Homo Deus

16/04/2017

Una huella digital con un chip

 

Aunque tras acabar Sapiens dije que seguramente no lo leería, no pude resistirme a adquirir el Homo Deus de Yuval Noah Harari. Empecé con ello un día soleado en un parque del que nos echaron los empleados municipales a causa de una visita de Estado que nunca ocurrió. Luego las visitas familiares me han empedido concluirlo con diligencia. El libro es bastante diferente a lo que el título parece prometer, que suena a bioingeniería y transhumanismo y cosas de esas que le preguntan luego en las entrevistas.

Todas esas cosas las veo bastante más lejanas de lo que el autor sugiere (ni 2100 ni leches, y esa predicción que toma de Frey y Osborne con la probabilidad de que determinadas profesiones desaparezcan para 2033 – 99% telemárketing, 98% árbitros deportivos, 89% panaderos… me parece bastante ridícula), pero está claro que habrá mucho de automatización y de sustitución del ser humano en tareas, aunque me parece que no será ni tanto ni tan pronto. Íbamos a llegar al año 2000 en platillo volante y vestidos con papel de alumnio y ahora esto. De hecho, el propio Harari parece no creérselo mucho tampoco y hasta mete un interesante fragmento sobre Marx y la imposibilidad de predecir la Historia. En fin, que en 2033 espero seguir por aquí y poder corroborar mi acertada intuición.

Pero este libro hay que leerlo no sólo por lo que promete y no cumple sino por las pequeñas cosas que enseña. A mí me gustan mucho las anécdotas y una muy famosa y seguramente apócrifa que había visto atribuída a Einsten y Bertrand Rusell y anónimas bellezas nórdicas aparece aquí protagonizada por Anatole France e Isadora Duncan. Es aquella en que la dama plantea al docto varón que deberían tener un hijo “¿se imagina que tuviéramos un hijo, con mi belleza y con su inteligencia?” a lo que el caballero responde “¿se imagina usted que saliera con mi belleza y con la inteligencia de usted”?. También tiene por ahí una de mis favoritas de ciencias políticas, la del jerarca soviético que pregunta “¿quién se encarga del abastecimiento de pan a la ciudad de Londres”?. La sorprendente respuesta es, obviamente “nadie”.

Esto conecta con ideas que creo que veremos más a menudo, como lo que llama dataism. A mí me gusta lo de meter en el mismo saco, el de las “religiones”, tanto a las que solemos considerar como tales como al marxismo, nazismo, liberalismo y otras. Quizá podría haber elegido algún otro término como “cosmovisiones” pero tanto da. Lo del datismo creo que es bastante nuevo pero creo que considerar al comunismo como sistema centralizado de de producción y al capitalismo como sistema descentralidado de la misma cosa tendrá cierto recorrido en el campo de las ideas. (A lo mejor me está pareciendo interesante tan sólo porque trabajo en una empresa de big data y es la jerga del oficio).

Dejemos el oficio y pasemos a la vocación. Dice Harari que los 23.000 comunistas que había en Rusia en 1917 fueron capaces de imponerse a los 3 millones de miembros de la clase media y alta mediante formas más eficientes de organización y que es imposible organizar eficientemente a las masas sin crear algún tipo de ficción. La descripción de cómo una ficción se desmonta en tiempo real: los sucesos que acabaron con Ceaușescu y la habilidad del ala blanda del comunismo rumano para ponerse al frente de la liberación creando una ficción alternativa son un ejemplo muy interesante.

Más allá de la política una idea muy principal del libro es que el cambio tecnológico es creativo y la esfera política (moral, religiosa, etc.) es reactiva. Hay en esto algo de Marx y como todo se define por las relaciones de producción, pero en general llevo años sorprendido de cuánta gente confía en un cambio político que cambie las cosas cuando la mayoría de los que se vienen dando en los últimos tiempos son diminutos. Aquí hago compatible el análisis marxista y cierto cinismo de individualista liberal: como la mejora de tus condiciones de vida dependa de un cambio de gobierno, estás jodido.

