Una caja de libros

29/03/2016
Libros

Libros

Si tengo algún sueño dorado que sea a su vez un tipo de aspiración material es el de concentrar mis libros en un mismo espacio físico. Contra él se conjuran el precio del metro cuadrado urbanizable, la distancia, la logística, la pereza y el caos inherente a los trasteros que gestione mi santa madre. He abierto una caja con libros que ahora sé que están todos juntos:

Guías de viajes LP de Argentina, Brasil, Canadá, Nueva Zelanda (2), Japón  Todas viejas, pero de algo valdrán si esos países siguen aún en su sitio.
Grammaire et Exercises de Francais Más o menos he decidido no aprender ningún idioma nuevo en la vida y puede llegar a ser util en algún momento para aprender bien lo que antes aprendí mal.
Ireland in a Glass of Its Own (Peter Biddlecombe) No lo he leído aún,
Millionaire Moments (Chris Tarrant) Ni sé por qué lo tengo, pero vienen preguntas en el formato del famoso concurso aquel de ¿quién quiere ser millonario?
Cuaderno de la cárcel – (Ho Chi Minh, traducido por un cubano) En vietnamita, español y caracteres siníticos. Le iba a enviar un poema a una antigua compañera de trabajo, pero creo que por haber tenido que escapar de Vietnam precisamente no simpatizará demasiado con el tío Ho,
I play against Pieces (Biografía de Svetozar Gligoric) Lo leí en su día y apenas recuerdo lo de que un hombre destaca en su campo entre los 33 y 36 años de edad.
Bobby Fischer: The Wondering King (Bohm & Johgkind) El enésimo libro sobre el fantasma de la ópera superado por la muerte de su protagonista. Espero que si se hacen más sean ya sólo sobre el ajedrecista y como mucho sobre el tarado. Sin más misterios. 
The Bastford Book of Chess Records (Damsky) No da lo que promete. Fraude.
Black is ok forever (Adorjan) El tío es gracioso, pero no creerle.
Brigadista (Biografía de Bob Doyle) Sólo si uno está muy interesado en la Guerra Civil Española o en la conexión irlandesa con la misma.
Telegram from Guernica (Nicholas Rankin)  No lo he leído aún. Es un libro sobre Steer. Quizá tenga más sentido leer primero el libro de Steer.
The Spanish Cockpit (Franz Borkenau) El libro que me hizo preguntarme por qué a la cabina de piloto se le llama en inglés gallera. Aparte de eso está reconocido como muy bueno.
World Cultures: Germany Debería haberme pasado este nivel, a estas alturas de la película.
Without Feathers (Woody Allen) Clásicos textos humorísticos que funcionaban hace unas décadas y que creo que ahora ya no.
Mytologie grecque et romaine ¿Lo heredé de una compañera de piso?
Constitution of Ireland – Edición sobrepasada por varios referendos modificativos.
Understanding Japanese – Mejor no ser demasiado ambiciosos
The Good German – Esta novela no la he leído pero vi la película y me pareció infame así que nunca me atreveré
Is it just me or everything shit – ¿Incluido este libro?
The Lie of the Land (Fintan O’Toole) – Si uno quiere entender un país ha de acudir primero a las estadísticas, luego a los ensayos, después las novelas y el resto para el final. Aquí hay varios textos que están bien para entender a los irlandeses.
Chomsky and Globalisation (Jeremy Fox) – Un cuadernito poco pretencioso que estaba bien. Habría que volver a echarle un vistazo ahora que ya nadie se acuerda de criticar la globalización (¿será que está consumada?)
Un libro chino para sacarse el Toefl – Ni idea de cómo acabó en mi ajuar.
Harvest of Empire (Juan González) – Un libro que me pareció muy bueno, con el que aprendí mucha historia americana y que me hizo replantearme algunas ideas de Kymlicka.

