¿Cómo son los irlandeses?

22/10/2015
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Paraje estereotípico

No creo mucho en la idea de carácter nacional pero como para hablar de cualquier cosa acaba haciendo falta generalizar y comparar, lo más fácil es caer en los estereotipos -qué se le va a hacer- ya que muchas veces ofrecen una imagen que sin ser precisa es bastante acertada.

La siguiente historia la han oído varios de amigos bastantes veces porque he solido ilustrar el tipo irlandés de personalidad con el ejemplo de los conductores de autobús de Dublín. Como la señalización en las paradas es bastante deficiente la gente suele preguntar a los conductores por señas, barrios o líneas. En general, los chóferes son amabilísimos y a veces se pueden tirar uno o dos minutos dando indicaciones para ayudar a un transeúnte a orientarse.

Cuando iba al trabajo en autobús, esta actitud me tocaba los cojones, ya que para ayudar a un solo tipo y quizá ahorrarle los cinco o diez minutos que le harían falta para encontrar la información que necesita en otro lado le estás haciendo perder un minuto a cada uno de los sesenta pasajeros del autobús. Toda la verdad sea dicha: como luego tu jefe es consciente del pésimo estado del transporte público y tampoco le parece mal que llegues tarde al trabajo por esa causa, ni tan mal. Hay ineficiencia pero no se puede aislar del contexto.

Los irlandeses se toman la vida con relajo (“el pais de take it easy“) y tienden a ser buena gente aunque bastante desorganizados. Esta desorganización reduce la cantidad de bien que se puede llegar hacer, pero en general no son maximizadores y sí son, en cambio, amantes de los gestos emotivos aunque muchas veces estén vacíos u oculten la realidad.

Este ejemplo del conductor de autobús lo he contado muchas veces porque siempre me ha parecido un buen modo de contraponer un país ineficaz y amable con Irlanda con otros eficientes e implacables ¿Se imaginan a un conductor de autobús en Alemania o Japón, parando el vehículo para echarle la mano a un desorientado?

Hoy me he acordado más aún porque ha salido en las noticias (¡sale en las noticias!) que un conductor de Dublinbús se ha bajado del vehículo para ayudar a un viejo a cruzar la carretera. Esto aquí a la gente le encanta. No es que nadie piense en los tres minutos que va a perder cada pasajero ¿dejar el vehículo parado con el intermitente? ¿abandono del vehículo? ¿cruzar la carretera por donde no hay paso de peatones? Si eres irlandés puede que ni te plantees estas cosas. Creo que es bastante acertado decir que así son los irlandeses.


Culturas de honor, dignidad y victimismo

10/10/2015

El mes pasado leí un artículo de Jonathan Haidt que me llamó bastante la atención y hace unos días lo he comentado en una charla de bar con amigos de los viejos tiempos. Me ha parecido que era interesante esbozarlo aquí, por si algún día se me olvida la idea principal. Para mí este modelo descriptivo tiene que ver con que gran parte de la actividad política tiene que ver con dar mayor o menor estatus a individuos o grupos. La idea es que esto sucede de diversas maneras dependiendo de si las colectividades sociales son culturas de honor, de dignidad o de victimismo.

Todo esto a propósito de que uno de los contertulios acaba de abandonar el Paquistán tras residir en este complejo país durante unos cuantos años. Traje a colación el concepto de cultura de honor para enmarcar la aparente contradicción entre el sentido exacerbado de la hospitalidad y la brutalidad con la que se castiga a quien no respeta las normas comunales. Meses atrás había leído otro artículo sobre las culturas de honor que daba claves muy interesantes. Sobre todo la de que quien no castiga las ofensas recibidas o percibidas por los demás como tales es considerado vulnerable y sujeto a la amenaza y el uso de la fuerza de otros. Cuando vemos al paquistaní que mata a su propia hija por tener novio creo que en general se nos escapa cómo de susceptible es al qué dirán y a la opinión que otros tengan de él. Las sociedades antiguas eran sociedades de honor y en España ser un cornudo antes estaba peor mirado que en la actualidad. Acaso hoy día el sentido antiguo del honor sólo perviva en grupos específicos como los militares y los gitanos aunque también creo que sería difícil encontrar militares o gitanos como los de antes.

