Mapa de Gvipvscoa (1595)

31/07/2017

GVIPVSCOA – Guipuzcua

El año pasado vi que la Universidad de Berna había colgado en Internet una colección llamada Ryhner con muchos y buenos mapas. Hubo uno de la provincia de Guipúzcoa (Ryh 1607 1) que me llamó la atención porque marca el norte o septentrión donde en realidad está el oeste. La fuente es Hispania, Francia, Avstrasia et Helvetia de Johannes Metellus (impreso en Colonia por Lambert Andreae en 1595).

Estos noventa grados de rotación unidos a ciertas diferencias toponímicas (en vascuence las consonantes son muy estables por lo que algunas variaciones parecen muy improbables aún con cuatro siglos de por medio) me hacen intuir que el mapa fue copiado de algún otro cuya calidad no fuera demasiado buena.

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Palabras arábigas e ibéricas

26/08/2016
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Del Alhocigo (Cap. CXL)

Tomé esta ilustración de un pistachero de la edición del “De Materia Médica” de Dioscórides Anazarbeo preparada por el doctor Andrés Laguna e impresa por Juan Lacio en Amberes en 1555, por los tiempos en que los Países Bajos eran dominados por la misma monarquía que España. El fruto seco al que hoy llamamos pistacho se conoció en tiempos como alhócigo, alfócigo o alfónsigo, que nos parecen nombres necesariamente más hermosos en este blog titulado y subtitulado por palabras árabigas.

Otra palabra arábiga que aparece en este tratado y que había leído pocas veces y oído jamás es albérchigo, que vale tanto como albaricoque y que muestra el origen pérsico de la fruta. La última vez que estuve en Guipúzcoa vi un cartel en una frutería y en él anunciaban al albaricoque como alpertxiko. No sé si es la forma vascuence más habitual, ya que encuentro varias en los diccionarios, pero la tomo para una lista de palabras (entre las que se encuentran el mercado y la camisa) con la extraña de característica de que el vasco usa una palabra árabe con más frecuencia que el castellano, que gasta pocos albérchigos, zocos y alcandoras.


Medio arcoíris

20/10/2013
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Medio

Esta mañana he visto medio arcoíris. Me ha parecido curioso que fuera casi exactamente medio arco colgado del cielo azul y que el punto más alto de su curvatura se extinguiese en el vacío.

En España un arcoiris no era algo que un urbanícola como yo viese todos los años. Aquí en Irlanda en cambio me lo encuentro bastante a menudo. No tengo mucho más que contar del día de hoy, pero no puedo dejar así la nota 1111 de este blog.  Hace unas semanas estaba comiendo con mi jefa, que es irlandesa y habla también francés y salió el tema del arcoiris,que es arco de la lluvia en los idiomas germánicos, y arco en el cielo en francés. Yo mencioné a la diosa Iris y al arco ballena y también dije que creía que en vasco era rama o cuerno del cielo, pero no estaba seguro (de hecho pensaba que la forma estándar era ortzadar y no ostadar, como viene en la wikipedia y que a mí me sonaba mejor como ustadar).

Lo bueno es que me encontré con un trabajo escrito a principios del siglo pasado por Gerhard Bähr (Legazpia 1900 – Berlín 1945) sobre las formas de decir arcoíris y vocabulario afín en el vascuence de Guipúzcoa. La biografía de este hijo de Vasconia y Sajonia es fascinante como puede intuirse por el lugar y fecha de su muerte. Tengo para mí que varios aspectos de la misma contravienen el Zeitgeist y la corrección política actuales y que casi sólo por eso ya valdría la pena indagar sus andanzas.


Visto desde otra lengua (1)

08/10/2013
Un libro

Un libro

Hace un par de meses coincidieron en la misma semana tres circunstancias que me impulsaron a escribir una pequeña serie, que titulé “visto desde otra lengua”. La primera es que un amigo colgó en Facebook un artículo en el que se incluía una lista con los idiomas más difíciles de aprender para un angloparlante. La lista, con la que estoy poco de acuerdo, incluye por orden los siguientes idiomas: vasco, árabe, cantonés, finés, húngaro, navajo, mandarín, japonés, estonio y polaco.

