Ali y Nino

03/07/2017

Ali und Nino (1937)

Hace ya más de seis años que leí una interesante entrada sobre el misterio de Essad Bey. Por mera coincidencia eso fue unos pocos meses antes de llegar al Transcáucaso, destino que nunca me había planteado. De las lecturas previas y posteriores al paso por Georgia, Armenia e incluso podía decirse que Azerbaiyán me quedó la voluntad de leer el “Ali y Nino” y con gran fortuna esta semana ha caído una traducción española en mi manos. Al parecer existen otras tres anteriores en castellano pero ésta es la más reciente (2012). De entre las varias versiones  cinematográficas debe de haber alguna más reciente aún.

La historia de amor entre una princesa georgiana y un noble azerí sirve muy bien para hacer comparaciones y alegorías  de la tensión compleja entre Oriente y Occidente o entre el cristianismo y el islam. Hay muchas frases muy interesantes a este respecto, pero la que me resulta más destacable es el alegado del padre de Ali Kan en el capítulo 22, no por nada específico de lo del choque de civilizaciones sino por cómo se puede observar el mismo fenómeno en muchos contextos políticos diferentes. El conflicto identitario empieza como conflicto interior :

«Eres un hombre valiente, Alí Kan. Pero ¿qué es el valor? Los europeos también son valerosos. Tú, y todos los que lucharon contigo, ninguno de vosotros sois ya asiáticos. Yo no odio a Europa. A mí Europa me resulta indiferente. Tú sí la odias, porque tú llevas dentro de ti un trozo de Europa. Fuiste a un colegio ruso, estudiaste latín, tu mujer es europea. ¿Acaso sigues siendo asiático? Si hubieras vencido tú, tú mismo hubieras introducido a Europa en Bakú sin darte cuenta. Da lo mismo que sean los rusos o nosotros quienes construyan las carreteras y abran las fábricas. No podía ser ya de otra manera. Cuando un hombre asesina a tantos enemigos con tal sed de sangre, ya hace tiempo que no es un buen asiático.»

La reacción identitaria la protagoniza siempre un mestizo que ya ha perdido la supuesta pureza ideal y pretende recobrar aquel pasado glorioso, que suele ser una ensoñación sin demasiado contacto con la realidad.

Luego lo de Occidente y el Islam. A mí me gustan estas metáforas novelescas porque le dan a uno la sensación (falsa) de que se puede comprender con un destello la complejidad de procesos históricos de gran calado. Por suerte y por desgracia esto no es así y en planteamientos como ¿cuáles son las diferencias entre Oriente y Occidente? no sólo las respuestas son bastante malas sino que lo más probable es que la pregunta y las categorías que pretende comparar también lo sean. Al menos invita a reflexionar, que no es poco.

En todo caso, es un bonito paseó por el corredor que va de Tiflis a Bakú, con excursiones al Alto Karabaj y hasta Teherán. Recomendable para quienes estén interesados en la historia del Imperio Ruso en Asia y en aquella visión romántica del Cáucaso como Far West que desde el principio dejó su impronta en la tradición literaria rusa.

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Viaje por Transcaucasia 2011

01/10/2011

Londres-Bakú-Tiflis

Transcaucasia 2011

Finalmente creo que he acabado de contar todo lo que quería sobre el viaje por esta zona entre Europa y Asia que debería llamarse, con propiedad, Transcaucasia (aunque he solido escribir el Cáucaso por conveniencia). En lo escrito a lo largo del mes de septiembre está todo lo que sucedió en los tres países, aunque la presencia en Azerbaiyán siga siendo más que discutible. Me ha parecido conveniente hacer una especie de índice para cuando mis amigos me pidan consejo y se encuentra al final de esta entrada.

Bandera de Azerbaiyán

En realidad lo que mejor hemos visto ha sido Armenia, con un trayecto circular que ha acabado pareciéndose mucho al del primer itinerario que se previó. Los cinco días en el país, teniendo como base su capital, nos han permitido acceder a sus mejores vistas. ¿es un país por el que recomiendo viajar? No lo sé, quizá sólo a los viajeros experimentados. Puede decirse que está a mayor distancia en millas y en dinero que muchos otros destinos hermosos. Por otra parte, uno de los grandes atractivos del país reside en sus antiguos edificios de piedra y es fácil caer en el síndrome de la fatiga monasteril. El otro es su antigua cultura, su historia y su modo de vida. Cosas cotidianas de las que disfrutar, como los albaricoques o el pan y el trato con las gentes y el aprender a entender cómo se vive con menos de cuatro mil dólares de renta per cápita. Una gran oportunidad para leer sobre el cristianismo antiguo, sobre el Imperio otomano o sobre las barbaridades acaecidas durante  el genocidio de 1915.

