Resumen de 2017

01/01/2018
Aquí y pocas veces allí

Aquí y a veces allí

Quizás me equivoque pero me parece que a la gente se le ha hecho 2017 más llevadero de lo que en un principio se suponía que iba a ser, dados los malos augurios de 2016. Las cosas siempre están complicadas, pero no ha acabado de estallar nada. En Irlanda hemos alcanzado el pleno empleo o casi, y las dificultades que el país experimenta están asociadas al hecho de que la economía va quizá demasiado bien y se encarecen la vivienda y los alquileres. En España todo ha girado alrededor de lo del nacionalismo en Cataluña, lo cual ha sido y será un desastre sobre todo para Cataluña, pero también ha reducido al mínimo el espacio de debate disponible para tantas reformas necesarias.

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En lo personal ha sido un año de gran incertidumbre y cambio. El trabajo sigue igual y estoy bastante seguro de que seguiré en el mismo empleo hasta 2020, aunque he oído rumores de que cambiaremos de edificio antes del verano. En cambio la jefa pequeña empezó la escuela y tuvimos que cambiarnos de casa y de población, lo cual está bien como inversión a medio o largo plazo pero en el corto las tres o cuatro horas diarias que me paso yendo y viniendo a la oficina suponen un desastre cotidiano para mi felicidad y mi energía vital. Lo bueno es que, después de semanas y meses sufriendo la incertidumbre, el haberse plantado en un proyecto que quizá no sea el mejor pero que al menos ya es definitivo, me ha supuesto una mejora psicológica notable. A los enemigos no les deseéis desgracias sino mudanzas.

No he salido del país excepto una vez a Tenerife para acortar el invierno en enero y otra a la España peninsular a finales de octubre para ver a la familia. En esta época de la vida no tengo ningunas ganas de viajar. Con las funciones de padre de familia y empleado moderadas por la lectura y el descanso bastante tengo. Quizá sea por eso me da mucha alegría que se nos venga a visitar. Es un cambio de rutina igual y me ahorro el esfuerzo de andar por aeropuertos y hoteles. Las visitas de familia y amigos nos han dejado algunos de los mejores recuerdos de este año.

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Este fui yo

El blogueo ha seguido un patrón bastante parecido al del año pasado, con similar producción e igualmente concentrado en la primera mitad del año. De hecho en la segunda hubo tres meses de práctico parón, a causa de las tribulaciones de la mudanza. Creo que tengo ideas y lecturas como para seguir dejando una nota cada tres días aquí donde quien quiera puede venir a verme. Las redes sociales ya me han aburrido y sólo suelo mirar Twitter, donde he convertido retweet is not endorsement en retuit significa “aquí dejo esto por si alguien lo ve y ya lo miraré yo también cuando pueda”.

Entre las lecturas del año estuvieron Richard Dawkins, Carl Sagan, Svetlana Alexiévich, Jared Diamond. Volví a leer tres libros que ya estaban en mi haber, cosa poco habitual en mí. Varios de viajeros españoles en Rusia (esto de los viajeros antiguos quiero hacerlo más) y un poco por casualidad y otro poco un interés sobrevenido en el siglo XIX español me puse con la primera serie de los Episodios Nacionales de Pérez-Galdós… como plan a largo plazo quisiera ir leyendo una serie por año y acabar en 2021 ¿lo haré?

Mi afán de completar la BWV 996 de Bach no fue suficiente para alcanzar un resultado satisfactorio. A causa sobre todo de problemas de memorización en la zarabanda y la giga y falta de tiempo y ganas para tocar delante de los papeles. Entre las cosas que voy haciendo, algunas que dejé pendientes hace veinte años como los Sons de Carrilhões de João Pernambuco o el Invierno porteño de Piazzola. He encontrado solaz en la música renacentista para vihuela (La Fantasía X de Mudarra, Las diferencias del Guárdame las vacas del libro de Narváez) y los romances que recopiló Joaquín Díaz. Esto es un poco el síndrome del emigré, que una vez expliqué como que mientras los españoles del extranjero explican a sus hijos la importancia de Cervantes, en la España real la gente mira programas de cotilleo en la tele.

Guitarra parecida

Guitarra parecida

Otros finales de año, WordPress nos facilitaba unas bonitas estadísticas (2015, 2014, 2013, 2012, 2011) que el año pasado ya no se hicieron y parece que no volverán. En 2017 hemos tenido 76.901 visitas (que son menos aún que las 89.844  de 2016). Un dato en el que nunca me había fijado y que sirve para ilustrar el declive de este medio de expresión es el número de comentarios.  Veo que en 2017 hubo 45 comentarios (y casi la mitad serán respuestas mías a otros, lo cual también es aplicable a ejercicios anteriores). Veníamos de 55 en 2016, 184 en 2015, 179 en 2014, 161 en 2013, 128 en 2012 y 201 en 2011.

Aquí voy a poner lo que más me ha gustado de lo que he escrito en 2017:

12 entradas para leer:

  1. Enero: Svetlana Alexiévich – Últimos testigos
  2. Febrero: Escatologías
  3. Marzo: La dama del ajedrez
  4. Abril: Conexiones entre España e Irlanda
  5. Mayo: Galicismos del XVIII
  6. Junio: Los escolios de Gómez-Dávila
  7. Julio: Más cartas de Rusia
  8. Agosto: El colapso de la República
  9. Septiembre: De vuelta al laberinto (ésta es de marzo, pero en septiembre no escribí nada)
  10. Octubre: Polonia y Rumania: Dos transiciones a la democracia
  11. Noviembre: El problema de las nacionalidades
  12. Diciembre: Convergencia post mortem

12 entradas para mirar por encima:

  1. Enero: El retroceso de los glaciares
  2. Febrero: Un mapa de la Hélade
  3. Marzo: Festival de san Patricio en Merrion sq
  4. Abril: Tulipanes negros
  5. Mayo: Araos aliblancos
  6. Junio: Hugh Lane Gallery (5)
  7. Julio: El que no sabe es como el que no ve
  8. Agosto: Macarroni
  9. Septiembre: Postal de Praga
  10. Octubre: Postal de Teotihuacán (de abril, pero es que en octubre tampoco puse nada)
  11. Noviembre: Buzón georgiano
  12. Diciembre: Mercado de abastos

Resúmenes de años anteriores:

Una de mis próximas entradas será un reto bloguero que se me ha ocurrido para al año que entra. Feliz 2018 a todos. Y ya.

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