La dama del ajedrez

29/03/2017
William Shinkman, White Rooks, 1910

William Shinkman, White Rooks, 1910

Estoy en varios tipos de grupos de Whatsapp y de varios debería salirme. En cambio uno me pareció especialmente fructífero a finales del mes pasado, más que nada porque surgió una pregunta sobre éste, mi proprio blog (aquí no hay ningún sesgo, no). Un amigo leyó una entrada de semanas atrás y preguntó por las razones por las que Ramón y Cajal desaconsejaba la práctica del ajedrez. No contento con facilitarle el enlace al cápitulo IV de sus Recuerdos en cuyos siete últimos párrafos (“Me curo definitivamente del vicio del ajedrez”) el sabio expresa su comezón y remedio, se lo he resumido así:

La idea de Ramón y Cajal sobre el ajedrez viene a ser que, como es una actividad que requiere quita mucho tiempo y es además exigente para el intelecto, no es muy compatible (o nada) con una carrera académica intensa como la suya, lo cual me parece muy lógico.

Sería como trabajar descargando camiones y luego en los ratos libres hacer pesas. No tiene mucha lógica. En un día de trabajo normal llego a casa la mitad de cansado que como me quedaba tras una partida de ajedrez de cuatro horas. A quien trabaja con la mente le correspondería ejércitar el físico en su tiempo de ocio.

Luego he aprovechado para meterle una pulla a nuestro amigo feminista, con otras razones más interesantes aún y por las cuales no se debe prácticar el juego-ciencia:

Uno sabe un poquito de ajedrez y es licenciado en ciencias políticas, pero se están poniendo las cosas de un modo que no está nada fácil diferenciar las demandas reales de las parodias.

El caso es que en lugar de picarse me ha respondido que la reina importa más por el cristianismo (la virgen), que a mí me ha parecido una idea con poco fundamento, tratándose de un juego traido desde el Oriente por persas y árabes y el cristianismo no deja de ser una religión patriarcal.

Hace años leí sin poner demasiada atención Birth of the Chess Queen: A History, de Marilyn Yalom en el que se postulaba que la sustitución de la figura del alferza por la de la dama que se produjo en el siglo XV en la península Ibérica tenía que ver con la aparición de la figura histórica de Isabel la Católica, reina de Castilla. A mí me parece una teoría como tantas, que suena sensata y en la que algo de verdad habrá, pero que no alcanza a explicar del todo cosas que quizá ni siquiera tengan una única explicación.

Y aquí es donde me había pasado de listo porque mi amigo no se estaba inventando las cosas, sino que eso del cristianismo y la virgen aparece en un libro llamado Les jeux et les hommes del sociólogo Roger Caillois (1958), de quien servidor nunca había oído hablar. Intentaré hacerme con un ejemplar, ya que he podido entrever una clasificación de los tipos de juegos que me ha parecido muy interesante. Volviendo a la materia, lo que Caillois escribe a propósito de la estabilidad de juegos como el ajedrez y la rayuela es lo siguiente:

Dans l’Inde, on jouait aux échecs avec quatre rois. Le jeu passa dans l’Occident médiéval. Sous la double influence du culte de la Vierge et de l’amour courtois, l’un des rois fut transformé en Reine ou en Dame, qui devint la pièce la plus puissante, tandis que le Roi se trouvait confiné au rôle d’enjeu idéal, mais quasi passif, de la partie.

Que a mí me parece que está mal, ya que para empezar el alferza no es un segundo rey sino un visir, y la madre de Dios no es un ángel exterminador de la artillería en el campo de batalla. También diría que el amor cortés tiene poco que ver con el ajedrez y que su plenitud se da un par de siglos después del cambio que nos ocupa. Sin que nada me acabe de convencer del todo me parece más acertado el desarrollo a partir de Isabel de Castilla que a partir de María de Nazaret.

Y, bueno, no se puede dudar que sería el cristianismo lo que convirtió los elefantes en obispos más allá de los Pirineos, a la vez que se quedaron en alfiles en la península Ibérica para deleite de moros y cristianos. Hasta cierto punto es plausible la teoría de que la evolución de alferza a dama fue posible en un reino cristiano, donde una mujer podía reinar, y no lo habría sido en uno islámico, pero de todos modos yo creo que hay que buscar más las razones endógenas. Comparado con la dama, que es toda una pieza de artillería, el alferza es una escopeta de feria. El ajedrez sin una pieza de largo alcance es mucho más aburrido. Que luego al bicho se le llamara dama en vez de cañón o arcángel expresa hasta cierto punto un rasgo cultural más o menos representativo o fortuito. No creo que valga la pena teorizar mucho más.

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