Tres en raya

03/03/2016
Tres en raya

Tres en raya

La dama de las ventanas ataca de nuevo. Aquí he capturado un tres en raya en un bloque de esos de pisos del ayuntamiento cuya estética es de una sordidez inenarrable acaso sólo superada por la de mi idolatrada Norilsk.

No es que un tres en línea sea difícil. De hecho, la frecuencia con la que el icono del cutrerío se manifiesta con reiteración sólo puede añadir más misterio aún a su leyenda. Emparenta con la cábala. Una vez más, este barrio del sur demuestra que la mala fama del norte sin ser del todo inmerecida sí que es muy extensible a la rive droite del Liffey.

Belleza urbana

Belleza urbana

Estos bloques quedan cerca de mi oficina, alejándose del centro de Dublín en dirección hacia el oeste, un poco más adelante del obelisco con futiles relojes solares y en llegando, por la calle del mismo nombre, al hospital de Santiago o Saint James. Los diez minutos por la acera del sol cuando lo hay hasta la parada de tranvía del hospital son un tour de las sensaciones negativas que atraviesa el urbanismo infame, la suciedad rampante, los estragos del alcohol y el esperpento. La semana pasada, un tipo en pijama salía con la sonda a comprar patatas fritas a un chipper grasiento.

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Fu Manchú en Talbot st

19/10/2015
cs

Cabeza de chino

Ayer salí a la calle a dar un paseo aprovechando las horas en que el gran público estaba frente a las pantallas padeciendo el rugby (Argentina eliminó a Irlanda en la copa mundial). Al pasar por Talbot st (una calle que tiene una fama muy chunga pero que a mí me gusta bastante) volví a fijarme en la cabeza de estereotípico chino – más feo que Fu Manchú, ni en China se encuentra uno chinos así – que hay esculpida en el pub Molloy’s. Puede que sea una de esas rarezas de porque sí pero si hay alguna historia detrás tiene que ser bastante interesante.

Los chinos son gente inteligente y trabajadora que va bastante a lo suyo. Me sé varios grupos de presión que se habrían sentido ofendidísimos por afrentas mucho menores.


Moai dublinés

23/08/2014
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Hoy ha salido un día bastante bueno y hemos ido caminando desde el centro por los barrios de North Wall e East Wall hasta Clontarf, y de allí a la isla del toro y su playa y el espigón del norte que flanquea la entrada marítima a Dublín y tras regresar a tierra firme incluso más lejos, hasta el parque de santa Ana. Al principio de la singladura, en el antaño bélico y hogaño privilegiado Clontarf, barrio que yo pisaba mucho hace poco más de una década, nos ha sorprendido encontrarnos con un moai.

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Luego he visto que lleva ahí desde 2004 cuando no es que ya no frecuentara la zona sino que andaba incluso por países más llanos que este. Parece ser que es un regalo de la República de Chile a la Ciudad de Dublín. No sé si es competencia americana pero hay una estatua menos memorable ofrendada por los Estados Unidos Mexicanos en la playa de Sandymount. La razón de que en la placa diga “maoi” en vez de “moai” la ignoro por completo.

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Además de todos los moais que pude ver in situ en la isla de Pascua creo que este ya es el cuarto o quinto que he visto fuera de su entoro original. El anterior fue el año pasado en Barmouth (Gales), aunque aquel ni siquiera era de procedencia chilena. Creo que el moai dublinés no es auténtico rapanui de época, sino una producción moderno. Hasta donde recuerdo, la piedra rojiza de la que está hecho era la que utilizaban en la isla remota para hacer los tocados, impropiamente llamados sombreros, pero no para hacer parte antropomórfica de la estatua.

Ahora, por conectar ideas, unamos el nombre de la isla de Pascua al del levantamiento de Pascua, sin duda uno de los acontecimientos más destacados, si no el que más, en la historia de la capital irlandesa. También este lugar en el que se encuentra el moai fue escenario de la batalla de Clontarf entre vikingos y celtas, de la que este año se ha cumplido el milenario. La tradición indica que la batalla se produjo en el día de Viernes Santo, otro dato que une lo pascual con lo pascuense.

