¿Cómo se deben transliterar los nombres rusos de origen alemán?

08/01/2017

Leyendo sobre los Románov y concretamente sobre Pedro el Grande me di cuenta (es un decir, porque el libro lo indica expresamente) de algo de lo que debería  haberme percatado cuando leí sobre el sitio de Leningrado: la ciudad de Shlisselburg (adonde llegaron las tropas alemanas durante la máxima extensión del asedio) es en el fondo Schlüsselburg, de Schlüssel, llave y Burg fortaleza. Se supone que para Pedro I era la llave para el control de la región de Ingria. Detalle que podríamos haber intuido con mejor con un Schlüsel- aunque tampoco es que esté invisible en lo otro.

La pregunta es entonces ¿cómo debe transliterarse Шлиссельбург? y en general ¿cómo deben trasliterarse del ruso los nombres alemanes? En alemán tienen fácil y claro, pero no sé si el resto de las lenguas deben buscar un traslado al alfabeto latino que apunte al sonido sin marcar la etimología de nada.

He encontrado esta circunstancia en otras ocasiones. ¿Debe el apellido Эренбург transliterarse como Ehrenburg o Erenburg? ¿con o sin la hache del honor que no lleva la forma rusa? ¿Averbaj o Auerbach?

No he sido capaz de encontrar respuesta concluyente y entiendo que está en la ideología del idioma español el identificar letras con sonidos por lo que la pérdida de información etimológica es menos grave. (Lo cual plantea otras cuestiones ¿Erenburg o Eremburg? ¿Shlisselburg, Shliselburg o Shliselburgo?). En cambio en la trasliteración al inglés, dado el caos ortografíco que ya sufre, mantenter la forma etimológica alemana podría ser preferible.


Migraciones

08/11/2015

 

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Franco y los francos

Hace unas semanas, seguramente meses, me encontré en el Youtube con una película española de la pasada década, de la que había oído hablar pero que no tuve ocasión de ver en su momento (2006). Un Franco, 14 Pesetas, de Carlos Iglesias al que sí había conocido en su etapa más boba de la caja tonta y le había visto Ispansi (2010). Ahora, mirando la tipografía de los carteles, me acabo de dar cuenta de que hay un juego de letras entre el Franco de España con mayúscula y el franco suizo en minúsculas.

La película muestra la experiencia de los españoles que emigraron a Suiza (o a Francia, Alemania…) durante los años sesenta y setenta. Uno puede apenas percibir lo cutre y falta de expectativas que era la España de la época (y eso que había mejorado bastante comparado con lo que hubo en las dos décadas anteriores, las de la posguerra dura – en 1956 el PIB alcanzó el nivel de 1935). Dos hermanos de mi madre estuvieron cerca de Zürich ya a principios de los setenta (o sea, diez años después de lo que la película cuenta) y este mismo año me he enterado de que ella misma estuvo pensando en ir, y de haberlo hecho seguramente nos habríamos perdido este autor y esta entrada.

Todo esto me ha parecido un buen pretexto para comparar la emigración española al resto de Europa de aquellos tiempos (décadas de 1960 y 1970) con la posterior (que es la mía) y la actual (post-2008, por así decirlo). Puede decirse que son muy diferentes, pero a la vez mantienen puntos comunes. En el plano anecdótico, a mí me hace bastante gracia una escena de la película en la que tras varios días en la pensión sin probar los cruasanes del desayuno los dos gañanes se enteran de que van incluidos en el precio, y más que nada me recuerda a mi primer vuelo en avión cuando las azafatas de Air France venían con las bandejas del desayuno y yo no sabía si a mí me iban a dar una, ni quería pagarla. Gañán que es uno,y problema que los gañanes de hoy ya no tienen por mor de la proletarización del transporte aéreo.

El filme me ha hecho pensar en datos sueltos de la historia social de hace cincuenta años (¿hacia qué año se impuso el uso del papel higiénico en Madrid?). Luego hay otros elementos que, aunque tengan cierta relación, ya ni se conectan con el nivel de renta… como la españolísima costumbre de llevar bocadillos y embutidos hasta al fin del mundo.