Bandera de Armenia

De Georgia y por desgracia, apenas pudimos ver la capital Tiflis (en georgiano Tbilisi), que nos pareció una ciudad mucho menos centrada y dinámica que Yereván, pero con mucho encanto, con su barrio antiguo y sus viejos balcones. Tuve la posibilidad de acercarme a la antigua capital, Misjeta, pero poco más. Quedan zonas muy interesantes que recorrer: Tushetia, Esvanetia, Kajetia. Por lo que leí, no me pareció que sus playas del mar Negro valieran mucho la pena. Es un país para subir a la montaña, por la carretera militar georgiana hacia Kazbegi. La república socialista de Georgia tenía la fama de disponer de la mejor gastronomía soviética y en este momento de malas relaciones con Rusia los georgianos suelen decir que el imperio quiere que vuelvan a ser su restaurante. Esto es algo que sin duda el viajero debe aprovechar. No creo que me haya quedado sin ver mucho de Armenia, pero a Georgia sin embargo sí que me gustaría volver. A Azerbaiyán, en cambio, como que le hemos cogido manía.
Además de mis textos, malnarrando los sucedidos, he colgado una barbaridad de fotografías. Es síntoma de ser mal escritor que en realidad, los textos no tengan demasiado sentido sin ellas. Considero el blogueo un género mixto y mi técnica consiste, gran parte de los días, en rellenar los espacios que quedan entre las fotografías que subo. Considero que esta subida de archivos de imagen es una de las partes más arduas de bloguear y no creo que vuelva a tratar una escapada con tanta profusión. Hay dos fotos que debo poner y que para mí son las más importantes, porque sin estas dos ninguna de las otras tiene demasiado sentido. Son las únicas que los tres tripulantes de que la Slowly había tenido hasta ese momento se hicieron juntos. Como la aventura de este vehículo singular es de largo recorrido han pasado muchas cosas desde entonces: una denegación de visado, un abandono de nave, un vuelo a Uzbekistán, una incorporación al equipo, fracturas de huesos, despedidas, regresos…. la última vez que supe algo de la máquina infernal fue hace dos días, desde Teherán. Sin Jorge, esta pequeña locura no habría sido posible y estas líneas son en cierto modo un homenaje. También porque a mí me gusta creer que me gustaría hacer lo que el hace. Una alegría compartir y repartir galeras con alguien que sabe remar y aporta el glamur de la capital de la moda. Aparte de unas horas decembrinas, no había visto a Xabi desde el día de las góndolas.

La tripulación de la Slowly, ante la catedral de Yereván

Didube, Tiflis (Georgia): la despedida

Como el rendimiento es bajo, no voy a volver a escribir tan extensamente sobre viajes. No sé si mi principal lector, que es mi yo futuro, me lo tendrá que agradecer o reprochar. Puede que vuelva  a tocar temas de la región caucasiana o de cada uno de los países, como de hecho ya había hecho con anterioridad. Las entradas pueden encontrarse clasificadas con sus respectivas etiquetas (Cáucaso, Armenia, Georgia, Azerbaiyán), a continuación el índice de entradas:

 ÍNDICE


Tiflis – Bakú – Londres – Dublín

30/09/2011

28.08.11 La noche anterior, el checo adoptivo de Fortaleza y el checo de verdad me dijeron que probablemente íbamos en el mismo vuelo, porque el suyo era a la misma hora, pero el de ellos iba a Kiev. Acordamos ir juntos al aeropuerto. Yo pensaba tomar un taxi, pero me dijeron que había un tren a las 5.30. Les pregunté si no habría algún problema, al ser el 28 de agosto festivo (Mariamoba, por lo que a mí respecta equivalente a la Asunción, que se celebra el día 15 en los países católicos) y me dijeron que habían consultado los horarios. Yo ni siquiera sabía dónde quedaba la estación del ferrocarril y resulta que estaba casi al lado, a menos de un kilómetro. Nos fuimos a dormir cerca de las doce y nos despertamos a las cuatro y media. Un paseo por calles sórdidas para encontrarnos la estación cerrada. Por fortuna el checo hablaba ruso y los seguratas le dijeron que había que dar un rodeo para entrar directamente al andén y así lo hicimos, pasando por entre improvisados refugios donde dormía algún que otro mendigo.

