La decadencia de España

11/12/2017

Portada

He pasado varios meses arrastrando la lectura de la Historia de la decadencia de España que Cánovas del Castillo escribió sobre el siglo XVII español (1598-1700). Lo hizo en 1858 a la edad de 26 años (lo cual es especialmente admirable cuando uno piensa con qué andaba entreteniéndose a esa edad) antes de convertirse en uno de los grandes políticos españoles del siglo XIX. Aviso de que no lo voy a recomendar. Creo que sólo he podido acabarlo gracias a que lo tenía en el Kindle y así, a ratos de autobús de los que por desgracia no ando escaso, he ido tragando páginas y millas de un modo que llevando a cuestas el mamotreto de más de ochocientas páginas hubiera sido imposible.

Mi veredicto sobre el libro es bastante negativo y sí se me ocurre que una de las causas de la decadencia de España podría ser el haberse mirado a sí misma desde este ángulo y haber escrito Historia así. La erudición de Cánovas era monumental aunque me da la sensación de que no estaba demasiado bien estructurada.

Mi primera inclinación es por negar la mayor y suponer que quizá ni en su dorado siglo XVI España alcanzara tanta grandeza como se suele suponer. Este tipo de relato histórico basado en alianzas matrimoniales, batallas, tratados de paz e intercambio de territorios dista de ser la historia del país real. A mí me parece que quedan confundidos los intereses del país y la protonación con los de la casa reinante centroeuropea que los gobernaba.  No soy partidario del tipo de narración histórica que una vez oí denominar “acontecimental” (término horrible, soy consciente) por oposición a la historia social que nos hubiera explicado, qué sé yo, si el excedente de cereal en Castilla en el siglo XVI permitió la financiación de una flota, o cuantas calorías podía consumir al día un campesino en los diferentes reinos o cuán altos o bajos eran el indice de alfabetización y la tasa de mortalidad infantil.

Cánovas escribe desde un patriotismo decimonónico que hoy nos resulta patriotismo mal entendido y tiene ideas que en nuestra época resultan extrañísimas como que la frontera natural de España esté en los montes del Atlas o que Francia sea y siempre vaya a ser enemiga natural de España. La mera idea de que la grandeza del país se alcanza mediante la conquista de territorios lejanos y la guerra es en sí pensamiento decadente y causa de decadencia. La casa de Austria tendría muchos intereses en Lombardía y Flandes, pero los españoles ninguno. Todo lo que haya contribuido a retrasar la aparición de los españoles como sujeto político y todo lo que haya supuesto falta de desarrollo científico y mejora de las condiciones materiales de vida es, si no decadencia, atraso. Otra extraña idea canovista (las naciones no pueden prescindir del honor) siguió trayendo más decadencia al solar patrio en décadas por venir.

No recomiendo perder demasiado tiempo con este libro, pero sirve para echar un vistazo al estado de la historiografía a mediados del XIX y el marco cognitivo del que provino la acción de uno de los próceres españoles que marcaron su siglo. Creo que sería sencillo hacer un análisis de la decadencia de España en pocas páginas que fuera mucho más certero y en el que aparecieran mucho algunas palabras que aparecen poco el texto de Cánovas, como ciencia y comercio, y otras que no aparecen nada como absolutismo, analfabetismo y superstición.

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Falsos amigos: concusión – concussion

01/06/2017

La última entrega, por el momento, de la serie de falsos amigos me la trae don Antonio Cánovas del Castillo, que fue tantas cosas y que con 26 años escribió la Historia de la decadencia de España desde el advenimiento de Felipe III al trono hasta la muerte de Carlos II. Mucho título pero es que también fue mucha decadencia. En la página 62 me encuentro con la palabra concusiones sin saber yo qué podía ser una concusión.

Fué notable entre otros el ejemplo del conde de Villalonga,
D. Pedro Franqueza, secretario del estado de Aragón,
que en treinta y seis años con Felipe II no tuvo nota, y
metido luego al manejo de la hacienda con D. Lorenzo
Ramírez de Prado y otros favorecidos del duque de
Lerma, en poco tiempo llegaron á tanto sus concusiones
y escándalos, que el mismo Duque se espantó de ellos,
prendióle, y hallándose contra él en su proceso hasta
cuatrocientos setenta y cuatro cargos, le dejó morir en
la cárcel.

Ya se ve que no puede ser cosa buena, pero miremos el DRAE o el Diccionario del Español Jurídico, que tanto da:

concusión
Del lat. concussio, -ōnis.

1. f. Der. Exacción arbitraria hecha por un funcionario público en provecho propio.

Dos indicios apuntan a que es voz que debe de estar muy en desuso. El primero es que estudié Derecho y aunque no se me pegó gran cosa lo fácil es que los términos le acaben sonando a uno (incluso aunque los significados no). El otro es que mira que no tienen que haberse dado casos de esto en la España contemporánea y me supongo que quedarán tipificados en la extorsión, la prevaricacion.

