Más sobre los irlandeses

07/01/2016
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Paraje estereotípico

Esto era la segunda parte de “¿Cómo son los irlandeses?” que estaba escribiendo a finales de octubre mientras buscaba su Volkgeist.

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Hay un montón de noticias así. Hay un montón de noticias que en otro sitio no serían noticias. Otros ejemplos: La semana pasada se montó un cristo porque a una vieja de noventa años la llevaron a juicio por tener una parabólica que no estaba permitida (parece ser que ahora eso es permisible si ahora se tienen noventa años). Las noticias sobre emigrantes irlandeses en EEUU o Australia también tienen un regusto lacrimal que es casi ofensivo. Al menos para los inmigrantes de otros sitios que hay aquí.

La gente es tan buena que no tiene idea mala: recuerdo que la hija de un ministro murió de cáncer en un hospital del Reino Unido y a nadie se le ocurrió preguntar(se) por qué la tuvo que llevar al Reino Unido; por qué en Irlanda no hay hospitales que ofrezcan esa asistencia o qué podrían hacer quienes no tengan ingresos que les permitan viajar al extranjero para conseguirla…

En un país con tantas carencias, que comienzan por enormes desigualdades que sólo se podrían empezar a corregir con una reforma fiscal de gran calado, los impuestos tienen mala prensa  mientras que todo el mundo practica beneficiencia de algún tipo. Lo cual no hace sino paliar situaciones estructuralmente insostenibles, pero sirve muy bien para la lágrima fácil y el postureo.

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Estereotipos de alemanes y británicos

22/11/2015
asx

Portada buena

Hay un dicho en inglés que dice que no hay que juzgar un libro por su portada. Tenían que extenderlo a comprarlos. Hace unas semanas o meses adquirí y leí en el día un volumen de hermosas solapas. Lo había escrito un periodista alemán que lleva media vida viviendo en Inglaterra, lo que a un tipo de menos de cuarenta años a lo mejor lo convierte en la mitad de cada cosa. Trata de las diferencias y conexiones entre ambas culturas, una continental y otra insular pero al fin y al cabo para nuestra perspectiva meridional dos culturas germánicas.

Si uno mismo tuviera que escribir un libro sobre el tiempo que se le ha escapado en las islas británicas sería sin duda uno muy diferente. Aparte de una serie de reflexiones continuas sobre el país de origen y el de estancia no había en Keeping Up with the Germans demasiado que yo pudiera conectar con mi propia vida y esfera cultural. Apenas algunos detalles que rozan la parte alemana (las navidades con Dinner for One), y en tanto que habitante dublinícola y aficionado a la historia de la ciudad, esa llegada de Heinrich Böll y su encuentro fortuito con la camioneta de las lavanderías de la esvástica.

El método comparativo en antropología muestra importantes limitaciones a la hora de ofrecer conocimiento. Una observación que suelo hacer a los irlandeses es que tienden a definir su cultura como los elementos que no están presentes en la otra isla, cuando en realidad los elementos comunes son mucho más, sobre todo para los que los observamos desde fuera. Un ejemplo podría ser que ellos miran mucho lo de los respectivos acentos, mientras que para los demás lo obvio es que hablan el mismo idioma. A lo mejor buscar imágenes de English breakfast y de Irish breakfast en Google Images ilustra lo que quiero decir mejor que otra cosa. Bien, lo que me sugiere este libro es extender eso a la Europa del norte, sean los Países Bajos, los de habla alemana o Escandinavia.

Había también alguna consideración interesante respecto de la educación segregada por sexos, la Baader-Meinhof y (cómo no) el fútbol, que es fuente de numerosos contactos y conflictos, pero en general fue para mí una lectura que entró en la categoría de olvidable y que apenas he recordado hoy porque me he encontrado con un gráfico un poco tonto sobre cómo ser alemán que me ha recordado la portada del libro de Oltermann.

Cómo ser alemán

Cómo ser alemán


¿Cómo son los irlandeses?

22/10/2015
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Paraje estereotípico

No creo mucho en la idea de carácter nacional pero como para hablar de cualquier cosa acaba haciendo falta generalizar y comparar, lo más fácil es caer en los estereotipos -qué se le va a hacer- ya que muchas veces ofrecen una imagen que sin ser precisa es bastante acertada.