Un trocito sobre Marx que me ha gustado bastante, traducido por servidor:

Pero Marx se olvidó de que los capitalistas también sabían leer. Al principio tan sólo un grupo de discípulos se tomaba a Marx en serio y leía sus escritos pero cuando esos agitadores socialistas ganaron adeptos y poder los capitalistas se alarmaron. También ellos escudriñaron El Capital adoptando muchas de las percepciones y herramientas del análisis marxista. En el siglo XX todo el mundo, del muchacho de la calle al presidente aceptó el enfoque marxista de la economía y la Historia. Incluso los capitalistas acérrimos que rechazaban el pronóstico marxista con vehemencia utilizaban el diagnóstico marxista. Cuando la CIA analizaba la situación de Vietnam o de Chile en los años sesenta dividía la sociedad en clases. Cuando Nixon o Thatcher miraban al globo se preguntaban quienes controlaban los medios de producción esenciales. Entre 1989 y 1991 George Bush supervisó la caída del Imperio del Mal comunista para acabar siendo derrotado en las elecciones de 1992 por Bill Clinton. La estrategia de campaña de Clinton se resumía en “es la economía, estupido”. El propio Marx no habría podido decirlo mejor.

Al parecer el único aspecto animista de la Biblia, libro-guía de la civilización judeocristiana es la serpiente que habla a Eva. En el inicio cierra capítulo dejando claro que no hay que confiar en los animales y las cosas que hablan (que en las religiones anteriores del animismo primitivo eran muchas).

La división del pensamiento moderno, que llama “humanismo” en tres tipos, ortodoxo (liberal), comunista y evolutivo (cuyo exponente extremo sería el nazismo) me recuerda un poco al triángulo que suelo utilizar para ubicar ideológicamente (aunque el que me gusta bascula entre la libertad, la redistribución y la tradición (liberalismo-socialismo-conservadurismo)

En un mismo capítulo aparecen tres personaje históricos sobre los que tengo que investigar más: Hong Xiuquan, Davayanda Saraswati y el Mahdi.

Al final quedamos en que va a haber muchos cambios tecnológicos que por un lado harán la vida más fácil y por otro más complicada. A los que estén en la parte de arriba de la pirámide lo primero, a los de abajo lo segundo, a los de más abajo quizá les resulten indiferentes. Para los que quedamos en la parte media-alta, que somos los que leen este tipo de libro, los efectos serán contradictorios y profundizaran un poco en lo que venimos viendo desde hace treinta años (hundimiento de las clases medias occidentales, primera generación que vive peor que sus padres, reducción de la natalidad, próxima redución drástica o desaparición de las prestaciones sociales en la vejez). Al final todo se reduce a ser capaz de mantener capacidad de ingresos a través del empleo, y si este se mecaniza a través de la propiedad de lo que sea que produzca el beneficio que antes producía el empleo. Ser dueño del robot que hace el trabajo que antes hacía uno (por simplificar, esto puede ser a través de acciones, y hay otros tipos de rentismo que podrían servir como sustitutos: propiedad de inmuebles). En la parte biológica tengo menos esperanzas y no veo eso de que los seres humanos vayan a vivir doscientos años, ni realmente lo quiero.

Hasta aquí mis notas desestructuradas. Se puede leer y reflexionar sobre procesos actuales, más que sobre la posibilidad improbable de que vaya a haber un homo deus. El cataclismo climático o nuclear sigue siendo un triste final más probable.


El mundo sin nosotros

25/02/2017
Sin nos

El mundo sin nosotros 

Mi lectura de las últimas noches ha sido The World Without Us (El mundo sin nosotros), libro de Alan Weisman (2007). Como voy con diez años de retraso algunos temas me parece que ya los tengo oídos de alguna parte aunque puede que hayan salido de aquí. Nos hemos reencontrado con escenarios que hace mucho que nos fascinan como Pripiat, Varosha, el canal de Panamá, la zona desmilitarizada entre las dos Coreas y la inmensa balsa de plástico del Pacífico, pero no nos hemos quedado con la sensación de haber aprendido demasiado en el nivel macro. Por otra parte no se puede negar que el libro está lleno de datos valiosos.

