Cerveza sin alcohol a deshoras

10/01/2018

Our beer kills fascists

Últimamente me he aficionado a la cerveza sin alcohol. Hace años, cuando dejé de beber cerveza de verdad (es un decir, porque he hecho más excepciones que la ortografía inglesa), ni se me ocurrió. Ahora me parece una cosa maravillosa que ayuda a la digestión y no deja resaca. A mi viejo le debo este hallazgo. El caso es que hoy tenía que trabajar desde casa y al volver de la escuela esta mañana me he pasado por el supermercado para coger leche y pan y se me ha ocurrido llevarme una caja de cervezas.

Ha venido un empleado desde la otra punta a indicarme que no se puede comprar alcohol a las nueve de la mañana. Yo le he dicho que era cerveza sin alcohol, a lo que me ha respondido que da igual, que por el tipo de código que tiene no podría pasar por la caja. No es menos lógico que el hecho de que la cerveza sin alcohol se exponga en la sección de bebidas alcohólicas en vez de en la de refrescos. En fin.

Los horarios de venta de alcohol en Irlanda siempre me habían parecido una cosa absurda. En otros países no tendrían sentido y aquí son una especie de residuo histórico de la respuesta religiosa a un problema social. Intentando buscarle algún sentido religión aparte, uno llega a la idea de que quizá los individuos realmente perjudicados por el alcohol no tengan el tipo de personalidad organizativo que les permita aprovisionarse con anterioridad. Lo interesante es que el alcoholismo puede haber remitido por otras causas y una medida disfuncional habría ganado apariencia de efectividad. Creo que esto pasa a menudo en políticas públicas.

El caso es que en la práctica y por culpa del programa informático, los horarios de venta de la cerveza sin alcohol son los mismos que los de las bebidas alcohólicas.

 

Anuncios

Croke Park revisited

05/03/2017

Mi plan para el sábado era quedarme en casa a resguardo de la lluvia y del frío e interrumpir mis lecturas sólo con el seguimiento guasapero de los derroteros de mi club de ajedrez de toda la vida, hoy en horas algo más bajas. Pero se presentó mi buen amigo Carlos con entradas para el hurling y el fútbol gaélico en Croke Park y me pareció una buena idea volver, después de tantos años.

No es que tenga ningún interés especial ni conocimientos de ninguno de estos deportes, pero realmente no hay que saber demasiado. Al final hay unas porterías y los que metan más goles ganan, y el dominio territorial y quién muestra superioridad física son análogos a los del resto de los deportes, sobre todo al fútbol, así que puedo decir que sé más de esto que de rugby.

Lo de vivir los colores y tal es lo que no. El partido de hurling enfrentaba a Dublín con Waterford y el de fútbol a Dublín con Mayo, que son campeón y finalista respectivamente del torneo del año pasado, así que se supone que buen partido. Los de la capital fueron superiores y vencieron en ambos lances. Dada la demografía de la isla esto debería ser lo habitual, sin embargo ha habido rachas de muchísimos años en las que Dublín no se ha comido una rosquilla en nada, porque esto es un poco como el deporte rural en el País Vasco, que tiene mucho más empaque en el retropaís en el que no hay demasiadas opciones de ocio que en las ciudades.

El gran Carlos y yo nos ponemos allí a hablar de nuestras movidas haciendo caso tangencial al espectáculo, pero he de decir que esta vez el fútbol gaélico me ha gustado bastante más que las veces anteriores. Hubo varias tanganas, y noté que el árbitro no fue tan expeditivo como creo que lo habría sido en la variedad internacional y pudo verse un partido algo más competitivo y fácil de seguir que en el hurling, donde entre que la bola es pequeña y se mueve rápido de un lado a otro del campo es más complicado saber qué está pasando y quién domina.

Lo único malo fue que hacía bastante fresquito y menos mal que las entradas eran de tribuna y podía uno entrar a un bar que había en esa zona del estadio. A pesar de que hace años que no bebo alcohol (es un decir), mi abstención es como las dietas de otras y se me ocurrió echar una pinta de negra gaznate abajo para combatir el frío, que suele ser mala idea a medio plazo. Tres horas sentados a cuatro grados y con viento, aunque sea a cubierto de la lluvia, son algo a lo que uno ya no está acostumbrado, pero las rodillas entumecidas no son nada que no pueda resolver el camino de regreso apresurado a casa y una buena ducha caliente.