La siguiente historia la han oído varios de amigos bastantes veces porque he solido ilustrar el tipo irlandés de personalidad con el ejemplo de los conductores de autobús de Dublín. Como la señalización en las paradas es bastante deficiente la gente suele preguntar a los conductores por señas, barrios o líneas. En general, los chóferes son amabilísimos y a veces se pueden tirar uno o dos minutos dando indicaciones para ayudar a un transeúnte a orientarse.

Cuando iba al trabajo en autobús, esta actitud me tocaba los cojones, ya que para ayudar a un solo tipo y quizá ahorrarle los cinco o diez minutos que le harían falta para encontrar la información que necesita en otro lado le estás haciendo perder un minuto a cada uno de los sesenta pasajeros del autobús. Toda la verdad sea dicha: como luego tu jefe es consciente del pésimo estado del transporte público y tampoco le parece mal que llegues tarde al trabajo por esa causa, ni tan mal. Hay ineficiencia pero no se puede aislar del contexto.

Los irlandeses se toman la vida con relajo (“el pais de take it easy“) y tienden a ser buena gente aunque bastante desorganizados. Esta desorganización reduce la cantidad de bien que se puede llegar hacer, pero en general no son maximizadores y sí son, en cambio, amantes de los gestos emotivos aunque muchas veces estén vacíos u oculten la realidad.

Este ejemplo del conductor de autobús lo he contado muchas veces porque siempre me ha parecido un buen modo de contraponer un país ineficaz y amable con Irlanda con otros eficientes e implacables ¿Se imaginan a un conductor de autobús en Alemania o Japón, parando el vehículo para echarle la mano a un desorientado?

Hoy me he acordado más aún porque ha salido en las noticias (¡sale en las noticias!) que un conductor de Dublinbús se ha bajado del vehículo para ayudar a un viejo a cruzar la carretera. Esto aquí a la gente le encanta. No es que nadie piense en los tres minutos que va a perder cada pasajero ¿dejar el vehículo parado con el intermitente? ¿abandono del vehículo? ¿cruzar la carretera por donde no hay paso de peatones? Si eres irlandés puede que ni te plantees estas cosas. Creo que es bastante acertado decir que así son los irlandeses.


Fu Manchú en Talbot st

19/10/2015
cs

Cabeza de chino

Ayer salí a la calle a dar un paseo aprovechando las horas en que el gran público estaba frente a las pantallas padeciendo el rugby (Argentina eliminó a Irlanda en la copa mundial). Al pasar por Talbot st (una calle que tiene una fama muy chunga pero que a mí me gusta bastante) volví a fijarme en la cabeza de estereotípico chino – más feo que Fu Manchú, ni en China se encuentra uno chinos así – que hay esculpida en el pub Molloy’s. Puede que sea una de esas rarezas de porque sí pero si hay alguna historia detrás tiene que ser bastante interesante.

Los chinos son gente inteligente y trabajadora que va bastante a lo suyo. Me sé varios grupos de presión que se habrían sentido ofendidísimos por afrentas mucho menores.


Los españoles y Alemania

22/12/2014
Alemania: Impresiones de un español

Alemania: Impresiones de un español

No he tardado mucho en leer el otro libro de Julio Camba por el que sentía interés. “Alemania: Impresiones de un español” es el título de una colección de artículos que se publicó en Madrid 1916. Los artículos parecen estar escritos entre 1912 y 1915 que es el periodo que Camba pasó en Berlín como corresponsal primero de La Tribuna y después de ABC. Así pues, algunos de los artículos de esta colección pueden encontrarse en la maravillosa hemeroteca de este segundo diario, que aún existe y ha tenido a bien ponerla a disposición de todos nosotros.

No sé cuánto alemán llegó a aprender Camba. Él sugiere que no demasiado. Las palabras alemanas están transcritas con numerosos errores, por no mencionar que no se respeta la convención de que los sustantivos alemanes se escriben con mayúscula inicial. Quizá los muchos fallos deban atribuirse a los cajistas de imprenta. Otro sí puede decirse de las palabras inglesas, pero dejémoslo ahí, que bastante duro era ya el oficio de tipógrafo por aquel entonces.