Tampoco me voy a cebar con el compilador de la lista. Se podría discutir qué se entiende por dificultad. Por ejemplo, esas lenguas que sólo hablan una o dos o diez personas, y para las que no hay materiales disponibles en Internet ni bibliotecas. Para esas, el único modo es ir al remoto valle donde habitan los últimos hablantes y sonsacarles hasta la última palabra. No se puede criticar la lista por eso. Si yo tuviera que hacer una lista obviaría estos casos y obviaría también todos los idiomas que estén por debajo de un cierto umbral de hablantes, que puede ser lo mismo mil que diez mil, que cien mil o que un millón.

Hay un aspecto curioso relativo al número de hablantes. Lo normal es que una lengua con muchos hablantes se hable en muchos lugares y tenga muchos dialectos. Es decir, que no es el medio de expresión de una cultura, sino de muchas, lo cual hace más difícil abarcarla. Es, por ejemplo, el problema del aprendizaje del árabe. Incluso una lengua que se hable en un solo país con muchos hablantes puede ser el vehículo de expresión de una cultura enorme y enormemente compleja, como la japonesa. Por eso podría ser más simple la lengua de una tribu que sólo se dedique a dos o tres cosas; ojo, la complejidad gramatical puede ser igual, menor o mayor, pero el número de aspectos del mundo que hay que describir es otra variable importante.

En todo caso, sorprende que no haya más lenguas asiáticas en la lista, por poner una característica especialmente diabólica me pregunto por qué no hay más lenguas tonales. Por poner otra de tipo lingüísticosocial, la abundancia dialectal. Y por hablar de regiones cuyas lenguas definen una cultura peculiar y ya difícil de encontrar, las lenguas de los aborígenes australianso.

La verdad es que uno puede elaborar una lista como esta y salir impune porque no hay modo de saber. El mejor modo de descubrir qué lenguas son más difíciles es el empírico y cuesta tanto aprender una sola lengua y hay tantas lenguas que casi nadie tiene ningún interés en estudiar, y los pocos que lo hacen son lingüistas con un bagaje notable y una motivación casi  sobrehumana. Incluso escuchando a los que hablan varias lenguas es complicado saber, porque al menos una (o puede que varias) nos viene dada desde la infancia, después la dificultad de aprendizaje (al menos para la memorización) no es la misma a los veinte años de edad que a los cincuenta.

Todas las lenguas son muy difíciles. Para los que hablamos español son todas dificilísimas excepto las que son latinas, y en el resto tenemos un punto de apoyo en el nivel de latinización. La latinización léxica afecta a muchas lenguas y cuanta más se dé en una que queramos aprender más ventaja para nosotros. Luego, hasta cierto punto me podría llegar a creer que las lenguas germánicas sean algo más fáciles que las eslavas, pero ni siquiera estoy convencido de eso. Más fácil me parece defender que las lenguas indoeuropeas sean más fáciles de aprender que las del resto de familias. Esto sería lo mismo para un hispanohablante y para un angloparlante, así que el polaco se me caería muy pronto de una lista de las diez lenguas más difíciles en un mundo con seis mil.

Algunos que me leen tienen contacto con el País Vasco y otros saben que el vasco es una lengua difícil. El vasco no es una lengua indoeuropea, lo cual la hace candidata a ser lengua difícil, ahora bien su nivel de latinización es tal (y no sólo lexicamente sino también en aspectos que afectan a su estructura) que aparte de un sistema de formas verbales excesivamente complejo no creo que tenga demasiada dificultad para los hispanohablantes. Más allá de la latinización originaria, la castellanización del léxico es también muy alta. Para los anglosajones no hay tanta ventaja, pero a la hora de aprender hay aspectos que lo hacen sencillo en comparación con otras: se utiliza el alfabeto latino, la ortografía es muy simple, la pronunciación es bastante sencilla con apenas cinco o seis vocales y pocos sonidos que no se den en inglés.

