a new generation of leaders arose. Some of them wanted to follow the pace of the Secretary General. Some wanted more changes and they wanted them to happen faster. Among those, Boris Yeltsin got to be the most notorious, leading the Russian Soviet Federation into the new Russia. After the collapse of the Soviet Union he was the President of Russia during the nineties, a very important decade for Russia.

Gorbachev’s goal was not the change but the reform. He was the catalyst for the change, but in a moment the events bypassed him. As Ferguson says it “the reform in the Soviet Union and Russia was driven in part by necessity, but also by a revolution-from-above”[1].

Gorbachev’s reforms were seen as too slow by a significant part of the population of the USSR. However, the signals he sent were received by the Western world with hope. This is due to the fact that the foreign and home policies were driven by the same impulse, but affected the actors differently. This explains how popular Gorbachev was abroad and how unpopular within the USSR.

In foreign policy we can say that Gorbachev virtually ended the Cold War, by reducing the tension in Europe through disarmament and reduction of military forces. This made possible the expansion of NATO during the following decade. The changes in the Soviet system and the wave that followed it in Eastern Europe (and Gorbachev did a lot so that the Communist Parties in other countries could reform as well) allowed the fall of the Berlin Wall and the reunification of Germany. His role in the foreign affairs, by using diplomacy and international organizations (especially the UN) as a means to get support from abroad was also important. He also improved relations with several countries (such as China) and was crucial in reducing tension in the Middle East area by allowing the immigration of Soviet Jews to Israel, and retiring support to anti-Israeli organizations.

But by 1991 his time was over. The August 1991 coup was the last try of a regime that was agonizing. Some military wanted it to come back to the old Soviet days, but the majority of the population was against them. Yeltsin, already President of the Russian Federation, emerged as the leader Russia needed, and Gorbachev’s return to power was just symbolic as the Soviet Union was falling apart.

1991-1999. Yeltsin’s decade.

On the 25th December 1991 Mikhail Gorbachev announced on TV the end of the Soviet Union. This entity, created in 1922 had ceased to exist. A weak Confederation of Independent States was just born, but Russia inherited most of the power of the Soviet Union. A Russia that still had to solve some important territorial problems, led by the man who had been elected President by the 57% of the Russians in the first free elections ever (June 1991), and against the ruling Communist Party and its nomenklatura.

With Gorbachev, the old Communist Party and USSR out of the political stage we entered a new era in which the inheritance of the Soviet Union had to be divided among the new republics. The independence of Lithuania, Latvia and Estonia (proclaimed in September 1991) was accepted and there were talks about what to do with the ex-Soviet territories. Basically Russia took the biggest part of the legacy, the nuclear arsenal, the seat in the Security Council and the embassies abroad. Some tensions arose, though, such as those with Ukraine abut the Crimean peninsula or the Black Sea fleet, but the process went orderly taking into account what it could be expected.

Within Russia, people expected a lot from the President. Yeltsin wanted a rapid transition to a market economy. So soon the reforms started. He managed to be granted special powers to deal personally with the scenario, but between 1991 and 1993, important discrepancies arose between the President and the Parliament, all of which ended with the open rebellion of the latter and the bombardment of the Parliamentary seat. After that fact, a new Constitution was approved. One which was overtly presidentialist and some analysts have compared to the French political system.

Which were Yeltsin’s reforms? In the political field he started which symbolic things as new flag and anthem or the change or Soviet place names into the traditional ones. Then, on 31st March 1992 the Federation Treaty was signed by all the autonomous republics but Chechnya and Tatarstan. Tatarsan would join later, but the problems with Chechnya had just started to appear. This was the prelude of the two Wars of Chechnya.

During 1992 the divorce between Yeltsin and the Congress of People’s Deputies started. The main reform of the political architecture of Russia will arrive in December 1993 with the new Constitution. In the meantime, Yeltsin started to modify the economy of the country towards the liberalization and stability. He started an ambitious programme of privatizations in which a group of a few, latter known as “the oligarchs” (notoriously Berezovsky, Khodorovsky) will become rich in a matter of months.

