Homenaje a Cataluña

27/11/2015
Primera edición (1938)

Primera edición (1938)

Debe de ser este mes de noviembre en que hace cuarenta años del fin de los cuarenta años el que me ha provocado este renovado interés por la guerra por antonomasia. Se me ha ocurrido leer el Homenaje a Cataluña de Orwell. La primera edición, de 1938, que acabo de enterarme de que después trastocó el orden de los capítulos. Yo había leído Rebelión en la Granja de joven y es uno de los escasísismos libros que habré leído dos veces y me parece un libro fantástico para vacunarse de muchas cosas en la vida (tengo amigos de mi misma de tribu que no entienden mi escepticismo por Podemos). También 1984, que no me gustó tanto y desde hace unos cuantos años lo tengo algo desvalorizado. Nunca había caído en la cuenta de que Homenaje a Cataluña fuera anterior a las otras dos, que tienen en cambio más renombre.

En cambio siempre había tenido la sensación de que me conocía el rollo porque hará unos veinte años vi la película aquella de Ken Loach, Tierra y libertad, que también trataba de un guiri que se alistaba para ir a defender la República o algo y pasa por Barcelona y acaba en el frente de Aragón. Es muy parecida, aunque el de la peli se convierte de comunista a poumista y Orwell va con el POUM desde el principio, más que nada porque estaba vinculado a su partido de Inglaterra. En la peli de Loach estaba muy surrealista y poco creible la escena del debate aquel en el que el alcalde español de un pueblo de paletos de los años treinta chapurrea inglés.

Por cierto, que creo que este libro lo compran muchos catalanes (es que lo he visto en la estantería de varios amigos catalanes) y creo que algunos se sentirán defraudados de que el autor en realidad pase más tiempo en Aragón que en Cataluña y no haya casi nada específicamente catalán en él (en algunos momentos al parecer alguien habla algo en catalán, pero casi dudaría de si Orwell -que hablaba muy poquito castellano- podía establecer la diferencia). En realidad es un detalle de saber vender libros. “Homenaje al POUM” o “… al ejército de milicias” o “… a la revolución española” hubieran envejecido mucho peor. No hay más que ver al POUM, primero masacrado por Moscú, y al final disuelto en el PSC. Esto último pasó hace 35 años y seguiro que hace quince sonaba mejor que ahora, pero en estos tiempos acabar en el PSC suena a lo peor de lo peor.

Entonces, Orwell llega a Barcelona y va a la guerra con su mujer a la que ni nombra en el libro pero que se pasa la vida en un hotel mientras él anda por los frentes de Huesca. Esto no lo entiendo mucho, lo de llevarse a la guerra a la mujer. También el libro se tendría que escribir hoy de modo muy distinto si se tiene en cuenta lo que llaman “perspectiva de género”. Orwell y Hemingway y compañía es difícil que den otra impresión que la de haber venido a España a nada más que a divertirse y a sus aventurillas y que en el fondo lo que les pasara a los españoles les importaba un carajo. En total pasa medio año por aquí, que puede parecer mucho o poco. Obviamente en una guerra una semana es mucho, pero para comprender un país, con medio año aún falta bastante. Me fascina cómo para no conocer la lengua parece enterarse de matices sutilísimos de la inaprehensible situación política de la época (lo cual me hace suponer que muchas cosas las dice de oídas o se las inventa) y defiende bastante lo de que es posible hacer la revolución a la vez que se intenta ganar una guerra, que ya se vio en lo que quedó. Lo bonito es que con suerte y dinero se sale de todos los sitios y de ahí a Inglaterra a escribir en el cottage y a no colectivizar nada. Tiene una frase buena en lo de que el carácter español no sirve mucho para el totalitarismo. Falta mucha fe y fuerza de voluntad como para eso, ahí si que acertó.

Yo quiero ser una fábrica de independentistas y se me ocurre intentarlo con la máquina de dar saltos en el tiempo para atrás y para adelante. Me pongo en Barcelona (precisamente en 1984) y me acuerdo de aquel anciano del polvorín que criticaba el pujolismo en su momento de mayor gloria y decía que esa forma de ser catalán no podía ser “nosotros liberamos Cataluña, y cuando la habíamos liberado nos fuimos a liberar Aragón”. Me parece ahora que había intuido mejor el egoismo pujolista que el amigo charnego que me explicaba una nochevieja vieja lo bueno que Pujol había sido para Cataluña. En estas semanas de 2015 me parece interesante ver como el postpujolismo anda arrastrándose ante un grupo antisistema y me parece difícil no imaginarme a la Generalidad de Companys y la CNT de 1936-37. No es que estemos precisamente ante los sucesos de mayo, todo es como más de broma pero ¿Si Mas y sus amiguetes no doblegan a la CUP cómo van a doblegar a España? ¿Y cómo va la CUP a destruir el capitalismo si no consigue ni destruir a Mas? La primera como tragedia y la segunda como farsa.

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La paradoja catalana en Irlanda

24/02/2011

A lo largo de mi vida he conocido a muchos catalanes y la mayoría parecían estar de acuerdo con la siguiente proposición:

Quien viva en Cataluña debería aprender el catalán.

Es la opinión socialmente aceptable y la que se espera de un catalán. Con eso no quiero decir que todos los catalanes piensen así. Yo creo que es la opinión mayoritaria, pero quizá ni siquiera sea tan mayoritaria como parece. En gran medida, el problema de la falta de libertad generada por el nacionalismo agresivo hace que cualquier otro planteamiento no sea aceptado en sociedad, así que quienes no lo comparten se refugian en otras fórmulas “no entiendo de política”, “cada cual que haga lo que quiera”, de aspecto aparentemente apolítico.

La paradoja catalana en Irlanda la formulo así:

Aunque también la mayoría de los catalanes que viven en Irlanda creen que quien viva en Cataluña debe aprender el catalán, no sé de ninguno que haya hecho ningún esfuerzo por aprender el gaélico irlandés.

Esto lo he discutido con varios y en varias ocasiones obteniendo respuestas por lo general variopintas, de entre las cuales las más sensatas me han parecido del género de “allá donde fueres haz lo que vieres”, que destaco por su valor práctico que es el de la ley del mínimo esfuerzo y el opinar a favor de la corriente.