Luego está la cultura de la dignidad, que a mí me parece heredera de los valores de la Ilustración, la Revolución Francesa y las declaraciones de los Derechos Humanos. La dignidad es un atributo inherente a la condición humana que las acciones de otros no pueden detraer. El mundo moderno democrático, liberal y burgués tiene este fundamento. Creo que la mayoría de la población en el mundo occidental se ha quedado aquí o en la transición entre el sentido de honor y el de dignidad, pero lo que está marcando el mundo que políticamente vivimos en los últimos años el tercer elemento del modelo.

Lo último y más reciente es la cultura del victimismo. Al final, la igualdad formal de la democracia liberal no supone una igualdad real acaso ni tan siquiera en las oportunidades. Del análisis histórico y sociológico se deduce que la situación de desventaja de individuos y grupos tiene que ver con situaciones de injusticia padecidas (quizá en el pasado muy remoto) y que se deben corregir. Muchas veces la respuesta de los miembros y grupos privilegiados de la sociedad se plantea también en términos de ser víctima de otros. Este es el mundo de la ¨discriminación positiva¨, el “racismo inverso”, la acción afirmativa, la política identitaria, la politización del lenguaje y la judicialización de casi todo.

Y aquí lo dejo esbozado por si también le sirve a alguien más para repensar el mundo.


Kevin

01/09/2015

No lejos de la oficina en la que trabajaré hasta el viernes hay una iglesia de san Kevin. El otro día pasé por delante y vi un letrero que anunciaba misas en latín todos los domingos a las 10.30 (y luego en inglés al mediodía). No sabía que aún se hacían estas cosas. De hecho, hace muchos años, recuerdo acompañar a su casa a una chica que vivía muy cerca de ahí y comentar lo raro que era que hubiera un santo llamado Kevin en la iglesia católica romana, donde uno espera que los héroes y semidioses tengan nombres latinos. Después he estado en el lecho de san Kevin en Glendalough, un rincón que no añade demasiado a un valle que sí que es impresionante.

Esta vez, de camino al tajo, no pensé en la conexión entre cristianismo y latinidad, sino en el hecho de que unos días antes había estado jugando con la página esa del Instituto Nacional de Estadística que dice cuánta gente comparte un determinado nombre y cuál es su edad promedio. Probé algunos nombres de esos que en la actualidad se asocian a la vejez, como Marcelino y Aureliano, y luego me puse a buscar algunos que pudieran ser nombres jóvenes y se me ocurrió que algunos nombres anglosajones podrían tener éxito. Tal cual, en España hay 14.817 varones llamados Kevin y su edad promedio es de 14.9 años. Quizá me equivoque pero me parece que es popular entre los gitanos. ¿Y que parte de su auge se lo deberá al actor Kevin Costner?

Hoy me he encontrado una noticia de que la palabra alemana que había sido la más votada como nueva palabra de 2015 ha sido censurada porque discrimina a un grupo. La palabra era “Alpha-Kevin” y según parece el Kevin Alfa (aquí el “alfa” es como el del macho alfa de una manada de primates) es el individuo más tonto de un grupo. El artículo dice que:

The meaning of the term is something along the lines of “the stupidest of them all.” In Germany, the name Kevin is mostly associated with kids from social milieus with less access to education than the “average” German or with people from the former GDR.

Lo cual me parece una interesante coincidencia con el tipo de familias que me imagino que podrían escoger este nombre para sus hijos en España. No sé si Andalucía dará para ser la RDA.

