Reforma constitucional

17/12/2017

Llevo muchos años oyendo hablar de que en España es necesaria una reforma constitucional. En las últimas semanas me encuentro este planteamiento con más frecuencia aún. A mí me parece que los grandes problemas de España o al menos los que yo considero tales (mercado laboral, sostenibilidad del sistema de pensiones, desarrollo económico de ciertas zonas deprimidas, modernización del tejido productivo, crisis demográfica) podrían si no resolverse al menos mejorarse mediante la reforma de leyes normales y orgánicas y muchas veces sin siquiera eso mediante la adopción de medidas y programas adecuados. Este pensamiento mágico de que por poner algo en un texto legal las cosas van a mejorar sin más esfuerzo es una cosa muy española.

He dejado al margen el otro de los grandes problemas españoles: los nacionalismos periféricos. Eso no hay ley ni reforma constitucional que lo resuelva y serán grandes dosis de realidad las que empujen al siguiente equilibrio de conllevancia. El pensamiento mágico basado en referendos es fe en una magia aún más poderosa que la de la reforma de la carta magna.

Volviendo a la reforma constitucional, las propuestas son tan diversas y muchas van en sentidos opuestos por lo que me sorprende que no se oiga algo que no sé si es una paradoja o una obviedad matemática: incluso si todo el mundo está de acuerdo en que hay que cambiar la constitución es posible que lo mejor sea no hacerlo.

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Una idea italiana que no sé si me gusta

17/02/2016
Austero en etimo.it

Austero en etimo.it

Aquí se cruzan varias historias. Una es que hace meses mi viejo me estaba contando una que Berlinguer fue el primero que habló de austeridad en política y que decía que la austeridad era de izquierdas. Me sacó un librito en italiano que le había prestado un amigo suyo. No sé yo cuánto entiende mi señor padre el italiano. No me costó encontrar el texto traducido al español de las conferencias del año 1977 en las que el secretario general del Partido Comunista Italiano proponía la austeridad individual como valor revolucionario.

Mira si no son austeros los cubanos y los venezolanos y todos los que hayan vivido en un régimen comunista. Yo creo también lo soy, pero la austeridad que no es obligatoria y que es una especie de modo de vida basado en no obtener demasiada felicidad con la posesión de cosas es diferente a la penuria impuesta por consecuencias de la Historia o sistemas económicos ineficientes. De todos modos yo le conté a mi progenitor que la palabra “austeridad” estaba mutando de sentido por influencia del inglés, y que recordaba perfectamente el día en que vi un cartel que decía anti-austerity y haber pensado “está mal, no puede ser”.

Veo ahora que los italianos están utilizando tal cual la palabra inglesa austerity para hablar de política económica de reducción del gasto público. Con poner “l’austerity” así con el artículo apostrofado en los buscadores salen ejemplos a tutiplén. El diccionario del diario La Repubblica tiene las dos entradas separadas para austerità y austerity aunque ésta última remite a la acepción económica de austerità: severa contención del gasto público etc.

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La Repubblica tiene diccionario

Luego he recordado que cuando veía los telediarios italianos siempre me llamaba mucho la atención que utilizaban mucho la palabra inglesa privacy. Creo recordar que solía ser por asuntos sórdidos de Berlusconi. No entendía por qué hacía falta una palabra inglesa si se podía decir privacità como se hace en español con “privacidad”. En realidad el concepto ese de privacidad es bastante reciente. Yo recuerdo bien la primera vez que leí la palabra alrededor de 1994 ó 1995 cuando estudiaba Derecho en la universidad.

Era en alguna sentencia del Tribunal Constitucional que juzgaba estas cosas. Cuando hicieron la Constitución el concepto aún no había llegado y el derecho reconocido en la misma se llama “al honor, la intimidad y la propia imagen”. La sentencia aquella decía que había cosas que aunque no eran íntimas si que había que protegerlas porque eran privadas, pero no privadas en el sentido de la propiedad privada sino en el que hoy día entendemos de privacidad. Yo vi la palabra allí escrita con la sensación de que el ponente se la estaba inventando. Puede que lo estuviera cogiendo de otro idioma. No diré de cual.