Investigando estas cosas también he descubierto que en un tiempo se llamó peculado lo que hoy es malversación de fondos públicos.

Volviendo al asunto inicial, la que sí tengo muy vista es la palabra inglesa concussion. Mucho en los partes médicos de las noticias y curiosamente (ya que no es deporte que me interese) también a menudo cuando se trata de las lesiones cerebrales en el fútbol americano. En mi fuero interno (que no es nada técnico) este término siempre ha sido traducido como “contusión”, que además suena parecido (pero contusión de las gordas, ya que en español contusión es cualquier cosita).

El Óxford da unas acepciones de concussion que se limitan a los efectos del golpe:

1 .Temporary unconsciousness or confusion and other symptoms caused by a blow on the head.
‘he was carried off the pitch with concussion’  ‘nothing more serious than a mild concussion’

2. A violent shock as from a heavy blow.
‘the ground shuddered with the concussion of the blast’

El Wiktionary da más significados e incluso el jurídico

  1. A violent collision or shock.
  2. An injury to part of the body, most especially the brain, caused by a violent blow, followed by loss of function.
  3. (law, civil law) The unlawful forcing of another by threats of violence to yield up something of value.

Parece que estas acepciones provienen del Merrion-Webster de 1913. La existencia del término jurídico en ambas lenguas provocaría que fueran sean falsos amigos sensu strictu.

También he encontrado un ejemplo de 1498 en el que se dice:

La cabeça conteſce alguna vez ſer llagada con cortamiento y algunaſ vezes cô concuſſion

pero es una traducción de la Chirugia Magna de Guido de Cauliaco. Una castellanización abortiva diría yo. Ya en el XVIII se encuentra también un texto del padre Feijoo en el que se ve que emplea la acepción anatómica del término, pero en general me parece correcto decir que esa palabra con su sentido médico no ha existido en castellano, y que concusión y concussión son muy falsos amigos en la práctica: en inglés, contusión grave; en español, extorsión por funcionario. La idea que había en el étimo común es la de sacudida.


Se abre la sesión (mis notas)

27/11/2009

Luis Carandell: “Se abre la sesión. Las anécdotas del parlamento”. Planeta, Barcelona, 1998.

Luis Carandell

Otro libro que leí hace años. Un anecdotario cuya lectura recuerdo con muchísimo agrado. También tomé algunas notas que quiero subir a la Red.

Luis Carandell (1929-2002) fue un artísta de la crónica parlamentaria. Subgénero florido que al igual que la crónica taurina ha ido decayendo a lo largo de las décadas.

“Se abre la sesión” es una obra maestra de recopilación y erudición, idónea para conocer los entresijos de la vida parlamentaria española en los períodos en los que no nos la robaron.

La comparación no deja lugar a la duda y se puede decir que en estos momentos nos gobierna la clase política más iletrada de cuantas han existido en los últimos doscientos años.


“En las dos sedes que tuvieron las Cortes de Cádiz, el teatro cómico de la Isla de León y la iglesia gaditana de San Felipe Neri, no había bancos especiales para los miembros del gobierno. Cuando las cortes se trasladaron a Madrid, en el convento de Doña María de Aragón y en el del Espíritu Santo, los escaños de los ministros se distinguían por su situación, pero no por su color. El banco azul aparece sólo en 1850, cuando se inaugura el palacio de la Carrera de San Jerónimo. […] Un cronista acuñó la frase de que el banco azul es un lugar al que es muy difícil subirse y del que es muy fácil caerse.” (pp. 26-27)

“Después de acaloradas disculsiones, el 22 de febrero de 1813 las Cortes de Cádiz abolieron el Santo Oficio al considerar que la Inquisición era incompatible con la Constitución aprobada un año antes […]. Un periódico, El Redactor General, publicó el siguiente soneto.

“Yace aquí para siempre, caminantes,
la negra Inquisición con que, inclementes,
quemaron a millones de inocentes,
millones de humanos manducantes.
La que a déspotas viles e intrigantes
sirvió sumisa, la que a mil prudentes
hizo temer; la que quemó creyentes
e hizo temblar a sabios e ignorantes.
Los políticos reyes la sufrieron,
los pueblos menos bárbaros la odiaron,
los marqueses más tontos la aplaudieron,
los serviles más necios la aclamaron,
los sabios, con razón, la aborrecieron
y aquí los liberales la enterraron.” (pp. 34-35)

En las Cortes de Cádiz hubo una disputa sobre quién debería ser el patrón de España. Los serviles querían que fuese Santiago, los liberales ganaron la votación en la que escogió a Santa Teresa (pp. 35-36)