Creo que en Europa se hablan 63 lenguas, de las cuales no son indoeuropeas el finés, el estonio, el húngaro, el vasco y las que hablan los lapones en el norte de Escandinavia. Aparte de las otras no indoeuropeas, creo que la mayoría de las que no son latinas son más difíciles de aprender para un hispanohablante que el vasco. Es cierto que para un angloparlante tanto las latinas como las germánicas serán más fáciles, pero intuyo que el vasco estará en el mismo rango de dificultad que el ruso.

Total, que la primera entrega de la serie es en sí una serie de elucubraciones de entre las cuales, si hablan español, deberían quedarse con dos ideas:

  • Es imposible determinar con objetividad qué lenguas son más difíciles.
  • Para un hispanohablante, las lenguas más fáciles son las latinas. Después las latinizadas (como el vasco y el inglés). Después es posible que las indoeuropeas sean menos difíciles que el resto. Puede que las siguientes más sencillas sean algunas bastante tuneadas como el bahasa. El resto es una carrera de obstáculos en la que si uno no cae al fuego cae al foso de los cocodrilos y es muy difícil saber que es peor.

Y sobre la dificultad del vascuence o euskera, que es mucha si se compara con el catalán o el gallego como suele hacerse y poca si se compara con una lengua humana al azar:

  • El vasco es una lengua curiosa por su origen, pero debido a su evolución es más fácil para el hispanohablante que por lo menos otras cinco mil lenguas del planeta.

La guerra de las haches

12/01/2011

La semana pasada estuve en una librería un tanto curiosa, que sólo vende libros especializados. Me gusta ir por allí de vez en cuando y fisgar en la sección de historia, la de ciencia política y la de lingüística. En esta última me encontré con un libro de Larry Trask, cuyo nombre me sonaba como experto en lengua vasca. Era un tratado generalista, llamado Language: The Basics y me puse a hojearlo. Al rato se me ocurrió que siendo conocedor del vascuence era probable que introdujera algún ejemplo en esta lengua peculiar y me encontré con un fragmento dedicado a la guerra de las haches. Luego lo he localizado en Google Books.

Esto es algo de lo que oí hablar en su día, pero a toro pasado. Creo que en los años ochenta, cuando yo estudiaba, la disputa ya estaba muerta aunque aún resonaba.

La única variante del vasco de la que sé algo es la variante estándar, de la que hoy diríamos que tiene todas las haches en su sitio. Lo interesante es cómo se llegó a la ortografía actual, que yo desconocía. Trask lo cuenta muy bien (pp. 208-211). Más o menos dice que:

Los vascos franceses tienen una /h/ consonante, que pronuncian en cientos de palabras y que siempre han escrito haciendo uso de su ortografía tradicional. De ahí que los vascofranceses escriban, y pronuncien hau ‘esto’, horma ‘pared’, behar ‘necesitar’, alhaba ‘hija’ y ethorri ‘venir’. Los vascos españoles perdieron sus haches hace muchos siglos, antes de que el vascuence se empezara a escribir, y escriben y pronuncian [escribían y pronuncian] au, orma, bear, alaba y etorri. Al menos para la escritura, la Academia tomó una decisión al respecto y se llegó al compromiso de escribir con hache donde los vascofranceses la utilizaban, excepto después de una consonante.

Esto no sabía yo, aunque habría acertado a escribir las palabras mencionadas en su forma estándar, que se corresponde con esa regla: hau, horma, behar, alaba, etorri. Pero en fin, esta fue la decisión, que ha perdurado y lo de la guerra de las haches es la discusión bizantina que vino a continuación. También aquí he descubierto algunas cosas, como que disputas ortográficas anteriores (entiendo que relativas a otras lenguas) no habían alcanzado ese grado de acritud. Tampoco había nunca oido llamar al vascuence unificado (euskara batua) “Euskeranto”. Sí en cambio la expresión “euskañol” como crítica al exceso de préstamos tomados del castellano por el idioma, o como crítica al habla de aquellos hablantes que utiliza castellanimos en lugar de formas más auténticas.

