Islas no aisladas

19/01/2016
Mata de la provincia romana de Britannia

Mata de la provincia romana de Britannia

Sigo leyendo sobre la historia de las islas. Me estaba acordando de una vez que fuimos a Belfast en la primavera de 2000. Éramos un grupo de compañeros de trabajo y entre ellos estaba la típica izquierdista española que en España es anticlerical y en Irlanda del Norte, católica. La sigo teniendo en el Facebook y me llama la atención que sea fiel a IU y pase de Podemos. En la plaza en la que está el ayuntamiento de Belfast dijo algo como “ver ahí ondeando la bandera británica me ha parecido muy fuerte”. Es lo que tiene acercarse a la realidad desde el prejuicio. También ondea la bandera española en Santa Cruz de Tenerife, que queda bastante más lejos de la España peninsular.

El gaélico que se habla en Escocia está ahí a consecuencia de la migración de celtas provenientes de Irlanda y durante muchos siglos existe una cultura céltica bi-insular. Dice Davies hablando del siglo X o por ahí que como resultado de los numerosos movimientos de poblaciones la configuración geográfica de “lo irlandés” tardó en configurarse. No sólo es Escocia, sino también la isla de Man o partes de Gales como la península de Lleyn y más al sur Cornualles. De hecho, habría sido posible que la cultura céltica se hubiera impuesto a la romana y a la germánica. La frase importane es: Sólo cuando los asentamientos irlandeses en Gran Bretaña dejan de funcionar puede empezar a emplearse el concepto moderno e insular de “Irlanda”.

Las islas británicas

Las islas británicas


Estereotipos de alemanes y británicos

22/11/2015
asx

Portada buena

Hay un dicho en inglés que dice que no hay que juzgar un libro por su portada. Tenían que extenderlo a comprarlos. Hace unas semanas o meses adquirí y leí en el día un volumen de hermosas solapas. Lo había escrito un periodista alemán que lleva media vida viviendo en Inglaterra, lo que a un tipo de menos de cuarenta años a lo mejor lo convierte en la mitad de cada cosa. Trata de las diferencias y conexiones entre ambas culturas, una continental y otra insular pero al fin y al cabo para nuestra perspectiva meridional dos culturas germánicas.

Si uno mismo tuviera que escribir un libro sobre el tiempo que se le ha escapado en las islas británicas sería sin duda uno muy diferente. Aparte de una serie de reflexiones continuas sobre el país de origen y el de estancia no había en Keeping Up with the Germans demasiado que yo pudiera conectar con mi propia vida y esfera cultural. Apenas algunos detalles que rozan la parte alemana (las navidades con Dinner for One), y en tanto que habitante dublinícola y aficionado a la historia de la ciudad, esa llegada de Heinrich Böll y su encuentro fortuito con la camioneta de las lavanderías de la esvástica.

El método comparativo en antropología muestra importantes limitaciones a la hora de ofrecer conocimiento. Una observación que suelo hacer a los irlandeses es que tienden a definir su cultura como los elementos que no están presentes en la otra isla, cuando en realidad los elementos comunes son mucho más, sobre todo para los que los observamos desde fuera. Un ejemplo podría ser que ellos miran mucho lo de los respectivos acentos, mientras que para los demás lo obvio es que hablan el mismo idioma. A lo mejor buscar imágenes de English breakfast y de Irish breakfast en Google Images ilustra lo que quiero decir mejor que otra cosa. Bien, lo que me sugiere este libro es extender eso a la Europa del norte, sean los Países Bajos, los de habla alemana o Escandinavia.

Había también alguna consideración interesante respecto de la educación segregada por sexos, la Baader-Meinhof y (cómo no) el fútbol, que es fuente de numerosos contactos y conflictos, pero en general fue para mí una lectura que entró en la categoría de olvidable y que apenas he recordado hoy porque me he encontrado con un gráfico un poco tonto sobre cómo ser alemán que me ha recordado la portada del libro de Oltermann.

Cómo ser alemán

Cómo ser alemán


Culturas de honor, dignidad y victimismo

10/10/2015

El mes pasado leí un artículo de Jonathan Haidt que me llamó bastante la atención y hace unos días lo he comentado en una charla de bar con amigos de los viejos tiempos. Me ha parecido que era interesante esbozarlo aquí, por si algún día se me olvida la idea principal. Para mí este modelo descriptivo tiene que ver con que gran parte de la actividad política tiene que ver con dar mayor o menor estatus a individuos o grupos. La idea es que esto sucede de diversas maneras dependiendo de si las colectividades sociales son culturas de honor, de dignidad o de victimismo.

Todo esto a propósito de que uno de los contertulios acaba de abandonar el Paquistán tras residir en este complejo país durante unos cuantos años. Traje a colación el concepto de cultura de honor para enmarcar la aparente contradicción entre el sentido exacerbado de la hospitalidad y la brutalidad con la que se castiga a quien no respeta las normas comunales. Meses atrás había leído otro artículo sobre las culturas de honor que daba claves muy interesantes. Sobre todo la de que quien no castiga las ofensas recibidas o percibidas por los demás como tales es considerado vulnerable y sujeto a la amenaza y el uso de la fuerza de otros. Cuando vemos al paquistaní que mata a su propia hija por tener novio creo que en general se nos escapa cómo de susceptible es al qué dirán y a la opinión que otros tengan de él. Las sociedades antiguas eran sociedades de honor y en España ser un cornudo antes estaba peor mirado que en la actualidad. Acaso hoy día el sentido antiguo del honor sólo perviva en grupos específicos como los militares y los gitanos aunque también creo que sería difícil encontrar militares o gitanos como los de antes.

Luego está la cultura de la dignidad, que a mí me parece heredera de los valores de la Ilustración, la Revolución Francesa y las declaraciones de los Derechos Humanos. La dignidad es un atributo inherente a la condición humana que las acciones de otros no pueden detraer. El mundo moderno democrático, liberal y burgués tiene este fundamento. Creo que la mayoría de la población en el mundo occidental se ha quedado aquí o en la transición entre el sentido de honor y el de dignidad, pero lo que está marcando el mundo que políticamente vivimos en los últimos años el tercer elemento del modelo.

Lo último y más reciente es la cultura del victimismo. Al final, la igualdad formal de la democracia liberal no supone una igualdad real acaso ni tan siquiera en las oportunidades. Del análisis histórico y sociológico se deduce que la situación de desventaja de individuos y grupos tiene que ver con situaciones de injusticia padecidas (quizá en el pasado muy remoto) y que se deben corregir. Muchas veces la respuesta de los miembros y grupos privilegiados de la sociedad se plantea también en términos de ser víctima de otros. Este es el mundo de la ¨discriminación positiva¨, el “racismo inverso”, la acción afirmativa, la política identitaria, la politización del lenguaje y la judicialización de casi todo.

Y aquí lo dejo esbozado por si también le sirve a alguien más para repensar el mundo.