Dinosaurios

06/12/2015
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Saurios jurásicos y cretácicos

Ayer fue en Irlanda un día de viento malo, con decenas de vuelos cancelados en el aeropuerto de Dublín y un montón de carreteras cortadas. Me pasé todo el día en casa oyendo el vendaval con las ventanas cerradas y creo que fue una buena decisión la de no salir. Hemos hecho la niña y yo un atlas del mundo con pegatinas de dinosaurios. Los libros de pegatinas están muy bien para mantener la atención de los pequeños. A mí también me gustan los de temática científica infantil ya que así puedo repasar aspectos que ni el sistema educativo español ni mis lectúras erráticas han cuidado especialmente.

Puede que las eras geológicas y los dinosaurios fueran uno de ellos. Lanzo aquí la hipótesis de que en el mundo anglosajón la paleontología goce de un mayor prestigio en general y además de una mayor presencia en manifestaciones de cultura popular que en el mundo hispano. Puede que sólo sea una manifestación más de la ausencia de la rueda de la ciencia en el carro de la cultura que dijo Ramón y Cajal. No es sólo España, es también Hispanoamérica. Para mí la conexión tiene que ver con el estrecho vínculo entre el universo de nuestra lengua y la Iglesia de Roma, pero da para una tesis larga.

En el mundo anglo y en inglés me he encontrado con frecuencia con chistes sobre los cortos brazos del tiranosaurio y con personajes fascinados por los dinosaurios como aquel Ross de la serie Friends y últimamente George el hermano de Peppa Pig, serie de dibujos animados gracias a la cual hace poco descubrí que el brontosaurio ya no se consideraba una especie sino una variedad de apatosaurio (es un asunto aún discutible, pero en fin).

En el maravilloso póster que hemos hecho aparecen el Albertosaurio (por Alberta, en Canadá) y el Atlascopcosaurio (Atlas Copco era un importante cliente de una empresa para la que trabajé). Para mi lista de cosas pendintes: una recopilación de palabras – no sólo nombres de dinosaurios- que en inglés acaben en -on y en español en -onte.

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Pegatinas a porrillo


Estereotipos de alemanes y británicos

22/11/2015
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Portada buena

Hay un dicho en inglés que dice que no hay que juzgar un libro por su portada. Tenían que extenderlo a comprarlos. Hace unas semanas o meses adquirí y leí en el día un volumen de hermosas solapas. Lo había escrito un periodista alemán que lleva media vida viviendo en Inglaterra, lo que a un tipo de menos de cuarenta años a lo mejor lo convierte en la mitad de cada cosa. Trata de las diferencias y conexiones entre ambas culturas, una continental y otra insular pero al fin y al cabo para nuestra perspectiva meridional dos culturas germánicas.

Si uno mismo tuviera que escribir un libro sobre el tiempo que se le ha escapado en las islas británicas sería sin duda uno muy diferente. Aparte de una serie de reflexiones continuas sobre el país de origen y el de estancia no había en Keeping Up with the Germans demasiado que yo pudiera conectar con mi propia vida y esfera cultural. Apenas algunos detalles que rozan la parte alemana (las navidades con Dinner for One), y en tanto que habitante dublinícola y aficionado a la historia de la ciudad, esa llegada de Heinrich Böll y su encuentro fortuito con la camioneta de las lavanderías de la esvástica.

El método comparativo en antropología muestra importantes limitaciones a la hora de ofrecer conocimiento. Una observación que suelo hacer a los irlandeses es que tienden a definir su cultura como los elementos que no están presentes en la otra isla, cuando en realidad los elementos comunes son mucho más, sobre todo para los que los observamos desde fuera. Un ejemplo podría ser que ellos miran mucho lo de los respectivos acentos, mientras que para los demás lo obvio es que hablan el mismo idioma. A lo mejor buscar imágenes de English breakfast y de Irish breakfast en Google Images ilustra lo que quiero decir mejor que otra cosa. Bien, lo que me sugiere este libro es extender eso a la Europa del norte, sean los Países Bajos, los de habla alemana o Escandinavia.

