Episodios Nacionales: Un cortesano de 1815

04/01/2018

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Seguimos con la lectura de la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. Segunda novela: Un cortesano de 1815.

En esta como en tantos otros están por un lado las peripecias del protagonista, el cortesano alavés Juan Bragas de Pipaón, que siguiendo el linaje hispánico de la picaresca ejerce como buen arribista de conseguidor y por otra las circunstancias que pueden entreverse de la España de la época (1814-1815). Sus oficios peermite acceder a las camarillas que se conjuran, una constante del XIX español, y a los modos de una burocracia que premiaba las conexiones con puestos y rentas a cuenta del erario.

Es interesante cómo Pérez Galdós, que a finales del XIX y principios del XX era de ideas avanzadas, alcanza a meterse en las mentes de la más rancia España. En el capítulo 3 hay una descripción de una idea central para el absolutismo que sirve para los tiempos de los serviles y que tiene cierta continuidad en la tradición reaccionaria española hasta el final del franquismo:

-Pero ven acá, majadero impenitente, ¿cuándo has visto que tales fórmulas sean otra cosa que una satisfacción dada a esas entrometidas naciones de Europa que quieren ver las cosas de España marchando al compás y medida de lo que pasa más allá de los Pirineos? Ríete de fórmulas. No se pueden hacer, ni menos decir las cosas tan en crudo que los afeminados cortesanos de Francia, Inglaterra y Prusia se escandalicen. ¡Reunir Cortes! Primero se hundirá el cielo que verse tal plaga en España, mientras alumbre el sol… ¡Seguridad individual! ¡Bonito andaría el reino, si se diesen leyes para que los vasallos obraran libremente dentro de ellas, y se dictaran reglas para enjuiciar, y se concedieran garantías a la acción de gente tan ingobernable, díscola y revoltosa! El Rey, sus ministros y esos sapientísimos y útiles Consejos y Salas, sin cuyo dictamen no saben los españoles dónde tienen el brazo derecho, bastan para consolidar el más admirable gobierno que han visto humanos ojos. Así es y así seguirá por los siglos de los siglos… ¿Eres tan tonto, que crees en manifiestos de reyes? Como los de los revolucionarios, dicen lo que no se ha de cumplir y lo que exigen las circunstancias. Bajo las fugaces palabras están las inmóviles ideas, como bajo las vagas nubes las montañas ingentes, que no dan un paso adelante ni atrás. Las nubes pasan y los montes se quedan como estaban. Así es el absolutismo, hijo mío; sus palabras podrán ser bonitas, rosadas, luminosas y movibles; pero sus ideas son fijas, inmutables, pesadas. No mires lo de fuera sino lo de dentro. Estudia el corazón de los hombres y no atiendas a lo que articulan los labios, que siempre han de pagar tributo a las conveniencias, a la moda, a las preocupaciones…

Una figura interesante del bando absolutista en las cortes de Cádiz es la de Blas de Ostolaza que se deja caer por el capítulo 5. A mí más que lo de que alguien sea partidario de la Inquisición me fascina lo de “tunantes que tenían casas atestadas de libros”:

Era tan celoso por la causa del Rey y del buen régimen de la monarquía, que si le dejaran ¡Dios poderoso!, habría suprimido por innecesaria la mitad de los españoles, para que pudiera vivir en paz y disfrutar mansamente de los bienes del reino la otra mitad. Fue de ver cómo se puso aquel hombre cuando se restableció la Inquisición. Parecía no caber en su pellejo de puro gozo. Una sola pena entristecía su alma cristiana, y era que no le hubieran nombrado Inquisidor general. ¡Oh!, entonces no se habría dado el escándalo de que se pasearan tranquilamente por Madrid muchos tunantes que tenían casas atestadas de libros y que recibían gacetas extranjeras sin que nadie se metiese con ellos.

Si los hechos suceden en 1814-1815, me sorprendió que Fernando VII dijera a propósito de la compra de unos barcos:

-¡Se compran!… Y dice «se compran» como si costaran dos pesetas.