Vagón de tren georgiano

Los bohemios

Entrar en el tren fue sobre todo un alivio, pero también algo deprimente. Era uno de los vagones más sucios y con olor a tabaco que he visto en mi vida y nosotros eramos los únicos tres pasajeros. Se suponía que el trayecto al aeropuerto duraba unos veinte minutos, pero fue más bien media hora. Entendimos al que vino a cobrarnos los billetes que eran dos laris por cabeza, pero luego dijo que no, que con dos laris ya estaba pagado por los tres. Curiosa cantidad no divisible entre tres, que en todo caso es menos que un euro. La estación de tren del aeropuerto ya tiene mejor aspecto. Me despedí de mis amiguetes antes de la facturación. Estos muchachos me hicieron la velada anterior muy agradable y quizá me salvaron la vida al sugerirme que los acompañara al aeropuerto, habida cuenta de la experiencia con el taxista del día de la llegada.  La facturación fue rápida, sin colas y eficaz y estuve un rato corto esperando para embarcar, en el que pude deleitarme con unos juegos para niños en la sala de espera que había donado la primera dama, la esposa neerlandesa de Saakashvili.

Avión de Armavia, las líneas aéreas armenias

Bandera georgiana en el aeropuerto de Tiflis (TBS)

El avión que nos llevaría a Londres, pasando por Bakú

El vuelo iba bastante vacío, y tuve la suerte de que me colocaran en un asiento de los de salida de emergencia, con más espacio para las piernas. A diferencia de la primera, esta vez sí que pude ver algo en Bakú, aunque sólo fuera la pista del aeropuerto, un alminar, dos camiones y un avión de las líneas aéreas azerbaiyanas.

Aeropuerto Heydar Aliyev de Bakú

Avión azerbayano

Camiones en la pista del aeropuerto de Bakú

Luego, de camino a Londres, tuvimos una buenísima vista del monte Elbrus, el más alto de Europa según lo que se considere que es Europa. En Heathrow tuve la sensación de que ir por los aeropuertos con un portátil como el mío – que no llevaba – era como del paleolítico, al ver a toda la gente con esos ordenadores pequeñitos, y con los finitos y con las tabletas. El ratito esperando a que asignaran la puerta de embarque y ese tubo lejos de todo en donde se embarca para Dublín por donde llevo pasando diez años. Vi los primeros flequillos y pendientes como aros para papagayos y allí se acabaron las vacaciones por el Cáucaso.

Tiflis-Bakú-Londres


Tiflis: una mañana entre la embajada y la parte vieja

25/09/2011

26.08.2011 Borges decía que sus versos ultraístas eran especialmente malos, pero que al menos los lectores supieron ver ambición en su fracaso. Yo naufragué anotando en un papel de periódico la siguiente frase sobre la capital georgiana: “Tiflis es una ciudad de balcones y gatos, en la que mujeres graves visten de negro“. La puede salvar del horror el hecho de que, por lo menos, es informativa. Eso es porque una de las cosas que sin duda llaman la atención en Tiflis es la densidad de felinos y terrazas.

Lo primero que hicimos en la mañana del 26 de agosto fue acercarnos a la embajada de Azerbaiyán, en la calle Kipshidze. Fue un episodio que no contribuyó a aumentar nuestra simpatía hacia el país. Allí mostraron a mis compañeros una orden gubernamental de julio de 2011 según la cual no se conceden visados de turista sin carta de invitación y también la puerta. Estas cartas de invitación sólo se pueden conseguir a través de agencias de viaje autorizadas por el gobierno de Azebaiyán, pero nadie sabía dónde encontrar una. Primero intentamos en la de un tal Irakli que había en la misma calle de la embajada y que no nos pareció de fiar, por su optimismo y promesas excesivas. Luego nos desayunamos con deliciosa repostería georgiana, para mejor pensar qué podría hacerse. En las agencias de viaje de la zona nadie parecía saber qué puede hacerse para entrar en Azerbaiyán.

El ayuntamiento en obras

Así que decidimos volvernos al centro, porque por allí habíamos visto más agencias la tarde anterior. Intentamos aparcar en la plaza de la Libertad, que era nuestro lugar de referencia desde la primera noche, pero un guardia de seguridad de las obras nos echó de alli, a resultas de lo cual la Slowly acabó parada entre Pushkin y Baratashvili y nosotros nos incorporamos a la parte vieja bajando por entre los balcones y muralla de Baratashvili casi hasta el río.

Balcones de kucha Baratashvili

Slowly in Baratashvili

Más balcones

Estuvimos hablando de cosas como que los introvertidos y los extrovertidos tienen diferentes formas de viajar. Creo que esto también afecta al vocabulario que uno adquiere. Mientras que el extrovertido aprende primero a decir hola y gracias en la lengua del país, el introvertido aprende calle y plaza. Yo me ceñí al inglés y al paupérrimo ruso para cualquier intento de comunicación, pero aún así puedo decir llegué a aprender de Xabi la palabra madloba (მადლობა) para expresar agradecimiento. En cambio calle – kucha (ქუჩა) y plaza – moedani (მოედანი) aparecían en todos los mapas transliterados. Hay que agradecer la transliteración, porque las letras georgianas, como gusanos retorcidos, requieren un esfuerzo inhumano de visualización. El alfabeto armenio parecía bastante más simple y armónico en cuanto a los trazos. Lo más parecido que he visto al alfabeto georgiano es la escritura del tailandés.