No estoy muy seguro de cómo funciona este proceso, pero me supongo que existirá cierta conexión entre tradición, familia estructurada, conservadurismoy educación que provoca que en general las clases altas y hasta las medias y las bajas con aspiraciones no sean tan imaginativas como algunos miembros de las más bajas de todas a la hora de escoger nombres para sus vástagos. Luego cada cual los encuentra donde puede. Si las familias de la última decila leyeran a los clásicos griegos a lo mejor teníamos a muchos Demóstenes y Aristófanes; si telefilmes yanquis pues Yónatan, Yésica y Kevin. Y en Alemania será parecido.


Carteles del referéndum

23/05/2015

Ayer se celebraron en Irlanda sendos referendos cuyo resultado aún se desconoce mientras escribo. Apenas nadie ha hablado del que se ha hecho para rebajar de 35 a 21 años la edad legal para ser presidente de la república. No he visto ni un cartel al respecto. El otro, sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, ha tenido más miga.

En Irlanda se vota hasta las diez de la noche y el cómputo de votos se deja para el día siguiente, costumbre ésta que no tendría demasiado éxito en un país de desconfiados como España. Tampoco hay jornada de reflexión y se hace campaña incluso en el día de la votación. Ayer por la tarde todavía me ofrecían pegatinas y folletos por la calle. Esto último me parece bastante más normal que lo que se viene haciendo por allí abajo.

En algún momento del día de hoy sábado saldrán los resultados. Entiendo que pronto. Cuando hay elecciones legislativas a veces se tarda más de un día y en contar y recontar los votos, debido al sistema de voto transferible. Entre esto, Eurovisión y las elecciones de mañana en trece regiones y más de ocho mil municipios españoles el fin de semana puede estar bastante entretenido.

En general el matrimonio llamado igualitario me importa bastante poco. Entre los activistas me parecía más simpática la tribu del sí, que en Dublín al menos parecía bastante mayoritaria. He visto a muchos con pegatinas del sí, y a nadie con pegatina del no, pero habrá que ver los resultados en el retropaís culturalmente dominado por la iglesia romana.

Como a rasgos generales se puede decir que de lo que estoy en contra es del matrimonio como institución tengo dudas de si extenderlo contribuye a su consolidación o a su disolución.

Aquí dejo unas fotos con carteles del sí y del no que saqué por la zona de Westland Row y Merrion square.


Metros y pies

04/05/2015

[1’35”] “When the mark of 8.90 m. appeared on the scoreboard, Beamon -used to non-metric measurement- still didn’t know exactly how far he’d jumped.”

[1’35”] “Cuando la marca de 8,90 m. apareció en el marcador, Beamon -que no estaba acostumbrado al sistema métrico- seguía sin saber cuánto había saltado.”

Creo que todo el mundo conoce este récord de salto de longitud en los Juegos Olímpicos de México de 1968. Me acabo de dar cuenta de que el salto que lo batió en Tokio en 1991 lleva más años vigente que aquel. Un poco antes en el mismo vídeo [1’20”] el protagonista, Bob Beamon, aparece en una entrevista diciendo algo sobre veintitantos pies.

Soy partidario acérrimo e intransigente del sistema métrico internacional. Aquí en Irlanda se utiliza más que en Inglaterra y en Estados Unidos excepto en casos contados: alguna distancia consabida en millas, comprar carne en libras el mercado, la altura de la gente en pieses y -un dato que descubrí hace pocos años y con el que vengo teniendo contacto- el peso de los bebés al nacer.


España ante sus fantasmas

18/04/2015
Portada

Portada

La tarde del domingo pasado se la dedicamos a un libro –Ghosts of Spain- escrito por quien fue corresponsal del Guardian en España durante más de una década, que trabaja ahora para The Economist. En inglés se subtitula “viajes por el pasado oculto de un país”, pero la versión española de 2006 se llamó “España ante sus fantasmas”. La edición que ha caído en nuestras manos es de 2012 y añade un prefacio y un capítulo final que resulta más que necesario porque mira que no ha cambiado nada en España, en especial desde 2008 hasta hoy. El capítulo final añadido a esta edición se llama The Fiesta is Over, que no te digo nada y te lo digo todo.

