Más cartas de Rusia

15/07/2017

Me ha sorprendido comprobar cuán breve fue la nota que dejé tras leer los tres tomos de cartas de Rusia que Juan Valera escribió entre 1856 y 1857. Me parecieron tres tomos con muchos datos dignos de mención. No siempre tiene uno el mejor día. Me he aproximado hoy, gracias a una herramienta formidable que ha utilizado la Biblioteca Nacional de España, a la correspondencia de otro español que también viajó por el gigantesco país y otros cuantos al año siguiente de 1858. Epistolario que fue publicado en 1867, casi una década después.

El ilustre sevillano Jose María López de Ecala y Zubiría se acerca a Petersburgo adonde tras pasar por Berlín llega en barco desde Estettin. Después  de contar interesantes aspectos de la vida en la capital de los zares y cosas turísticas tanto de ella como de Moscú (Moscou) prosigue por Escandinavia hacia el sur de la Europa germánica. No en vano el título completo de la obra es Nueve meses en Rusia, en los pueblos situados entre el Báltico y el mar del Norte, en Prusia, Austria, Baviera, Suiza y Holanda. Cartas escritas por José María López de Ecala.

El contexto histórico de 1858 es que Rusia acaba de salir de la guerra de Crimea y ciertas capas de la sociedad se plantean su modernización. Se cierne la abolición de la servidumbre, que finalmente se proclama en 1861. El embajador español en plaza es el mismo para quien trabajó Valera: el duque de Osuna de prodigalidad legendaria. Los escasos viajeros diletantes de la época solían estar bien relacionados.

En la introducción hay una consideración estilística que me parece buena. Creo que el género de viajes (y el de blog) no suele llegar a gran literatura ni debe siquiera intentarlo, lo cual no es óbice para que sea mejor de leer que mucha novela con ínfulas:

Debo prevenir á mis lectores, que no soy mas que viagero, y que por lo tanto no se encontrarán en este 2.° tomo de mis viages por Europa, esas poéticas y á las veces exageradas descripciones, tan frecuentes en los libros de esta clase publicados en el estrangero; ni esas escenas de efecto, ni esos melodramáticos episodios que los convierten en preciosas novelas, en las cuales el autor hace frecuentemente el papel de protagonista, dando lugar á que la historia de un viage se convierta en la propia historia del viagero.

Yo veo y describo; escribo en estilo familiar, y narro con sencillez lo que veo. Procuro que mis descripciones sean una fotografía de los objetos. No busco la fama del hombre de letras, ni el origen ni el porqué de las cosas; aspiro á complacer á mis amigos, á que el provecho de mi viage alcance al mayor número de mis conciudadanos, y á presentar las cosas tal cual se ofrecieron á mis ojos, llamando al pan, pan, y al vino, vino; y esponiendo, en fin, la verdad desnuda del oropel de las galas del estilo y de las flores de la retórica; procuro solo deleitar é instruir al lector acerca de muchas cosas que no debe desconocer, hoy, repito, que estamos abocados á una gran guerra en el Oriente y en el centro de Europa.

Lo de la guerra y tal. Hay varias veces que parece que acierta el futuro, aunque apostar a que habrá conflictos sea una apuesta ganadora. Cuando habla de la inminente (en términos históricos) abolición de la servidumbre ensarta este párrafo acertado:

Creo firmemente que la reforma se llevará á cabo en Rusia, y que el dia que se plantee amanecerá en el imperio moscovita una era de progreso y civilización de inmensos y beneficiosos resultados para el país; pero también creo que se entablará desde luego una lucha tenaz y acaso sangrienta entre los nuevos y los viejos intereses que se van á poner en pugna. No dudo que las ideas liberales se abrirán un camino, y que no les ha de faltar quien las fomente y empuje con calor; pero habrán de encontrar tenaz resistencia en una sociedad que ha vivido hasta ahora completamente separada del movimiento político de Europa; en una sociedad casi petrificada à virtud de muchos años de absolutismo bárbaro y feroz.

Quizá el liberalismo no se ha abierto demasiado paso en el siglo y medio posterior, pero en lo del conflicto de nuevos y viejos intereses parece que lo clava. Por otro lado es una constante histórica y así ha de ser siempre.