Reflexión: Algo como el fútbol gaélico podría ser tranquilamente un deporte mundial, si no hubiera otros ocupando ya su nicho. De hecho, poder tocar el balón con pies y manos parece una solución más próxima al estado de naturaleza. Obviamente quedará relegado a Irlanda donde es interesante la cantidad de gente y dinero que mueve, especialmente en los condados rurales. Ayer leímos que tan sólo en el catering del estadio trabajan unas 300 personas. Esto debe de ser cuando se llena el aforo de 80.000 plazas, quizá ayer fueran menos (calculo que habría unos 30.000 espectadores). Por lo general, los extranjeros que vivimos en Irlanda somos totalmente ajenos a este mundillo pero en la tribuna oí a dos grupos separados que hablaban español.


Lo de la fábrica de la Guinness, su museo y su mirador

13/12/2015
fabrica-guinness-gravity-mirador-01

Se ve el pincho llamado “The Spire”

Además de la cena de Navidad hemos tenido otro acto social del trabajo, esta vez sólo para nuestro departamento, y el jueves pasado fuimos a comer a un restaurante que hay en el museo de la fábrica de la cerveza Guinness, que no queda lejos de nuestra oficina en el privilegiado barrio de Las Libertades.

fabrica-guinness-gravity-mirador-02

Instalaciones de la fábrica y bus turístico

De hecho hay días de un intenso olor a levadura que me trasladan a la infancia. Una de mis conversaciones habituales surge por iniciativa de desconocidos que me preguntan por indicaciones para llegar a este punto de interés turístico cuando salgo a comprarme el almuerzo. La entrada está un poco escondida y el complejo cervecero es grandote tirando a gigantesco.

fabrica-guinness-gravity-mirador-03

Un jueves cualquiera de diciembre

Estuve en el museo en el año 2000 con una chica mexicana que vivía en Amsterdam y que se llamaba Rosalía. Era amiga de una francesa con la que yo compartía casa por aquel entonces. Creo que pagamos cuatro libras irlandesas por la entrada, que hoy serían cinco euros. Luego por el año 2002-2003 hicieron unas reformas y pusieron un mirador con vistas a toda la ciudad y el precio de la entrada ascendió vertiginosamente hasta los 18 euros que creo que cuesta hoy. Me parece que además la pinta de cerveza que te daban antes (y que por sí sola justificaba la entrada) se ha visto reducida a media pinta.

fabrica-guinness-gravity-mirador-04

Ciudad gris

Por lo que recuerdo de mi paso por el sitio hace quince años, había una parte dedicada a explicar el proceso de elaboración de la cerveza y luego otra en el que ponían un montón de publicidad antigua de la marca, además de algunas estatuas de plástico con las que hacerse fotos graciosas. Nunca he entendido la fascinación por los museos de bebidas alcohólicas (cuando viví en Holanda era muy parecido lo del museo Heineken en Amsterdam). Es decir, que entiendo perfectamente que a uno le pueda mucho gustar beber alcohol sin que le interese nada saber cómo se elabora. La parte de la publicidad me pareció bastante mejor que los vídeos que explicaban como tostar la cebada o como fabricar un barril, pero esa es otra, al final les estás pagando por dejarte ver su publicidad. En general siempre he desaconsejado a la gente acercarse a lo que considero una trampa para turistas que, según parece, es la atracción turística número uno de Dublín.

fabrica-guinness-gravity-mirador-05

Pimplando

La comida del restaurante me pareció cara para lo que era (y eso que pagaba la empresa) además de que la carta no era demasiado variada, quizá por estar limitada a platos en los que puedan utilizar su cerveza o que combinen bien con ella. Incluso la pinta de cerveza estaba a 5 libras, más cara que en muchos tugurios dublineses. Al final para comer ahí hay que dejarse 25 ó 30 euros así que no lo recomiendo nada.

fabrica-guinness-gravity-mirador-06

Montañas de Wicklow. En diciembre a eso de las cuatro ya está anocheciendo en Dublín

Antes de salir a mi jefe se le ocurrió que subiéramos al Gravity Bar, que es el sitio en el que está el mirador sobre la ciudad. Cuando intentando aconsejar a turistas en contra de su propósito inicial de acercarse a este museo he solido decir que por muy bien que esté el mirador, al final Dublín no es Ciudad del Cabo ni Río de Janeiro. No sé si lo que hicimos (subir al bar este del mirador sin pagar la entrada del museo) está permitido o no. Sí sé que si uno puede subir al restaurante en el que estuvimos sin pagar la entrada del museo, así que puede ser que para el Gravity Bar sea lo mismo. Al final también es un punto en el que te pueden sacar dinero por echar una cerveza.

