Orfeo negro

05/01/2017
Afiche

Afiche

Dados mis intereses y cómo me conozco me resulta extraño a mí mismo el no haber visto la película Orfeo negro hasta hace unos días. La banda sonora es una pieza importante de la guitarra en el siglo XX e incluso tengo un libro con las partituras de Manhã De Carnaval y la Samba de Orfeu.

Si la hubiera visto antesm el día que subimos al Pan de Azúcar habría sido consciente de que el monte que hay junto al lugar donde se toma el funicular, cerca de la playa bermeja, es el morro de Babilonia donde la historia acontece. En Río pensé en Villa-Lobos, que tiene museo pero creo que ni en Bonfa ni en Jobim.

Una reedición del mito de Orfeo y Eurídice. La protagonista de belleza excepcional. Los que crean que el patrón por el que cortan los sueños en la factoría de Los Ángeles no es el único deberían mirar con interés.

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Mesofactos pascuenses

04/12/2015

Hoy me he pasado la tarde viendo documentales. Uno de ellos trataba la isla de Pascua, por donde tuve la fortuna de pasar hace ya un porrón de años. Se llamaba “el secreto de la isla de Pascua” o “El misterio de la isla de Pascua” o algo así. El hilo central eran unos tipos que intentaban mover un moai con cuerdas. Creo que esto se ha conseguido hacer ya de varias maneras y ni es misterio ni es nada. Consiste en construir un moai lo más parecido posible a un tentetieso, amarrarlo bien (y aquí era importantes las formas angulosas de la cara y hacer el acabado de los ojos hasta que no estuviera en su ubicación definitiva) y luego ir haciendo que se moviera por su propio peso al ser balanceado por dos equipos tirando cada uno de una cuerda por la derecha y por la izquierda, mientras un tercer equipo lo sostenía con otra cuerda desde detrás.

No es esto lo que me ha parecido más interesante. Cuando me tocó ir por allí estuve interesado en las cosas de la historia (más bien prehistoria) de Rapanui y recuerdo haber leído que al principio disfrutaba de una vegetación forestal frondosa y que al ser la madera necesaria para trasladar las estatuas gigantecas (esto de las cuerdas parece demostrar que en principio no haría falta madera) los habitantes acabaron deforestando el lugar. Siempre me pareció una teoría floja. Lo que dice un experto en el documental es que la deforestación probablemente ocurrió por una combinación de causas, entre las cuales estaba que los pascuenses eran agricultores a los que la jungla de palmeras no les aportaba nada e intentaban hacer claros cultivables mediante la combustión, a lo cual se unió la desaparición de las aves que aportaban el guano necesario para seguir fertilizando el terreno y la introducción de ratas que comían las semillas de los árboles. Esto ya me parece una hipótesis más sensata que decir que se cargaron el bosque porque necesitaban troncos para mover los moais.


Migraciones

08/11/2015

 

sfds

Franco y los francos

Hace unas semanas, seguramente meses, me encontré en el Youtube con una película española de la pasada década, de la que había oído hablar pero que no tuve ocasión de ver en su momento (2006). Un Franco, 14 Pesetas, de Carlos Iglesias al que sí había conocido en su etapa más boba de la caja tonta y le había visto Ispansi (2010). Ahora, mirando la tipografía de los carteles, me acabo de dar cuenta de que hay un juego de letras entre el Franco de España con mayúscula y el franco suizo en minúsculas.

La película muestra la experiencia de los españoles que emigraron a Suiza (o a Francia, Alemania…) durante los años sesenta y setenta. Uno puede apenas percibir lo cutre y falta de expectativas que era la España de la época (y eso que había mejorado bastante comparado con lo que hubo en las dos décadas anteriores, las de la posguerra dura – en 1956 el PIB alcanzó el nivel de 1935). Dos hermanos de mi madre estuvieron cerca de Zürich ya a principios de los setenta (o sea, diez años después de lo que la película cuenta) y este mismo año me he enterado de que ella misma estuvo pensando en ir, y de haberlo hecho seguramente nos habríamos perdido este autor y esta entrada.

Todo esto me ha parecido un buen pretexto para comparar la emigración española al resto de Europa de aquellos tiempos (décadas de 1960 y 1970) con la posterior (que es la mía) y la actual (post-2008, por así decirlo). Puede decirse que son muy diferentes, pero a la vez mantienen puntos comunes. En el plano anecdótico, a mí me hace bastante gracia una escena de la película en la que tras varios días en la pensión sin probar los cruasanes del desayuno los dos gañanes se enteran de que van incluidos en el precio, y más que nada me recuerda a mi primer vuelo en avión cuando las azafatas de Air France venían con las bandejas del desayuno y yo no sabía si a mí me iban a dar una, ni quería pagarla. Gañán que es uno,y problema que los gañanes de hoy ya no tienen por mor de la proletarización del transporte aéreo.