Hace ya unos sños (2001), en Edimburgo, tomando una pinta con un amigo que había venido de visita y me comentaba cómo habían mejorado las cosas, ya que en aquel momento los españoles en el extranjero hacíamos trabajos cualificados (el mío de por entonces era teleoperador) mientras que anteriores generaciones eran en la Europa civilizada el equivalente a los moros en España. Lo del estatus social por un lado, sí; pero mientras que mis tíos después de tres años en Suiza volvieron a España y se compraron un piso con sus ahorros, a mí los ahorros de los tres primeros años me habrían dado apenas para unos meses de alquiler.

Ya no creo que quede ningún sitio donde se pueda ganar diez veces más que en España, no sé si acaso Noruega o alguna dictadura del Golfo. Eso sí, hoy es el día en que mis tíos no hablan palabra de alemán, ni creo que se defendieran demasiado bien siquiera cuando estaban allá, mientras que yo tras tres años de emigrante creo que ya había aprendido a hablar inglés bastante decentemente y, me parece a mí, que para toda la vida. Como el concepto de necesidad me resulta impreciso, yo resumiría las cosas diciendo que, comparando con etapas anteriores, hoy por hoy los españoles emigran más por el estatus y menos por el dinero.

Total, que puede que sea por lo que me toca, pero tengo la impresión de que a esta película no se le ha dado el reconocimiento y la importancia que merece. Hubo también una segunda parte y la he visto, pero ésta en cambio me parece que no vale nada.


Bremen

19/07/2015
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Bremen

 Cuando quisimos comprar nuestro pasaje a Alemania, los vuelos a Bremen costaban tan sólo una tercera parte del precio de los destinados a nuestros aeropuertos de costumbre y como el horario era conveniente y permitía llegar a destino con un tren vespertino, decidimos darnos la oportunidad de conocer la ciudad hanseática.

El aeropuerto queda muy cerca del centro de la ciudad y otra de las ventajas es que no hace falta taxi, ya que el tranvía para justo enfrente del edificio de la terminal. Hay una parte del edificio que está muy bien, pero si uno sólo ve la parte desde la que opera la aerolínea irlandesa de bajo coste podría llevarse una pésima impresión.

Del aeropuerto a la estación del ferrocarril

Del aeropuerto a la estación del ferrocarril

El tranvía, en cuyo interior hay una máquina donde se puede comprar el billete, atraviesa la especie de isla en la que se encuentra el centro de la ciudad y muy convenientemente nos deja frente a la estación donde tenemos que utilizar la consigna para liberarnos de nuestro bagaje.

Hauptbanhof

Hauptbanhof

La ciudad es conocida mundialmente por el cuento recogido por los hermanos Grimm de los animales músicos de Brema. En cualquier esquina se encuentra uno al motivo del burro, el perro, el gato y el gallo. Hay estatuas conmemorativas, adornos del mobiliario urbano y suvenires turísticos por doquier.

Bremen, interior de la estación

Bremen, interior de la estación

Este cuento, aunque sea bien conocido y haya tenido su influencia en la cultura, nunca me ha parecido especialmente bueno. De hecho, los bichos ni siquiera llegan nunca a Bremen. Ahora que le intento contar cuentos a mi hija me he dado cuenta de que a diferencia de las canciones, es un aspecto de la cultura europea en el que ya hemos alcanzado una fase posnacional y los cuentos de Perrault y los hermanos Grimm tamizados por Disney son las historias de la infancia de todos. Esto hace más fácil una formación multicultural.

Molino

Molino

Para retornar hacia el centro de la ciudad hay que pasar por un puente desde el que se ve el foso de la ciudad y un molino. Antes pasamos por un puente mayor sobre el río Wéser, que es donde en otro cuento un flautista lleva a los ratones a ahogarse, pero eso es en otra ciudad: Hameln, que es Hamelín como Bremen es Brema.

Demóstenes en el ayuntamiento

Demóstenes y Aristóteles (y/u otros) en el ayuntamiento

Ocurrió que llegamos a las cuatro de la tarde y hacía 32ºC, que es calorcito para allí. Ese mismo día Hamburgo tuvo la temperatura más alta registrada desde que se miden esas cosas, así que considero posible que en Bremen también lo fuera. Agradezco a los genes mediterráneos el hecerme más tolerable el paseo hasta la plaza de la catedral y el mercado, por donde estaban las cosas que queríamos ver. Tal era la temperatura que en la primera vuelta por el Domshof, había gente con los pies en la fuente de Neptuno.