Utilizar el ruso es bastante sensato en una ciudad en la que el 40% de los habitantes no son georgianos étnicos. Aquí volvemos al asunto de la nación incompleta, que no es capaz de incorporar a minorías territoriales como osetios y abjasios ni tampoco a su población armenia y azerí. Tiflis fue una ciudad más armenia que georgiana durante parte de su historia, y los elementos imperiales turco, persa y ruso han tenido su importancia y dejado su impronta. No creo que sea por eso por lo que  en español preferimos la forma Tiflis del armenio y del ruso, sino porque Tbilisi, que sólo aparece en georgiano, es impronunciable. Alguna gente dice Tibilisi. No sé si etimológicamente tiene relación con tibio, pero se refiere a las aguas termales que había y hay en el lugar en el que se fundó la ciudad.

Vagón restaurante

Galería

Farolero

Tras un baldío intento de comunicación con un taxista, que nos quería llevar a Misjeta y al que le entendimos que su mujer estaba en Valencia (o algo así), nos metimos por la calle Shavteli (Shavtelis kucha) con la intención de llegar a los alrededores de la plaza de Gorgasali. Lo primero que vimos por allí fue un bonito mural, con un mapa de la ciudad rotulado en francés a modo de postal, y luego frente a un pub irlandés en el que anunciaban partidos de rugby, un teatro de marionetas muy curioso, que a mí me gustó mucho pero del que Jorge dijo, con buen criterio, que había visto cosas más auténticas en Disneylandia.

Mural y mapa

Teatro de marionetas

Teatro de marionetas (detalle)

Pero en lugar de seguir por la calle de Shavteli hasta el final, nos hemos metido hacia el río a la altura de la iglesia de Anchisjati, dejando para más tarde la catedral ortodoxa georgiana de la Dormición y la iglesia armenia de Norashén, objeto de disputa nacionalista. La catedral se ve desde la carretera que pasa junto al río, hay unos espacios verdes, jardines con árboles y estatuas, que dejan ver una cara amable de la arquitectura de la ciudad. Hemos podido asegurarnos de que el puente de la paz es más interesante de noche que de día y hemos llegado a la plaza de Gorgasali donde cenamos el día anterior.

Allí ha sido cosa de ir probando en diferentes agencias de viajes donde cada visita parecía menos prometedora que la anterior. Como a mí no me afectaba tan directamente como a mis camaradas, me he ahorrado parte de la investigación. En lo que ellos hacían gestiones yo he mirado a ver cuál podría ser un buen sitio en el que comer, y he ido un rato detrás de un grupo de gente que hablaba una lengua extraña, de la que sólo me he dado cuenta que era el hebreo cuando han parado frente a la sinagoga, que no me ha parecido gran cosa.

La iglesia de Anchisjati

La catedral de la Dormición (Sioni) detrás de los balcones

Sinagoga de Tiflis (al fondo la Madre de Cartalia)

Al final, hemos comido en un lugar hecho a la medida del turista (la carta del menú con fotografías, cuadros de Pirosmani, antiguas imágenes de Ermakov) en un lugar preferente en la plaza Gorgasali. Nos sentamos proféticamente junto a la fotografía de la inundación de 1893. El menú no ha podido ser más típico, con jachapuri y jinkalis. He tenido suerte al escoger el jachapuri vegetal, ya que mi pan ha venido relleno de tomate y pepino, lo cual lo ha hecho más fácil de comer que el de queso y huevo frito.

La fortaleza Narikala y debajo un buen lugar donde comer

Esperando los platos

Jachapuri, cerveza y jinkali

Tras la comida hemos ido a confirmar que las gestiones no habían ido nada bien, pero nos han dado una última esperanza. Una agencia de viajes especializada en Azerbaiyán o algo así, que queda en la margen izquierda, al otro lado del río. Para allá que nos vamos, a ver si la tarde se da mejor que la mañana y lo del visado azerbaiyano puede quedar resuelto.

Parte vieja de Tiflis


Del lago Seván a la frontera georgiana

22/09/2011

25 de agosto 2011: De Seván a la frontera georgiana

25.08.2011 Dejamos atrás Seván y su monasterio en un día en el que el tiempo atmosférico invitaba poco al optimismo. Al menos habíamos podido desayunar algo, pero el día amenazaba lluvia e iba a ser de mucha carretera, casi tanta como la que recorrimos el que día en que bajamos de Tiflis a Yereván. En el itinerario inicial estaba previsto regresar por la misma ruta a partir de Vanadzor, por el cañón del Debed, pero ya unos días antes se nos había ocurrido que podía ser interesante pasar por las montañas de la provincia de Tavush.

