Notas semieslavas del Tirol meridional

24/07/2016

Ayer me pasé por una de mis librerías baratas y me encontré con que tenían varios libros “técnicos” de ajedrez, cosa infrecuente y tirados de precio, cosa más infrecuente aún. Quizá el año de las ediciones (alrededor de 2007) lo explica en cierta medida. El caso es que hubo uno que no pude resistir comprar: The Meran Semi-Slav del GM cubano Reinaldo Vera.

Cuando uno estudia ajedrez busca siempre un espejo entre los grandes del Olimpo, pero más abajo en el escalafón a veces se encuentra uno con semidioses y héroes interesantes, por compartir aperturas, estilo o lo que sea. Recuerdo que me solían gustar las partidas de Vera, las del checo Stohl, las de Mijaíl Marin y otros.

En todo caso, la razón principal que me ha hecho leer este libro en unas pocas horas es que yo he jugado esta apertura con blancas y con negras (el libro cubre lo que yo llamaba antimerano con 6.Dc2) y como mi libro de cabecera fue el de Wells (1994) con años de glosas mías en los márgenes, creo que un salto de trece años hacia el futuro no está nada mal. De todos modos no tengo pensado jugar, así que casi me parece más interesante ver la evolución histórica que el estado actual de la cuestión.

De momento lo he leído sin tablero ni bases de datos, que ya no tengo nada de eso, pero como más o menos sé de lo que trata no me cuesta seguir las líneas. Cosas que he aprendido:

En la Merano de 8…a6 (a la que llamo así por oposición a la Merano de 8…Ab7) cuando el blanco no juega 9.e4 sino 9.0-0 y a 9…c5 10.De2 Ab7 11.Td1 ahí 11… Db8 es una jugada muy fina que no recuerdo haber conocido (la partida de referencia es de 2004). Creo que yo siempre hacía 11…Db6 pero me parecía que nadie que supiera algo podía jugar 9.0-0

Jurek-Landa (2004)

Jurek-Landa (Deizisau, 2004) tras 11…Db6

En lo que siempre he entendido que eran las líneas principales de la Merano, hoy por hoy me parece que lo mejor para intentar ganar con negras es 11… axb5 (que veo que llaman Blumenfeld) aunque la línea que yo tenía preparada y que nunca llegué a jugar era la de los finales a los que se llega con 11…Cxe5 (que veo que llaman Sozin) y que ahora me parece que objetivamente sólo da para tablas. Y subjetivamente, que es un tipo de posición en el que tiendo a liarme más. Al final las aguas vuelven a su cauce ya que 11… axb5 era la principal para la enciclopedia yugoslava.

La encrucijada en que ahora prefiero 11...axb5

La encrucijada en que ahora preferiria 11…axb5

Un inciso a propósito de los nombres de las variantes. Hace unos días leí que cuanto más sabe uno de algo menos le sirven las palabras. Con esto pasa parecido. Aparte de que muchas veces la nomenclatura no está unificada hay veces que los nombres sólo parecen valer para confundir la naturaleza de las cosas y que se tenga por lo mismo a cosas diferentes y que cosas iguales aparezcan como si fueran distintas. Para entender esto uno tiene que usar sus propios nombres, si es que los necesita para algo.

Tras 18.e5

Ataque Reynolds con 13…Ac5 tras 19.e5

En el ataque Reynolds, si uno es vago y quiere seguir jugando 13…Ac5 como servidor hizo frente a uno de los GM españoles en alza a principios de los noventa, los tiros van por un 19…g5 que lleva a posiciones que no me convencen y 13…Ab7 implica estudio, aunque hay una memorable partida de Kasparov contra uno de los campeones de chichinabo que cualquiera querría replicar.

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En este fregao he estado al menos cinco veces

En lo de 6.Dc2, el ataque ese raro que comienza con 7.g4 y que también he jugado con ambos colores hace mucho que lo dejé con blancas. Con negras nunca volveré a capturar el peón. Me parece que las líneas a base de 7…h6 y …dxc4 y romper en e5 en cuanto se pueda son lo mejor que se puede hacer y que muchas veces el peón de g4 queda haciendo el ridículo.

Se apuntan temas que tienen que ver con 5…a6, que a principios de este siglo se puso muy de moda (y creo que ahí sigue) y que como he demostrado un par de veces nunca he entendido muy bien. En principio si …a6 tiene sentido en la cuarta jugada me parece que más aún lo puede tener en la quinta después de intercalar 4…e6 y 5.e3 que parece un poco pobre para el blanco, aunque no estoy seguro de para quien es peor quedarse con el alfil malo por dentro.

Lo que no sale, claro, es nada del sistema Botvinnik, ni tampoco ese gambito que también se llama Marshall (1.d4 d5 2.c4 c6 3.Cc3 e6 4.e4). Sí que hay unas notas muy interesantes sobre orden de jugadas. Le tendré que pegar un repaso mirando a la vez partidas recientes.