La peseta es moneda oficial desde 1869. La Wikipedia me informa de que la palabra ya existía desde antes:

El Diccionario de Autoridades de 1737 define la peseta como «la pieza que vale dos reales de plata de moneda provincial, formada de figura redonda. Es voz modernamente introducida».
La primera pieza que se acuñó con la inscripción pesetas fue una pieza acuñada en Barcelona de 2½ pesetas, en 1808, durante la dominación napoleónica. La pieza correspondiente de peseta se acuñó el año 1809, año en que también fue acuñada la de 5 pesetas (del tamaño y peso de las de 8 reales), que funcionaron hasta el final de la Guerra de la Independencia Española.

Si la expresión “dos pesetas” con el significado de muy poco ya era corriente en 1815, Galdós lo sabría. Se me ocurrió que podría haberse confundido en 1879.

Anuncios

Episodios Nacionales: El equipaje del rey José

03/01/2018

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Pronto me puse con uno de mis proyectos para este año, que es el de leer las diez novelas de la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. El primer día de 2018 di cuenta de la primera entrega, El equipaje del rey José, que sucede en tierras de Burgos y Álava en los alrededores tanto en el espacio como en el tiempo de la batalla de Vitoria de 1813.

Con Galdós me pasa como con Dostoyevski, que la historia puede ser grandiosa pero la miga de verdad la encuentro en las reflexiones del narrador. Aquí respecto de un linchamiento fallido:

El populacho es algunas veces sublime, no puede negarse. Tiene horas de heroísmo, en virtud de extraordinaria y súbita inspiración que de lo alto recibe; pero fuera de estas horas, muy raras en la historia, el populacho es bajo, soez, envidioso, cruel y sobre todo cobarde.

Aquí sobre los efectos provocados por la combinación de las pasiones amorosas y las patrióticas:

Un hecho es este cuyo tenebroso misterio no penetrará jamás con exactitud el observador; pero es indudable que la pasión amorosa confundida con el arrebatado sentimiento patriótico que en el alma de la mujer produce fenómenos extraordinarios, durante las grandes guerras de raza, está sujeta a veleidades casi increíbles. El fanatismo de Genara hizo de ella en la ocasión crítica que narramos un ser espantoso; pero ¿es posible pronunciar la última palabra sobre la vengativa saña de su alma exaltada, sin deslindar lo que de sublime y de perverso había en los sentimientos que precedieron a la explosión tremenda? La pavorosa figura bella y terrible, que pedía la muerte de un hombre, pocos minutos antes amado, encaja muy bien dentro del tétrico cuadro de la época, en la cual las pasiones humanas exacerbadas y desatadas arrastraban a los hechos más heroicos y a los mayores delirios. Había en Genara una entereza romana que de ningún modo podía ser completamente odiosa, y en sus odios lo mismo que en sus amores no se quedaba nunca a medias.

Hace unos meses escuché un interesante programa de radio sobre la batalla de Vitoria de 1813 y luego estuve buscando mapas y otra información. El botín de guerra, que en otras batallas es tema secundario, tuvo en ésta un protagonismo mayor.

https://archive.org/stream/elequipajedelrey00pere?ui=embed#mode/2up


Episodios Nacionales: La batalla de los Arapiles

18/06/2017

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Después de unas semanas hoy he concluído la primera serie de los Episodios Nacionales. Dejo las siguientes para años posteriores que ars longa vita brevis y hay mucho a lo que dedicarse. Esta última entrega transcurre principalmente por tierras charras y como en ellas he pasado un trocito notable de mi vida, al menos las ubicaciones geográficas casi las domino, tanto en el agro como entre las murallas que rodeaban la ciudad de Salamanca.

En cambio nunca he sabido gran cosa de la batalla de los Arapiles, al menos hasta hace un par de años cuando descubrí que existía un monte Arapiles en Australia y sospeché que su nombre no podía ser debido sino a lo que es. De aquella me puse a leer un poco sobre la batalla del 22 de julio de 1812 con una curiosidad que nunca tuve mientras viví en Salamanca (casi podría haberme llegado caminando al escenario bélico y nunca lo hice).

Un personaje interesante con el que uno coincide hasta cierto punto en la geografía es el duque de Wellington, que nació en Dublín donde uno brega. Él bregó en Salamanca de donde provenimos y sus tropas quemaron mi ciudad natal que no es poco. Yo espero no hacerle nada malo a la suya. No me queda claro si Wellesley estuvo en Sancti-Spíritus como Pérez Galdós cuenta convirtiendo al villorrio de entonces en un escenario importante en el episodio. Sí que parece que lo hizo Thomas Picton y ahora sé que la localidad neozelandesa donde esperábamos el barco para cambiar de isla lleva por nombre su apellido. Tampoco he podido acreditar la existencia del coronel Abraham Simpson. El nombre de Pakenham (cuñado de Wellington) aparecía en mis anteriores señas, aunque seguramente se refiera a algún otro miembro de la familia. Aparecen más hibernoespañoles en este episodio: Carlos O’Donnell, José O’Lawlor.