El filme me ha hecho pensar en datos sueltos de la historia social de hace cincuenta años (¿hacia qué año se impuso el uso del papel higiénico en Madrid?). Luego hay otros elementos que, aunque tengan cierta relación, ya ni se conectan con el nivel de renta… como la españolísima costumbre de llevar bocadillos y embutidos hasta al fin del mundo.

Hace ya unos sños (2001), en Edimburgo, tomando una pinta con un amigo que había venido de visita y me comentaba cómo habían mejorado las cosas, ya que en aquel momento los españoles en el extranjero hacíamos trabajos cualificados (el mío de por entonces era teleoperador) mientras que anteriores generaciones eran en la Europa civilizada el equivalente a los moros en España. Lo del estatus social por un lado, sí; pero mientras que mis tíos después de tres años en Suiza volvieron a España y se compraron un piso con sus ahorros, a mí los ahorros de los tres primeros años me habrían dado apenas para unos meses de alquiler.

Ya no creo que quede ningún sitio donde se pueda ganar diez veces más que en España, no sé si acaso Noruega o alguna dictadura del Golfo. Eso sí, hoy es el día en que mis tíos no hablan palabra de alemán, ni creo que se defendieran demasiado bien siquiera cuando estaban allá, mientras que yo tras tres años de emigrante creo que ya había aprendido a hablar inglés bastante decentemente y, me parece a mí, que para toda la vida. Como el concepto de necesidad me resulta impreciso, yo resumiría las cosas diciendo que, comparando con etapas anteriores, hoy por hoy los españoles emigran más por el estatus y menos por el dinero.

Total, que puede que sea por lo que me toca, pero tengo la impresión de que a esta película no se le ha dado el reconocimiento y la importancia que merece. Hubo también una segunda parte y la he visto, pero ésta en cambio me parece que no vale nada.


Shangái

28/02/2014

Encuentro esta foto de Shangái a la vez fascinante y aterradora. Por un lado parece una maqueta o un juego de tablero y por otro una escena apocalíptica o cuando menos de guerra. Tras contemplarla, yo que pasé tres días en la ciudad ya no me atrevo a decir que lo he hecho. Es apenas un sector diminuto de esta monstruosidad lo que han hollado mis patas de insecto. Allá en lontananza, en el meandro del Huangpu se encuentran todos los espacios icónicos de los periódicos de economía en inglés y de este lado de acá las millones de hormigas en dólares per cápita que quedan casi siempre fuera del foco.


Bien jugado, Chile

23/09/2013
Vino chileno

Vino chileno

Hace unas semanas, en un supermercado que hay cerca de mi centro de trabajo y al que a veces me acerco a la hora de comer, vi unas botellas de vino chileno. Las habían llamado “colección McKenna” en honor del irlandés Juan Mackenna (John McKenna), que luchó por la independencia de Chile. Me pareció una forma muy inteligente de hacer mercadotecnia aquí en Irlanda, buscando las conexiones entre los dos países, que en el fondo no son tantas.

Ya habré escrito unas cuantas veces que el vino en Irlanda es bastante caro, a causa de los impuestos sobre el alcohol. Ese hecho tiene a su vez la ventaja de que al ser el impuesto un porcentaje tan alto del precio, en la práctica los costes de portes son ínfimos, por lo que es fácil encontrar en cualquier supermercado vinos de Chile y Argentina, pero también de Australia, Nueva Zelanda, Suráfrica y California a precios similares a los de los vinos de los países mediterráneos.

Hablando de los McKenna, recuerdo que en Santiago de Chile había una avenida enorme que se llamaba Vicuña Mackenna. Al menos se me hizo larguísma después de tres horas de pie en el autobús aquel que volvía del Cajón del Maipo, donde ya habíamos caminado varias horas. Compruebo que lleva su nombre en honor de un nieto del homenajeado en la botella.

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*En otra ocasión escribimos sobre Guillermo Brown, irlandés y fundador de la armada argentina.