Había también alguna consideración interesante respecto de la educación segregada por sexos, la Baader-Meinhof y (cómo no) el fútbol, que es fuente de numerosos contactos y conflictos, pero en general fue para mí una lectura que entró en la categoría de olvidable y que apenas he recordado hoy porque me he encontrado con un gráfico un poco tonto sobre cómo ser alemán que me ha recordado la portada del libro de Oltermann.

Cómo ser alemán

Cómo ser alemán


Sobre lo obvio

26/10/2015

Hoy era día festivo en la República de Irlanda, donde se celebraba “el último lunes de octubre”. No es coña, aquí aparte de la Navidad, el Viernes Santo y otro par de cosas hay varios festivos así: “el primer lunes de mayo”, “el primer lunes de junio”, “el primer lunes de agosto”. Como el mundo globalizado no deja de dar vueltas y me los correos del trabajo me siguen llegando al teléfono (aunque a veces haga algo de caso y a veces de algo de caso omiso) ya he visto parte de lo que tendré que hacer mañana, y al menos tendré que dar una respuesta curiosa.

Un compañero de la oficina de EEUU de nombre indostaní y al que no conozco personalmente me ha escrito para decir que ha hecho algo que no debía con una factura de un cliente español que llevo yo y que se había equivocado porque él tiene uno en Brasil que también se llama “Banco”.  Nunca se me habría ocurrido que hay angloparlantes para los cuales el hecho de que “banco” sea lo mismo que bank en otro idioma no resulte algo obvio. La respuesta fácil es decir simplemente eso, que “banco” es bank en español y portugués, pero incluso esto implica dar por supuesto que el interlocutór sabe que en Brasil se habla portugués.

En mi empleo anterior teníamos un cliente que era “Norecuerdoqué Soluciones” y había una tipa irlandesa que intentaba pronunciar soluciones como me oía a mí hacerlo y se le atragantaba. Un compañero suyo irlandés le dijo que podía decir solutions y ella preguntó si “soluciones” quería decir solutions.

No me las voy a dar de listo, ya que también tengo clientes chinos con nombres compuestos por un montón de monosílabos chungos de los cuales no conozco ningún significado y alguno podría ser “banco” o “soluciones”, pero puede ser muy curioso reflexionar en contextos multiculturales sobre qué es y qué no es obvio. Cuando hablo con mi familia de España y les digo que estoy en casa porque es fiesta me siguen preguntando a ver qué se celebra.


¿Cómo son los irlandeses?

22/10/2015
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Paraje estereotípico

No creo mucho en la idea de carácter nacional pero como para hablar de cualquier cosa acaba haciendo falta generalizar y comparar, lo más fácil es caer en los estereotipos -qué se le va a hacer- ya que muchas veces ofrecen una imagen que sin ser precisa es bastante acertada.

La siguiente historia la han oído varios de amigos bastantes veces porque he solido ilustrar el tipo irlandés de personalidad con el ejemplo de los conductores de autobús de Dublín. Como la señalización en las paradas es bastante deficiente la gente suele preguntar a los conductores por señas, barrios o líneas. En general, los chóferes son amabilísimos y a veces se pueden tirar uno o dos minutos dando indicaciones para ayudar a un transeúnte a orientarse.

Cuando iba al trabajo en autobús, esta actitud me tocaba los cojones, ya que para ayudar a un solo tipo y quizá ahorrarle los cinco o diez minutos que le harían falta para encontrar la información que necesita en otro lado le estás haciendo perder un minuto a cada uno de los sesenta pasajeros del autobús. Toda la verdad sea dicha: como luego tu jefe es consciente del pésimo estado del transporte público y tampoco le parece mal que llegues tarde al trabajo por esa causa, ni tan mal. Hay ineficiencia pero no se puede aislar del contexto.

Los irlandeses se toman la vida con relajo (“el pais de take it easy“) y tienden a ser buena gente aunque bastante desorganizados. Esta desorganización reduce la cantidad de bien que se puede llegar hacer, pero en general no son maximizadores y sí son, en cambio, amantes de los gestos emotivos aunque muchas veces estén vacíos u oculten la realidad.