Mi abuelo me contó que un abuelo de su abuelo (o sea un tatarabuelo suyo) era del pueblo de El Bodón, donde aconteció una escaramuza importante. Creo que la guerra de la Independencia (la francesá) dejo en la memoria colectiva de esas comarcas del sur de Salamanca un mayor impacto que en otras. He oído muchas historias de gentes que enterraban sus bienes en arcas, tesoros encontratos décadas después. Una que contaban mucho es la de cómo a los franceses que participaban en la invasión les decían que si morían allí resucitarían en Francia. La leyenda y el rumor tienen bastante más ascendente que el estudio riguroso de la Historia.


Episodios Nacionales: Gerona

11/06/2017

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Y después del asedio a Zaragoza llegamos a 1809 y el sitio de Gerona (que también son varios, pero considerarlos en singular resulta más práctico). Tampoco he estado nunca por Gerona y su provincia, o sea que las conozco menos que Aragón, que al menos lo he atravesado. Y aunque de las clases de geografía recuerdo que el río de Gerona era el Ter ahora me he enterado que el que aparece en las fotos típicas de la ciudad es su afluente el Oñar, que Pérez Galdós al igual que otros del XIX tiene a bien llamar Oñá. Supongo que la diferencia estriba en ese rasgo del catalán de no pronunciar las erres finales (leo que no en todos los dialectos). Todo está en permanente evolución y más me sorprende ver los nombres de los meses escritos con mayúsculas.

Conté una vez que en una exposición permanente sobre soldados irlandeses que está en el Museo Nacional de Irlanda (en el edificio de los cuarteles Collins) hay un panel sobre el regimiento Ultonia y su participación en la defensa de Gerona durante el sitio de 1809. No es que me haga replantearme mi idea de que en general existe poca conexión histórica entre España e Irlanda pero no son pocas las veces que he encontrado apellidos de irlandeses desde que empecé a leer los Episodios Nacionales: Alejandro O’Reilly, O’Neilly y en este de Gerona: la coronela Lucía Fitz-Gerard, Guillermo Nash, Rodulph Marshall y Enrique José O’Donnell. Y el texto galdosiano ni siquiera deja entrever la magnitud de la participación irlandesa en el episodio histórico.

Muchas décadas después el inglés Wilfrend Owen escribió un poema sobre la vieja mentira del dulce et decorum est pro patria mori. La idea de la muerte que se encuentra en el capítulo XI la tendré por equivocada hasta que alguien vuelva de allí para contarnos:

Morir en la brecha es no sólo glorioso, sino hasta cierto punto placentero. La batalla emborracha como el vino, y deliciosos humos y vapores se suben a la cabeza, borrando de nuestra mente la idea del peligro, y en nuestro corazón el dulce cariño a la vida; pero morir de hambre en las calles es horrible, desesperante, y en la tétrica agonía ningún sentimiento consolador ni risueña idea alborozan el alma irritada y furiosa contra el mísero cuerpo que se le escapa. En la batalla, la vista del compañero anima; en el hambre el semejante estorba. Pasa lo mismo que en el naufragio; se aborrece al prójimo, porque la salvación, sea tabla, sea pedazo de pan, debe repartirse entre muchos.

En conjunto resultó más interesante de leer el episodio de los asedios zaragozanos que el de los gerundenses.


Episodios Nacionales: Zaragoza

10/06/2017

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Muchos años depués he llegado al libro y párrafo completo que al que invitaba el reverso del billete de mil pesetas. Está en el capítulo XXIX:

¿Zaragoza se rendirá? La muerte al que esto diga.

Zaragoza no se rinde. La reducirán a polvo: de sus históricas casas no quedará ladrillo sobre ladrillo; caerán sus cien templos; su suelo abrirase vomitando llamas; y lanzados al aire los cimientos, caerán las tejas al fondo de los pozos; pero entrelos escombros y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.

