Cerveza sin alcohol a deshoras

10/01/2018

Our beer kills fascists

Últimamente me he aficionado a la cerveza sin alcohol. Hace años, cuando dejé de beber cerveza de verdad (es un decir, porque he hecho más excepciones que la ortografía inglesa), ni se me ocurrió. Ahora me parece una cosa maravillosa que ayuda a la digestión y no deja resaca. A mi viejo le debo este hallazgo. El caso es que hoy tenía que trabajar desde casa y al volver de la escuela esta mañana me he pasado por el supermercado para coger leche y pan y se me ha ocurrido llevarme una caja de cervezas.

Ha venido un empleado desde la otra punta a indicarme que no se puede comprar alcohol a las nueve de la mañana. Yo le he dicho que era cerveza sin alcohol, a lo que me ha respondido que da igual, que por el tipo de código que tiene no podría pasar por la caja. No es menos lógico que el hecho de que la cerveza sin alcohol se exponga en la sección de bebidas alcohólicas en vez de en la de refrescos. En fin.

Los horarios de venta de alcohol en Irlanda siempre me habían parecido una cosa absurda. En otros países no tendrían sentido y aquí son una especie de residuo histórico de la respuesta religiosa a un problema social. Intentando buscarle algún sentido religión aparte, uno llega a la idea de que quizá los individuos realmente perjudicados por el alcohol no tengan el tipo de personalidad organizativo que les permita aprovisionarse con anterioridad. Lo interesante es que el alcoholismo puede haber remitido por otras causas y una medida disfuncional habría ganado apariencia de efectividad. Creo que esto pasa a menudo en políticas públicas.

El caso es que en la práctica y por culpa del programa informático, los horarios de venta de la cerveza sin alcohol son los mismos que los de las bebidas alcohólicas.

 

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Ajedrez agónico

30/03/2017

Tipos de juegos (Roger Caillois, 1958)

Ayer mencioné de pasada Les jeux et les hommes del sociólogo francés Roger Caillois, que es piedra angular en la bibliografía relativa a los juegos. Su clasificación cuatripartita separa las actividades lúdicas en cuatro categorías dependiendo de si el aspecto principal que las caracteriza es la competición, el azar, el simulacro o la búsqueda de sensaciones.

El mundo real nunca acaba de encajar bien en este tipo de esquema, pero no deja de tener su interés. Es fácil imaginar juegos que quepan en dos o más categorías, e incluso nuevas categorías que añadir. Otro problema es que las categorías no están exactamente en la misma dimensión. Un ejemplo de esto sería la tríada de Weber tradición-racionalidad-carisma, que siempre me pareció que adolecía de lo mismo y que cojeaba por la parte del carisma.

Caillois tiene otra tabla en la que muestra cómo las categorías de juegos interactúan en sociedad mediante formas integradas, ajenas o corruptas de los mismos.

 

Corrupción de los juegos (Roger Caillois, 1958)

Creo que a mirando esta tabla es cuando se me ha ocurrido que los juegos no entran muy bien en una única categoría. Por ejemplo si el ajedrez es agón, agónico y su característica principal es la competición, ya que no es un juego de azar, ni de actuación, ni que provoque un vértigo especial ¿por qué su corrupción no suele generar violencia y en general está mucho más vinculado  al alcoholismo y la drogadicción? A mí se me ocurre que quizá la búsqueda de sensaciones de varios tipos (estéticas, de peligro, de superación, de orgullo intelectual…) pueda ser más importante que la competición para muchos ajedrecistas.

Cierto es que tan campeón del mundo ha sido Garry Kaspárov, que desde que se retiró no ha hecho nada que no sea buscar el poder en varios sitios y por varios medios (jugador agresivo) como Alexánder Aliojin (jugador artista), del que dicen que murió con la botella en la mano.