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Dogmas de fe en las aperturas de ajedrez

03/01/2011

El laboratorio del ajedrecista (Alexéi Suetin)

Estaba hojeando El laboratorio del ajedrecista, de Alexéi Suetin, un antiguo volumen de la mitica Colección Escaques. Visto desde hoy, me resulta tan difícil de creer que alguien tuviera el valor de editar, en los años sesenta y setenta tan magna obra como lo fue esta colección, en especial estando dirigida a un público tan reducido. La mayor parte de los volúmenes requerían traducción. Supongo que comercialmente no fue un gran negocio, y que esa es la razón de que no se hayan hecho nuevas impresiones, pero qué caudal de conocimientos estuvo disponible para los aficionados españoles, y por qué poco dinero. Me cuesta un poco asomarme a los anaqueles de la colección, porque leer la notación descriptiva me resulta ya leer otro idioma. Sería bonito que al menos algunos de los libros se reeditasen con notación algebráica, pero algunos (por ejemplo, los de teoría de aperturas) ya no tienen vigencia y en realidad es muy difícil que tengan éxito hoy, en estos tiempos de bases de datos e información digital.

Creo que en gran medida el fracaso comercial de los libros de ajedrez es debido a que suelen ser un producto demasiado técnico para el amateur y demasiado amateur para el técnico. Y así es que el mes pasado, la última vez que tuve una revista de ajedrez española entre manos, observé que la mayor parte de los libros que se anunciaban estaban directamente escritos en inglés, que es la lengua del desarrollo tecnológico y la especialización. Algo que hubiera sido inimaginable hace veinte años, pero es el curso de los tiempos. También la literatura ajedrecística se va pareciendo cada vez más al manual de un sistema informático que a un tratado de filosofía, con sus cosas buenas y sus cosas malas.

Una de las cosas malas de la época precientífica era la falta de disciplina intelectual. También la dificultad de comprobar algunas aseveraciones. Hoy en día con programas de cálculo y Google todo es más sencillo. Por poner un ejemplo simple, durante los años de mi adolescencia me creí la patraña publicada en varios libros y repetida sin comprobación empírica de que “existen publicados más libros de ajedrez que de todos los otros juegos y deportes juntos”. A veces la falta de calidad va más allá del dato suelto y tiene que ver con asuntos metodológicos. Por ejemplo leo en la página 91 de El laboratorio.

Es notoriamente sabido que hay más de cincuenta aperturas diferentes y que están clasificadas en tres grupos principales; a saber: abiertas, semiabiertas y cerradas.

Aperturas abiertas, semiabiertas y cerradas. Y son más de cincuenta. Si esto no es falta de rigor intelectual no sé qué más puede serlo. En realidad a efectos de lo que Suetin trata de explicar en el libro esto es irrelevante, pero la clasificación por más que muy habitual es superflua cuando no nociva. No estamos aquí para culpar al gran Suetin, sino para intentar arrojar algo de luz sobre el particular en el siempre útil espíritu ajedrecístico de confía, pero comprueba.

Hago un inciso para contar que los primeros libros de ajedrez que compré fueron 6 volúmenes de la Editorial Brugura (Martínez Roca no era el único que publicaba ajedrez), cuyo autor era Máximo Borrell. Uno de ellos, Ajedrez brillante, sigue siendo uno de mis favoritos, aunque no era tanto un libro de ajedrez como de cultura ajedrecística. El primer libro de ajedrez que leí en vascuence me pareció en gran medida un mero plagio del trabajo de Borrell. Los otros cinco volúmenes, que también me costaron 50 pesetas cada uno, estaban dedicados a las aperturas y eran bastante malos. La división de Borell era 1-Aperturas abiertas (1.e4,e5) 2- Aperturas semiabiertas (1.e4, jugadas distintas a 1…e5) 3-Aperturas cerradas (1.d4,d5) 4-Aperturas semicerradas (1.d4,Cf6) 5-Aperturas de flanco (1.c4,1.f4,1.b3,1.b4)

En la práctica, lo de Suetin lo de Borrell y lo de todos aquellos que le han dado a lo de las aperturas abiertas, las cerradas y las del medio, está basado en una idealización que no tiene mucho que ver con la realidad. Ellos contrapusieron las partidas del siglo XIX con el gambito de rey, el giouco piano, el Evans a las que se fueron produciendo más adelante, basadas sobre todo en el gambito de dama y las defensas indias, y de modo simplista enfrentaron el juego abierto que surgía de algunas posiciones que se producían a partir de 1.e4 con el estratégico que se producía muchas veces a partir de 1.d4.

Además de que esto es incorrecto y en que la práctica esta clasificación no sirve para nada, dicho de ese modo parece, además, como que son mitad y mitad cuando las partidas cerradas son muchísimas más que las abiertas. El problema surge cuando a un aficionado al que le gusta el juego abierto, combinatorio o de ataque le recomiendan jugar 1.e4 de repente se ve, maniobrando con blancas en una española Chigorin.

En fin, que las aperturas no son nada y abierto y cerrado son cualidades del medio juego. Probablemente se puede llegar a ambos tipos de medio juego desde cualquiera de las aperturas. Por fortuna, creo que esas etiquetas van cayendo en desuso y no aparecen ya en los manuales de aperturas modernos (que por otra parte suelen ser más específicos). Así, a modo de conclusión dejo un consejo.

Un libro de aperturas es malo si utiliza en el título la redundancia “aperturas abiertas” o el oxímoron “aperturas cerradas”.

Reto a que se me demuestre lo contrario.