El caso, es que cuando tienes una palabra parecida a las que hay en tu idioma que viene de otro parece que hay dos opciones: una es ampliar el número de significados de la que ya tenías a riesgo de confusión (¿austeridad qué es?, ¿la privacidad no es una cualidad de la propiedad privada?). La otra sería mantener el significado de lo que ya tenías en el idioma y meter la palabra extranjera sin más. (Yo mismo he escrito varias veces “politically correct” en este blog porque no acabo de aceptar una expresión que ni tiene que ver precisamente con la política ni con lo que es correcto e incorrecto). También digo “políticamente correcto” o “políticamente incorrecto” a veces. No pasa nada.

Total que no sé que es lo mejor ni sé si la idea italiana me parece buena, quizá precisamente porque yo ya lo he probado. En todo caso dejo aquí una viñeta fantástica de La Pulga Snob de Andrés Diplotti que trata sobre lo políticamente incorrecto.


Ideas de 1812: el surgimiento de la nación española

19/03/2012

Constitución de 1812

Me toca las pelotas que a la Constitución de 1812 le diga “la Pepa” gente que ni se la ha leído. Ni si quiera es el uso, es el abuso. Es como que me llame por el nombre de pila gente que no me conoce de nada. En Internet muchos funcionamos con seudónimos, pero en la vida real para algo tenemos apellidos. A mis colegas anglosajones se lo disculpo porque no lo acaban de entender. Otro abuso terminológico constitucional que no acabo de aceptar es el que ocurre en el País Vasco, donde algunos que no son nacionalistas vascos se llaman a sí mismos por no serlo “constitucionalistas”. Absurda apropiación de un término que define a los estudiosos de las constituciones y que en pura lógica sería contrario a los intereses de quienes lo utilizan.

Mi historia con la gaditana viene de cuando estudiaba Derecho Político, también conocido como Derecho Constitucional, allá por 1993. Tuve la ocasión de leer la Historia del constitucionalismo español de Jiménez Asensio y aprendí bastantes cosas sobre la de 1812, que multiplican su interés cuando se van comparando con las de 1837, 1845, 1876, 1931 y 1978. Sin todas esas cosas, que creo que estos días faltan en los medios de difusión masiva, me parece que todo queda un poco manco.

Porque creo que el español medio de hoy, la España del Antiguo Régimen y la del siglo XIX le quedan tan lejos como Zambia. Hace algunos años, en una conversación sobre Cataluña, mi amigo Víctor que se define como “nacionalista (catalán) pero no independentista” achacaba algunos de los defectos del nacionalismo catalán a los correspondientes del nacionalismo español y yo le pregunté si se refería al de 1812 o al de 1936 y no pareció entender la pregunta. Para muchos españoles de hoy, el nacionalismo español nace con Franco y no hay más modelo de nacionalismo español que el franquista. Tampoco suelen entrar en demasiados matices para distinguir la etapa fascisto-falangista de la nacionalcatólica y anticomunista o de la tecnocrático-autoritaria, pero eso lo dejo para otro día.

En resumen, que es muy difícil para muchos españoles de la actualidad imaginar que la nación española aparece como sujeto soberano opuesto a la monarquía, que hubo un siglo XIX a lo largo del cual el ejército era uno de los sectores más progresistas de la población o que hasta la guerra civil, las izquierdas consideraban que encarnaban a la verdadera España, heredera del pueblo de Madrid que se sublevó en 1808, por oposición a las dinastías extranjeras que habían regido el país durante siglos, o el capital de origen extranjero que comenzaba a gobernarlo. Con la llegada de la Transción muchas de las izquierdas aceptaron ceder el nombre y los símbolos del país y el patriotismo a las derechas, y prefirieron tomar partido con los nacionalistas periféricos, renunciando a la idea de nación española y reinventando el concepto franquista de Estado español que había servido en los orígenes del régimen para ocultar su naturaleza futura de reino o república. Y hoy hay pueblos y nacionalidades del Estado español donde antes hubo Nación española o España.