Any rational discussion about the development of Batua was all but drowned by the resulting furore. The right-wingers, who were mostly elderly and usually both very fluent and very literate in Basque, might have used their knowledge to influence that development in useful directions, but instead they expended their energies in writing newspaper articles, pamphlets and at least one entire book fulminating against Batua in general and aitches in particular. They sneered at the new standard as ‘euskeranto’ (a pun on the name of the famous artificial language Esperanto), and they hurled about such words as ‘poison’ and ‘cancer’, previously rarely seen in discussions of spelling systems. The left-wingers, who were typically less literate in Basque, contented themselves with angry speeches at mass meetings and the occasional diatribe in an underground magazine. A handful of linguists and other specialists continued to work quietly away on the essential business of creating tends of thousands of new words, to allow Basques to talk about such varied subjects as physics, economics, publishing and linguistics in their language […] but in the street, hardly anyone seems to be talking about anything except aitches.

Total, que luego acaba contando cómo se desarrollo la  polémica entre los viejos “de derechas” y los jóvenes “de izquierdas”, que entiendo que es una forma aproximada de explicar lo que sociológicamente representaban el PNV y ETA en los años setenta a angloparlantes que no necesitan saberlo.

Lo que más me llama la atención es la última línea “pero en la calle nadie hablaba de otra cosa que no fueran las haches”. Me ha recordado a las recientes reformas de la ortografía española. Hasta la gente que no ha cogido un lapicero en su vida criticando decisiones, algunas de las cuales llevaban vigentes casi veinte años (desde 1992 la CH y la LL no se consideran letras). Y luego todo eso queda en nada y a otra cosa, mariposa.

 


Caseros y criollos

05/09/2010

Captura de pantalla de la noticia

Unas reflexiones dialectales. Hace unas semanas estaba ojeando el Diario Vasco en Internet y me encontré con el titular de una noticia, que rezaba así:

El Gobierno Vasco hará de mediador entre caseros e inquilinos para impulsar el alquiler

Entendí una cosa y ni siquiera la leí. Después de echar un vistazo a los titulares sí que escogi varias noticias para leer su texto completo y me dí cuenta de mi error. Esto me llevó a pensar sobre cómo evoluciona un dialecto.

En el País Vasco, o más concretamente en Guipúzcoa, donde se publica el Diario Vasco, el casero había sido siempre el habitante del caserio. En mi infancia no recuerdo haber oído nunca llamar casero al dueño de una casa que se arrienda. Conocí la palabra a través de los tebeos, pero estoy seguro de que en la comarca de San Sebastián habríamos dicho siempre otra cosa, seguramente “el dueño”. Hay otro elemento clave que hay que introducir. Por aquel entonces, hace veinte o veinticinco años, había menos gente viviendo en regimen de alquiler que la que hay ahora, así que tampoco era una palabra tan necesaria como en tiempos posteriors, de mayor carestía de vivienda.

Cuando yo leí la noticia, entendí que el Gobierno Vasco iba a mediar en el negocio de los arrendamientos de fincas rurales, de caserios. Luego vi que no. Creo que el idioma no ha cambiado tanto y que si pregunto a la gente que conozco en el País Vasco ¿qué es un casero? la mayoría me dirá que el que tiene un caserío, o proviene de uno, o de una familia que proviene de uno. Si pregunto a gente de otras regiones me dirán que el dueño de una casa que se alquila.

Luego me he acordado de una tendencia editorial que hace años que vengo observando en el Diario Vasco. Es un diario muy localista. No digo que sea nacionalista, precisamente por no serlo tiende al aldeanismo acaso como mecanismo de compensación. Es un rasgo que comparte con otros diarios provinciales de zonas de España en las que ni siquiera hay nacionalismo. De hecho, forma parte de un grupo editorial que controla varios diarios con esa perspectiva de las cosas.