El artículo “El alemán es fácil“, aunque no demuestre lo que su título afirma ofrece un recurso útil hasta cierto punto para aquellos que quieran aprender la lengua de Goethe. Lo de los españoles con las lenguas extranjeras es un tema clásico de incapacidad y desinterés. Tiene Camba otro artículo “Los españoles de Casa Grube” en el que trata del grupo ibérico alojado en la misma casa de huéspedes que él, sita en una céntrica calle berlinesa y donde me entero de que también tomó cuartel Julián Besteiro.

El Café Bauer a principios del siglo XX

En total se ve poca Alemania en los artículos de Camba: apenas Berlín, Múnich y un poquito de Baviera. Hay mucho de salchichas, cervezas, cabezas cuadradas y poquita, muy poca información. Yo quise leer este libro como germanófilo sobrevenido y estudiante eterno de alemán, con la intención de conocer aquella Prusia convertida en Alemania que dio al capitán de Köpenick, y que si el pasado es otro país lo es en este caso más aún que en otros.

Para mi desilusión resulta que el representante del periodismo español se dedicó a ejercer de bon vivant y deleitar a su público con observaciones de filósofo turista sin llegar a conocer la gran nación más allá de su prejucio. A veces se cuela algún dato interesante, como el aumento del presupuesto naval que presagia acontecimientos por venir o algún perfil curioso como los de Zeppelin, von Tirpisch o Haeckel, pero puede decirse que son la excepción y que la mayor parte es costumbrismo de café de un género que hoy nos parecería más cercano a la literatura de viajes que al periodismo, por muy devaluado que consideremos este último oficio.

No tengo claro si es a resultas de su experiencia alemana que Camba miró la Gran Guerra como aliadófilo, o si ya antes de ir para allá no tenía la misma simpatía por Germania que por Francia e Inglaterra. El caso es que no se puede decir que su obra sirva demasiado para aumentar la comprensión entre nuestro mundo cultural y el de los modernos tudescos.

Al final en lugar de desistir de mi propósito me resigné a intentar aprender entre líneas y buscar algunos apellidos que acaban siendo importantes con posterioridad (verbigracia von Moltke, cuyo pariente será pieza clave en la conspiración contra Hitler del 20 de julio de 1944) y otras curiosas conexiones (Ernst von Heydebrand und von der Lasa, de la liga agraria alemana tiene que ser pariente del barón Tassilo von Heydebrand un von der Lasa, ilustre ajedrecista del siglo XIX). Valgan como ejemplo estos dos casos prusianos de Silesia y Posnania.

Por poner otra curiosidad sugeriré que la profusa explicación del artículo “Las cigüeñas alemanas” pareciera indicar que la leyenda centroeuropea según la cual a los niños, cuando nacen, los trae la cigüeña no era aún muy conocida en la España de la segunda década del siglo XX. Los de mi generación podríamos decir que es nuestro patrimonio cultural desde tiempo inmemorial, del mismo modo que “nuestros cuentos” son en realidad los de Perrault y los hermanos Grimm. Hubo sin duda otro folclor y otras tradiciones hispanas que seguramente perecieron por exceso de localismo y que en esta pequeña Kulturkampf que es la selección natural de memes no resistieron el empuje de las tres culturas fuertes del norte.

Por último, si les ocurre como a mí y no disponen de tiempo de leer todo cuanto quieren, creo que hay un artículo que es una buena representación a escala de la colección. Se llama “El pueblo alemán” y está en la página 255 de la edición de 1916 que les comento.


Celos y envidia

10/12/2014

Hoy voy a poner otra idea que me he sacado de 9GAG, aunque en este caso el gag propiamente dicho provenga de Los Simpson. En Irlanda al menos, y creo que en el resto de sitios en los que se habla inglés es lo mismo, no se suele utilizar el adjetivo “envious” y para decir “tengo envidia” se suele decir “I’m jealous“, lo cual acaba siendo entre impreciso e incorrecto.

Supongo que a los hispanohablantes no nos podría ocurrir, siendo la envidia el pecado nacional de España y los celos algo también bastante bien conocido en una cultura estereotípicamente más pasional que las de más al norte.

En fin, no caigamos en los errores de siempre, pero resulta curioso cómo unos significados que están bien claros en algunos sitios pueden resultar confusos en otros.