Los del cuento

Los del cuento

No puedo aconsejar gran cosa tras un par de horas en la ciudad. El centro “neurálgico” son las plazas que hay junto a la catedral y el ayuntamiento, donde se encuentra la estatua del tal Roldán al que según la leyanda nuestro Bernardo del Carpio le dio las del pulpo. Leyenda todo. Como en Hanóver, hay “ayuntamiento viejo” y “ayuntamento nuevo”, sólo que aquí son edificios anejos. El viejo tiene mejor pinta para el ojeador. Hay unas estatuas de profetas bíblicos reconvertidos a pensadores clásicos y unos soportales que pueden verse en la ambientación de los fondos de la serie española de dibujos animados que versionaba el cuento de los cuatro animales, que se supone que nunca habían llegado a la ciudad.

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Las plazas de la catedral y del mercado ocupan una extensión considerable. Primero hay una iglesia de nuestra señora que no veo en absoluto porque su torre está toda cubierta de andamios y plásticos y luego en la plaza del mercado hay numerosos tenderetes protegidos por elevadas carpas que impiden una buena visión global, pero acercándose hay varios edificios interesantes, y en especial me gusta el de la cámara de comercio donde se indica que butten un binnen – wagen un winnen, que es bajoalemán que ni mi traductora oficial comprende, pero que quiere decir algo como que dentro o fuera hay que arriesgar para ganar. De la catedral me llaman la atención las alegorías de los evangelistas (un motivo que siempre me interesa) esculpidas en las escaleras.

El monumento famoso

El monumento famoso

El monumento oficial de los animales músicos está junto al ayuntamiento y debe de ser un lugar donde siempre hay gente como haciendo cola para sacarse fotos. He visto demasiadas representaciones del concepto y casi cualquiera me resulta más graciosa que esta estatua de bronce. En un cuento infantil, el color y la simpatía.

WOL GODT VORTROVWET DE HEFT WOL GEBOVWE

Wol Godt vortrovwet de heft wol gebovwet

Hay solamente un par de zonas por las que queremos pasear y que son idóneas en plena canícula. Una es la Böttcherstraße, la calle de los toneleros, que el nazismo consideró un ejemplo de arte degenerado del periodo de Weimar. Aquí hay varios edificios notables y esculturas, y encima de la entrada a la calle hay una imagen dorada de un ángel con espada flamígera que viene a alumbrar y aunque se lo quisieron ofrecer como homenaje a Hitler, que también era un iluminado, éste lo despreció. Y menos mal, porque si no seguramente ya no podríamos verlo, las cosas de la memoria histérica.

Buzón

Buzón

También hay muchos sitios donde tomar un refrigerio. Una vez que acaba la calle ya hay una carretera que es un horror y un túnel subterráneo para acceder a los muelles del Wéser y mucha gente sin camisa tomando cerveza y música técno. Llegar hasta ahí fue seguramente un error. La otra zona que queremos ver se llama Schnoor y fue de los cordeleros.

Todo lleno de detalles de estos

Todo lleno de detalles de estos

A mí me pareció que Schnorr estaba escondido en un lugar en el que uno no puede imaginarse que haya una zona histórica. Un par de calles de adoquines, con casitas de muñecas, callejones y tiendas de recuerdos. Me ha recordado a Friburgo y Basilea porque los tengo muy recientes en la memoria, pero en Europa central hay muchos lugares así. De camino a Schnorr vi un dintel en el que un antiguo dueño había escrito que todo lo que era y tenía se lo debía al Dios de Lutero. Ya en el barrio una fuente nos recordaba que el agua y el pan son las cosas más importantes de la vida. Hay infinidad de palabras sabias en una cultura tan grande.