El león de la izquierda con las armas tomadas al fascio

El 19 de marzo de 1812, por poner una fecha que también podría ser el 2 de mayo de 1808 es el día en el que aproximadamente nacen la Nación española y el nacionalismo español. España existe desde mucho antes, desde que alguien llamó Hispania a una península. Primero como designación geográfica, luego como ideal. Luego como estado con la unión de las coronas de Castilla y Aragón, aunque esta unión sobreviviera durante siglos en la forma de una sola corona y diversos reinos. Como la unión de estructura política y cultural es contingente nadie se dio cuenta de nada. Ni campesino, ni ganadero ni clero. Por decirlo de un modo gráfico, los españoles eran los habitantes de un pueblo o de un valle y no fueron españoles hasta que vieron la llegada de un ejército de franceses.

Incluso esta idea es una simplificación excesiva, porque junto a esos franceses luchan otros españoles y hay en la Guerra de la Independencia muchos elementos de guerra civil. Hay españoles que ven en las ideas que vienen de Francia una oportunidad de volver a tomar el tren de la Historia y la propia Constitución de 1812 es deudora de los textos que se habían escrito en Francia y los Estados Unidos décadas atrás. Pero por primera vez aparece en la historia un sujeto histórico que es la Nación española y una ideología que puede considerarse el nacionalismo español, de corte más francés que alemán, sin duda, en sus características.

Y a mí me parece que esta idea no se destaca lo suficiente. Cuando oigo a políticos que creo que son nacionalistas españoles suelen hablar de la España de los cinco siglos. Que era reino, que fue imperio, pero no nación. El matrimonio de los Reyes Católicos en 1469 y la conquista del reino de Granada en 1492 dieron origen a un Estado católico que estaba hecho contra el judío y contra el moro, pero que distaba mucho de mostrar elementos nacionalizadores. Sí que es verdad que hay elementos como la preponderancia del castellano respecto al aragonés o al leones o la extensión del uso de los pesos y medidas castellanos por la península que podrían parecerlo, pero en realidad son un proceso más similar a la expansión del inglés como lengua franca universal.

Elementos de nacionalización que se han mostrado muy eficientes, como lo son la escuela pública y el servicio militar obligatorio, a pesar de las buenas intenciones mostradas en Cádiz no se dieron hasta mucho más tarde.

Art. 366. En todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras, en las que se enseñará a los niños a leer, escribir y contar, y el catecismo de la religión católica, que comprenderá también una breve exposición de las obligaciones civiles.

Una idea que siempre me ha parecido interesante es la que me dio en su día el profesor Llamazares. La de que si España hubiera dispuesto de un estado fuerte (como Francia) durante las décadas de 1830 y 1840, el problema nacional hubiera quedado zanjado definitivamente y no hubieran podido surgir los nacionalismos catalán y vasco en las últimas dos décadas del siglo XIX. Eso hubiera supuesto la escolarización y alfabetización de amplias capas de la población, que se produjo de modo errático e insuficiente, no ya para fines nacionales sino de mero desarrollo económico y mejor calidad de vida. Para mí esa es sólo la mitad de la historia de por qué el concepto de Nación española y el nacionalismo español están hoy en horas bajas.

La otra mitad se encontraría en el desarrollo del siglo XX, con la guerra civil y el franquismo y la apropiación de la idea de España por las derechas y la renuncia de las izquierdas, Obviando todo esto (lo cual es por supuesto mucho obviar) hay un elemento muy importante en la no participación de España en otras guerras contra potencias europeas durante los siglos XIX y XX.  Luego, en los territorios con nacionalismos autóctonos, una parte muy importante de la explicación se encuentra en las migraciones internas que se produjeron en España entre 1880 y 1980 y que son el gran rasgo invisible de la historia social del país.

En 1808-1812 los españoles se reconocieron como tales cuando llegó la invasión francesa. En gran medida, un proceso análogo supuso una revelación para vascos y catalanes autóctonos, las migraciones internas producidas en España desde finales del siglo XIX supusieron que por primera vez algunos vascos y catalanes tomaran conciencia de su antigua y nueva identidad, al entrar en contacto con maketos y xarnegos: los españoles. Esto no habría sido posible en los tiempos de Cádiz y a mi modo de ver explica la ausencia de un nacionalismo fuerte en regiones como Galicia, el País Valenciano o las islas Baleares, donde existirían rasgos culturales suficientes para darle sustento.

