El diario de Ana Frank

05/02/2018

La primera vez que estuve en Amsterdam fue 2001, creo que en octubre, para pasar tres o cuatro días conociendo la ciudad. Aparte de pasear por los canales, las cosas que tuve más interés por ver en aquella ocasión fueron la casa de Ana Frank y el Museo de Van Gogh. Han pasado unos cuantos años y guardo un recuerdo bastante difuso de ambas visitas.

De la casa museo de Ana Frank lo que recuerdo con mayor intensidad es el pasar por la puerta que escondía la estantería con los libros y el mapa de Bélgica que había encima. También un pequeño lavabo. Descubrí bastantes cosas sobre la vida clandestina de la familia, habida cuenta de que no había leído el libro. Tras pasar por la parte museística del edifició donde se exponía el diario bajo una vitrina con higrómetro, recuerdo el vídeo en el que Miep Gies que aún vivía narraba cómo entregó el diario a Otto Frank en 1945. La visita concluyó con el paso por una especie de plató de concurso en la que se exploraban los límites de la libertad de expresión mediante preguntas al público. Salí a la calle con la convicción de que algún día leería el diario, cosa que no había hecho hasta este fin de semana. Es probable que tenga alguna que otra cosa pendiente de hacer durante incluso más de dieciséis años.

El que tengo es una traducción al inglés de Susan Masotty. Antes de empezar la lectura recordaba que tras volver de Auschwitz el padre había censurado partes del diario relativas a la sexualidad de la adolescente (que en mi opinión no son nada del otro jueves) y a las malas relaciones que tenía con su madre, pero no sabía que había un diario a y un diario b y uno c y que incluso se ha intentado considerar al padre coautor seguramente para extender los derechos de autor.

También me ha parecio interesante el hecho de que a ciertas personas (compañeros de escuela de Anne) se les diera la opción de aparecer en la publicación con nombres y apellidos o con meras iniciales (aleatorias además, no las suyas propias). No sé si esto se habrá respetado en todas las ediciones. También puede ser que la opinión de esas personas o sus herederos hubiera cambiado con el tiempo. Yo creo que por vanidad habría preferido salir con nombre y apellidos aun quedando mal parado (al final lo que se dice en el diario son cosas de chiquillos).

Más allá del contexto político, bélico, trágico de la época me llaman la atención los asuntos prácticos de la supervivencia, la logística, el mercado negro. Nunca me había planteado que el aspirador ya estaba inventado en los años cuarenta. Esas podrían ser cosas accesorias, mirando el diario como conjunto sorprenden la madurez y la prosa de una niña de trece, catorce, quince años. No sé si los traductores pueden haber embellecido el neerlandés original, pero supongo que no tanto. Vuelvo a mi yo de esas edades (y muy posteriores) creo que habría sido imposible para mí narrar con esa fluidez. De hecho, entre los dieciséis y los diecinueve años aproximadamente tuve un cuaderno con notas y años después lo acabé tirando por vergüenza, no porque contara nada íntimo que ni vida íntima tenía sino por pura vergüenza de lo mal escrito que estaba casi todo.

Esa es otra, los matices sentimentales de sus relaciones personales reflejan un mundo interior exuberante y una capacidad muy poderosa de penetrar en la mente de los demás. No sé si esto es una cualidad exclusivamente femenina, pero para mí en general es todo mucho más simple: eres de los míos, me caes bien, me caes mal, no te quiero ni ver. La complejidad de las relaciones con los demás habitantes de la casa y su modo de racionalizarlas e incluso de plantearse estrategias para conducirlas mejor me ha hecho suponer que llevo décadas viviendo en un mundo bastante en blanco y negro mientras que hay quienes pueden en color y hasta el infrarrojo y el ultravioleta aunque tengan doce años.

 

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Por qué empezaba el año fiscal el 6 de abril

04/02/2018

Lo primero que aprendí en este año 2018 ha resuelto una curiosidad que arrastraba desde hace casi veinte años. El primer año que viví en Irlanda (1999) me enteré de que el año fiscal iba del 6 de abril de un año al 5 de abril del año siguiente. Me pareció una rareza y quien me lo dijo no supo explicarme su porqué. Esto del año fiscal del 6 de abril duró hasta 2001. Ese año fiscal fue del 6 de abril al 31 de diciembre y el siguiente fiscal (el de 2002 que vio la introducción del euro) fue de 1º de enero a 31 de diciembre.