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Aunque ya no paso a menudo por Clontarf sí que lo he hecho unas cuantas veces en los últimos años. Es posible que incluso caminando por el paseo marítimo me haya pasado desapercibida tan colosal figura.


Bola de helechos plateados

27/01/2013

Tengo pocos recuerdos de Wellington. La llegada al puerto en transbordador y el vehículo nuevo, igual que el anterior salvo en el color. Mucho viento en una ciudad administrativa más bien vacía. El avispero y el cruasán del parlamento, una araña estrambótica como las que hay también en Tokio y Bilbao, banderas a media asta por la muerte de Edmund Hillary, una habitación de albergue con una buena vista, el museo de Te Papa y el panorama desde el monte Victoria.

Una de las cosas curiosas de la ciudad, que descubrimos al poco de llegar, fue una bola de metal compuesta por piezas que se asemejaban al helecho plateado (Cyathea dealbata) que se ha convertido en símbolo de Nueva Zelanda. En las imágenes que se toman desde la distancia no se aprecian los cables que la sostienen en el aire. Acabo de ver que en 2011 la descolgaron por fatiga del metal. Supongo que la habrán reparado y vuelto a colocar en su sitio, donde dicen que llevaba desde 1998.

La bola en el aire

La bola en el aire

Con fondo de rascacielos

Con fondo de rascacielos

Suspenso en fotografía

Suspenso en fotografía

(14.01.2008)


Monos billaristas

30/10/2012

Los famosos monos jugando al billar

Hace unas semanas me encontré con un excelente blog sobre historia de la ciudad de Dublín. Fracasé en el empeño de leerlo de cabo a rabo, pero estoy en ello aunque el proyecto esté aplazado sine die. De entre las entradas que pude ojear hubo una que me llamó la atención por el hecho de que paso a menudo por esa calle sin haber reparado jamás en el detalle del que se trataba.

En la fachada del edificio de la Alliance Française de la calle Kildare hay unos monos esculpidos en una columna y que se dan al vicio del billares. Al parecer es cosa bien conocida en la ciudad y sólo dejo el apunte porque esta mañana, al pasar por allí, me quedó una fotografía más curiosa que la mayoría de las que he visto en internet, sin duda gracias al día soleado y al reflejo en el cristal del edificio de enfrente.

La foto sin recortar


Dragón

10/10/2012

Dragón (Hoi An, Vietnam – diciembre de 2007)

Un dragón artístico en un palacio de Hoi An aquel día tan lluvioso. Mirándolo bien me ha hecho recordar al camaleón ciclista de Londres.


Yereván (II): La Cascada

09/09/2011

22.08.2011 En el momento de la revelación estábamos en la plaza de la Ópera. Obviando los museos y galerías y todos esos otros sitios en los que se paga por entrar, miranba el plano de Yereván en la convicción de que ya habíamos visto todo lo visible en la ciudad… cuando de pronto recordé lo que había leído sobre la Cascada. Me dieron pena estos pobres, a los que ya se ls notaba la fatiga acumulada, pero de todos modos me los llevé a la carrera para allí porque estaba oscureciendo. Soy así de cabrón.

La Cascada y la estatua de Mesrop Mashots

La Cascada es en realidad una escalera sobre una colina. Debajo de las escalones hay salas de un centro de las artes. Esto no siempre ha sido así, la Armeniapedia nos indica que la construcción se inició en la década de 1970 con la intención de que fuera un monumento, pero que unos veinte años más tarde acabó convertida en zona discotequera.

Juanito y Jorgito iniciando la ascensión

Y que en la actualidad pertenece a un señor mecenas estadounidense llamado Gerardo Cafesián, que la compró y es el que ha organizado el centro de las artes. Lo interesante es que la escalera y los jardines que tiene delante se han convertido en un punto neurálgico de la ciudad en el que se concentran numerosas obras escultóricas de autores famosos, y también los yerevanitas para oir conciertos.