Es el segundo sitio épico de Zaragoza, en el que la ciudad acaba destruida y su población diezmada el momento histórico en el que Pérez Galdós sitúa el sexto episodio de la primera serie. Nunca he estado en Zaragoza, alguna vez la habrá pasado de camino a Barcelona. Alguna cosa he descubierto mirando un plano viejo de la ciudad a la vez que leía, como que hasta finales del siglo XIX tuvo una famosa torre inclinada que es un escenario y símbolo importante en el episodio.

En treinta y dos capítulos en la ciudad de zaragoza consigue no meter ni una vez la palabra maño, lo cual me hace sospechar que su popularidad es posterior al XIX. Me ha venido esta idea observando el personaje de José de Montoria, aragonés típico y tópico. Me pregunto en cuánto habrá contribuido esta obra a sostener el estereotipo.

Esta lectura ha sido una buena oportunidad para volver a escuchar Los Sitios de Zaragoza y descubrir que el padre del compositor había participado en el asedio con las tropas imperiales.

Como suele suceder hace uno días descubría las palabras “morrión” y “capacete” y la diferencia entre lo que cada una de ellas describe (y ahora me da vergüenza haber escrito “casco” en vez de “capacete” en una ocasión)  y hete aquí que en éste, el siguiente libro que leo, se habla de los morriones que son los chacós de los franceses,

 


Napoleón en Chamartín

05/06/2017

.

El progreso que llevo en la lectura de los Episodios Nacionales (voy a uno por día el día que me pongo) indica que hay algo en la prosa de Pérez Galdós que la hace óptima para mis entendederas. Lo digo por oposición a otros libros en los que llevo atascado semanas o meses. Hoy le tocó el turno a Napoleón en Chamartín, que es el quinto de la primera serie. Napoleón llegó a Chamartín el 2 de diciembre de 1808.

Lo primero que he conseguido averiguar es que Chamartín, que yo tenía por barrio de Madrid (en realidad distrito) fue municipio hasta 1948. De propina la curiosa historia del nombre del barrio de Tetuán y que Lavapies fue primero el Avapiés. Episodio muy madrileño este. Los Pozos, dónde el vecino apodado el Gran Capitán lleva a cabo su absurda gesta es hoy la glorieta de Bilbao, que sólo tomó ese nombre tras el sitio de la capital vizcaína durante la primera guerra carlista.

-Sí, cuando el general Belliard fue a tomar posesión de los Pozos, todos entregaron las armas. D. Santiago continuaba encerrado en el jardín de Bringas. ¿Qué pensarás que hizo? Pues por la mañana al volver de su casa amontonó toda la leña puesta allí para calentarnos. Ya recordarás que también había una gran cantidad de madera vieja de la casa que han derribado en la esquina. Pues con aquellos materiales y la leña hizo un gran parapeto en el rincón del fondo, donde estaba el gallinero vacío, y púsose dentro de su improvisada fortaleza. Derribaron los franceses la puerta del jardín, y cuando vieron aquel monte de madera, de cuyo interior salía una hueca voz diciendo: «Se rendirá Madrid, se rendirán los Pozos, pero el Gran Capitán no se rinde», tuvieron al que tal decía por loco y diéronse a reír. Pero Fernández había puesto dentro una buena cantidad de cartuchos y dale que le das, empieza a hacer fuego por las aberturas y resquicios de su montón de leña. Los franceses que se vieron heridos (y alguno de ellos murió) arremetieron contra el gallinero destruyendo los parapetos de madera vieja. Fernández no cesaba de hacerles fuego desde adentro. Pero cátate que a lo mejor empieza a salir humo, y luego llamas que crecieron rápidamente, y la ronca voz del defensor del gallinero gritaba: ¡Viva España; mueran los franceses y el granuja de Napoleón!

Mandó el oficial que se apartase la madera para sacar a aquel desgraciado, que sin duda excitaba su admiración; pero Fernández gritó de nuevo: –«Se rendirá Madrid, se rendirán los Pozos; pero el Gran Capitán no se rinde»,hasta que cesó la voz; y las llamas, extendiéndose vorazmente, destruyéronlo todo. La inmensa hoguera estuvo humeando todo el día. Cuando aquello se acabó buscaron el cuerpo, pero estaba hecho ceniza.

En este episodio Pérez Galdós escribe la palabra “perulero“.