Una noria en Iyeván. En Seván había una parecida.

El contraste entre estas regiones boscosas del noreste de Armenia y el terreno árido que hay alrededor de Yereván es bastante agudo, pero a la vez nos resulta conocido: es como pasar el puerto de Echegárate en agosto y dejar atrás la Castilla dorada por el sol. Lo primero con lo que nos encontramos al dejar el área de influencia del lago, es con un tunel de montaña respetable y tras atravesarlo, llegamos el parque nacional de Diliyán. El paisaje es montañoso, cubierto el terreno de frondosos árboles. Eso sí, de cuando en cuando, yendo por la carretera uno se encuentra con el inevitable horror urbanístico.

La version rosada y armenia de los bloques estalinistas

La propia Diliyán está considerada un lugar interesante para el turismo de montaña. Es una de las zonas “urbanas” de la provincia de Tavush. El viajero llegará a una especie de explanada en la que se encuentra la parada de autobuses y otro de esos monumentos de hormigón que conmemoran el cincuentenario de la Armenia soviética. Para ver la parte hermosa del lugar hay que subir por una cuesta y siguiéndo hacia arriba uno se encuentra, en un lugar improbabl,e con un centro urbano que no deja de ser a la vez rural.

Cerca de Iyeván

Lo más típico de Diliyán son sus balcones y se ve que es un sitio que tiene potencial turístico si comienza a desarrollarse siguiendo el estilo tradicional y no dejando que lo que tiene siga convirtiéndose en ruina. Nosotros nos dimos un paseo por las alturas de la población, que tiene más vida de la que aparenta, aunque hay demasiados elementos arquitectónicos con aspecto de haber sido bellos hace tiempo y que en cambio hoy se desmoronan. Diliyán solía ser lugar de retiro y creación para los compositores y artistas soviéticos y ese dato condujo mi mente al mundo surrealista y demasiado real que denunciaban el maestro y Margarita.

Paisaje de la provincia de Tavush, en el norte de Armenia

Siguiendo hacia Iyeván, nuestro posible desvío hacia el monasterio de Goshavank fue sacrificado a causa de la saturación mental causada por sobredosis de piedra. Quedó lejos por la carretera de la derecha mientras nosotros seguíamos hacia otra de las cuatro ciudades de Tavush. Iyeván nos pareció más urbana que Diliyán, la actividad que se veía por la calle era la propia de un día de mercado, pero no nos detuvimos sino a repostar combustible.

Las montañas de Azerbaiyán (Göjäzän)

De ahí en adelante, seguimos por terreno rural y agreste, aunque menos boscoso. Hay cierta confusión con respecto a nuestro itinerario. Disponíamos de dos mapas, que no decían la misma cosa entre ellos ni parecían entenderse con el GPS. La región está disputada territorialmente, con Armenia ocupando territorio de Azerbaiyán en algunos lugares. Mi percepción es que el mapa correcto era el que aparecía en la guía Bradt, en el que aparecía una carretera alejada de la línea de alto el fuego. El libro no recomendaba seguir por la carretera antigua, cercana a la frontera, por la presencia de francotiradores azeríes.

Llegando a Kirants

Esta carretera nueva no aparecía en el por otra parte excelente mapa de la editorial alemana, que a pesar de ser impreso en 2011 debe de contener la información de una versión anterior sin haberla actualizado. Las montañas de Azerbaiyán se ven muy cerca todo el tiempo y no debemos de ir a más de un kilómetro de distancia del país vecino, pero la carretera nueva está protegida por una línea de colinas como parapeto natural. Más allá del embalse de Yoghaz puede verse una montaña de curiosa forma, creo que se puede llamarse Gavazán, que en armenio es el nombre del báculo de un sacerdote y en algunas lenguas túrquicas como el azerí puede ser el plural de ciervo, aunque parece que la grafía azerí es Göjäzän con todos esos puntos sobre las vocales.

Ganado: son vacas

Llegando a Kirants la carretera pasa no ya por un enclave sino por terreno del propio Azerbaiyán. Esta es otra de las ocasiones discutibles en  las que se puede decir que hemos estado en el país enemigo. Nunca estábamos seguros de dónde estábamos realmente debido al lío con los mapas.

Voskepar

Un poco más adelante llegamos a un lugar llamado Voskepar, en el cual vivimos uno de los episodios más curiosos de nuestro recorrido por Armenia. Seguíamos con la confusión cartográfica y sin saber exactamente dónde estábamos. Nuestro libro decía que nos acercábamos a un antiguo enclave azerí, ocupado hoy por armenia, llamdo Verin Voskepar. El GPS nos confundía constantemente. Al parecer había una iglesia antigua, del siglo VII, bastante digna como para merecer una visita. Debía aparecer en una curva de la carretera y, en efecto, allí estaba.