Escrito en la tradición de la literatura de viajes británica, con descripciones costumbristas y salpicado de decenas de expresiones en la lengua del país (bastantes de las cuales se podrían verter al inglés sin demasiados problemas) hace un recorrido por temas centrales de la memoria histórica, política y sociológica del país que en una lista aproximada que parte a parte y capítulo a capítulo son las siguientes:

  • Parte Primera: la represión durante y tras la guerra civil, el legado de Franco, el pacto del olvido de la Transición y los cambios culturales en la España del seiscientos y de la llegada del turismo.
  • Parte Segunda: Lo que mi generación vivió por los periódicos  y telediarios en los años ochenta y noventa: corrupción, terrorismo y sumarios; flamenco, droga y gitaneo variado; el clero y los puticlubs y una descripción de los sistemas educativo y sanitario.
  • Parte Tercera: Capítulos sobre 11-M, País Vasco, Cataluña, Galicia, otro sobre la cultura y el arte y por último el que cuenta el estallido de la burbuja y que la fiesta ya se acabó.

Creo que lo de leer a autores británicos que intentan explicar(se) nuestra cultura no es por complejo de inferioridad y de hecho a veces me parece que se equivocan bastante.

Pero sí que es verdad que en España hay bastante devoción por los hispanistas foráneos y que quizá se les hace más caso del que se debería. A los anglosajones les importa más bien poco lo que el resto del mundo piense y escriba de cómo son y su modo de vida. Ya les puedes explicar con números que el sueño americano es un fraude, que no se van a enteran. En cambio, si el New York Times dice que Madrid es una de las diez mejores ciudades del mundo, la prensa española va a tardar minutos en hacerse eco mecánicamente, debido a ese complejo de inferioridad paleto que arrastramos.

Hace casi diez años leí un libro similar –The New Spaniards, the John Hooper- y allí obtuve algunas ideas interesantes que luego he mezclado con otras propias. Lo de “cultura del exceso” lo saqué de allí y lo digo mucho, a veces para compararla con otra cultura latina, la italiana que es más una “cultura de la apariencia”. Es para lo que valen estos libros: se estereotipa más dignamente.

Por poner otra elaborada por mí mismo a partir de mi experiencia y de cosas leídas aquí y allá. Es cierto que la cultura gastronómica anglosajona es bastante pobre. Supongo que en parte tiene que ver con factores ambientales, pero también habrá razones difíciles de determinar por las que esa gente no le ha dado a los alimentos y al ritual de degustarlos la misma consideración que la nuestra. En cambio me parece que ese relativo desinterés ha supuesto que tengan una ventaja competitiva en la economía, que se traduce en jornadas laborales mejores y una mayor productividad individual. En el fondo tiene que ver con cómo el liberalismo y cómo se relaciona con el crecimiento económico. en este caso la libertad de comer un perrito caliente o de saltarse la comida suponen una ventaja sobre las restricciones que supone la obligatoriedad social de una comida formal de tres platos y una sobremesa, palabra ésta última que no existe en inglés.

No me voy a enrollar nada con el libro en sí: un periodista inglés vive un montón de años en España y cuenta cómo lo ve. A mí me parece que para entender bien el país haría falta un relato basado más en estadísticas que en noticias y que gran parte de los asuntos ideológicos, como la guerra civil y el franquismo, van teniendo menos peso con cada lustro que pasa, pero al final, lo que me interesa de estos anglosajones viviendo en el mundo hispano es que tienen una visión hasta cierto punto simétrica a la que yo percibo como hispano viviendo en el mundo anglo.

Es una visión notablemente diferente a la que puedan tener esos grupos poco admirables de ingleses (también los habrá alemanes) que se retiran al sol del sur español. La segunda ley de Cowen dice que hay bibliografía sobre todo, pero me ha sorprendido agradablemente la noticia de que los antropólogos ya les han dedicado tesis y tratados.

