Corresponsales extranjeros en la guerra de España

24/10/2015

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We Saw Spain Die: Foreign Correspondents in the Spanish Civil War es el libro con el que me he entretenido esta semana. El subtítulo al menos es bastante más descriptivo que la poética traducción del título al español: Idealistas bajo las balas. Tengo otros dos de Paul Preston en la pila para cuando haya tiempo. El tema de los corresponsales en la guerra civil española yo lo habría considerardo hasta cierto punto una nota a pie de página, pero despues de leído el libro y habida cuenta de las dificultades para la transmisión de la información en la época, la polarización ideológica y la propaganda, parece que tiene sentido que sean los extranjeros (o algunos de ellos) los que hayan encontrado un mayor acomodo con la verdad.

Hay que decir que este un libro guiri sobre guiris y pensado para lectores guiris. Comprensible pero criticable es la que las biografísa de periodistas de lengua inglesa lo cope casi todo, en detrimento de los de otros países (franceses, hispanoamericanos) que podían haber llenado muchas de las páginas. Algunos de ellos quedan apuntados (entre los franceses Guy de Traversay, fusilado por los nacionales en Mallorca o Louis Delaprée muerto en accidente de avión , o el autor de El Principito, que a muchos les sorprenderá que hubiera sido corresponsal de guerra). También el análisis de los escritos de la prensa partidaria del bando rebelde en Alemania o Italia podría ofrecer datos de interés (apenas recuerdo una mención de Indro Montanelli en Santander). Tampoco se dejan ver demasiado los reporteros gráficos (hay alguna mención de Capa, pero no por ejemplo de Gerda Taro).

Si uno tiene que quedarse con una sola idea que aparezca en este volumen es el diferente estilo y nivel de control y censura sobre las actividades de la prensa internacional que se da en uno y otro bando.

Me imagino que para muchos, la principal aproximación a este tema habrá sido la trilogía de Arturo Barea (yo no la he leído, pero me exculparé dicienddo que he visto la serie de televisión dos veces).

En todo caso, quien se asome a estas páginas encontrará unas cuantas biografías fascinantes. A mí en especial me han interesado las de la directora de la censura republicana, Constancia de la Mora ; la de Mijaíl Koltsov, corresponsal de Pravda, que acabaría después purgado en Moscú y Jay Allen, autor de la famosa crónica de la matanza de Badajoz; pero dense una vuelta por las de Louis Fischer, Georg Steer, Ilsa Kulcsar y verán que en Hollywood se quedan cortos cuando crean personajes e inventan vidas rocambolescas.

En otro orden de cosas siempre me ha parecido que Hemingway era un hijoputa con todas las letras, aunque lo que más se cuenta de él en este libro (su desencuentro con John Dos Passos a causa del affaire Robles) su actitud me pareció más sensata que la del otro.

Como en cualquier libro de cuatrocientas páginas hay muchos detallitos, pero se me ha quedado una idea de Jay Allen diciendo que la guerra de España no era la lucha entre el fascismo y el comunismo sino “la Revolución Francesa al revés” y me ha parecido muy cierto.

Si a alguien le interesa leer unos cuantos artículos sobre el tema y algunas de las crónicas enviadas por los reporteros foráneos, el Centro Cervantes Virtual del Instituto Cervantes tiene una página curiosa con una buena selección.

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Los ingenieros del alma

13/09/2015
Portada constructivista

Portada constructivista

Creo que hay varios a los que la Unión Soviética siempre nos parecerá un un infierno fascinante en el que a pesar de todo lo consabidamente negativo encontraremos algo que nos atraiga. Encontré este libro en un saldo y me lo llevé. Creo que en parte porque conocía la famosa frase de Stalin y quizá también por la portada constructivista. Ahora he aprendido que el discurso en el que el hombre de acero sentenció que los escritores eran “ingenieros del alma” fue pronunciado el 26 de octubre de 1932 en un encuentro con intelectuales y que de los cuarenta y tantos  presentes, doce no sobrevivieron al periodo de las purgas.

Hoy también un puñado de asuntos que ya hemos tocado, como la desecación del mar de Aral, Isaak Babel, las hidrocracias de WittfogelTurkmenistán , los ríos a los que dio nombre la expedición de Alejandro Magno, y el mar Caspio, aunque más concretamente se trata la albufera de 18.000 km² adyacente al mismo y llamada Kara Bogaz (garganta negra) que da título a la novela de Konstantín Paustovski, novela que es el tema principal de este libro. El título parece nombrar a un proyecto sin duda mucho más ambicioso, pero a una novela de loa a Stalin y las proezas de la ingeniería hidrológica soviética le viene al pelo.

La biografía de Paustovski y su evolución de escritor servil durante el estalinismo hasta la disidencia durante el Deshielo valen al autor neerlandés como el hilo conductor de un texto que sirve para aprender detalles sobre la construcción y características de los canales de la URSS (el Belomor, que va del mar Blanco al Báltico tiene poco más de tres metros de profundidad) hasta aspectos sobre la burocracia, la censura del Glavlit y el sistema de premios y dachas para escritores afectos al régimen. Hay mucha información sobre Máximo Gorki, que hizo el camino inverso entre la discrepancia y el servicio soviético, pero se echan en falta datos sobre muchos otros autores. No sólo de los disidentes y emigrados como Pasternak y Bulgákov, sino de los purgados como Babel o de los “supervivientes” como Grossman.

En el asunto de las grandes obras de trasvase, el gran plan de revertir el curso de los ríos soviéticos para que su caudal irrigara el sur (переброска = perebroska) la idea de Marx-Wittfogel es sugerente: “cuanto mayores sean las obras hidráulicas que un estado acometa más despóticos serán sus dirigentes”. Da que pensar con respecto a nuestra dictadura de inaguraciones de pantanos. Curiosamente, un miembro de la minoría que aún justifica el plan soviético dice que es lo mismo que se hace con el Colorado en EEUU o con el Tajo en España, lo cual me da que pensar sobre el río ibérico.

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