El crucero por el Báltico me ha dado ocasión de notar que tiene que haber alguna razón para que las bengalas se llamen bengalas:

Durante la noche del segundo, la niebla que parece estacionaria en este mar, se condensó en terminos de hacer peligrosa la navegación. Para evitar algun funesto accidente, el capitán mandó acortar fuerza á la máquina, encender faroles en los palos y quemar fuegos de Bengala.

Ya en Petersburgo, una nota a pie de página a propósito de esa gran avenida llamada (Newsky, a la alemana, en el texto) Nevsky Prospekt:

Las grandes calles de Petersburgo se llaman perspectivas por razón de su estremada longitud.

La clásica referencia al francés como lengua de la élite rusa del XIX:

Otro de los caracteres que distingue a la alta sociedad rusa, es el afectar tanto menosprecio ó desden por todo lo que es del país, que en ella no solo se habla el francés con entera esclusion del idioma nacional, sino que se observan con tal rigor y puntualidad las modas, los usos y la etiqueta francesa que le parece á uno estar en las orillas del Sena, sin embargo de oir y ver correr las aguas del Newa.

El clima de Rusia en dos párrafos:

En Rusia, la nieve no moja como en nuestras latitudes meridionales, tan helada y dura cae sobre la tierra. Así que, cuando el viento la fracciona , produce el mismo efecto que las arenas en los puertos de mar removidas por el levante. Los rusos dicen que en su país el frió se vé, pero no se siente; así es la verdad, porque la nieve cae convertida en polvos de cristal, y las precauciones que se toman contra el frió son tales, que apenas ni se deja sentir. Al efecto, las casas están construidas y dispuestas para resistir un frió de 19 á 20 grados, bajo 0.

En S. Petersburgo, amigo mió, no hay primavera ni otoño; no se conoce mas que invierno y verano; ó como decía la Emperatriz Catalina, dos inviernos, uno blanco y otro verde.

Una palabra más conocida hoy que entonces:

Además del droski, úsanse en San Petersburgo carruages que se llaman troika porque tienen tres caballos, y otros de cuatro ó seis asientos á los cuales se enganchan cuatro para ir al campo, ó de viaje.

La vida social de las clases altas:

En un pais como la Rusia donde no existe eso que nosotros llamamos vida pública, tanto porque la forma de gobierno, las costumbres y hasta el clima se oponen á ello, son de indispensable necesidad, las relaciones y las visitas, para hacer mas llevadera la monotonía de la existencia

El embajador turco:

Hace muy pocos días que fuimos invitados á una de estas fiestas por el embajador de Turquía, (que dicen ser hermano de la madre del Sultan) que por cierto, así él como los demás individuos de la embajada, solo tienen de turco; el nombre; pues visten de frac, hablan perfectamente el francés, beben sangre de Jesucristo y no le hacen á una rueda de salchichón.

El tabaco en la Rusia del siglo XIX y la prohibición de fumarlo en la calle:

Ayer sin ir mas lejos, encontrándose mi criado en conversación con otro en la puerta de la embajada fumando tranquilamente, pasó un polizonte, quien sin mas aviso ni ceremonia le quitó bruscamente el cigarro de la boca y se lo llevó para volver al poco rato con una papeleta de multa de un rublo por primera vez.

La intolerancia con los fumadores es tal en San Petersburgo, que se cuenta como hecho ciertísimo, que habiendo llegado á conocimiento del último emperador, que un embajador había tenido el atrevimiento de fumar en medio de la calle, le mandó un cajón de habanos con espreso encargo de que los fumase dentro de su casa.

Semejante prohibición es soberanamente absurda en un país donde todo el mundo fuma, hasta las señoras. Los ricos los mejores tabacos de la Habana que pagan a peseta cada uno, y los pobres tabaco turco, en pipa.

He querido averiguar la razón en que se funda esa ridiculez, y solo he podido saber tres ó cuatro de pié de banco que se dan para esplicarla. Dícese por los unos, que la prohibición se funda en el temor de que se incendien las calles, cuyo pavimento es de madera; otros, porque al emperador le incomoda el humo del tabaco (no me parece mala esa razón, que si no es de pié de banco es de mano autocrática) y los mas, en fin, suponen que es una medida financiera para limitar el consumo de un artículo que no se produce en el pais y del cual se hace un gran consumo.