Este ejemplo del conductor de autobús lo he contado muchas veces porque siempre me ha parecido un buen modo de contraponer un país ineficaz y amable con Irlanda con otros eficientes e implacables ¿Se imaginan a un conductor de autobús en Alemania o Japón, parando el vehículo para echarle la mano a un desorientado?

Hoy me he acordado más aún porque ha salido en las noticias (¡sale en las noticias!) que un conductor de Dublinbús se ha bajado del vehículo para ayudar a un viejo a cruzar la carretera. Esto aquí a la gente le encanta. No es que nadie piense en los tres minutos que va a perder cada pasajero ¿dejar el vehículo parado con el intermitente? ¿abandono del vehículo? ¿cruzar la carretera por donde no hay paso de peatones? Si eres irlandés puede que ni te plantees estas cosas. Creo que es bastante acertado decir que así son los irlandeses.


Culturas de honor, dignidad y victimismo

10/10/2015

El mes pasado leí un artículo de Jonathan Haidt que me llamó bastante la atención y hace unos días lo he comentado en una charla de bar con amigos de los viejos tiempos. Me ha parecido que era interesante esbozarlo aquí, por si algún día se me olvida la idea principal. Para mí este modelo descriptivo tiene que ver con que gran parte de la actividad política tiene que ver con dar mayor o menor estatus a individuos o grupos. La idea es que esto sucede de diversas maneras dependiendo de si las colectividades sociales son culturas de honor, de dignidad o de victimismo.

Todo esto a propósito de que uno de los contertulios acaba de abandonar el Paquistán tras residir en este complejo país durante unos cuantos años. Traje a colación el concepto de cultura de honor para enmarcar la aparente contradicción entre el sentido exacerbado de la hospitalidad y la brutalidad con la que se castiga a quien no respeta las normas comunales. Meses atrás había leído otro artículo sobre las culturas de honor que daba claves muy interesantes. Sobre todo la de que quien no castiga las ofensas recibidas o percibidas por los demás como tales es considerado vulnerable y sujeto a la amenaza y el uso de la fuerza de otros. Cuando vemos al paquistaní que mata a su propia hija por tener novio creo que en general se nos escapa cómo de susceptible es al qué dirán y a la opinión que otros tengan de él. Las sociedades antiguas eran sociedades de honor y en España ser un cornudo antes estaba peor mirado que en la actualidad. Acaso hoy día el sentido antiguo del honor sólo perviva en grupos específicos como los militares y los gitanos aunque también creo que sería difícil encontrar militares o gitanos como los de antes.

Luego está la cultura de la dignidad, que a mí me parece heredera de los valores de la Ilustración, la Revolución Francesa y las declaraciones de los Derechos Humanos. La dignidad es un atributo inherente a la condición humana que las acciones de otros no pueden detraer. El mundo moderno democrático, liberal y burgués tiene este fundamento. Creo que la mayoría de la población en el mundo occidental se ha quedado aquí o en la transición entre el sentido de honor y el de dignidad, pero lo que está marcando el mundo que políticamente vivimos en los últimos años el tercer elemento del modelo.

Lo último y más reciente es la cultura del victimismo. Al final, la igualdad formal de la democracia liberal no supone una igualdad real acaso ni tan siquiera en las oportunidades. Del análisis histórico y sociológico se deduce que la situación de desventaja de individuos y grupos tiene que ver con situaciones de injusticia padecidas (quizá en el pasado muy remoto) y que se deben corregir. Muchas veces la respuesta de los miembros y grupos privilegiados de la sociedad se plantea también en términos de ser víctima de otros. Este es el mundo de la ¨discriminación positiva¨, el “racismo inverso”, la acción afirmativa, la política identitaria, la politización del lenguaje y la judicialización de casi todo.

Y aquí lo dejo esbozado por si también le sirve a alguien más para repensar el mundo.


Kevin

01/09/2015

No lejos de la oficina en la que trabajaré hasta el viernes hay una iglesia de san Kevin. El otro día pasé por delante y vi un letrero que anunciaba misas en latín todos los domingos a las 10.30 (y luego en inglés al mediodía). No sabía que aún se hacían estas cosas. De hecho, hace muchos años, recuerdo acompañar a su casa a una chica que vivía muy cerca de ahí y comentar lo raro que era que hubiera un santo llamado Kevin en la iglesia católica romana, donde uno espera que los héroes y semidioses tengan nombres latinos. Después he estado en el lecho de san Kevin en Glendalough, un rincón que no añade demasiado a un valle que sí que es impresionante.