Una vez adaptado al euro y al calendario “normal”, todo aquello del año que fiscal de abril a abril quedó enterrado en mi mente durante muchos años hasta que una vez leyendo algún artículo de la BBC me enteré de que en el Reino Unido seguían con ese modelo y con ello de que era una de tantas cosas del pasado británico que habían sobrevivido en la república irlandesa.

Pero el 1º de enero de este 2018 gracias a JM Martín-Olalla he descubierto además que lo del año fiscal de 6 de abril a 5 de abril tiene que ver con el cambio del calendario juliano al gregoriano, que si en España se adoptó en 1582 en las islas británicas lo fue en 1752 y con el cambio complementario de la fecha de inicio del año, que era el 25 de marzo del juliano y que añadidos los 11 días es el 5 de abril del año actual.

Del 25 de marzo al 6 de abril van 12 días. Eso es un día más que los 11 días que supone la transición gregorianojuliana. Me preguntaba si eso es debido a que en los dos siglos de diferencia en la aplicación de la reforma se había acumulado más retraso, pero no puede ser así. La razón de que el año fiscal hubiera acabado empezando el 6 de abril en vez del 5 es más complicada y tiene que ver con los bisiestos. De hecho el año fiscal empezó el 5 de abril entre 1753 y 1799 y es sólo desde 1800 (hasta nuestros días) que comienza el día 6 de abril, tal y como indica el artículo de la wikipedia sobre el año fiscal:

The 5 April year end for personal tax and benefits reflects the old ecclesiastical calendar, with New Year falling on 25 March (Lady Day), the difference being accounted for by the eleven days “missed out” when Great Britain converted from the Julian Calendar to the Gregorian Calendar in September 1752 (the British tax authorities, and landlords were unwilling to lose 11 days of tax and rent revenue, so under provision 6 (Times of Payment of Rents, Annuities, &c.) of the Calendar (New Style) Act 1750, the 1752–3 tax year was extended by 11 days). From 1753 until 1799, the tax year in Great Britain began on 5 April, which was the “old style” new year of 25 March. A 12th skipped Julian leap day in 1800 changed its start to 6 April. It was not changed when a 13th Julian leap day was skipped in 1900, so the start of the personal tax year in the United Kingdom is still 6 April.

Y ya que estamos, en mi lista de errores infames de traducción poner “viejo estilo” en vez de “calendario juliano” puntúa muy alto.

Me resulta difícil de visualizar un año que comienza el 25 de marzo. Creo que la mejor forma de pensarlo es como los días de la semana. Nos da igual si el 1º de enero no es lunes. Es un modo de computar de siete en siete días que corre en paralelo con el tiempo contado en meses.

Con las fechas anteriores a 1582 hemos respetado las fechas. Si decimos que hoy es el aniversario de tal o cual acontecimiento en realidad no es un número exacto de años los que se dan desde esa fecha.

Pero lo de los años empezados en 25 de marzo es un poco más complicado y respetar la fecha produce cierta confusión. Tomando como ejemplo la fecha de la muerte de Isaac Newton, lo que en España era el 31 de marzo de 1727 era en Inglaterra el 20 de marzo de 1726. O sea, los once días más el hecho de que el año nuevo no comienza hasta el 25 de marzo.

 


Orfeo negro

05/01/2017
Afiche

Afiche

Dados mis intereses y cómo me conozco me resulta extraño a mí mismo el no haber visto la película Orfeo negro hasta hace unos días. La banda sonora es una pieza importante de la guitarra en el siglo XX e incluso tengo un libro con las partituras de Manhã De Carnaval y la Samba de Orfeu.

Si la hubiera visto antesm el día que subimos al Pan de Azúcar habría sido consciente de que el monte que hay junto al lugar donde se toma el funicular, cerca de la playa bermeja, es el morro de Babilonia donde la historia acontece. En Río pensé en Villa-Lobos, que tiene museo pero creo que ni en Bonfa ni en Jobim.