La parte peterburguesa es más interesante creo que la de Moscú. Por cierto, 21 horas era el viaje de tren entre ambas ciudades (700km que hoy se hacen en tres y media). Dejaré los siguientes países y ciudades para comentar más adelante. Del mismo autor hay un libro anterior sobre un viaje a Italia.

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Sábado peliculero

07/02/2015

Estoy intentando ajustar mis biorritmos, que es una forma exagerada de referirse al ciclo de sueño, para adaptarlos a una vida laboral asimilable. Lo hago bastante mal y en consecuencia hoy me desperté tarde y luego aparte de ir a comprar cuatro cosas para tener algo en la nevera he podido hacer el vago. Lo más destacable para mí, que apenas miro audiovisuales, es que he visto tres películas viejunas. Me las he encontrado en el Youtube, enteras y subtituladas. No sé cómo funciona eso de los derechos. A lo mejor no es que se pueda hacer sino que los dueños de los mismos no se molestan en ejercitarlos. Ni idea.

“El sabor de las cerezas” de Kiarostami. Creo que fue la primera película iraní que alcanzó cierta notoriedad en Occidente, en el año 1997. No se ajusta a nuestro canon del cine jolibudiense y a mí me cuesta mucho apreciarla. Me ha resultado aburrida y ni siquiera la atracción que tengo por la sonoridad del persa la salva. Hay una escena tonta al principio que creo que en el futuro no se entenderá. El protagonista va conduciendo despacio, se le ve a él y la vista de la ventana izquierda del vehículo (como si la cámara estuviese grabando desde el asiento del copiloto). En un momento se oye a alguien conversando por teléfono (que quedaría detrás de la cámara). Esa persona a la que no vemos pregunta al conductor-protagonista si quiere utilizar el teléfono. Casi veinte años después, es difícil imaginar que se trata de una cabina telefónica. El otro día vi por la calle un papel en una de las pocas que quedan. Decía que la iban a retirar en marzo. En el mismo año en que salió esta película, en un viaje por el norte de Francia me sorprendió la abundancia de cabinas. Esta densidad parecía entonces un signo de modernidad y hoy seguramente parecería un atraso. Puede que esté equivocado ya que no lo he investigado bien, pero me ha parecido que cerezas era una traducción más sonora pero menos precisa, ya que se refería a las moras de morera.

Luego he estado viendo dos que están bastante conectadas entre sí a través del nazismo. Una estadounidense de los años 80 que se llamó la caja de música, con Jessica Lange cuyo padre, húngaro emigrado a los EEUU, ha estado implicado en crímenes contra la población civil en Hungría en 1944-45. Es bastante de estilo telefilme con juicios pero me ha gustado. Sale el Budapest de los ochenta, el puente de las cadenas. Tengo que ver si consigo por algún lado la traducción del diálogo en húngaro que tiene con una anciana, que no aparecía subtitulado.

La otra es la famosísima “Der Untergang”, sobre los últimos días de Hitler en el búnker de la Cancillería, de la que sólo había visto la famosa escena viral doblada por todo el mundo con todo tipo de guiones de intenciones humorísticas. Eso queda casi al principio de un filme de dos horas y media. He visto algunos detalles que me han parecido que tenían que haber sido tomados necesariamente de las memorias de Albert Speer y según veo en la Wikipedia parece que ese fue el caso. Casi toda la película ocurre dentro del búnker, con unos pocos exteriores urbanos en Berlín, que creo que pretenden ser Unter den Linden.


Los españoles y Alemania

22/12/2014
Alemania: Impresiones de un español

Alemania: Impresiones de un español

No he tardado mucho en leer el otro libro de Julio Camba por el que sentía interés. “Alemania: Impresiones de un español” es el título de una colección de artículos que se publicó en Madrid 1916. Los artículos parecen estar escritos entre 1912 y 1915 que es el periodo que Camba pasó en Berlín como corresponsal primero de La Tribuna y después de ABC. Así pues, algunos de los artículos de esta colección pueden encontrarse en la maravillosa hemeroteca de este segundo diario, que aún existe y ha tenido a bien ponerla a disposición de todos nosotros.

No sé cuánto alemán llegó a aprender Camba. Él sugiere que no demasiado. Las palabras alemanas están transcritas con numerosos errores, por no mencionar que no se respeta la convención de que los sustantivos alemanes se escriben con mayúscula inicial. Quizá los muchos fallos deban atribuirse a los cajistas de imprenta. Otro sí puede decirse de las palabras inglesas, pero dejémoslo ahí, que bastante duro era ya el oficio de tipógrafo por aquel entonces.