Teléfono público

Teléfono público – Fernsprecher es una palabra que mola

Era sábado y estaba todo muy tranquilo. Unos mendigos que habíamos visto junto a la catedral habían bajado a San Juan a pedir limosna a la salida de misa, había un tour dirigido por una actriz vestida de época y poca actividad. Un par de horas después de nuestra llegada la temperatura bajó notablemente y comenzó a llover a ratos, con lo que el camino de vuelta a la estación resultó mucho más agradable.


Los españoles y Alemania

22/12/2014
Alemania: Impresiones de un español

Alemania: Impresiones de un español

No he tardado mucho en leer el otro libro de Julio Camba por el que sentía interés. “Alemania: Impresiones de un español” es el título de una colección de artículos que se publicó en Madrid 1916. Los artículos parecen estar escritos entre 1912 y 1915 que es el periodo que Camba pasó en Berlín como corresponsal primero de La Tribuna y después de ABC. Así pues, algunos de los artículos de esta colección pueden encontrarse en la maravillosa hemeroteca de este segundo diario, que aún existe y ha tenido a bien ponerla a disposición de todos nosotros.

No sé cuánto alemán llegó a aprender Camba. Él sugiere que no demasiado. Las palabras alemanas están transcritas con numerosos errores, por no mencionar que no se respeta la convención de que los sustantivos alemanes se escriben con mayúscula inicial. Quizá los muchos fallos deban atribuirse a los cajistas de imprenta. Otro sí puede decirse de las palabras inglesas, pero dejémoslo ahí, que bastante duro era ya el oficio de tipógrafo por aquel entonces.

El artículo “El alemán es fácil“, aunque no demuestre lo que su título afirma ofrece un recurso útil hasta cierto punto para aquellos que quieran aprender la lengua de Goethe. Lo de los españoles con las lenguas extranjeras es un tema clásico de incapacidad y desinterés. Tiene Camba otro artículo “Los españoles de Casa Grube” en el que trata del grupo ibérico alojado en la misma casa de huéspedes que él, sita en una céntrica calle berlinesa y donde me entero de que también tomó cuartel Julián Besteiro.

El Café Bauer a principios del siglo XX

En total se ve poca Alemania en los artículos de Camba: apenas Berlín, Múnich y un poquito de Baviera. Hay mucho de salchichas, cervezas, cabezas cuadradas y poquita, muy poca información. Yo quise leer este libro como germanófilo sobrevenido y estudiante eterno de alemán, con la intención de conocer aquella Prusia convertida en Alemania que dio al capitán de Köpenick, y que si el pasado es otro país lo es en este caso más aún que en otros.

Para mi desilusión resulta que el representante del periodismo español se dedicó a ejercer de bon vivant y deleitar a su público con observaciones de filósofo turista sin llegar a conocer la gran nación más allá de su prejucio. A veces se cuela algún dato interesante, como el aumento del presupuesto naval que presagia acontecimientos por venir o algún perfil curioso como los de Zeppelin, von Tirpisch o Haeckel, pero puede decirse que son la excepción y que la mayor parte es costumbrismo de café de un género que hoy nos parecería más cercano a la literatura de viajes que al periodismo, por muy devaluado que consideremos este último oficio.

No tengo claro si es a resultas de su experiencia alemana que Camba miró la Gran Guerra como aliadófilo, o si ya antes de ir para allá no tenía la misma simpatía por Germania que por Francia e Inglaterra. El caso es que no se puede decir que su obra sirva demasiado para aumentar la comprensión entre nuestro mundo cultural y el de los modernos tudescos.

Al final en lugar de desistir de mi propósito me resigné a intentar aprender entre líneas y buscar algunos apellidos que acaban siendo importantes con posterioridad (verbigracia von Moltke, cuyo pariente será pieza clave en la conspiración contra Hitler del 20 de julio de 1944) y otras curiosas conexiones (Ernst von Heydebrand und von der Lasa, de la liga agraria alemana tiene que ser pariente del barón Tassilo von Heydebrand un von der Lasa, ilustre ajedrecista del siglo XIX). Valgan como ejemplo estos dos casos prusianos de Silesia y Posnania.