La idea que quiero dejar con este texto es la de que aunque España existe como estructura de poder desde el siglo XV (1469-1492-1512), la aparición de la nación española es un fenómeno contemporáneo (1808-1812) y cuya implantación relativamente débil y vinculada a ideologías más específicas ha imposibilitado una hegemonía similar a la nacionalidad central del estado tiene en estados-nación del entorno como Portugal, Francia o Italia.


Algo que nunca he entendido de la monarquía

12/11/2011

En el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte van a cambiar las leyes de sucesión al trono, para que sea siempre el hijo primogénito quien accede, siendo indiferente si es varón o hembra. También van a eliminar la imposibilidad de ser rey de Inglaterra si se elige matrimonio con alguien de fe católica. Lo leí hace unos días en la sección de Gente y TV de El País,  (sí amigos, no en la de política internacional ni en la de derecho constitucional) y luego de nuevo en una breve nota en el blog de Foreign Policy, en la que el autor tampoco parece entender de qué va el rollo y por ello empieza con un lacónico “supongo que esto es progreso”.

Este gran aporte a la democratización de lo indemocratizable era una de las “grandes” reformas constitucionales con las que Zapatero anduvo zascandileando al inicio de su primer mandato y que quedaron en agua de borrajas. Nunca he entendido el sustrato ideológico del zapaterismo, que creo que estaba basado en una mezcla de lo politically correct y golpes de efecto ante diversas minorías (homosexuales, feministas, nacionalistas periféricos) dando por descontado que siempre tendría garantizado el voto de la izquierda tradicional incluida la que se sitúa a la izquierda del PSOE, es decir, lo que excepcionalmente sucedió en 2004 y luego 2008… que todos esos votos los tenía garantizados y que le votarían para cerrar el paso al PP.

Así pues, Zapatero protagonizó el entierro definitivo del PSOE obrerista, dando lugar a la izquierda posmoderna. En lugar de clase obrera, grupos de presión y en lugar de doctrina marxista, medios de comunicación. El país había cambiado muy deprisa. ¿y qué decir de la forma de gobierno del país? No entiendo cómo a los medios les pasó inadvertido el brindis que el presidente hizo con las tropas españolas destacadas en el Líbano en 2008, en el que  levanta la copa “por el Rey”. Creo que Felipe González nunca habría osado hacer algo así. El partido de tradición obrera y republicana. Como tantas veces se ha dicho: ¡si Pablo Iglesias levantara la cabeza!.

El caso es que, aunque no entiendo mucho a Zapatero ni a la socialdemocracia de hoy, menos entiendo aún a los tradicionalistas. No entiendo eso de que quieran modernizar la tradición, ni adaptarla al tiempo actual ni que sentido tiene. ¿suponemos que es progreso? Progreso sería destruir la institución. Donde se discrimina a 45 millones de españoles ¿qué importa que se discrimine a uno o dos más? Pero ¿qué piensan los conservadores? En España no hay demasiados monárquicos a los que se pueda preguntar. Si tuviera tiempo, ganas y suficiente curiosidad iría a la redacción de las revistas del corazón.

A mí me agrada el cambio, porque lo considero que aunque sea parcialmente pone aún más de manifiesto la contradición entre ese residuo histórico que es la monarquía y nuestros valores igualitarios. Los tontos de los yernos del Jefe del Estado han hecho más por minar la institución con unos años de chanchullos que todos los republicanos de España en décadas. De todos modos, si se produce la reforma y el necesario referendo, creo que votaré “no” para que se visualice la crítica a la institución. Eso es si voto en el CERA. Si voto en mi circunscripción, seguramente lo contrario que otros.

Por cierto ¿quién dice que no hay discriminación en que sólo pueda acceder el primogénito?

se lo pongo en su jerga:

¿quién dice que no hay discriminación en que sólo pueda acceder la primogénita o primogénito?