Esos son los expats. Tras leer el libro de The Third Culture Kids escribí en su día que un problema que le veía era que  sólo consideraba dos tipos de situaciones: La de los expats en la que se centraba bastante y la de los inmigrantes, a los que consideraba como individuos que trataban de dejar algo atrás y asimilarse a un nuevo país y cultura. Lo que nos pasa a muchos, al igual que al periodista que escribe, es que nos queremos quedar en el terreno del medio y vivir lo mejor de ambos mundos. Sólo un cambio muy radical puede obligarte a integrarte de modo más intenso en el país de destino.


Los españoles y Alemania

22/12/2014
Alemania: Impresiones de un español

Alemania: Impresiones de un español

No he tardado mucho en leer el otro libro de Julio Camba por el que sentía interés. “Alemania: Impresiones de un español” es el título de una colección de artículos que se publicó en Madrid 1916. Los artículos parecen estar escritos entre 1912 y 1915 que es el periodo que Camba pasó en Berlín como corresponsal primero de La Tribuna y después de ABC. Así pues, algunos de los artículos de esta colección pueden encontrarse en la maravillosa hemeroteca de este segundo diario, que aún existe y ha tenido a bien ponerla a disposición de todos nosotros.

No sé cuánto alemán llegó a aprender Camba. Él sugiere que no demasiado. Las palabras alemanas están transcritas con numerosos errores, por no mencionar que no se respeta la convención de que los sustantivos alemanes se escriben con mayúscula inicial. Quizá los muchos fallos deban atribuirse a los cajistas de imprenta. Otro sí puede decirse de las palabras inglesas, pero dejémoslo ahí, que bastante duro era ya el oficio de tipógrafo por aquel entonces.

El artículo “El alemán es fácil“, aunque no demuestre lo que su título afirma ofrece un recurso útil hasta cierto punto para aquellos que quieran aprender la lengua de Goethe. Lo de los españoles con las lenguas extranjeras es un tema clásico de incapacidad y desinterés. Tiene Camba otro artículo “Los españoles de Casa Grube” en el que trata del grupo ibérico alojado en la misma casa de huéspedes que él, sita en una céntrica calle berlinesa y donde me entero de que también tomó cuartel Julián Besteiro.

El Café Bauer a principios del siglo XX

En total se ve poca Alemania en los artículos de Camba: apenas Berlín, Múnich y un poquito de Baviera. Hay mucho de salchichas, cervezas, cabezas cuadradas y poquita, muy poca información. Yo quise leer este libro como germanófilo sobrevenido y estudiante eterno de alemán, con la intención de conocer aquella Prusia convertida en Alemania que dio al capitán de Köpenick, y que si el pasado es otro país lo es en este caso más aún que en otros.

Para mi desilusión resulta que el representante del periodismo español se dedicó a ejercer de bon vivant y deleitar a su público con observaciones de filósofo turista sin llegar a conocer la gran nación más allá de su prejucio. A veces se cuela algún dato interesante, como el aumento del presupuesto naval que presagia acontecimientos por venir o algún perfil curioso como los de Zeppelin, von Tirpisch o Haeckel, pero puede decirse que son la excepción y que la mayor parte es costumbrismo de café de un género que hoy nos parecería más cercano a la literatura de viajes que al periodismo, por muy devaluado que consideremos este último oficio.

No tengo claro si es a resultas de su experiencia alemana que Camba miró la Gran Guerra como aliadófilo, o si ya antes de ir para allá no tenía la misma simpatía por Germania que por Francia e Inglaterra. El caso es que no se puede decir que su obra sirva demasiado para aumentar la comprensión entre nuestro mundo cultural y el de los modernos tudescos.

Al final en lugar de desistir de mi propósito me resigné a intentar aprender entre líneas y buscar algunos apellidos que acaban siendo importantes con posterioridad (verbigracia von Moltke, cuyo pariente será pieza clave en la conspiración contra Hitler del 20 de julio de 1944) y otras curiosas conexiones (Ernst von Heydebrand und von der Lasa, de la liga agraria alemana tiene que ser pariente del barón Tassilo von Heydebrand un von der Lasa, ilustre ajedrecista del siglo XIX). Valgan como ejemplo estos dos casos prusianos de Silesia y Posnania.