Una reedición del mito de Orfeo y Eurídice. La protagonista de belleza excepcional. Los que crean que el patrón por el que cortan los sueños en la factoría de Los Ángeles no es el único deberían mirar con interés.


Mesofactos pascuenses

04/12/2015

Hoy me he pasado la tarde viendo documentales. Uno de ellos trataba la isla de Pascua, por donde tuve la fortuna de pasar hace ya un porrón de años. Se llamaba “el secreto de la isla de Pascua” o “El misterio de la isla de Pascua” o algo así. El hilo central eran unos tipos que intentaban mover un moai con cuerdas. Creo que esto se ha conseguido hacer ya de varias maneras y ni es misterio ni es nada. Consiste en construir un moai lo más parecido posible a un tentetieso, amarrarlo bien (y aquí era importantes las formas angulosas de la cara y hacer el acabado de los ojos hasta que no estuviera en su ubicación definitiva) y luego ir haciendo que se moviera por su propio peso al ser balanceado por dos equipos tirando cada uno de una cuerda por la derecha y por la izquierda, mientras un tercer equipo lo sostenía con otra cuerda desde detrás.

No es esto lo que me ha parecido más interesante. Cuando me tocó ir por allí estuve interesado en las cosas de la historia (más bien prehistoria) de Rapanui y recuerdo haber leído que al principio disfrutaba de una vegetación forestal frondosa y que al ser la madera necesaria para trasladar las estatuas gigantecas (esto de las cuerdas parece demostrar que en principio no haría falta madera) los habitantes acabaron deforestando el lugar. Siempre me pareció una teoría floja. Lo que dice un experto en el documental es que la deforestación probablemente ocurrió por una combinación de causas, entre las cuales estaba que los pascuenses eran agricultores a los que la jungla de palmeras no les aportaba nada e intentaban hacer claros cultivables mediante la combustión, a lo cual se unió la desaparición de las aves que aportaban el guano necesario para seguir fertilizando el terreno y la introducción de ratas que comían las semillas de los árboles. Esto ya me parece una hipótesis más sensata que decir que se cargaron el bosque porque necesitaban troncos para mover los moais.


Migraciones

08/11/2015

 

sfds

Franco y los francos

Hace unas semanas, seguramente meses, me encontré en el Youtube con una película española de la pasada década, de la que había oído hablar pero que no tuve ocasión de ver en su momento (2006). Un Franco, 14 Pesetas, de Carlos Iglesias al que sí había conocido en su etapa más boba de la caja tonta y le había visto Ispansi (2010). Ahora, mirando la tipografía de los carteles, me acabo de dar cuenta de que hay un juego de letras entre el Franco de España con mayúscula y el franco suizo en minúsculas.

La película muestra la experiencia de los españoles que emigraron a Suiza (o a Francia, Alemania…) durante los años sesenta y setenta. Uno puede apenas percibir lo cutre y falta de expectativas que era la España de la época (y eso que había mejorado bastante comparado con lo que hubo en las dos décadas anteriores, las de la posguerra dura – en 1956 el PIB alcanzó el nivel de 1935). Dos hermanos de mi madre estuvieron cerca de Zürich ya a principios de los setenta (o sea, diez años después de lo que la película cuenta) y este mismo año me he enterado de que ella misma estuvo pensando en ir, y de haberlo hecho seguramente nos habríamos perdido este autor y esta entrada.

Todo esto me ha parecido un buen pretexto para comparar la emigración española al resto de Europa de aquellos tiempos (décadas de 1960 y 1970) con la posterior (que es la mía) y la actual (post-2008, por así decirlo). Puede decirse que son muy diferentes, pero a la vez mantienen puntos comunes. En el plano anecdótico, a mí me hace bastante gracia una escena de la película en la que tras varios días en la pensión sin probar los cruasanes del desayuno los dos gañanes se enteran de que van incluidos en el precio, y más que nada me recuerda a mi primer vuelo en avión cuando las azafatas de Air France venían con las bandejas del desayuno y yo no sabía si a mí me iban a dar una, ni quería pagarla. Gañán que es uno,y problema que los gañanes de hoy ya no tienen por mor de la proletarización del transporte aéreo.