On 2nd January 1992, Yeltsin ordered the liberalization of foreign trade, prices, and currency. The first result of these policies was hyperinflation. Suddenly, the Russians started to deal with inequality and poverty. Some began to feel some nostalgia of the old good Soviet times, which brought to the political scenario to a new Communist Party. The privatisation started in October, and it was a giant’s step towards converting Russia into a market economy. It made rich a few, but left unhappy to many.

In the month of March of 1993, Congress of People’s Deputies passed legislation to limit presidential powers, but Yeltsin took more powers, that were validated by a referendum on 25th April. The gap between the Congress and Yeltsin was growing and it reached its maximum in September, when Presidential troops entered the building of the Parliament to dissolve it.

On 12th December there were elections to choose the new Duma and a referendum to ratify the Constitution. The new constitution allowed Yeltsin to remain in power until 1996, which he did. The years between 1993 and 1996 were starred by the consolidation of the new system, the clashes of power, the difficult adaptation to the market economy and the First War in Chechnya that started in December 1994. Also the state of the health of Yeltsin was an important issue in the agenda. He suffered two heart attacks in 1995, and an orderly succession was not guaranteed.

In December 1995 the new Communist Party of the Russian Federation, led by Gennady Zyuganov won the elections to the state Duma. It was a surprise to the analysts that Communism in Russia was still alive and had chances to get the power again.

One of the important milestones of Russian transition to democracy arrived in 1996, where elections to the Presidency were hold. Yeltsin arrived as a man of weakened health. His popularity was at a minimum, but I obtained the support of the media and thanks to a pact with the General Lebed (the third candidate) he could reverse the situation and beat Zyuganov in the second round. The reforms that Yeltsin and his team had been implemented since the early nineties suffered a critical test in 1998. In August, the Prime Minister Kirienko announces rouble devaluation, the market paralyzed by liquidity shortages, the price of the shares plunged and Russia defaulted foreign loans.

The political fallout of Yeltsin started after the crisis. He had to fire all his government, with the Duma refusing his candidate. 1999 was a an unstable year that ended with the resignation of the President.

1999-2004 Putin leads Russia towards the future.

An ailing Yeltsin’s abdicated on the last day of the century, his power was inherited by his young Prime Minister: He had been appointing Prime Minister in August, replacing Stepashin who only stayed in office for four months. Stepashin replaced Primakov who was the compromise solution to get out of the economic crisis.

Vladimir Putin, the former spy, a man who does not smoke or drink alcohol took the power from an alcoholic Boris Yeltsin whose time was gone. Its image was very good, and he arrived to the Presidency with time to prepare the elections.

There is almost general consensus on the issue that Putin’s first term has been successful, even if it can be also remembered by disasters such as the Kursk submarine, the assault to the theatre in Moscow or the killings in Chechnya.

Putin declared a “tyranny of law” (Ferguson 2004) to attack the mafia, the oligarchs and the bureaucratic corruption, he is moving Russian army into professionalism and was adamant in continuing the war in Chechnya, but being very careful not to upset other countries which its way of doing so, so that they do not move from their position and consider the conflict “an internal issue”.

The foreign policy of Russia has seen some moves under Putin, such as the approach to the United States on the “global war on terror” after September 11th 2001 and also important discrepancies about the war on Iraq in 2003. Russia has improved its relations to the European Union and has held similar positions as the German’s or French’s. Its strategic partnership with the European Union, its principal business partner is going to be crucial in the future.

At home Putin challenged the power of the regional governors, divided the country in seven federal districts and reset the vertical of power in Russia. Even if territorial tensions have been reduced, there is always a problem in Chechnya waiting to be solved and this is not going to be smooth.