fabrica-guinness-gravity-mirador-07

Un millón de libros, pero no es aquí

El mirador me pareció bastante mejor de lo que había imaginado y eso que creo que había visto fotos del sitio con anterioridad. También me imagino que en días nublados o lluviosos, que en Dublín son muchos, puede parecer bastante peor.

fabrica-guinness-gravity-mirador-08

Brutalismo industrial

Lo que puede ser bastante interesante es subir al Gravity Bar sin pagar entrada. Incluso estoy dudando si no podríamos habernos metido hasta en el museo. Lo malo que puede tener este bar de planta circular es que si en un triste jueves de diciembre estaba relativamente lleno puede ser que haya días del verano en los que no se pueda dar ni un paso, ni disfrutar de la cerveza ni apropiarse de algo de espacio en los cristales para ver algo del panorama de la ciudad.

fabrica-guinness-gravity-mirador-09

Dale que te pego

En septiembre salió una noticia de que a Guinness Storehouse, que es como se llama este complejo , lo habían nombrado la mejor atracción turística de Europa por delante de la torre Eiffel, la Sagrada Familia, la Acrópolis y el Coliseo de Roma. Me pregunto si el premio lo daba una asociación de fabricantes de cerveza.

fabrica-guinness-gravity-mirador-10

Allende el río, en lontananza, el Phoenix Park

Los irlandeses son como todo el mundo y otorgan credibilidad a este tipo de noticias ridículas. A mí me da una mezcla de pena y vergüenza contradecirles, entre otras cosas porque cuando vivía en Guipúzcoa solía leer el Diario Vasco cuyo leit-motiv es básicamente este tipo de aldeanismo.

fabrica-guinness-gravity-mirador-11

Por aquí sin saltar se va a nuestra oficina

La ausencia de todo sentido de urbanismo es una característica básica para entender la psique nacional irlandesa y su proceso político. En cualquier otro país habría habido planes para sacar esta industria fuera del casco urbano que aquí brillan por su ausencia.

fabrica-guinness-gravity-mirador-12

La industria favorita del país

Una de las tipicas tonterías dublinesas es la discusión sobre en qué sitio ponen la mejor pinta de Guinness, que básicamente es la misma en todas partes. Entre los candidatos suelen estar los grifos de la propia fábrica y los pubs de los alrededores. Sí que voy a decir que es una bebida que sabe mejor cuanto menos a menudo se toma. Yo hace muchos siglos que no la cato, así que puede que la próxima sea espectacular.

fabrica-guinness-gravity-mirador-13

Lo siento, rubita, tengo que marcharme


Dalí dublinés

30/03/2015
dali-reloj-blando-dublin

Reloj blandito

No puedo jurar que sea un homenaje a Dalí el reloj que se derrite en el anuncio de la cerveza Beamish que hay en la fachada de un edificio que da a South Cumberland st y a la calle de los fenianos, pero tampoco se me ocurre otra explicación mejor.


Cena griega

19/07/2014
souvlaki-mythos-tzatziki

Souvlaki

Las pocas veces que he comido en un restaurante griego me ha gustado la experiencia. Son comidas por lo general ligeras y que me recuerdan mucho a cosas que también se comen en España. Ha sido una feliz coincidencia que hubiera un encuentro previsto con mis compañeros de fatigas del curro anterior la semana en que han decidido echarnos del actual. Al menos ya tengo un par de posibilidades apuntadas de sitios a los que ir a parar, aunque ninguna sea ideal, pero bien decía Tootsie que no creía en el infierno sino en el paro.

En Dublín hay un restaurante griego con nombre de isla jónica en el que se puede cenar incluso en fin de semana por 20€ y son dos platos postre y café. Es un precio que no está nada mal, para lo que es este mercado. De primero calamares fritos como los que ustedes españolitos de a pie ya conocen, después la brocheta de pollo llamada souvlaki (con patatas fritas y tzatziki) y de postre galaktoboureko, que sabe a hojaldre y natillas y que está muy bien si el baklava (la otra opción interesante) parece demasiado dulce. Hace años que no bebo alcohol pero esa forma de decirlo es un poco un mito al igual que Mythos es el nombre de la cerveza que quise probar.