Por poner otra curiosidad sugeriré que la profusa explicación del artículo “Las cigüeñas alemanas” pareciera indicar que la leyenda centroeuropea según la cual a los niños, cuando nacen, los trae la cigüeña no era aún muy conocida en la España de la segunda década del siglo XX. Los de mi generación podríamos decir que es nuestro patrimonio cultural desde tiempo inmemorial, del mismo modo que “nuestros cuentos” son en realidad los de Perrault y los hermanos Grimm. Hubo sin duda otro folclor y otras tradiciones hispanas que seguramente perecieron por exceso de localismo y que en esta pequeña Kulturkampf que es la selección natural de memes no resistieron el empuje de las tres culturas fuertes del norte.

Por último, si les ocurre como a mí y no disponen de tiempo de leer todo cuanto quieren, creo que hay un artículo que es una buena representación a escala de la colección. Se llama “El pueblo alemán” y está en la página 255 de la edición de 1916 que les comento.


Cucharas y cuernos

11/12/2014
Una aproximación al mapa que quiero hacer. Creado con http://ukdataexplorer.com/european-translator/?word=shoehorn

Una aproximación al mapa que quiero hacer. http://ukdataexplorer.com/european-translator/?word=shoehorn

Como ya habré dicho en varias ocasiones, desde que cerró Google Reader mi página favorita de Internet es 9GAG. Tiene elementos de agregador de noticias de actualidad y de red social. Como vivo con una mujer tengo quien me critique el hábito y me diga que es una absoluta pérdida de tiempo. No es del todo errado, pero de vez aprendo alguna cosa.

Por ejemplo hoy comentaban que el abuelo ruso de una chica le había escrito un correo (en inglés) preguntándole  si tenían en casa una cuchara (spoon) para que sea más fácil ponerse los zapatos. Estaba claro que se refería a un calzador y la gracia estaba en que decía cuchara, porque en ruso debe de decirse cuchara. (Y ahora comprobándolo veo que, en efecto, se dice ложка, pronunciado lóžka = cuchara).

Curiosa como es la memoria, yo recordaba haber descubierto una vez la palabra calzador en inglés utilizada como verbo con el sentido ese de “meter algo con calzador” cuando algo se añade de modo forzado o artificioso. Recordaba la coincidencia y en cambio no cuál era la palabra. Dos segundos he tardado en averiguarlo y resulta que es shoehorn, o sea algo como “cuerno de zapato” si la partimos por la mitad. Qué queréis que os diga, podéis reiros del ruso lo que queráis, pero los calzadores que conozco se me parecen a una cuchara mucho más que a un cuerno.

Luego he visto que es cuerno en las lenguas germánicas nórdicas (skohorn en todas ellas), mientras que en alemán y neerlandés es también es cuchara (Schuhlöffel y schoenlepel); en las eslavas es por supuesto cuchara y en las latinas se denomina al objeto en cuestión por su función y no por su forma. Aquí tenemos una vez más a las tres grandes familias lingüísticas de Europa y esto merece un mapa en cuanto averigüe unos detalles que me faltan.


Celos y envidia

10/12/2014

Hoy voy a poner otra idea que me he sacado de 9GAG, aunque en este caso el gag propiamente dicho provenga de Los Simpson. En Irlanda al menos, y creo que en el resto de sitios en los que se habla inglés es lo mismo, no se suele utilizar el adjetivo “envious” y para decir “tengo envidia” se suele decir “I’m jealous“, lo cual acaba siendo entre impreciso e incorrecto.

Supongo que a los hispanohablantes no nos podría ocurrir, siendo la envidia el pecado nacional de España y los celos algo también bastante bien conocido en una cultura estereotípicamente más pasional que las de más al norte.