“El himno de Riego, obra de un compositor natural de la villa valenciana de Onteniente, fue interpretado por primera vez en febrero de 1820 cuando Rafael de Riego hizo su entrada en Málaga” (42)

7 de septiembre de 1820. “La llegada a Madrid de Rafael del Riego produjo disturbios en las calles de la capital. Riego había solicitado hablar ante las Cortes. No se le permitió aunque se dio lectura a su discurso. Las masas cantaron el trágala contra Fernando VII y por primera vez en la historia de España se pronunció la palabra república.” (p.45)

“Cuentan que cuando don Francisco Martínez de la Rosa le hablaba al rey Fernando VII de su proyecto de crear un Parlamento de dos Cámaras, el monarca le decía: -¿Dos? ¡Pero si no puedo con una! En 1834, dos años después de la muerte del rey, Martínez de la Rosa hizo aprobar por decreto el Estatuto Real que establecía dos estamentos, el de Próceres y el de Procuradores del Reino. Se convocaron elecciones, enormemente limitadas en lo referente al número y condición de los que podían votar, y así surgió el primer parlamento bicameral en España, una idea ya antigua de Martínez de la Rosa reforzada por su larga estancia en Londres en los años del absolutismo. Después de once años de inactividad se restauró la vida parlamentaria”. (p.53)

“A don Juán Álvarez Mendizábal le llamaban en su tiempo Juán y Medio, a causa de su elevada estatura!. (p. 54)

Congreso de los diputados. Primera piedra: 10 de octubre de 1843 (día en que Isabel II cumplía 13 años). Inauguración: 31 de octubre de 1850.

Francisco Suñer y Capdevila (Rosas 1826-1898) en el Congreso en 1869: ¡Guerra a Dios, a la tisis y a los reyes!. Dijo que la Virgen había tenido otros hijos y Jesús, por tanto, otros hermanos. Se armó una gran protesta. Mientras los republicanos aplaudían al orador la mayoría de la Cámara protestaba ruidosamente. (p. 72).

Roque Barcia, diputado republicano, 31 de enero de 1870: “-Datos históricos, señores diputados, a propósito de la Iglesia de Roma, cuyo jefe es más cruel que Judas, más abyecto que Pilatos, mas abominable que los judíos. [rumores]. No lo digo yo, lo dice Santa Brígida.” (p. 74).

En 1854 las réplicas y contrarréplicas se llamaban rectificaciones (p.76).

Isabel II “reina de los tristes destinos”. Adiós mujer de York, reina de los tristes destinos (Shakespeare) (p. 77)

Anécdota de Juan Valera sobre Shakespeare, las risas y continuar el discurso en inglés. Lo he oído de Unamuno (?) (p. 82) Cámara Alta, 1871.

“En la sesión del 11 de febrero de 1873 el Congreso y el Senado, reunidos en Asamblea Nacional, decidieron aceptar la renuncia de don Amadeo de Saboya a la corona de España. Castelar pronunció su famoso epitafio oratorio:
– Señores, con Fernando VII murió la monarquía tradicional; con la fuga de Isabel II, la monarquía parlamentaria; con la renuncia de don Amadeo de Saboya, la monarquía democrática. Nadie ha acabado con ella; ha muerto por sí misma. Nadie trae la República; la trae una conspiración de la sociedad, de la Naturaleza, de la Historia. Señores, saludémosla como el sol que se levanta” (p. 85)

Estanislao Figueras: “Ya estoy hasta los cojones de todos nosotros” (1873) (p. 86)

Castelar: “Grande es Dios en el Sinaí” (pp. 90-91)

Posada Herrera utilizó su capacidad de “prestidigitador” electoral para conseguir la aplastante victoria del gobierno de O’Donnell, en las elecciones de diputados a Cortes de 1858. (p. 96)

José Echegaray fue diputado en las Cortes amadeístas por el distrito de Quintanar de la Orden, ministro de Fomento y ministro de Hacienda. (pp. 97-100)

“A mí las mujeres no me molestan por lo que me piden, sino por lo que me niegan.” (Cánovas del Castillo, p. 101)

“diputados rasos” (p.102)

“Pongan que son españoles los que no pueden ser otra cosa.” (Cánovas en la redacción de la Constitución de 1876) (p.107)

O`Donnell llamó “faccioso” a Sagasta, a la vez que anarquista. ¿De dónde proviene el término? Debe de ser de facción, no de fascio ni fascista (116).

