Declive y caída del Imperio Austrohúngaro

10/02/2019

by Alan Sked

He leído relativamente deprisa Decline & Fall of the Habsburg Empire (1815-1918), de Alan Sked (1989) que es un volumen de unas 250 páginas, la longitud ideal para mi grado de interés en la historia centroeuropea. He llegado a él buscando claves de organización política y territorial y errores flagrantes que causen la desintegración de una unidad política. No he encontrado nada necesariamente convincente ni que me sirva para construir un modelo. Al final pareciera que todos somos contingentes y que todo es contingente. De hecho, el autor reconoce que “declive y caída” es una frase hecha y que de hecho en muchos sentidos el imperio estaba mejorando cuando la guerra lo tumbó.

Hay partes de la explicación que tienen que ver con personajes y decisiones concretas. Estas suelen ser las que menos me agradan, por oposición a otras de tipo más estructural que son las que sirven para modelar. Por tanto los jueguecitos de diplomacia y espías de Metternich y el príncipe Schwarzenberg y básicamente todo lo que va entre el Congreso de Viena y las revoluciones de 1848 casi que me lo salto. Lo que me interesa mucho tiene que ver con la articulación lingüística de Bohemia, con la recomendación de Palmerston respecto a cómo se debe ser conservador y la comparación entre las diversas articulaciones de los territorios de la Monarquía a partir de su diversidad étnica.

En un momento del prólogo se indica que el imperio de los Habsburgo tiene en el momento de la accesión al trono de Francisco José (1848) unos 667.000 km2 (algo más que la península Ibérica) y unos 37,5 millones de habitantes; de los cuales 8 son alemanes, 5.5 magiares, 5 italianos, 4 checos, 3 rutenos, 2.5 rumanos, 2 polacos, 2 eslovacos, 1.5 serbios, 1.5 croatas, 1.5 eslovenos, 0.75 judíos y 0.5 más entre gitanos, armenios búlgaros y griegos. Me sorprende la cantidad de italianos porque tengo en la cabeza el mapa de 1914 con apenas el Tirol del Sur y la península de Istria sin caer en la cuenta de la previa pérdida de Lombardía (1859) y Venecia (1866).

Hay una frase que me resulta fascinante porque describe con elegancia algo que habrá ocurrido en un sinfín de ocasiones:

Los estudiantes de la Monarquía, como los de todas partes, recogieron las ideas más críticas de su época del modo más acrítico y habrían de convertirse en el grupo social más implicado en los acontecimientos de 1848.

No me he quedado convencido de que más allá de la Gran Guerra haya una causa clara que causara el derrumbe de esta polity tan peculiar. Es claro que mirada desde hoy parece un modelo insostenible, pero también supone un arcaísmo muy extraño la Mancomunidad Británica de Naciones y ahí sigue. Con todos sus problemas y limitaciones si no hubiera mediado un gran choque el Imperio Habsburgo podría haber aguantado mucho más.


Rosa de Bohemia

19/03/2010

Casi que lo peor del viaje es viajar. No se trata exactamente de eso, pero ciertamente disfruto investigando sobre los lugares a los que me desplazo tanto o más que cuando me encuentro en ellos. La experiencia es ligeramente diferente en la lectura preparatoria, donde la imaginación desempeña un papel más importante, y en la que se lleva a cabo con posterioridad a la estancia, en la cual se mezclan elementos de la vivencia personal con lo aprendido.

El aprendizaje es en muchas ocasiones un proceso de interrelación de conocimientos. En el caso de la historia es bien claro que cualquier dato que se adquiera se complementa muy bien con los que se posean de geografía.

Se me ha ocurrido consultar uno de mis tesoros, para ver si encontraba algún mapa antiguo de la recién visitada Silesia. No había ninguno específico. Se ve bastante bien en el de Germania de Joan Blaeu de  1606. De algún modo me ha sorprendido la ausencia del mapa silesio en la colección ya que es probablemente una de las zonas mejor documentadas de Europa. En cambio, me he encontrado con esta Rosa de Bohemia.

Silesia estuvo primero vinculada a la dinastía de los Piast y pasó a estar bajo el control de Bohemia, y luego de Prusia y Alemania, antes de terminar en Polonia. Eso es simplificando mucho mil años en dos líneas. El caso es que me he encontrado con el mapa de Christoph Vetter que aparece en el Epitome Historica rerum Bohemicarum de Bohuslav Babin, impreso en Ausburgo en 1677.  No sé por qué en mi colección aparece el grabado en blanco y negro. He encontrado otra versión colorida que realza la belleza de la obra de arte cartográfica.

Indica el libro que “representar mapas en forma alegórica era una fórmula popular de expresión cartográfica y en particular cuando había un emblema nacional que podía utilizarse para tal motivo […] la rosa era un símbolo regional popular, más específicamente del sur de Bohemia. El emblema de la familia Rosenberg (Rozmberk) era una rosa de cinco pétalos. La familia gobernó la zona durante más de doscientos años. Eran conocidos como los Amos de la Rosa. Muchas localidades de la región adoptaron la rosa como símbolo y las “Fiestas de la Rosa de Cinco Pétalos” siguen celebrándose en la actualidad. En el centro de la rosa se encuentra la ciudad de Praga, mientras que la raíz nace de Viena, Los cinco pétalos grandes son las provincias de Austria, Baviera, Moravia, Silesia y Misnia (Meissen). Los pétalos se subdividen en las 18 divisiones administrativas de Bohemia, entre las que se cuenta la propia Praga

He ampliado la zona en la que se aprecia Hirschberg (Jelenia Góra), en el pétalo silesio. La sierra de Riesengebirge aparece con el nombre de Montes Gigantium. Esto sería Montes (o Montañas) de los Gigantes, más que Montes (o Montañas) Gigantes. Las lenguas germánicas no marcan tanto esta diferencia.”

Bohemiae rosa, Omnibus saeculis cruenta, in qua plura quam 80. magna praelia comissa sunt, nunc primum hac forma excusa.