Eso respecto al contenido. Respecto al lenguaje es curiosísimo el proceso por el que ha ido sustituyendo el español que se habla en el País Vasco por palabras en vasco, directamente. Me he encontrado con titulares como “los txikis disfrutaron de la fiesta” en lugar de “los pequeños (o los niños) disfrutaron de la fiesta”, y cosas muchísimo más incomprensibles para quienquiera que no comparta un trasfondo cultural casi ya ni siquiera vasco, sino vascohablante (o como escribiría el propio Diario Vasco, euskaldun).

Entonces, la lectura que yo hice era imposible porque si hubieran querido decir lo que yo pensé habrían escrito:

El Gobierno Vasco hará de mediador entre baserritarras e inquilinos para impulsar el alquiler

Y sin comillas. Las comillas las he puesto yo.

Este es un fenómeno muy interesante, porque supone el nacimiento hasta cierto punto de una lengua criolla. No es que estos procesos no existieran ya y vinieran de largo, pero su aparición en la prensa escrita le da una importancia que antes no tenía.

Hay algunos rasgos interesantes en esta lengua criolla que venimos conociendo desde hace tanto tiempo. Uno que llama la atención es que no se importa el plural vascuence, que termina en -k . No se dice los baserritarrak, sino que a la palabra vasca baserritarra se le añade el plural español.

Hay algún caso que es incluso más complicado. Hay quien para decir los padres (progenitores), dice los aitás. Pongo el acento ortográfico por claridad, porque la norma escrita lengua criolla no incluye acentos. Aita es el  padre y ama es la madre, pero la palabra vasca para describir a ambos es gurasoak, de etimología poco clara que probablemente sea (agure-atsoa-k , viejo y vieja). Creo que lingüísticamente este fenómeno es fascinante, porque se pasa un calco del español al vascuence para que luego se reciba un préstamo en sentido inverso.

A la lengua criolla no le veo mucho futuro como tal. A mí me parece más sencillo aprender dos normas y que tengan una separación estricta que tener que aprender tres. Pero al fin y al cabo, siempre hay más de una norma. No somos tan conscientes como los italianos de cuándo estamos hablando en dialecto y cuándo en español, pero en España esta diferencia también existe y una de las características del dialecto del castellano que se habla en el País Vasco es el salpicarlo en mayor o menor proporción con palabras que tienen su origen en el vasco. Algunas aparecen en el diccionario de la RAE y otras probablemente no aparecerán nunca.


Cebollas

06/05/2010

Cebollas

Estaba ojeando un glosario de términos culinarios ucranianos, para encontrar palabras clave que pudiera identificar en caso de acuciante necesidad. Me ha llamado la atención el hecho de que la cebolla se llame tsibulya, Цибуля , a diferencia del ruso, lengua en la que se la conoce como luk, Лук. Esto lo sé desde el otro día, en que leí que a los rusos les parecía divertido encontrarse con alguien que se llame Luke o Luc.

Tsibulya debe de ser del mismo origen que el español cebolla o el italiano cipolla, que es el latino caepula, diminutivo de cabeza. Alguna vez leí que este era el origen de la palabra vasca tipula. Y es uno de los casos en que a partir de una misma palabra latina, el vascuence y el castellano han dado vástagos que entre sí difieren notablemente. Otro ejemplo del que me suelo acordar es ficus, que pasa a ser higo en español y pikua en euskera. Sigue la misma mecánica Fagus, que da pagoa, haya. Otro ejemplo sería rota, que da la castellana rueda y errota -molino-.

Si a Цибуля , cebolla, cipolla, tipula unimos el alemán Zwibel, tenemos un grupo interesante para celebrar a Miguel Hernández, cuyo centenario no esta teniendo la difusión que esperaba.

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.