Antes de la siguiente frase prometo que no he añadido ni quitado nada al contenido de la caja, que a lo mejor da una idea más aproximada de mis intereses que ninguna mentira que quiera inventarme.

 

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Domingo social

22/01/2012

El Porter House, un clásico

En raras ocasiones consagro una jornada completa a la vida social, pero debo apresurarme. Por un azar esta mañana, en busca de un café, nos topamos con unos compañeros de trabajo de la que manda. Alemana ella, israelí él. Compartimos un desayuno en el que el tema de conversación fue Bobby Fischer que, no es sorpresa, debe de ser bastante conocido en Israel. No me gusta que mi dueña informe a otras personas de mi afición al juego rey ya que eso me obliga a conversaciones en las que no me siento cómodo, a causa de mi injusta ventaja. Este Ehud de Tel Aviv me ha caído simpático. Al menos en apariencia teníamos opiniones similares sobre el conflicto palestinoisraelí y ambos nos defendemos  so oder so en alemán. Como ellos me preguntaron sobre Fischer y Kaspárov yo le pregunté si su familia hablaba yidis. Me dijo que sus abuelos sí y que también checo y rumano. Que el yidis aún se oye no sólo en Nueva York, sino también en Israel; pero que el ladino está extinguido. En cambio mucha gente habla español, aunque son sobre todo argentinos. Él me preguntó si entendía el ladino y yo dije que bastante bien, y que no es demasiado difícil para los españoles que hayan leído a los clásicos. Aunque, ahora que lo pienso, éstos también son una especie en extinción.

Luego me he ido al centro yo solito a comer un bento con Carlos. La sopa de miso me salva la vida en invierno. Curiosamente, el menú del día incluía faisán, que es una carne que hacía lustros que no cataba. Con eso y mi poquito de sushi me he quedado más contento que unas pascuas y hemos salido a echar un café con Lothar, Óscar y Edmundo que habían estado comiendo en un restaurante vegetariano de los hare krishna. No se ha perdido el arte, pero sí el placer de conversar. Hacía mucho que no oía a varias personas hablando de asuntos generales y tocando varios palos a la vez. No sé si es porque ahora trabajo y como casi todos los días con mujeres. Diría que sus preocupaciones son más inmediatas y tienen que ver más con intereses que con ideales. Parte será la visión machista del mundo, pero vayan a comer una semana con mis colegas y me cuentan.

2012: el año del dragón

Cuando marchaba para casa se me ha ocurrido llamar al Cañita, al que a ratos tengo abandonado, pero es que me lleva por el camino del mal. Él tenía su clase de tango un rato después así que hemos decidido vernos aunque fuera media hora. De camino a la cita y antes de llegar a una esquina muy cara para mí, me he encontrado con las celebraciones del Año Nuevo chino. Un escenario rojo como la bandera nacional, ornado con faroles como aquella linterna de la película de Zhang Yimou en el que sonaba una música oriental muy bonita e iban apareciendo varias princesas y algún príncipe vestidos con trajes coloridos; puestos de comida china y todo tipo de baratijas de las que produce la gran fábrica del mundo.

Mariposas

Esperando a ese gran hombre me he percatado de que en algunos árboles había unas mariposas gigantescas de ornamento. No sé si esto tendrá que ver con la festividad china, pero he supuesto que sí. Después hemos dado una vuelta conversando sobre el tango, las posibilidades remotas de abandonar la isla en estos tiempos difíciles y las hipotecas. Nos hemos vuelto a pasar por las celebraciones chinas, donde había una exhibición de tai chi. Luego nos hemos encontrado con mi amiguete Michael que andaba en el pluriempleo de músico callejero y hemos estado un rato de charla. Tengo que juntarme pronto con la gente de mi antiguo empleo. Nos hemos zafado de esa pesadilla dublinesa que son los recaudadores de donaciones para causas nobles. Y después, como he caminado tanto a lo largo del día, he hecho lo que casi nunca: volver a casa en tranvía.