Militares en Voskepar

El pueblo estaba abandonado. Xabi se dio cuenta de que en la colina había militares, por el color de camuflaje de sus edificios. Siempre me he preguntado de qué sirven esos colores de camuflaje militar, con otros cualesquiera no hubiéramos imaginado que el ejército andaba por allí. Cuando estamos aparcando el vehículo, a lo lejos y por la posición de los brazos, nos dimos cuenta de que alguien nos está observando con unos prismáticos.

Iglesia

Descendemos y nos ponemos a caminar despacio, dubitativos, mientras los de arriba nos siguen observando. Decimos unas cuantas tonterías como “no creo que nos disparen”, pero tampoco nos atrevemos a ir más deprisa. Los de arriba nos gritan ¡dabay!, que es una palabra rusa que Jorge conoce bien y con eso nos quedamos tranquilos. Nos acercamos a echar un vistazo a la diminuta iglesia de santa María, en la que hay murciélagos como en otras y diez minutos más tarde y tras varias conjeturas sobre el estado de destrucción militar en que se encuentra el poblado, seguimos rumbo a Noyemberián, la ciudad de noviembre.

Vista desde Voskepar

La carretera de estas tierras húmedas del noroeste ha traido consigo dos cosas que me llamaron la atención. Por un lado, los productos que se vendían en las cunetas eran diferentes a los de la tierra de secano. En lugar de los albaricoques y frutas que se veían en en el centro del país, por esta parte septentrional, la mazorca de maíz era la estrella. Luego, es cierto que esta zona de frontera está muy militarizada. Por la carretera veíamos continuamente instalaciones militares y grupos de soldados. Algunos puede que no lo fueran, ya que por la edad y la planta parecían más bien campesinos utilizando ropa militar reciclada. Cerca de Noyemberián vimos mucho transporte de tropas. Curiosamente se veían militares desplazándose en vehículos particulares, tipo coches Lada y cosas así. No sabemos si es falta de recursos, o el ultimísimo medio de desplegarse sin llamar la atención.

Tras Noyemberián volvemos a incorporarnos a la ribera del Debed, que hace de frontera entre Armenia y Georgia. El mismo paso fronterizo entre Bagratashén y Sadajlo unos días después. Esta vez las cosas fueron más fáciles, pero no menos interesantes.

Puesto fronterizo de Bagratashén / Sadajlo


Noravank

17/09/2011

24.08.2011 Después de parar en Jor Virap seguimos hacia el sur por la carretera paralela al río Araxes y la línea que trazó el Tratado de Kars. Pasamos por un lugar llamado Armash, que en el mapa destaca por sus espacios dedicados a la piscicultura y llegamos hasta Yerash, un lugar donde estamos obligados a girar hacia el este, ya que desde hace veinte años no se puede seguir por la carretera que continuaba hacia el enclave azerbaiyano de Najicheván. Tras la guerra de 1991-92 este acceso ha quedado cerrado hasta quién sabe cuándo. La vista de la estrada abandonada lo dice todo.

La carretera que seguía hacia Najicheván (Azerbaiyán)

No sólo tenemos Azarbaiyán a la vista, Irán está a menos de diez kilómetros en línea recta. Este es un terreno pródigo en fronteras. Seguimos un poco más adelante, y la M-2 atraviesa el antiguo enclave de Karki, donde hasta 1990 vivían azeríes, pero que fue ocupado por Armenia y ahora se llama Tigranashén. Como el asunto de las fronteras no esta cerrado definitivamente y la Comunidad Internacional no reconoce otras que no sean las de las antiguas repúblicas soviéticas, este lugar sigue apareciendo en los mapas como perteneciente a Azerbaiyán. Ya dije que este era uno de los casos dudosos por los que podría llegar a decirse que hemos estado en Azerbaiyán, aunque en este en concreto no cumplimos con la regla del pie en tierra.

El recorrido de aquel día

Poco después dejamos la provincia de Ararat para entrar brevemente en un rincón de la de Vayots Dzor. En Arena tomamos un desvío para subir a Noravank por una carretera sinuosa que sigue el curso del río Gnishik, que forma una garganta en esta zona. Noravank es un monasterio con pocos edificios, edificado entre los siglos XII y XIV en un lugar majestuoso y restaurado parcialmente hace poco más de una década. Para los amigos de nuestras etimologías diremos que nor significa nuevo y vank, monasterio.