El artículo “El alemán es fácil“, aunque no demuestre lo que su título afirma ofrece un recurso útil hasta cierto punto para aquellos que quieran aprender la lengua de Goethe. Lo de los españoles con las lenguas extranjeras es un tema clásico de incapacidad y desinterés. Tiene Camba otro artículo “Los españoles de Casa Grube” en el que trata del grupo ibérico alojado en la misma casa de huéspedes que él, sita en una céntrica calle berlinesa y donde me entero de que también tomó cuartel Julián Besteiro.

El Café Bauer a principios del siglo XX

En total se ve poca Alemania en los artículos de Camba: apenas Berlín, Múnich y un poquito de Baviera. Hay mucho de salchichas, cervezas, cabezas cuadradas y poquita, muy poca información. Yo quise leer este libro como germanófilo sobrevenido y estudiante eterno de alemán, con la intención de conocer aquella Prusia convertida en Alemania que dio al capitán de Köpenick, y que si el pasado es otro país lo es en este caso más aún que en otros.

Para mi desilusión resulta que el representante del periodismo español se dedicó a ejercer de bon vivant y deleitar a su público con observaciones de filósofo turista sin llegar a conocer la gran nación más allá de su prejucio. A veces se cuela algún dato interesante, como el aumento del presupuesto naval que presagia acontecimientos por venir o algún perfil curioso como los de Zeppelin, von Tirpisch o Haeckel, pero puede decirse que son la excepción y que la mayor parte es costumbrismo de café de un género que hoy nos parecería más cercano a la literatura de viajes que al periodismo, por muy devaluado que consideremos este último oficio.

No tengo claro si es a resultas de su experiencia alemana que Camba miró la Gran Guerra como aliadófilo, o si ya antes de ir para allá no tenía la misma simpatía por Germania que por Francia e Inglaterra. El caso es que no se puede decir que su obra sirva demasiado para aumentar la comprensión entre nuestro mundo cultural y el de los modernos tudescos.

Al final en lugar de desistir de mi propósito me resigné a intentar aprender entre líneas y buscar algunos apellidos que acaban siendo importantes con posterioridad (verbigracia von Moltke, cuyo pariente será pieza clave en la conspiración contra Hitler del 20 de julio de 1944) y otras curiosas conexiones (Ernst von Heydebrand und von der Lasa, de la liga agraria alemana tiene que ser pariente del barón Tassilo von Heydebrand un von der Lasa, ilustre ajedrecista del siglo XIX). Valgan como ejemplo estos dos casos prusianos de Silesia y Posnania.

Por poner otra curiosidad sugeriré que la profusa explicación del artículo “Las cigüeñas alemanas” pareciera indicar que la leyenda centroeuropea según la cual a los niños, cuando nacen, los trae la cigüeña no era aún muy conocida en la España de la segunda década del siglo XX. Los de mi generación podríamos decir que es nuestro patrimonio cultural desde tiempo inmemorial, del mismo modo que “nuestros cuentos” son en realidad los de Perrault y los hermanos Grimm. Hubo sin duda otro folclor y otras tradiciones hispanas que seguramente perecieron por exceso de localismo y que en esta pequeña Kulturkampf que es la selección natural de memes no resistieron el empuje de las tres culturas fuertes del norte.

Por último, si les ocurre como a mí y no disponen de tiempo de leer todo cuanto quieren, creo que hay un artículo que es una buena representación a escala de la colección. Se llama “El pueblo alemán” y está en la página 255 de la edición de 1916 que les comento.


Albert Speer

26/12/2013

Hace años había empezado las memorias de Albert Speer. Tenía el libro en español y lo perdí. Me dio mucha rabia porque había leído unas decenas de páginas y me estaba pareciendo una traducción de mucha calidad. Da mucha rabia perder un libro y luego he oído decir unas cuantas veces que es un texto indispensable, así que como lo he vuelto a encontrar por dos reales y tenía un par de festivos por delante he sentido la urgencia de comprarlo y leerlo del tirón.