Esta vez, de camino al tajo, no pensé en la conexión entre cristianismo y latinidad, sino en el hecho de que unos días antes había estado jugando con la página esa del Instituto Nacional de Estadística que dice cuánta gente comparte un determinado nombre y cuál es su edad promedio. Probé algunos nombres de esos que en la actualidad se asocian a la vejez, como Marcelino y Aureliano, y luego me puse a buscar algunos que pudieran ser nombres jóvenes y se me ocurrió que algunos nombres anglosajones podrían tener éxito. Tal cual, en España hay 14.817 varones llamados Kevin y su edad promedio es de 14.9 años. Quizá me equivoque pero me parece que es popular entre los gitanos. ¿Y que parte de su auge se lo deberá al actor Kevin Costner?

Hoy me he encontrado una noticia de que la palabra alemana que había sido la más votada como nueva palabra de 2015 ha sido censurada porque discrimina a un grupo. La palabra era “Alpha-Kevin” y según parece el Kevin Alfa (aquí el “alfa” es como el del macho alfa de una manada de primates) es el individuo más tonto de un grupo. El artículo dice que:

The meaning of the term is something along the lines of “the stupidest of them all.” In Germany, the name Kevin is mostly associated with kids from social milieus with less access to education than the “average” German or with people from the former GDR.

Lo cual me parece una interesante coincidencia con el tipo de familias que me imagino que podrían escoger este nombre para sus hijos en España. No sé si Andalucía dará para ser la RDA.

No estoy muy seguro de cómo funciona este proceso, pero me supongo que existirá cierta conexión entre tradición, familia estructurada, conservadurismoy educación que provoca que en general las clases altas y hasta las medias y las bajas con aspiraciones no sean tan imaginativas como algunos miembros de las más bajas de todas a la hora de escoger nombres para sus vástagos. Luego cada cual los encuentra donde puede. Si las familias de la última decila leyeran a los clásicos griegos a lo mejor teníamos a muchos Demóstenes y Aristófanes; si telefilmes yanquis pues Yónatan, Yésica y Kevin. Y en Alemania será parecido.


Carteles del referéndum

23/05/2015

Ayer se celebraron en Irlanda sendos referendos cuyo resultado aún se desconoce mientras escribo. Apenas nadie ha hablado del que se ha hecho para rebajar de 35 a 21 años la edad legal para ser presidente de la república. No he visto ni un cartel al respecto. El otro, sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, ha tenido más miga.

En Irlanda se vota hasta las diez de la noche y el cómputo de votos se deja para el día siguiente, costumbre ésta que no tendría demasiado éxito en un país de desconfiados como España. Tampoco hay jornada de reflexión y se hace campaña incluso en el día de la votación. Ayer por la tarde todavía me ofrecían pegatinas y folletos por la calle. Esto último me parece bastante más normal que lo que se viene haciendo por allí abajo.

En algún momento del día de hoy sábado saldrán los resultados. Entiendo que pronto. Cuando hay elecciones legislativas a veces se tarda más de un día y en contar y recontar los votos, debido al sistema de voto transferible. Entre esto, Eurovisión y las elecciones de mañana en trece regiones y más de ocho mil municipios españoles el fin de semana puede estar bastante entretenido.

En general el matrimonio llamado igualitario me importa bastante poco. Entre los activistas me parecía más simpática la tribu del sí, que en Dublín al menos parecía bastante mayoritaria. He visto a muchos con pegatinas del sí, y a nadie con pegatina del no, pero habrá que ver los resultados en el retropaís culturalmente dominado por la iglesia romana.

Como a rasgos generales se puede decir que de lo que estoy en contra es del matrimonio como institución tengo dudas de si extenderlo contribuye a su consolidación o a su disolución.

Aquí dejo unas fotos con carteles del sí y del no que saqué por la zona de Westland Row y Merrion square.