El filme me ha hecho pensar en datos sueltos de la historia social de hace cincuenta años (¿hacia qué año se impuso el uso del papel higiénico en Madrid?). Luego hay otros elementos que, aunque tengan cierta relación, ya ni se conectan con el nivel de renta… como la españolísima costumbre de llevar bocadillos y embutidos hasta al fin del mundo.

Hace ya unos sños (2001), en Edimburgo, tomando una pinta con un amigo que había venido de visita y me comentaba cómo habían mejorado las cosas, ya que en aquel momento los españoles en el extranjero hacíamos trabajos cualificados (el mío de por entonces era teleoperador) mientras que anteriores generaciones eran en la Europa civilizada el equivalente a los moros en España. Lo del estatus social por un lado, sí; pero mientras que mis tíos después de tres años en Suiza volvieron a España y se compraron un piso con sus ahorros, a mí los ahorros de los tres primeros años me habrían dado apenas para unos meses de alquiler.

Ya no creo que quede ningún sitio donde se pueda ganar diez veces más que en España, no sé si acaso Noruega o alguna dictadura del Golfo. Eso sí, hoy es el día en que mis tíos no hablan palabra de alemán, ni creo que se defendieran demasiado bien siquiera cuando estaban allá, mientras que yo tras tres años de emigrante creo que ya había aprendido a hablar inglés bastante decentemente y, me parece a mí, que para toda la vida. Como el concepto de necesidad me resulta impreciso, yo resumiría las cosas diciendo que, comparando con etapas anteriores, hoy por hoy los españoles emigran más por el estatus y menos por el dinero.

Total, que puede que sea por lo que me toca, pero tengo la impresión de que a esta película no se le ha dado el reconocimiento y la importancia que merece. Hubo también una segunda parte y la he visto, pero ésta en cambio me parece que no vale nada.


Shangái

28/02/2014

Encuentro esta foto de Shangái a la vez fascinante y aterradora. Por un lado parece una maqueta o un juego de tablero y por otro una escena apocalíptica o cuando menos de guerra. Tras contemplarla, yo que pasé tres días en la ciudad ya no me atrevo a decir que lo he hecho. Es apenas un sector diminuto de esta monstruosidad lo que han hollado mis patas de insecto. Allá en lontananza, en el meandro del Huangpu se encuentran todos los espacios icónicos de los periódicos de economía en inglés y de este lado de acá las millones de hormigas en dólares per cápita que quedan casi siempre fuera del foco.


Bien jugado, Chile

23/09/2013
Vino chileno

Vino chileno

Hace unas semanas, en un supermercado que hay cerca de mi centro de trabajo y al que a veces me acerco a la hora de comer, vi unas botellas de vino chileno. Las habían llamado “colección McKenna” en honor del irlandés Juan Mackenna (John McKenna), que luchó por la independencia de Chile. Me pareció una forma muy inteligente de hacer mercadotecnia aquí en Irlanda, buscando las conexiones entre los dos países, que en el fondo no son tantas.

Ya habré escrito unas cuantas veces que el vino en Irlanda es bastante caro, a causa de los impuestos sobre el alcohol. Ese hecho tiene a su vez la ventaja de que al ser el impuesto un porcentaje tan alto del precio, en la práctica los costes de portes son ínfimos, por lo que es fácil encontrar en cualquier supermercado vinos de Chile y Argentina, pero también de Australia, Nueva Zelanda, Suráfrica y California a precios similares a los de los vinos de los países mediterráneos.

Hablando de los McKenna, recuerdo que en Santiago de Chile había una avenida enorme que se llamaba Vicuña Mackenna. Al menos se me hizo larguísma después de tres horas de pie en el autobús aquel que volvía del Cajón del Maipo, donde ya habíamos caminado varias horas. Compruebo que lleva su nombre en honor de un nieto del homenajeado en la botella.

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*En otra ocasión escribimos sobre Guillermo Brown, irlandés y fundador de la armada argentina.