Las dos cumbres del Ararat desde la Cascada de Yereván

En cuento uno empieza a subir puede apreciar a lo lejos las dos cimas del Ararat gobernando el horizonte de la capital armenia. Uno ha de oír o leer hasta la saciedad cosas como  que en la actualidad el Ararat está en Turquía, pero que sigue formando parte del legado espiritual del pueblo armenio. Y también lo del Arca de Noé. Y lo de que los armenios descienden de Hayk el nieto, o biznieto o tataranieto de Noé.

Yereván oscura

Al pobre Jorge, que estaba malito, le hicimos la putada de subir raudos y veloces como hacía por aquellas semanas la prima de riesgo de la deuda española. Yo quería llegar a lo más alto antes de que oscureciera por completo y lo conseguimos por poco. La Cascada es una obra inconclusa, en la parte de arriba hay cimientos y grúas trabajando. Básicamente hay un momento en que deja de haber escalones y uno cruza por el asfalto y sube a una plataforma que hace muy bien las veces de mirador.

Allí hay un monumento que parece una bomba que ha quedado clavada y sin explotar, pero representa la fealdad del cincuentenario de la Armenia soviética. En varios mapas aparece, y lo he leído también, que allí al lado está el Gladiador de Fernando Botero, pero les aseguro que lo he visto abajo del todo. Me imagino que lo habran cambiado de sitio, pero si alguien ha subido todos los escalones con la sola intención de verlo, ruego que deje un comentario.

Gato y nene

Abajo también hay un gato del genial colombiano amante de la gordura. Fue por esas alturas del mirador cuando me di cuenta de que había perdido la mayoría de las fotografías del día que vinimos de Tiflis. Con gran pragmatismo decidí hacer menos, por si la cámara estaba rota o algo. En Estocolmo en enero de 2002 también vi muchas esculturas de Botero en la calle y perdí el carrete de la cámara analógica que llevaba por aquel entonces. No creo que sea una señal para que me dedique a las bellas artes.

A este amante de los alfabetos, le pareció que la escultura más interesante que había en la zona de la Cascada era la creada por el artista español Jaume Plensa, que seguro que tiene algún significado profundo, pero que a mí me recuerda el sabor de la sopa de letras que me hacía mi madre hace tantos años. Es lo que tiene apelar al subconsciente del inconsciente.

Sopa de letras

También volví a ver la liebre de Barry Flanagan, que es un caballero que montó una exposición en Dublín en 2006, a causa de la cual las calles se llenaron de conejos. Es más, yo juraría que esta liebre de la campana es la misma que estaba en la calle O’Connell.

Yereván 2011

Dublín, septiembre de 2006

Por suerte le había hecho una foto desde el autobús el día de la final del fútbol gaélico. Es curioso que nos hayamos reencontrado tan lejos después de casi cinco años.

La liebre desde el lado contrario (Dublín 2006)

Y por seguir con animales, otra estatua que me gustó mucho es la que representa las fases del salto de un antílope.

El salto de la cabra

A mí me gustaba pensar que yo era el más friqui de los tres sobrinos del pato Donald, pero bajando del mirador a mis camaradas se les ocurrió contar los escalones. Mi déficit de concentración me impide tales proezas: siempre que he intentado contar pasos he fracasado vilmente. Después de más de seiscientos escalones coincidieron en el número. Eso me sorprendió así que ciego de envidia y animado por el éxito me puse a contar yo también, aunque cuando llegamos abajo del todo cada uno tenía un número distinto. Digamos que la Cascada tiene entre setecientos y setecientos treinta escalones. Esperemos que las obras concluyan y que en el futuro tenga más.

Ese día intentamos volver por un atajo y acabamos rodeando el Parlamento y dando una vuelta más larga aún. El Parlamento está bien como edificio, pero eso sólo lo descubrimos al día siguiente porque de noche no luce mucho. A pesar del rodeo no tuvimos problemas para encontrar las escaleras que dan acceso a la calle Demirchián y nuestro querido apartamento.