En fin, no caigamos en los errores de siempre, pero resulta curioso cómo unos significados que están bien claros en algunos sitios pueden resultar confusos en otros.


Ideología

06/12/2014
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Mi gráfico

Voy a aprovechar la circunstancia de que un amiguete me ha enviado este test (que recomiendo) hacer y que se supone que debería mostrar la orientación política de quien responda las preguntas. Me ha parecido mejor diseñado que otros similares y el resultado, tras las veinte preguntas de rigor, se muestra en un gráfico de Nolan. Hará casi diez años que inicié la entrada “Gráfico de Nolan” en la Wikipedia en español y lamento constatar que no ha crecido demasiado.

Hace unas semanas bromeaba con un amigo sobre las diferencias entre las culturas políticas de los mundos hispánico y anglosajón. Para autoubicarme ideológicamente en el hispánico suelo decir “tengo ideas liberales” (que es un poco diferente a “soy liberal”) mientras que en el anglosajón digo algo como “I’m kind of a leftist”, que no es una mera traducción sino una adaptación debida a que las mismas palabras crearían un efecto distinto.

En el test me sale más o menos eso. A lo mejor “moderado” es la mejor forma de llamarlo. Los partidos que me quedan más cerca son el Partido Demócrata de los EEUU y la CDU alemana. En España UPD, que me parece un peor ejemplo porque no es un partido consolidado al que se haya visto acción de gobierno. No tengo claro si su ideología es la que representan los otros dos, aunque sí me parezcan correctos sus análisis sobre problemas concretos de la realidad española y alguna medida específica que proponen me parece especialmente adecuada (contrato laboral único). De todos modos me parece que su atractivo principal estuvo en intentar romper con lo que había mediante reformas y que ya no dará juego, en parte por los límites al crecimiento que le impone su peculiar liderazgo, pero sobre todo porque se ha pasado a una fase en que el carácter nacional típicamente excesivo se manifestará en los españoles menos conformistas a través una preferencia por lo opuesto (reformas mediante ruptura).

Pero vamos, que he hecho el test una segunda vez para fijarme mejor en las preguntas y me ha salido un resultado levemente distinto, con el partido más próximo CiU que en muchos sentidos podría considerar que es aproximadamente la antítesis de mi pensamiento. En realidad muchas preguntas están formuladas de modo en que es fácil dudar entre las opciones. Me quedo con la idea de que creo que soy más liberal (tanto en lo personal como en lo económico) que la mayoría de la población española y con eso tan bonito que es decir que en algunas cosas estoy “a la derecha del PP”.

¿Cuál es la diferencia entre “soy liberal” y “tengo ideas liberales”? Me imagino que la misma que entre “soy socialdemócrata” y “tengo ideas progresistas”. Dentro de que el liberalismo se puede definir de muchas formas, para mí el tipo ideal con el que comparo mis ideas es el que da prioridad a la libertad individual por encima de todo.

Aunque este principio estaría bien si se aplicara en la medida de lo posible, encuentro muchas razones para limitarlo en cuestiones de seguridad tanto nacional (frente a amenaza externa) como de los ciudadanos (frente al crimen) y en asuntos que tienen que ver con la sanidad y la educación en las que el poder de negociación de los más débiles es casi ninguno si es que están enfermos o son niños. También en el ahorro para la vejez, para el que creo que debe haber un sistema de seguro obligatorio. Igualmente creo en los controles farmacéuticos y sanitarios sobre la alimentación, donde me parece que un liberal puro defendería que se puede vender comida en mal estado o drogas perniciosas si las dos partes están de acuerdo. En general creo mucho en el poder del Estado para resolver problemas como para ser liberal. Creo que en un partido liberal europeo me sentiría como el proverbial pulpo en el garaje, pero que en los EEUU daría el pego.

En realidad, en varias versiones del gráfico, al cuadrado central que hay inscrito en el rombo principal le ponen la etiqueta “moderado”. Eso lo veo más acertado, aunque más que una cuestión ideológica puede que sea de edad y de carácter.