Por poner otra curiosidad sugeriré que la profusa explicación del artículo “Las cigüeñas alemanas” pareciera indicar que la leyenda centroeuropea según la cual a los niños, cuando nacen, los trae la cigüeña no era aún muy conocida en la España de la segunda década del siglo XX. Los de mi generación podríamos decir que es nuestro patrimonio cultural desde tiempo inmemorial, del mismo modo que “nuestros cuentos” son en realidad los de Perrault y los hermanos Grimm. Hubo sin duda otro folclor y otras tradiciones hispanas que seguramente perecieron por exceso de localismo y que en esta pequeña Kulturkampf que es la selección natural de memes no resistieron el empuje de las tres culturas fuertes del norte.

Por último, si les ocurre como a mí y no disponen de tiempo de leer todo cuanto quieren, creo que hay un artículo que es una buena representación a escala de la colección. Se llama “El pueblo alemán” y está en la página 255 de la edición de 1916 que les comento.


Misterios constitucionales

05/08/2014
Rojos y grises

Rojos y grises

Creo que me ha quedado una foto muy bonita de contraste entre rojos y grises mientras documentaba la curiosidad que quería poner hoy a su consideración.

En primer lugar para quienes no lo sepan, el cartel en el que se dio a conocer la proclamación de independencia de 1916 es hasta cierto punto un icono nacional en la República de Irlanda, icono que pueden adquirir por módico precio en diferentes tamaños y diversos establecimientos callejeros y minoristas.

La curiosidad que les traigo me sorprendió hace algún tiempo aunque sólo hoy he tomado prueba gráfica. Al final de Dame st, enfrente del ayuntamiento (City Hall) donde esa vía se llama ya Lord Edward st y en un edificio de propiedad privada y bastante poco notable salvo por la presencia de locales de hostelería en sus bajos…

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Sigan la flecha verde que para eso la hemos puesto

… existe sobre el portal y enmarcado en un arco de medio punto un ajimez cuyo propósito original parece el de tragaluz, pero que sin embargo se encuentra cegado por sendas copias de la proclamación de independencia, en los idiomas gaélico irlandés y ¡alemán!.

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Izquierda alemán, derecha gaélico

Y dado que uno es germanófilo per accidens y aficionado vocacional a la anécdota histórica y no ha conseguido averiguar nada a golpe de teclado, entre otras preguntas que se hace está la de: ¿y en alemán, por qué?


Hochdeutsch

25/07/2014

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En la muy literaria Gardiner street del Dublineses de Joyce y de un puñado de autores más, unas gentes del estado federado de Baden-Wurtemberg tienen a bien informarnos de que son capaces de muchas cosas pero no de hablar alemán como es debido. Suave Swabians.


Marx en caricatura

19/12/2012

Grüss Gott!

Como no voy a menudo por España, hace muchos años que no he estado en la sede de lo que fue el PCE de mi localidad. Situado en un barrio de la parte alta que pide el calificativo de obrero a gritos, constaba de una oficina y un bar. En una de las paredes del bar había un mural en el que aparecían los tres hermanos Marx más famosos (Groucho, Harpo y Chico)  con Carlos Marx. Casi igual. Cuando era pequeño mis padres me llevaban allí y tomaba mosto, que era algo que no sé por qué no hacía en casa y sólo en los bares. Conectando ideas relativamente conexas, no recuerdo haber ido al cine con mis padres más que a ver un par películas de Cantiflas y otras dos de los Hermanos Marx.

A diferencia de lo que me ocurría hace una década, mi nivel de alemán ya no es el de un niño de dos o tres años, sino el de uno de cinco o seis. En consecuencia, tengo que buscar lecturas apropiadas y el otro día en Hamburgo me compré el bonito libro cuya portada adorna la entrada. Grüß Gott! Da bin ich wieder! – Karl Marx in der Karikatur (“Buenos días nos dé Dios, aquí estamos otra vez – Carlos Marx en caricatura” según mi traducción más que discutible).

A mí me parece que está muy bien, porque me hacen mucha gracia estas cosas. Entiendo que 220 páginas de viñetas, ilustraciones y fotomontajes en las que el abuelo barbudo aparece por todas partes no sean del agrado de todo el mundo,  pero para algo hemos estudiado políticas.