Como puede parecer lógico, “nor” aparece en muchos topónimos. El nombre de muchos barrios de Yereván está compuesto por esta palabra, seguida del nombre de una localidad perdida de la Armenia occidental, hoy en Turquía. A mís amigos eternos estudiantes del vascuence, les gustará saber que hay un lugar que se llama Nor Nork como cierta tabla de verbos. Respecto de vank, sólo puedo decir que banco es bank, y que es interesante este equilibrio entre lo material y lo espiritual. También que si el armenio fuera tan conocido como otras lenguas, la expresión “monasterio de Noravank” quedaría un poco ridícula, como “la calle Oxford street” y otras parecidas que a veces oigo y otras veces se me ocurren.

La carretera que sube al monasterio de Noravank

El color dorado y brillante de la piedra contrasta con la negritud de otros monasterios que hemos visto. No hay apenas público. Un tipo con aspecto de portero de discoteca y al que acompaña una mujer muy atractiva nos oye hablar en español y se mete en la conversación. Es un armenio, se llama Jari y ha trabajado en Madrid. Le contamos nuestros planes, que venimos de Yereván y que hoy queremos llegar al lago Seván. Nos dice que le llamemos para tomar algo cuando lleguemos a Martuni, que es su pueblo, el primero de los de la ribera del lago por el que pasa la carretera. No el homónimo del Karabaj. Aunque pasaremos por allí, por desgracia no habrá tiempo. La exigencia de la carretera es a veces una lástima, porque uno se ve obligado a perder ocasiones de conocer gente y cosas que enriquecerían los kilómetros.

Surb Astvatsatsin (Iglesia de santa María, en Noravank)

Aunque dimos un vistazo por la zona, pasamos la mayor parte de nuestro tiempo allí en el edificio más peculiar, la iglesia consagrada a la Madre de Dios. Para llegar al interior del primer piso hace falta subir, pegado a la pared, por una escalera algo engañosa. Tuvimos suerte de que no hubiera nadie por allí. También dentro la piedra está limpia. Creemos que debe de haber recibido un buen masaje de chorro de arena. La puerta de madera labrada era toda una obra de arte. Esta iglesia la completó en 1339 el famoso escultor Momik. En el recinto hay un pequeño museo con una exposición dedicada a su figura del que sobre todo me gustaron las miniaturas en pergamino y la parte en la que se mostraban los materiales de pintura.

La otra iglesia, la de san Juan Bautista (Surb Karapet)

Después nos tocó volver a bajar la garganta del Gnishik, ya que la carretera termina en las montañas cobrizas del monasterio. Después de girar a la derecha en Areni y seguir unos diez kilómetros hacia el este, pusimos finalmente rumbo norte, dejando a un lado Tatev, Karahunj y otras cosas hermosas y curiosas que pueden verse en la siguiente ocasión, cuando por fin alcancemos la provincia de Syunik. Poco sospechaban mis camaradas que tardarían tan poco en tomar esa ruta.


¿Estuve en Azerbaiyán?

29/08/2011

Bandera de Azerbaiyán

Creo que nunca he estado en Azerbaiyán, pero voy a exponer el caso por si las razones convencieran a otros. Una vez que uno empieza a recorrer el mundo es difícil responder a la pregunta de por cuántos países ha pasado. Las razones son varias. Hay zonas que no sabe uno muy bien cómo definir (en mi caso Gibraltar, para otros puede ser Kosovo, pero es que he llegado a ver gente que cuenta las islas Canarias como un país separado), luego están los microestados (¿es realmente Ciudad del Vaticano un país? – un Estado no deja de ser una ficción, pero ¿un país?), también hay gente que cuenta a las cuatro naciones de la Gran Bretaña por separado, por una convención que creo que en la actualidad tiene más que ver con el mundo del deporte que con otra cosa. Los nacionalistas tienen un trabajo especialmente difícil, sobre todo si se ponen solidarios los unos con los otros (mis amigos vascos, con los catalanes, gallegos, flamencos, corsos, bretones, alsacianos). Eso sí, los que consiguen su Estado suelen olvidarse de los antiguos camaradas.

Fue después de comprar mi billete con British Midlands International (BMI) para ir a Georgia cuando me di cuenta de que el vuelo pasaba por Bakú, antes de llegar a Tiflis. Pequeña escala técnica y algo más de un par de horitas de propina. Quizá por eso era tan barato. ¿qué más daba, si total, me iba a pasar en el avión todo el día? Luego incluso me hizo ilusión – “voy a estar en Azerbaiyán”. Yo había desechado ese país en el recorrido caucásico del land-rover camperizado, debido a las trabas burocráticas de los visados y la falta de tiempo.