Hace más años aún, en Berlín, compré otro libro muy interesante. Era una guía de la ciudad que relacionaba todos los lugares con lo que habían sido entre 1933 y 1945. Incluía edificios que ya no existían, los nombres antiguos de elementos urbanos que llevaran nombres nazis y hablaba de las condiciones de vida de la época y cosas así. Un capítulo muy interesante eran los planos de Speer para construir el nuevo Berlín tras la victoria en la guerra. Antes de eso su nombre no era uno que destacara en especial en mi mente entre los de los otros jerarcas nazis.

Es una autobiografía de lo más interesante en muchos aspectos, ya que Speer se subió al carro del nazismo en el último momento y no dejó de ser considerado un outsider por muchos de los antiguos camaradas de Hitler. Parece un personaje mucho más íntegro que los demás protagonistas, aunque tuvo la ventaja de vivir para contar su punto de vista y defender su actuación. Su posición privilegiada en el entorno del caudillo alemán ofrece vistas interesantes sobre cómo se vivieron los aconteceres en la cabina de mando. A mí en especial me parece interesante la desastrosa gestión de Estalingrado, pero datos y aspectos menores como la importancia de la industria de rodamientos, la expedición al monte Élbrus o la personalidad de Eva Braun no están exentas de interés.

Curiosamente la lectura del libro me ha hecho reflexionar mucho sobre asuntos que no son ni históricos, ni políticos ni ideológicos ni bélicos. Las observaciones de Speer sobre la organización del Tercer Reich me han hecho pensar mucho sobre el mundo de la empresa. En especial sobre el principio de responsabilidad; la necesidad de la crítica y la autocrítica para aprender de los errores y mejorar los procesos; y los estilos de liderazgo.

Una gran parte de las memorias pivota alrededor de la figura de Hitler y cómo ejerce el poder. Speer muestra muchas facetas de su jefe dando a entender una personalidad muy complicada que según las cosas se van poniendo difíciles es cada vez más irascible, carente de empatía y rayana en la locura aunque aprecia muchos rasgos positivos y su juicio se debate entre la admiración y la lealtad de doce años de colaboración y la opinión final que de él le queda tras la derrota. La autoridad de Hitler es incontestada pero a la vez sin mucha capacidad para comprobar si sus órdenes se estaban llevando a cabo. En muchos sentidos se podría decir que su liderazgo era blando. Gran parte de los juegos de poder dentro del sistema consisten en ver quién consigue el apoyo de Hitler para tal o cual cosa. Es muy sorprendente la incapacidad de los demás para postularse como alternativa.

Relacionando la figura de Hitler con lo de las cuestiones de management, es curioso que su sistema de trabajo tal y como lo describe Speer fuera tan ineficiente, con unos horarios un tanto absurdos, amateurismo e incapacidad para determinar cuáles eran los puntos importantes de la agenda. Aparte de las carencias del líder, en lo relativo al sistema Speer critica mucho la burocracia alemana a la que considera muy inferior a lo que estadounidenses y británicos estaban haciendo en tiempo de guerra. Tengo dudas sobre cuál es el nivel adecuado de burocracia que maximiza la eficiencia. También cuestiona la falta de sinergias cuando más de una organización hace el mismo trabajo o si las líneas de abastecimiento de los diferentes ejércitos son totalmente diferentes. Tampoco está claro a mi modo de ver cuánta redundancia es necesaria, ya que cuando hay un solo sistema se maximiza la eficiencia pero su defensa es capital y su fallo un problema crítico.

En el libro no se ve nada de la persecución a los judíos ni en general las condiciones de Alemania prebélica y tampoco los crímenes de guerra perpetrados en el este y Speer ha sido criticado por ello. Tampoco aparece que el exterminio de la población civil y muchos temas que hoy nos parecen centrales para entender el nacionalsocialismo fueran asuntos sobre los que se debatiera en la cancillería. En cambio se ve mucho a Hitler como un megalómano obsesionado por construir edificios, sobre todo antes de que empiece la guerra pero también una vez iniciada la misma. Resulta muy curioso cómo no cambia su foco de atención y pretende seguir construyendo sin entender lo que se viene encima. Diría yo que el líder efectivo de un país, y más en la actualidad, deja cuestiones de arquitectura y otros asuntos menores que parecían obsesionar a Hitler a los técnicos.