Volviendo a lo de la competencia idiomática, diré que leer tebeos, libros de citas celebres y en general cositas cortas me parece un buen camino para progresar en el aprendizaje de una lengua. La gente muchas veces peca de ambiciosa e intenta con tochos difícilmente asimilables desde el primer día.

Estaba pensando si poner alguna de las viñetas, pero hay tantas y tan buenas que no sé ni cual escoger. Veo que muchas están disponibles en la red, así que a lo mejor enlazo a alguna aquí debajo si hay demanda popular. Entretanto, sólo comentaré que hay varias del mundo hispano pero sólo dos de España, que son obra del dibujante José Ramón, que salía en los programas infantiles de TVE durante los años ochenta y que fue el primer dibujante al que vi en acción. De hecho, hay un garabato de un hombre con corbata que aún hago de vez en cuando y que aprendí de una de sus explicaciones en la tele. Antes de eso José Ramón había hecho los carteles de las campañas electorales del PSOE del 77 y el 79 y esto está más relacionado con la cuestión marxiana.


Bunsen

17/08/2012
Traducido del almanaque que me da una expresión alemana al día, y de vez en cuando alguna que otra vida ejemplar:
Robert Bunsen (30 de marzo de 1811 – 16 de agosto de 1899)
Todo estudiante ha utilizado un Bunsenbrenner (mechero Bunsen) en clase de química. El hombre que inventó su limpia y ardiente llama fue Robert Bunsen, científico mundialmente admirado a la par que respetado y estimado profesor. Su influencia va más allá de su trabajo en el análisis del espectro, clasificación de las propiedades químicas de la materia y los gases. Entre sus estudiantes destacaron Dimitri Mendeleyev, que creó la primera tabla periódica de los elementos; Fritz Haber, que sintetizó el amoniaco y John Tindall, que fue el primero en demostrar lo que hoy se conoce como “efecto invernadero”. Bunsen creía tan firmemente en la necesidad de compartir los descubrimientos e inventos científicos que, por sus principios, nunca solicitó una patente del mechero que lleva su nombre. Nunca se aprovechó de las posibilidades económicas de un invento que seguramente lo hubiera hecho rico.

Poephila acuticauda

21/07/2011

Pinzón de cola aguda

Los que siguen lo que escribo saben que en días de pereza agarro alguna foto vieja que me quedara de algún viaje y me pongo a investigar alguna de esa spreguntas que me quedaron sin responder, porque nunca hay tiempo para todo lo que se quiere.

En general tengo problemas para memorizar palabras alemanas, aunque es más fácil cuando uno conoce los trozos en que se descomponen. Una que se me quedó pegada es Spitzschwanzamandine, y es un desperdicio de mi disco duro gris porque poca gente sabe lo que es ni en alemán ni en ninguna lengua. Es el nombre de un pájaro que casi nadie conoce, pero aunque el alemán promedio no sepa lo que es Amandine, al menos sabrá que es algo de cola (Schwantz) puntiaguda (spitz).

Total, que dos años después de verlo en el aviario de los jardines de Herrenhäuser, cerca de Hanóver, me ha dado por averiguar algo del pajarito, y eso tiene que ser en idiomas que domine, y de todos los que hay en el mundo esos son uno y medio. El primer sitio al que me ha mandado Google es un glosario húngaro-alemán de nombres de aves (no estaría mal, si en lugar de en 2011 estuvieramos en 1911: eran los idiomas llamados a imperar en Europa). De ahí he sacado el nombre latino, poephila acuticauda y eso es suficiente para encontrar caudales de información.

Es un pajarillo del norte de Australia y en español se lo conoce como pinzón de cola aguda y también como diamante babero. En inglés tiene muchos nombres y tomo todos los que encuentro en la wikipedia (Long-tailed Finch, Blackheart Finch, Shaft-tail Finch, Heck’s Grassfinch, Heck’s Grass Finch, Heck’s Finch). Tiene un canto que sin ser especialmente agradable suena a jungla tropical.

Ahora más o menos la relación entre pinzón y finch quedará grabada en mi mente, pero me apetece describir el siguiente fenómeno diglósico: Hasta el día de hoy sabía que ambos eran nombres de pájaros, sin conocer la correspondencia de la palabra con el elemento en el mundo real ni la equivalencia de las palabras de ambas lenguas entre sí.