Londres-Bakú-Tiflis

Mi única experiencia en una escala técnica fue en un vuelo de la Lufthansa entre Fráncfort y la Ciudad de Ho-Chi-Mihn, que paraba en Bangkok. Bajamos del avión y estuvimos alrededor de una hora en una sala de espera de Suvarnabhumi. Dio tiempo a sacarse unas fotos con un cartel del rey de Tailandia y una especie de pagoda decorativa y ver algunas tiendas, mientras el avión repostaba y los eficientes empleados lo aseaban. Me esperaba algo así. Mi pequeña foto de recuerdo con la bandera de Azerbaiyán o con algo escrito en azerí.

Pero nos informaron de que el avión se quedaría en la pista durante 45 minutos y repostaría con el pasaje en su interior. No sé si entró algún pasajero, desde luego en la zona en la que yo me sentaba no había nadie nuevo. Diría que no. Es probable que no tengan licencia para vender billetes entre ambos países transcaucásicos. Eché un vistazo al exterior, pero ya era de noche y todo se veía como gato negro en pozo de petróleo. Ni siquiera me dió por tomar una instantánea.

Del mismo modo que la primera vez que estuve en el aeropuerto de Bangkok no estuve técnicamente en Tailandia (no hay visado de tránsito, ni sello en el pasaporte ni nada), en esta ocasión la ausencia es aún mayor. Creo que si hubiera cometido algún delito en la terminal tailandesa me hubieran juzgado con las leyes del lugar, mientras que de hacerlo dentro del avión en la pista del aeropuerto aún hubiera sido juzgado de acuerdo a la legislación inglesa.

Luego en Armenia hubo otros tres momentos en los que estuve cerca de estar en Azerbaiyán. La extinta República Soviética de Azerbaiyán tenía tres enclaves dentro del territorio armenio. En azerí transliterado al español se llamaban Karki, Barjurdali y Yujari Askipara y hoy en armenio Tigranashén, Azatamut y Verin Voskepar. Hoy tienen nombres armenios porque en la guerra de 1991 Armenia logró quedarse con ellos, a la vez que con el territorio de Nagorno Karabaj (Artsaj dicen los armenios) y zonas de Azerbaiyán que lo rodeaban.

Enclaves de Azerbaiyán en Armenia (en teoría)

Este territorio es de hecho (de facto) armenio, pero la comunidad internacional no reconoce otras fronteras que las de las repúblicas soviéticas, por lo cual se podría decir que según la ley de muchos países hemos pasado por lo que por derecho (de iure) es Azerbaiyán. Supongo que si alguna vez se cierra el contencioso del Alto Karabaj este detalle de los enclaves (además del Karabaj, también había un pequeño enclave armenio –Artsvatashén– en Azerbaiyán) será la parte más sencilla de resolver.

Ahora bien, ¿qué ocurre si hemos pasado por allí pero no hemos estado allí? Podría darse el caso de que no hubiéramos detenido el vehículo y puesto el pie sobre el terreno. Esta era una regla antigua que tenía para determinar en cuántas provincias españolas había estado. Hay algunas cuyas carreteras he recorrido pero que no he hollado y no cuento mi presencia en ellas. Es una versión terrestre del avión estacionado en la pista del aeropuerto Heydar Aliyev.

Sí que pisamos Yujari Askipara/Verin Voskepar y allí acaeció una historia curiosa, que ya tendré ocasión de contar. Luego hubo otra ocasión en la que estuve cerca de estar en Azerbaiyán. Fue en una calle de Tiflis. A ciertos efectos, que no a todos, las embajadas se consideran territorio soberano del país al que representan. Estuve en la cola de la embajada azerbaiyana junto a mis amigos argonautas, esperando a ver si les tramitaban el visado. La verdad es que yo no llegué a poner el pie en el recinto y me limité a observar todo desde la verja de fuera. A ellos los hicieron pasar y sentarse en un banco que hay en un jardincito interior. Habría otra veintena de personas en el tumulto.

Luego les iban haciendo pasar por grupos con el formulario relleno. Llegaban a una puerta desde donde los atendia un funcionario desde detrás de una reja. No les dio ninguna opción. Al parecer, desde julio sólo es posible obtener el visado azerbaiyano con una carta de invitación que sólo se puede obtener a través de las agencias de turismo aprobadas por el gobierno de Azerbaiyán, pero tampoco les quisieron indicar el nombre o la dirección de ninguna. Esto alteró los planes de mis acompañantes de cruzar el Caspio y tras separarnos el día siguiente volvieron a atravesar Armenia hasta Meghri para intentar obtener un visado de tránsito iraní, plan que también resulto fallido. Hoy han comprado boletos aéreos desde Yereván a Tashkent, renunciando a la Argos. Todo por culpa de la embajada de Azerbaiyán.

Nunca he estado en Azerbaiyán y viendo lo visto, no creo que vaya.