Dublín, verano de 2013 (3)

26/09/2013

Uno de los temas clásicos de este blog es la exhibición de la vida de un españolito emigrado a Dublín de Irlanda. Se me ocurren muchas más cosas que contar que el tiempo que tengo para escribirlas. A veces tomo fotografías con la intención de contar una historia que nunca llega. Ahora que empieza el otoño, voy a aprovechar para verter sin orden ni concierto un montón de imágenes que tomé durante el verano. Como tenía más de las que eran aconsejables para un día, decidí  convertir esto en una nueva serie, de la que esta es la tercera entrega. (1ª entrega), (2ª entrega).

dublin-verano2013-25-senado

Carteles del referéndum

El 4 de octubre tenemos referéndum (aquí todavía no ha llegado eso de “consulta”) para la abolición del senado. Una idea que a mí me parece buena y que España debería copiar. Me refiero a la eliminación del senado y no a los referendos, que aunque haya quien crea que son una forma “pura” de democracia suelen ser una forma artera de manipulación de la agenda. El senado aquí es la típica segunda cámara que en teoría debería hacer algo pero en la práctica no. Por ejemplo, no rechaza una ley de la cámara baja desde 1964. En teoría debería estar conformado por unas elites del país, patricios con un perfil algo por encima de la política. En la práctica es un vertedero donde los partidos depositan a quienes no consiguen los escaños que esperaban en otras elecciones. Me alegraré mucho de verlo desaparecer. Coincide que los partidos irlandeses con los que más concuerdo están a favor de que se suprima el senado y los que menos me gustan en contra. Las encuestas dicen que hay una cierta mayoría por el sí y me alegraré de verlo desaparecer, como también me alegraría en España.

dublin-verano2013-26-bus

El típico autobús de Dublinbús

La foto anterior, la de los carteles electorales, está tomada desde el primer asiento del piso superior de un autobús de Dublin Bus. La primera vez que uno ve un autobús de dos pisos cree que es lo más interesante del mundo, pero a estas alturas uno ya está aburrido. Aquí pongo la foto de otro, de cuerpo entero. Tengo pendiente una gran entrada sobre todos los rituales del transporte urbano que aquí son diferentes a los de allá.

dublin-verano2013-27-oktoberfest

Caña gigante

Como ya dije el otro día, a finales de septiembre empieza la Oktoberfest, que sin ser la de Múnich no está mal del todo, a pesar de sus precios exagerados. Esto ya lleva años haciendose, lo recuerdo de cuando yo bebía alcohol y todo.

dublin-verano2013-28-canodromo

Ringsend

Ahora voy a poner unas cuantas tomadas desde el edificio Montevetro que es uno de los más altos de Irlanda. En esta es ve la zona de Ringsend y Irishtown, el canódromo y al fondo una sola de las chimeneas de Poolbeg, por culpa del ángulo. Siguiendo hacia la izquierda el Puerto de Dublín y más atrás la península de Howth, todos ellos puntos clásicos de este blog.

dublin-verano2013-29-gasworks

Gasworks y estadio de Lansdowne Road

Esta otra, tirada hacia el sureste, muestra un edificio circular que antiguamente era una fábrica de gas y hoy día son apartamentos. Estos apartamentos dan hacia el interior y el exterior de la rosquilla. En el centro del patio interior, que tiene pinta de cárcel o de nave espacial, hay un árbol. Luego más oval y más al fondo, el estadio de las hazañas las selecciones irlandesas de fútbol (pocas) y rugby (algunas más).  Y después, el sur de la bahía de Dublin, Dun Laoghaire, Blackrock, Bray, Greystones. Todo zonas bastante pijillas, al igual que Dublín 4 que es el distrito postal en el que se enclava este tinglado.

dublin-verano2013-30-zapatones

Pieses

Aquí quería meter mis pies con algún peatón que pasara por debajo. Esto no es nada para un superviviente de lo de las torres gemelas, pero no deja de ser la mayor altura que puede alcanzarse en esta ciudad.

dublin-verano2013-31-grandcanal

Grand Canal

Esta es la zona por la que el Gran Canal de Irlanda termina su curso en el Liffey. En primer término a la derecha una ruina de fábrica que aún me pregunto cómo sobrevivió los tiempos de la burbuja. A la izquierda más cosas: el edificio Alto Vetro, finito y de cristal. Conocí a un tipo que vivía ahí y decía que era un coñazo porque estaba en un tercero y la gente te veía desde la calle. Además del efecto lupa con la calor. Más atrás el nuevo hotel ajedrezado y al otro lado del río el centro de convenciones, con su forma de lata de refresco inclinada.

dublin-verano2013-32-millenium

El gran canal

Un poco más de lo mismo. Diremos que el teatro del gran canal queda oculto detrás del edificio Alto Vetro y que este nombre quiere decir “alto vidrio” en italiano. Esto era todo zona industrial y de almacenes que se regeneró para poner apartamentos de lujo y ahora que estamos en la era postindustrial y posladrillar, nadie sabe qué será de la zona.

