Dios no es bueno

31/01/2016

En los dos o tres años anteriores a su muerte había oído hablar mucho de Christopher Hitchens y recuerdo haberle leído algunos artículos sobre la enfermedad. Últimamente he visto muchas citas suyas en las redes sociales y a Richard Dawkins alabar su prosa, pero no le había leído ningún libro. La semana pasada me encontré con este God Is Not Great en una librería de segunda mano (la primera página del ejemplar tiene una dedicatoria: Memories of Paris, 22/07/2007). Es curioso el matiz de la traducción española del título.

Creo que en general todos deberíamos leer libros que contengan argumentos que contradigan hasta cierto punto lo que ya pensamos. Mi acercamiento a este libro ha sido más bien lo contrario: ya sabía que iba a encontrarme con ideas hacia las que estaba bien predispuesto. También me parece que es error que casi todos cometemos. De estos temas metafísicos ya hace tiempo que estoy curado. Diría que son las tribulaciones que me ocasiona el monopolio de la educación primaria irlandesa que detenta la Iglesia romana las que me soliviantan y hacen que me reafirme en cosas que hacía años que ni consideraba.

Mi veredicto es que no es un gran libro. En un momento dado me siento casi capaz de escribir un libro parecido, lo cual es ponerlo un poco bajo. Es interesante, pero me ha parecido peor que la impresión con la que quedé tras leer El espejismo de Dios de Dawkins, con el que creo recordar que aprendí bastantes cosas más. Tampoco me parece que sea el enfoque adecuado para que los que creen en cosas mágicas abracen la racionalidad, pero quién sabrá cuál puede ser ese: seguramente el mejor sistema no consista en escribir libros.

No es un libro académico de esos con muchas notas y referencias que acaban siendo prácticamente una obra colectiva de todos los que aparecen en los agradecimientos. Se ve que está escrito muy del tirón y acaso no esté demasiado bien estructurado. Hay algunos fallos disculpables (colocar el monte Ararat en Armenia, “origen sánscrito”-sic– del número cero) y detalles menores como las grafías de algunos nombres propios no demasiado bien cuidadas (¿Bartolemeo de las Casas?). En un momento en que escribe “Márquez-like collective amnesia” he tardado en darme cuenta de que se refería a García Márquez en referencia a un episodio de Cien años de soledad. Los guiris nunca van a entender cómo funciona lo de los dos apellidos.

Le pega a casi todo. Critica a figuras que tienen ese aura de intocables (el Dalai Lama, Gandhi…), otros que ya son clásicos como Teresa de Calcuta, que debe de ser el personaje más sobrevalorado de la Historia. Contra lo que yo habría esperado y pienso deja en bastante buen lugar a Woytiła. Me ha gustado bastante el capítulo que dice que no hay solución oriental y saca las miserias del budismo y otras creencias de Asia.

Sri Lanka. Birmania no estaba aún de moda.

Sri Lanka. Birmania no estaba aún de moda.

Entre las cosas de mi interés tiene unos párrafos que tratan la conexión entre catolicismo y fascismo. En este fragmento la historia de España e Irlanda se entrecruzan:

In neighboring Ireland, the Blue Shirt movement of General O’Duffy (which sent volunteers to fight for Franco in Spain) was little more than a dependency of the Catholic Church.

[Esas miradas cuando le explico a gente en España el sistema de partidos irlandés y cuento que está dominado por dos partidos parecidos al PP y que el que me gusta algo más y  parece un poco menos de derechas mandó tropas a luchar con Franco…]

Entre otras cositas sueltas, que la Ashura de los chiíes en Kerbala se parece a la Semana Santa de Andalucía y que un pensamiento que tengo hace años ya estaba en De Rerum Natura de Lucrecio.

Las partes más flojas me han parecido las del mormonismo (que será porque no me interesa demasiado, ya que la aventura de su fundación tiene bastante guasa) y quizá la del Islam por pura saturación.

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Dublín, verano de 2013 (2)

25/09/2013

Uno de los temas clásicos de este blog es la exhibición de la vida de un españolito emigrado a Dublín de Irlanda. Se me ocurren muchas más cosas que contar que el tiempo que tengo para escribirlas. A veces tomo fotografías con la intención de contar una historia que nunca llega. Ahora que empieza el otoño, voy a aprovechar para verter sin orden ni concierto un montón de imágenes que tomé durante el verano. Como tengo más de las que son aconsejables para un día, vamos a convertir esto en una nueva serie.