A partir de hoy, si la memoria no me falla,  ambos términos pasan a estar ligados en mi mente, y junto a ellos una pequeña relación con el mundo real (un pájaro pequeño, parecido a un gorrión pero más bonito, el resto de las especies de pinzones deben de ser parecidas).

Lo que me ocurre con frecuencia, en especial con los árboles, es que conozco ambos nombres y la equivalencia y en cambio no sé distinguir el árbol en el mundo real. De hecho, “árbol” es una palabra que puedo utilizar con frecuencia y que mis abuelos seguramente no utilizaban nunca. Estos pensamientos me recuerdan eso que dice Borges en su biografía de que todo lo conoció primero por los libros.


Yidis

06/12/2010

The Complete Idiot's Guide to Learning Yiddish

He estado echando un vistazo a la Guía para aprender yidis destinada a completos idiotas. No es que yo quiera o no quiera aprender. No tengo tiempo ni para planteármelo y si tengo que aprender alguna lengua, mis prioridades serían otras. Pero el yidis siempre me ha parecido una lengua interesante. De hecho, leyendo, entiendo bastantes cosas a través del alemán (sobre todo una vez que he leído la traducción inglesa del término o párrafo) aunque quizá el ejercicio no me convenga demasiado, ya que podría conducir a equivocos y trastocar la poco firme base en que la lengua alemana se asienta en mi cerebrito.

Las razones por las que el yidis me ha parecido interesante tienen que ver con el hecho de que sea una lengua en extinción y también con el hecho de que haya tenido una influencia tan importante en la cultura estadounidense del siglo XX y a través de esta y del cine en la mundial. Hay un cierto tipo de humor muy judío y yo diría que muy judío de Nueva York que ha influido en el género a través de Groucho Marx o Woody Allen, que provienen de entornos familiares en los que el yidis era la lengua doméstica. Es un tipo de humor ácido que muchas veces, si proviniera de otra fuente sería tachado de antisemita, por la utilización que hace de los tópicos judíos

Mel Brooks habla de que el humor judío tiene que ver con la condición de ser extraño al sistema y a la sociedad general. Es una forma de expresar la no pertenencia. A mí estos chistes hebreos me han gustado mucho. El libro de Benjamin Blech está salpicado de pequeños hechos, anécdotas, historietas y chanzas. Supongo que porque en este momento importa más el sentido de pertenencia a una comunidad cultural pequeña que la fluidez en el manejo del idioma. Aparece en el libro alguna gracia sobre el intento de curar a un muerto con sopa de pollo, y me parece que el yidis necesitaría muchísima sopa de pollo para volver a hablarse, porque el mundo centroeuropeo de los shetl no va a volver.

En un autobús en Israel, una anciana habla a su nieto en yidis. Un pasajero la critica en voz alta -“¿por qué no le hablas en hebreo?. -¡Qué insolencia!  -replica la mujer en voz alta. -“¿es que quiere que mi nieto no sepa que es judío?”

Chaim pasa junto a una tienda que tiene un gran reloj en su escaparate. Entra y pregunta al dueño si puede arreglarle su reloj:
-“¿Qué sé yo de arreglar relojes?, soy un mohel – practico circuncisiones”
-“Entonces, por qué pone un reloj en el escaparate?”
-“¿y qué otra cosa sugiere que ponga?”

Además de palabrejas sueltas con las que salpicar el inglés neoyorquino, el libro contiene información interesante. Por ejemplo, me ha parecido interesante la distinción entre israelita y judío, aunque me parece que sería rizar el rizo para, pongamos por caso, los periodistas españoles, que ya de por sí no entendía la tradicional distinción entre israelí (ciudadano del Estado de Israel) e israelita (judío). Aquí la dejo por si les da por documentarse.

No confundan  “judíos” con los “hijos de Israel” o “israelitas”. Israelitas son los doce hijos de Jacob. Cuando se perdieron diez de las tribus en la dispresión y el exilio, todos los que quedaron descendían de Judá y or eso se llaman judíos. Todos los judíos son israelitas pero, hablando con propiedad, no todos los israelitas son judíos.