dublin-verano2013-33-puerto

The Point

Esta imagen apunta al Point Theatre. Del lado de acá del río es donde estaba prevista la torre de U2, de cuarenta pisos de altura. Hoy, buscando información sobre el edificio del que hice las fotos, me he encontrado una página maravillosa con todos los proyectos monstruosos para esta zona con los que la peña se autoestimulaba hace menos de diez años. Los bocetos me encantan.

dublin-verano2013-34-noroeste

Dirección noreste

Y en esta que mira al noreste, lo que me sorprende es que se a la izquierda llegue a ver Lambay Island, la isla del cordero o del banco Barings, que si uno mira el mapa queda bastante al norte de Dublín. Será uno de los pocos puntos de la ciudad desde el que es visible. Creo que ni siquiera desde Liberty Hall, pero probablemente sí de la punta del pincho de O’Connell.

Hojas

Hojas

Y cierro lo del verano, porque el otoño se nos ha venido de golpe. Ya nos anoche a las siete y media de la tarde. Los árboles que tengo frente a la oficina han pasado del verde al ocre en dos días. La foto que pongo es de uno sin alcorque en el centro, para que se vea y oorque es casi el único modo de utilizar la palabra alcorque.


Nuestra cerveza mata fascistas

12/10/2010

 

Our beer kills fascists

 

Si alguien viene a verme a Dublín y ese alguien está interesado en lo de salir a tomar pintas, lo más probable es que lo lleve al Porter House de Temple Bar. El sitio me ha gustado desde siempre, un edificio de cuatro plantas con toda su madera, su colección de botellas y sus alambicados tubos de cobre. Además hacen su propia cerveza, dizque natural. La negra es un poco más amarga que la Guiness, pero a mí me gusta más.

Creo que porter era el nombre que tenían los mozos de carga que portaban cosas, y que un tipo de cerveza stout negra que era muy de su gusto tomo el nombre del oficio.

El otro día me he llevado ese pasavasos, en el que pone Our beer kills fascists, (Nuestra cerveza mata fascistas). Creo que es una paráfrasis de la leyenda que Woody Guthrie llevaba en la guitarra: This machine kills fascists (Esta máquina mata fascistas).

Creo que hoy en día poca gente se autodenomina fascista. Por eso debe de ser tan fácil escribir algo así en un posavasos. Si en lugar de decir fascistas dijera socialistas, comunistas, liberales, curas, negros, judíos, empleados de banca, niños, mujeres, franceses, musulmanes, ingleses, fontaneros… sería más complicado. Merece una línea la reflexión sobre la paradoja de que una de las características con las que identificamos al fascismo sea la utilización de la muerte como herramienta de acción política.

En cambio, es curioso el fin que ha tenido el fascismo o la etiqueta de  “fascista”. De las dos grandes ideologías totalitarias de los años treinta, el nombre “fascismo” está completamente desaparecido del mapa, mientras el de “comunismo” se ha travestido en formas de autoritarismo de estado asiatico, movimientos marginales de contracultura en occidente y restos de estalinismo tropical en algún otro sitio. Eso sí, siempre hay quien – como los comunistas españoles – dicen que todo aquello no es el comunismo auténtico, y que el comunismo de verdad es democrático y respetable. Y en tanto en cuanto sean unos cuantos y su sensibilidad digna de respeto, es imposible hacer un posavasos que diga: Nuestra cerveza mata comunistas.

¿y qué fue del fascismo? Bueno, sólo el nombre ha muerto; las ideas supongo que no, sólo que se  también se visten de otra cosa: política de seguridad, políticas contrarias a la inmigración, exaltación del espíritu nacional. Algunas de estas cosas no son necesariamente malas ¿a quién no le gusta el orden y la seguridad? pero sus defensores no pueden llamarlas fascistas ni decir que el fascismo italiano o el de Falange Española son algo diferente del fascismo auténtico (que sería el democrático). El significado primario de fascista en el español que se habla hoy día es el de un insulto, a no ser que se esté hablando de los años treinta o cuarenta, donde podría tener carácter meramente descriptivo.

¿por qué digo todo esto? ¿soy yo fascista? bueno, creo que no, en general mi agenda política está bastante lejos de los temas clásicos del fascismo y en la mayoría de los asuntosicónicos suelo tener la opinión contraria. Creo que soy más  bien partidario de la creación frente a la tradición, del multiculturalismo frente al nacionalismo, de la libertad frente a la seguridad. Es sólo que me gusta aquilatar conceptos y sobre todo que no me gusta que maten a nadie. Aunque es bien sabido que en cantidades suficientes, beber cerveza acaba matando a cualquiera.