In the aftermath of the crisis if 1998, the situation of the Russian economy started to improve in 2000 and it is going very well. It is still very dependent on exports of gas and oil, but the GDP’s growth has been spectacular. It’s difficult to say there are problems around the corner, when the barrel of oil is around 50 US$, but there is still a huge part of the population on the verge of poverty and they cannot feel the improvements of the economy. Russia’s growth has being fast and large in the Putin’s years, though.

The reform of the judiciary and administrative system has not been as much of an achievement as those obtained by Putin on other fields. Also, fight against corruption which is an endemic problem in Russia since the Soviet times is not showing much improvement. A change of attitude towards the oligarchs can be perceived, being the imprisonment of Khodorovsky an outstanding example of how the alliance of the Kremlin with the factual powers it is not necessary as in Yeltsin’s times and that Putin does not want anybody to rule the country for him.

All of this made him comfortably the elections of March 2004, getting a 70% of the votes. Although, it is debatable that Russia is an authentic democracy, if nobody else can get over the 10%, and international observers are not quite happy with the way in which the process developed.

Conclusion.

How has Russia changed and adapted since 1989? Russia has being trying to become a democracy and an economy market. If this is already a reality, on the way of happening or a fabrication depends on who looks. Certainly, government in Russia shows evidence of authoritarianism and there are plenty of defects in this democracy, as in any other. For some experts Russia can be only compared to medium-income democracies, such as Mexico or Brazil and if we use that frame, then is doing as it should be expected. So, the problem of little glasnost and the oligarchic (or governmental) control of the media is about what it should be. (Sheifler 2004).

The market economy status is about to be granted, as Russia will probably enter the WTO organization in 2005. Of course it is an economy very tightly controlled by the State (as some of  Putin’s interventions show), but some of the countries that were successful in becoming competitive economies, such as the Asian Dragons, used the same formula to improve their position in the world economy. Still, there is a lot of work left, so to reduce the poverty and inequality in the new Russia.

There are a lot of consequences of the changes Russia has experienced. The end of the Cold War or the “end of the history” as some foresaid was the first one. The political map of Europe changed notoriously between 1989 and 1993. New countries arose and Russia had to adapt to its new role. Some of them (the Baltic republics) left quickly to not return. Ukraine, Moldova, Belarus are more or less in the area of influence of Russia. The Central European countries ran to apply for membership of EU and NATO.

The main protagonist of the changes has been the Russian people, who for the first time in its history could speak up. Even if there have been a lot of clashes and points of view, even if we are in front of a limited form of democracy, Russian people can decide their future more than in any time in the past. Politicians have also played a very important role and, of course, the leaders of the country were protagonists of the change, and there has been a lot of “a revolution-from-above”. Nations and identities were also important during the nineties and will keep being in the future. An actor that has lost a lot of its power is the Army, which is undergoing reforms and does not have a say anymore in Russian politics.

BIBLIOGRAPHY

CASHABACK, David Risky Strategies? Putin’s Federal Reforms and the Accommodation of Difference in Russia London School of Economics and Political Science, UK Issue 3/2003, available at http://www.ecmi.de/jemie/download/Cashaback_Autonomy_final.pdf

FERGUSON, R. James “The impact of Soviet and Russian Reforms 1989-2004”, available in http://www.international-relations.com/wbeu/EU-Lec5-2004.doc

NIKOVOV, Nikolai. Vladimir Putin’s successful first term. In Ria Novosty (10/02/2004), available in http://www.artsci.wustl.edu/~filippov/courses/L32_4432/Nikonov.pdf

SHARPE, M.E. Globalisation and Russia. Russian Politics and Law, vol. 41, no. 5, September–October 2003, pp. 5–41.

SHEIFLER, Andrei and TREISMAN, Daniel. “A normal country” in Foreign Affairs (March/April 2004).


[1] FERGUSON, R. James (2004) “The impact of Soviet and Russian Reforms 1989-2004”