Por poner un ejemplo: que si dejásemos de emitir dióxido de carbono mañana mismo aún se necesitarían 100.000 años para llegar a los niveles de CO2 en la atmósfera anteriores a la revolución industrial.

Me gusta este fragmento de macrohistoria del comienzo, cuyo espíritu parece como salido de Armas, gérmenes y acero:

As human beings learned to transport themselves all over the world, they took living things with them and brought back others. Plants from the Americas changed not only ecosystems in European countries but also their very identities: think of Ireland before potatoes, or Italy before tomatoes. In the opposite direction, Old World invaders not only forced themselves on hapless women of vanquished new lands, but broadcast other kinds of seed, beginning with wheat, barley, and rye. In a phrase coined by the American geographer Alfred Crosby, this ecological imperialism helped European conquerors to permanently stamp their image on their colonies.

que enlaza con anécdota trágica y literaria, sobre plagas y Shakespeare:

Some results were ludicrous, like English gardens with hyacinths and daffodils that never quite took hold in colonial India. In New York, the European starling—now a ubiquitous avian pest from Alaska to Mexico—was introduced because someone thought the city would be more cultured if Central Park were home to each bird mentioned in Shakespeare. Next came a Central Park garden with every plant in the Bard’s plays, sown with the lyrical likes of primrose, wormwood, lark’s heel, eglantine, and cowslip—everything short of Macbeth’s Birnam Wood.

Los capítulos son un tanto inconexos y el espíritu de conjetura poco arriesgada que los inspira ha provocado un cierto desánimo en mí según iba avanzando por las páginas del libro. En general me ha frustrado que no se tratara hasta muy tarde el principal problema con el que me he encontrado cuando me he visto inmerso en la pesadilla de quedarme sólo sobre la faz de la tierra: ¿cómo se apaga una central nuclear?

Cuando se hacen cábalas, la humildad es de agradecer. Nadie sabe adónde nos va a llevar la evolución ni con los humanos ni sin ellos:

“There will be plenty of surprises. Let’s face it: who would’ve predicted the existence of turtles? Who would ever have imagined that an organism would essentially turn itself inside out, pulling its shoulder girdle inside its ribs to form a carapace? If turtles didn’t exist, no vertebrate biologist would’ve suggested that anything would do that: he’d have been laughed out of town. The only real prediction you can make is that life will go on. And that it will be interesting.”

Curiosamente, he encontrado ideas bastante sensatas cuya fuente es el dirigente del Movimiento para la Extinción Humana Voluntaria, a quien un amigo entrevistó hace unos años.

“No virus could ever get all 6 billion of us. A 99.99 percent die-off would still leave 650,000 naturally immune survivors. Epidemics actually strengthen a species. In 50,000 years we could easily be right back where we are now.”

War doesn’t work either, he says. “Millions have died in wars, and yet the human family continues to increase. Most of the time, wars encourage both winners and losers to repopulate. The net result is usually an increase rather than a decrease in total population. Besides,” he adds, “killing is immoral. Mass murder should never be considered a way to improve life on Earth.”

Servidor no es partidario de buscar voluntariamente lo que seguramente podríamos conseguir sin ni siquiera hacer el esfuerzo de proponérnoslo. Sí que sería interesante considerar mecanismos y procesos para reducir la población humana hacia unos dos mil millones de individuos, que es lo que a mí me parece que podría ser sostenible a medio plazo entendido en tiempo ecológico (unas veinte generaciones). El consenso político está muy lejano así que seguramente la Naturaleza será la que se encargue de determinar el equilibrio preciso.

Mi consideración final es que seguramente se puede hacer un libro más preciso que este, quizá confinado a una zona geográfica más reducida, en el que se detallen mejor los efectos de la ausencia humana. Mi veredicto es que seguramente El mundo sin nosotros no alcanza a dar lo que el título parece prometer.