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Farola madre y farola hijo

Alguien ha tenido la curiosa idea de hacer que las farolas del barrio cobren vida. Días antes había visto “a disapproving lamppost” en el que últimamente es mi rincón favorito para perder el tiempo en Internet.

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Gardiner street

Paso por esta calle a diario. Esta foto se la quería enviar a mi primo por guasap, porque en uno de los miles de hostales que la jalonan se había alojado con sus amigos en 2001. A la izquierda como reliquia de otros tiempos, una tienda de máquinas de coser y un zapatero remendón. La pensión que hay en el mismo edificio se llama Holyhead, como el lugar de Gales al que llegan los transbordadores y donde estuvimos en julio.

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Guernica o Gernika pero en el medio no

En el centro central han puesto un restaurante vascongado cuyo nombre de grafía híbrida no augura nada bueno. A ver lo que dura, porque esa es una esquina difícil. Sin embargo, he visto la carta y los platos y precios y tenían muy buena pinta. Lo que no sé es si es agradable es menear el bigote en un lugar decorado todo con los motivos bélicos picasianos del famoso cuadro.

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Elvis y geisha

En un callejón de esos por los que muy pocos nos atrevemos a pasar han hecho una pintada interesante. El estado de algunas viviendas del centro es tan lamentable que la pintura sólo puede mejorar su aspecto.

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Esperando en la terminal 2 me encontré con un ventanal que da a la entrada al túnel que pasa por debajo. Admírenme en el reflejo.

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Precios desorbitados

En ese mismo rato del aeropuerto vi a una chica zampándose una madalena y me dio envidia, así que me acerqué a la tienda, pero me tuve que privar a causa de esos precios desorbitantes. Lo mismo esto que voy a escribir ya lo sabe todo el mundo hispano, pero yo lo descubrí aquí: Un muffin es una especie de madalena algo más rica. Un scone es una especie de pedrusco que no está mal del todo si se moja in a relaxing cup of café con leche.

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Budismo fideísta

Otra del aeropuerto. Una vez oí que los cristianos son demasiado sensibles con el uso que se hace de sus símbolos, que hay estatuas del Buda en todas las discotecas y los budistas no dicen nada. No sé. Aquí Siddharta bajo el mostrador de un puesto de fideos.

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La virgen del primero izquierda

En Dublín, aunque no sea en puestos de fideos, hay muchas estátuas de cristos y vírgenes. Una que suelo ver a menudo es la que hay al final de Gardiner st, esquina con Dorset. Ahí al lado viví yo una etapa feliz y desordenada, o al menos así la recuerdo. En la pared de una casa normal y corriente está posada María de Nazaret. En la ventana de al lado viven unos brasileños o unos a los que les gusta la bandera de Brasil.

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Una de tantas tiendas polacas

Y por seguir con creencias religiosas, siempre me han fascinado esas ordenanzas agresivas que tienen en Cataluña, donde por pelotas uno tiene que rotular su negocio en catalán. Aquí una tienda polaca (sklep) de no sé qué. Si no lo sé es porque probablemente no soy el tipo de consumidor al que apuntan, aunque vete a saber, si tiene cosas que me gusten y buenos precios, ahí que me voy. Lo que digo es que ni a los polacos les hago falta yo, ni a mí leyes que protejan mi lengua ni el inglés de los polacos ni de los chinos ni nada de nada. Pobres de los catalanes ateos si se acaban quedando solos.

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Garaje

La semana que vi un cinquecento, también me encontré con un Ford antiguo en el garaje de casa. Nuestro apartamento no tiene plaza de garaje y pensábamos que sería interesante hacernos con una, porque se puede alquilar por 80€-100€ al mes y siempre es un valor añadido aunque no tengamos coche. Si quieren saber qué barbaridad de dinero piden por una raya en el suelo de esas, me lo preguntan en los comentarios.

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Oktoberfest Dublín

La carpa del Oktoberfest en el IFSC. Como todo el mundo sabe y al igual que la Feria de abril, esta fiesta comienza en el mes que no es, en este caso septiembre. El típico perrito caliente que en Berlín cuesta dos euros o menos, aquí sale por cinco. En una comparativa de países el consumidor irlandés no resultaría especialmente susceptible a los precios, y menos cuando hubiera cerveza de por medio.