“Ya que gobernamos mal, por lo menos gobernaremos barato.” (Sagasta) (p.117)

Francisco Romero Robledo: “Para ser un perfecto diputado hay que votar con el gobierno en el salón de Sesiones y hablar mal de él en el salón de Conferencias y en los pasillos.” (p.120)

“En las Cortes del siglo XIX era frecuente que los diputados pasasen con facilidad de unos a otros grupos de la Cámara siguiendo en muchos casos más sus conveniencias que sus convicciones.” (p.120)

Echegaray anunció llegaría un día en el que no se enseñaría la religión en la escuela pública. (p.123)

“A don Francisco Silvela se atribuye, aunque se le ha colgado a otros, una de las más famosas anécdotas del Parlamento español. Mientras un diputado pronunciaba un aburrido discurso, un ujier se acercó a don Francisco, que estaba sentado en la cabecera del banco azul como presidente del Consejo y murmuró a su oído: – Su señoría está dormido. Replico Silvela, volviéndose: – No estoy dormido, estoy durmiendo, que no es lo mismo estar bebido que estar bebiendo.” (pp. 124-125)

Escisión del Partido Conservador en romeristas y silvelistas (p.125)

“Don Nicolás Salmerón, presidente que fue de la Primera República española, ha pasado a la Historia por haber dimitido de su cargo al negarse a firmar una sentencia de muerte. Así lo recuerda la inscripción que puede verse en su tumba del cementerio Civil de Madrid.” (p.125)

“El señor Alba se empeña en que seamos separatistas. ¡No logrará su intento! ¡Le hemos cogido gusto a la política general!” (Cambó a Santiago Alba) (p.162-163) – Cambó hacía pajaritas de papel (163)

“ministerios relámpagos”.Algunos de los gobiernos más breves:
– Serafín María de Soto. del 19 al 20 oct 1849
– Ángel Saavedra y Ramírez Baquedano: del 17 al 19 jul 1854
– Segismundo Moret: del 30 nov al 04 dic 1906. (p. 165)

“Primer discurso de Marcelo Azcárraga, jefe de gobierno en octubre de 1900: – Soy un presidente del Gobierno novicio, porque es la primera vez que con este carácter me encuentro ante la Cámara teniendo que discutir sobre puntos a cuyo debate no estoy acostumbrado. Realmente, no hubiera perdido nada con no haber entrado nunca en política.” (p. 166)

Vázquez de Mella (p. 168)

Verano de 1931. Besteiro presidente de las Cortes. – Señor presidente, ¿podemos quitarnos las chaquetas? ¿Sí, señoría, pero cada uno la suya? (p. 182)

En el primer gobierno de la República, Azaña además de la presidencia se reservó tres carteras. (p.187)

Cortes Constituyentes de la II República, el diputado integrista señor Senante, acusaba a los socialistas de poco patriotas: – Ustedes tienen la sustancia de La Internacional, no la sustancia española. Indalecio Prieto: ¡Pues yo soy descendiente de don Pelayo, ya ve su señoría! (p. 192)

Ortega y Gasset durante la república por la agrupación “Intelectuales al servicio de la República” (p.193-194)

diputado comunista Ramón Franco (p. 196) – verificar

Gil Robles 1934. “- Su señoría es de los que todavía llevan calzoncillos de seda.” Gil Robles: “- No sabía que la esposa de su señoría fuese tan indiscreta…” (p.197)

“jabalíes” (p.198)

Lamamie de Clairac, diputado agrario por Salamanca “Cedo mis tierras a quien las quiera” 1932 (p.199)

José Luis Sartorios y sus partidarios : Los polacos
Espartero y los militares que habían combatido en América: Los ayacuchos
Cánovas del Castillo: El Monstruo
Francisco Silvela: El Caballero de la Daga Florentina
Francisco Romero Robledo: El Gran Muñidor y El Pollo de Antequera
Sus partidarios: Los húsares
Los de Nicolás María Rivero y Cristino Martos: Los cimbrios
Los de Segismundo Moret: Fosforitos
Eduardo Dato: Vaselina
Republicanos por conveniencia (II Rep.): Frigios

(pp. 201-202)

Emilio Attard fue el primero en convertir la palabra “consenso” en un verbo transitivo (p.203)

Miquel Roca sobre la mayoría de edad civil (p.204)

José Pedro Pérez Lorca: El Zorro Plateado (p.224)

Trías Fargas: – Déjeme el señor presidente tres minutos más, pues estas cosas no se han podido decir durante cuarenta años.
Álvarez de Miranda: – Si todos los que no han podido hablar durante cuarenta años lo hicieran durante tres minutos no terminaríamos. (p.225)

Peces Barba a Boyer: – Perdone un momento, señor ministro, pero creo que su aparato no funciona. (p.228)

En la época del parlamentarismo clásico, el Reglamento del Congreso, y en su caso el del Senado prohibían leer los discursos. Hoy, dicho sea de paso, sólo lo prohibe el de la Cámara Alta, pero no el de la Cámara Baja. (p.245)

José Prat García (1905-1994). Diputado a Cortes por Albacete en 1933 y 1936. Senador en 1979, 1982 y 1986. (pp. 245-246)

La naranja de González Lizondo, sesión de investidura de 1989 (p.250)