El mayor espectáculo del mundo

02/01/2017
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El único show en realidad

El nuevo año en el huso horario de Greenwich me sorprendió, con petardos y cohetes, en medio de la lectura del The Greatest Show on Earth de Richard Dawkins. Un par de horas después fue el primer libro que he acabado en 2017.

No estoy cualificado para juzgar un libro que sobre todo de biología (geología también tiene), por lo que apenas puedo dejar unas cuantas notas con cosas que querría recordar. Si sólo se pudiera leer una obra del autor creo que sería preferible escoger El cuento del antepasado, de la que diría que es más completa y donde se repiten muchas de las viñetas que aquí aparecen.

La reiteración no es necesariamente superflua, en especial para aquellos que partimos de un nivel científico bajo. Por ejemplo la explicación sobre el funcionamiento de la datación mediante carbono-14 (y otros marcadores) que aquí parece me ha parecido mejor que las que he leído en otras partes.

"Relojes" radioactivos

“Relojes” radioactivos

Unas cuantas ideas sueltas:

  • La historia sobre el cangrejo samurai y la selección artificial que cuenta Carl Sagan en la serie Cosmos y que llevo décadas creyendo es (con mucha certeza) una explicación incorrecta.
  • La historia de la domesticación de zorros de Beliáyev pone el énfasis en la aparición de ciertas características (orejas menos puntiagudas) no tiene funcionalidad sino que van ligadas a los mismos genes que influyen en la agresividad.
  • Aunque los europeos llevaron los caballos a América del Norte hace cinco siglos, con anterioridad la mayor parte de la evolución del animal había sucedido en aquel continente, desde el que se extendieron al resto del mundo poco antes (“poco” entendido en términos geológicos) de extinguirse allí.
  • ¿En el ser humano existe conexión entre el pasado marino de los ancestros (regulado por mareas que se acompasan a las fases lunares) y el ciclo sexual?
  • Las Galápagos tienen nombres en inglés que no tienen nada que ver con los españoles. Los nombres ingleses, que usó Darwin, tiene resonancias marinas y les fueron puestos por los piratas con anterioridad.
  • Gigantismo y enanismo en islas: La regla general es que los animales grandes se hacen pequeños (había elefantes del tamaño de un perro grande en Sicilia y Creta) y los animales pequeños se hacen grandes (como las tortugas de las Galápagos). Hay varias teorías para explicar la divergencia.
  • Los bichos que implantan sus huevos en otros para que las larvas se los coman desde dentro son las avispas icneumónidas. Me interesa recordar este nombre porque seguro que da para alguna metáfora valiosa en las ciencias sociales.
  • La enfermedad por la que algunas personas no sienten dolor (y acaban quemándose en la ducha o con lesiones no tratadas) se llama insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis. (La anhidrosis es la incapacidad de sudar).
  • Los marsupiales australianos, entre ellos mi amigo el tilacino, son otra solución de la naturaleza para ocupar los mismos nichos que los mamíferos placentarios.

Creo que Ramón y Cajal dijo que al carro de la cultura española le faltaba la rueda de la ciencia. En otro libro que he leído recientemente, decían que a pesar de ser una lengua importante en términos demográficos el español está por debajo del lugar que debería ocupar en ciencia y tecnología. Estas cosas son ciertas y creo que su origen hace siglos está en el vínculo entre hispanidad y catolicismo.

En principio parece que la ética (y la cultura y la política) de los países protestantes favoreció el desarrollo científico. Ahora bien, no todos los protestantes son así y de otro modo no se explicarían el primer cápítulo y un apéndice del libro, elaborados a propósito de los evangélicos militantes que hay en los EEUU y que quieren bloquear la enseñanza de la ciencia en las escuelas porque “contradice la Biblia”. Con todo lo malo que tenga el catolicismo, al menos de eso no hay y creo que si el libro se adaptara en vez de traducirse al castellano ambos capítulos podrían omitirse (al final supongo que se traduce haciendo alusión a ese problema local de un país grande).