Al final, y a diferencia de otros,a Speer acepta su responsabilidad en el sistema y en Núremberg lo condenan a veinte años, donde tuvo tiempo para reflexionar y escribir estas memorias. La idea más importante que queda en ellas es que Hitler merece ser condenado por la Historia, no sólo por las desgracias y crímenes que provocó en otros países y la aniquilación de millones de seres humanos sino también por haber creido que su figura y el destino de su plan eran más importantes que la pervivencia de la nación alemana.


Litfaßsäule

26/12/2012

Hace casi tres años, cuando fuimos a explorar qué quedaba de Hirschberg, vi que frente al solar donde estuvo la casa había una de esas columnas en las que se ponen carteles y le pregunté a Anja de nuevo cómo se llamaban en alemán, porque recordaba que me lo había dicho en Berlín tiempo atrás.

Litfaßsäule (Jelenia Góra, Polonia – febrero de 2010)

El nombre es Litfaßsäule, y creo que es una de esas palabras alemanas que se escriben mejor con la grafía antigua, ya que con la moderna sería Litfasssaeule, y tanto las tres eses consecutivas como las tres vocales que van a continuación, son un desaguisado visual para las almas sensibles.

Säule quiere decir columna y Litfaß es el apellido del editor berlinés Ernst Litfaß, que las  inventó. Leo que hoy en día hay 67.000 columnas de estas en Alemania. Creo que es un objeto que no se ha prodigado mucho en España, al menos en los sitios por los que yo he pasado. Me suena que hace pocos años empezaron a instalarlos en Madrid y el populacho castizo los empezó a llamar “chirimbolos”, que es un nombre como “cacharro” que sirve para llamar a cualquier cosa y que quizá sea especialmente afortunado para objetos alargados (como un bolo) o de forma redondeada (como una bola). La última opción es la que parece señalar la etimología eusquérica.

No tengo duda de que ahora ya los hay en más sitios, porque es una pieza de mobiliario urbano modernista y belle époque que queda muy bien en cualquier ciudad pretenciosa. Al fin y al cabo son acontecimientos culturales más que propaganda comercial lo que suele exponerse en las columnas de Litfass. De hecho, en un diccionario alemán-español traducen el nombre como “cartelera”.

Quizá lo más parecido que ha podido verse en la península ibérica durante siglos sean los rollos de la inquisición, con otra función totalmente diferente, pero que me deja con la duda de si se le podría haber llamado rollo al invento alemán.


El capitán de Köpenick

29/10/2010

Der Hauptmann von Köpenick

Como gracias a la competencia proverbial de mi proveedor de cable me he quedado sin conexión un par de días, he aprovechado para hacer otras cosas en el mundo menos irreal. Una de ellas ha sido ver esta película alemana de 1956: El capitán de Köpenick (Der Hauptmann von Köpenick). No se compara con el cine actual, y es de esas en las que se nota que la calle es un decorado, pero se deja ver. El protagonista, Heinz Rühmann, está impresionante y me parece que es una crítica del militarismo prusiano en plena época de la desnazificación. No desvelo mucho de la trama si digo que trata de un perdedor recién salido de la cárcel que tras fracasar en varios empeños se consigue un uniforme de capitán y logra que otros cumplan sus órdenes sin cuestionar su autoridad y rango. Parecería una metáfora de lo que ya se sabe, pero está basada en un caso real que se dio a principios del siglo XX. Es verdad que los nazis intentaron destruir todas las copias de una versión anterior de la historia rodada en 1926. El acento berlinés se me ha hecho durísimo, pero los subtítulos en español que me agencié me han ayudado e indignado a un tiempo. En un momento mencionan la obra teatral Los tejedores de Gerhart Hauptmann -otro “capitán”-, que curiosamente había leído este mes.


Muro de Berlín

28/01/2009

Esta paya tan lejos de su gitano

este penal del puerto sin vis-a-vis

esta guerra civil, este mano a mano

estos moros y cristianos

este muro de Berlín.

No cito porque quien conoce o me conoce sabe y quien no debería investigar. Esta foto es de enero de 2007. No me gustaba mucho hasta que le quité el color y comenzó a crearme una cierta angustia.

Mis muros son hoy más prosáicos. He desinstalado firefox 3 y al instalar firefox 2 he recuperado mis marcadores, que llevaban meses en el limbo. También me he permitido soñar con el Ganges, y eso es todo lo que dan de sí las escasas horas que pasamos sin dormir fuera de los muros de la producción.