Melilla la otra

26/08/2013

Una de las cosas que me gustó de la época del instituto es que, a diferencia de la vida bastante más anodina que llevamos actualmente, siempre surgían anécdotas de todo tipo. Lo mismo me pasó cuando trabajé en lo del censo electoral. Ahora es rara la vez en que ocurre algo divertido y digno de narrar. Hace poco una compañera estaba chateando con el servicio técnico interno de la empresa y le pidieron el número de teléfono de su escritorio para llamarla. Escribió algo como +3531234567 y el otro va y le responde que con su teléfono no puede marcar “+”. Y ese era un técnico. También recuerdo desde hace diez años la de aquella chica que me dijo que a ella le gustaba mucho leer y que todos los años leía un libro.

No sé por qué me ha venido a la memoria esta otra, que debe de ser de 2001 o por ahí. El año anterior yo había acabado viviendo con gente de toda laya, maravillas de compartir con otras cinco personas o animales una casa cuyo alquiler no nos podíamos permitir ni entre tres. En una de las épocas, uno de los coinquilinos fue un exfutbolista que había acabado en el país huyendo de una mafia que se lo quería apiolar por haberles levantado un cargamento de droja de la mala. El tipo, que no era nada tonto, aprendió sus setecientas palabras de castellano en inglés en un par de meses y luego le perdí la pista cuando conseguí salir de aquel hogar, aunque volvimos a encontrarnos meses más tarde.

Me invitó a pasar por su nuevo apartamento, que quedaba céntrico y que compartía con su novia y con otro chaval de nombre George. Y cuando pregunté de dónde era el tal George;

-Es de Melilla, pero no de Melilla de España: de la otra

-¿de la otra? ¿dónde hay otra Melilla?

-No sé, mira cuando llegue se lo preguntas que yo ya se lo he preguntado varias veces y ya me da hasta vergüenza.

Y yo con la intriga. Y al rato llega el tal George, que era un chaval moreno y simpático. Creo que mi curiosidad no me permitiría ni dejarlo para la tercera pregunta:

-Hi man! Nice meeting you, where are you from?

-From Malaysia.


Distancias

25/12/2012

“The Bowl”

Pasar en Dublín el 25 y el 26 de diciembre no es la experiencia más divertida del mundo. Me disculpo ante los lectores habituales por el exceso de entradas, pero en esos días decembriles la capital de Irlanda se convierte en una ciudad postapocalíptica. Las calles están desiertas y todos los negocios cerradas y estoy solo en casa, no tengo televisión y ya me he puesto al día de todo lo que tenía pendiente. A veces me alejo de la pantalla. He ido a buscar unos documentos que tenía que escanear y en la misma caja había un cuaderno que traje en 1999 y que he ido utilizando para distintas cosas.

Y el cuaderno tiene recorrido. Lo llevé conmigo a Suráfrica, aunque no es donde está el grueso de las notas de aquel viaje, porque recuerdo que las tomaba en otro cuaderno más pequeño. Sin embargo, hay una anotación del día que subí al monte Mesa (del latín Mons Mensa, que es lo mismo que el inglés Table Mountain), experiencia que ya contamos en parte en su día.

Resulta que arriba había un mapa que consistía en un relieve metálico de la península del Cabo en el que se indicaban las distancias a diversas ciudades y como por aquel entonces, en 2001, uno no preveía que Internet iba a ser lo que es hoy, anote la distancia a varias en las que había estado en los mesees anteriores, otras a las que pensaba ir y otras que estaban muy lejos.

Table Mountain, Ciudad del Cabo 30-05-2001

Tengo frente a mí un mapa en releive de la península del Cabo. Alrededor y con los puntos cardinales da las distancias a ciudades relevantes. Anoto algunas por curiosidad y por haberlas pisado en los últimos meses.

Dublín 9.994 km.
Pekín  12.949 km.
Nueva York 12.562 km.
Madrid 8.574 km.
Nankín 12.877 km.
Buenos Aires 6.867 km.
Río de Janeiro 6.056 km.
Hong Kong 11.873 km.
Honolulu 18.549 km.
Polo Sur 6.245 km.
Sydney 11.003 km.

Por cierto, recuerdo que hacía viento y yo estaba allí con mi cuaderno y mi boli. Algunos números no me quedaron demasiado legibles y acabo de comprobar lo de Honolulu, que era el lugar más lejano de Ciudad del Cabo. La línea recta es espectacular, al menos para mi cerebro acostumbrado a las dos dimensiones.

Ciudad del Cabo - Honolulu, 18.549 km.

Ciudad del Cabo – Honolulu, 18.549 km.

y por último vuelvo a dejarles con las bonitas postales que compré en aquel viaje y que son mucho mejores que las fotos  que conservo del  mismo.