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Gardiner st

Esto es otra vez en la calle Gardiner, pero en la parte de abajo. Es que vi el cartel de las patatas fritas Tayto, el de “say cheese & onion” y me pareció que lo podía usar para contar una anécdota. Los anglos cuando tiran fotos, suelen pedir al retratado que diga cheese! (queso) para salir como sonriendo y tal. Hace muchos años en Turquía mis hermanas y yo pedimos a unos yanquis que nos hicieran una foto y como los tíos veían que hablábamos algo que no era inglés y que ellos creían que era italiano, nos empezaron a decir Parmigiano, Gorgonzola y otros nombres de quesos, en ese plan.  Las sisters no se quedaron con la copla pero a mí me hizo hasta gracia cómo alguien puede ser tan gilipollas y a la vez tener su punto de lógica. Bueno, pues que el sabor favorito de Irlanda para las patatas de bolsa es queso y cebolla. Esta gente le echa sal y vinagre a las patatas fritas normales. Oí a un gringo que decía que el vinagre es el ketchup de los británicos: “¿cómo de mala tiene que ser tu comida para que mejore echándole vinagre?”


Mandela y el Dalai Lama

05/10/2011

Mandela y el Dalai Lama en 1996 (AP Photo/Sasa Kralj)

La única noticia que me puso a pensar ayer fue la de que el Dalai Lama renunciaba a ir a Suráfrica para celebrar el 80 aniversario de Desmond Tutú, debido a que el gobierno surafricano no le había concedido un visado. Desmond Tutú por su parte, declaraba que “el gobierno actual es peor que el del apartheid“, porque en los tiempos del racismo institucional un podía esperarse algo así. Entre bambalinas todo el mundo cree que lo que se cuece son las presiones de la República Popular de China.

Si se puede identificar el actual sistema político surafricano con alguien, es sin duda con Nelson Mandela. Aunque el venerable anciano ya no participa de los asuntos políticos, él es sin duda quien mejor encarna el tránsito entre la etapa del gobierno de los blancos, en la que pasó 27 años en prisión y la primera Suráfrica democrática, de la que fue presidente. Curiosamente, la historia será benigna con él y le recordará por su sacrificio en la cárcel y no por sus errores de gobierno, como por ejemplo una política sanitaria nefasta que permitió que su país se convirtiera en la primera potencia mundial del sida. En gran medida es arbitrario e injusto que se le juzgue por los veintesiete años en los que fue un hombre y no por los cinco en los que fue presidente. El valor del mito frente a la realidad.

También el Dalai Lama tiene para su imagen la fortuna de ser marioneta de la lucha entre China y Occidente por la hegemonía mundial. A nadie se le ocurre recordar que el Tíbet fue hasta los años cincuenta del siglo XX una teocracia feudal, regida por monjes que influían más sobre la vida de los infelices campesinos en mayor medida de lo que, por ejemplo hoy, lo hacen los clérigos iraníes sobre su plebe. El Dalai Lama estaba destinado a continuar esta dictadura absurda de la espiritualidad, el atraso económico y las condiciones de vida miserable. Los chinos no son capaces de entender que algunos tibetanos no les agradezcan la liberación, del mismo modo que en Occidente no se entiende que una mujer libre decida llevar el velo islámico. El budismo es una religión tan falsa como cualquier otra y con el mismo potencial destructivo. No entiendo por qué no aparece más en los medios occidentales lo que ocurre en Sri Lanka.

Luces y sombras del Dalai Lama y de Mandela, dos iconos del buenismo que campa por el mundo posmoderno.


Samsara

21/06/2010

Cartel de la película

Ayer volví a ver esta película del año 2001, Samsara, que yo creo que vi en el cine en 2003. La tenía por película alemana aunque parece que es una de esas coproducciones. Me parece un filme en el que la fotografía es muy superior al argumento. Creo que había pasado media hora cuando me di cuenta de que no había puesto los subtítulos. Los paisajes del norte de la India y los coloridos atuendos de monjes budistas y lugareños hacen que la trama quede en segundo plano. Tiene algunos elementos chespirianos y alguna idea suelta sobre la tensión entre el mundo tradicional y la globalización, pero seguro que la historia no me resultaría tolerable en un escenario al que esté más acostumbrado. Sólo para amantes del exotismo y aquellos a los que les gusta relajarse contemplando la pantalla grande.