Es posible que la evolución tardo tanto en descubrirse porque el esencialismo platónico la hace contraintuitiva, pero hay tanta gente que vive en una caverna porque quiere…


Antepasados

10/10/2016
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No sólo hay que leer a Dawkins cuando habla de ateísmo

En los últimos días o semanas he estado leyendo The Ancestor’s Tale, libro de Richard Dawkins (2004) que tiene partes densísimas para mí, empezando por los nombres científicos de tantas cosas que no consigo recordar y siguiendo por procesos biológicos que ni concibo ni ubico. En gran medida creo que este de la ubicación es el gran problema inicial de los legos que trata de entender la evolución en su contexto y más que como mero mecanismo.

El libro es una peregrinación análoga a la de los Cuentos de Canterbury de Chaucer, pero que se produce en el tiempo geológico y cuyas estaciones son antepasados del ser humano hasta llegar a los organismos unicelulares.

Son quinientas páginas que uno debería leer con catorce años, para ir entendiendo después dónde se sitúa todo lo demás. Hace poco estuve pensando que a lo largo de mis años por el sistema educativo español no se vió apenas la astronomía. Creo que la zoología tampoco estuvo mucho mejor tratada. Tengo el proyecto de aprender más sobre todo tipo de bichos, que son conocimientos lindos de compartir cuando uno tiene niños pequeños.

Con unos siete años (wtf), los de la EGB aprendimos en la clase de ciencias naturales que había plantas criptógamas y fanerógamas. Creo que sólo las palabras y ni siquiera lo que eran. Hasta la lectura de este libro no había caído en la cuenta de que la raíz fanero-, que aparece por ejemplo en “eón fanerozóico” significa visible. Uno de los efectos benéficos de esta lectura ha sido el de reforzar las raíces griegas. Con un ejemplo de esto inicio una lista de cosas sueltas que he aprendido en este volumen:

  • Del mismo modo que “helicóptero” implica hélices a modo de alas, las ardillas esas que planean de árbol en árbol casi como si volaran se llaman “dermópteros”, ya que lo que les sirve de ala delta es su propia piel.
  • Es posible para un especímen ser antepasado de otro y que el descendiente no tenga ninguno de sus genes.
  • Carnívoro no es lo mismo como orden que como adjetivo. No todos los carnívoros pertenecen al orden de los carnívoros (arañas) ni al contrario (osos panda)
  • Los simios del Nuevo Mundo llegaron en algún tipo de balsa, evento muy improbable pero casi necesario si nos dan millones de años para lograrlo, lo cual invita a una reflexión interesante sobre las armas nucleares
  • Hay palabras para casi todo: los animales con dedos pares son artiodáctilos.
  • Los conejos y liebres no son roedores (que es lo que siempre había creído)
  • La técnica que se utiliza para computar las variaciones de genoma buscando un antepasado común es la misma que sirve para controlar las variaciones entre diferentes copias manuscritas de un texto antiguo.
  • El extinto dodo de Mauricio evolucionó a partir de un tipo de paloma que llegó a la isla. Su ADN lo demuestra más parecido a la paloma de Nicobar que a esta paloma con otras existentes hoy.
  • El axolotl es en la práctica algo así como una salamandra que nunca llega a madurar y se queda siempre en lo que es la etapa “infantil” para otras salamandras (neotenia – pedimorfismo).
  • Con bases de datos sobre el crecimiento de los anillos de los árboles en zonas específicas se puede saber, por ejemplo, en qué año se cortó una plancha de madera que aparezca con los restos de un barco vikingo.

Paradójicamente, conforme avanza el libro pierde (a mi modo de ver) algo de interés, ya que uno se aproxima a organismos menos parecidos al ser humano y de los que (en mi caso al menos) es posible que ni haya oído hablar. Como digo, me queda grande y me gustaría ser capaz de recordar más cosas. Merecería una revisión dentro de unos cuantos años.


El tercer chimpancé

11/09/2016
El tercer chimpancé

El tercer chimpancé para jóvenes

En aras de la exhaustividad quise leer más libros de Jared Diamond. Agarré “El tercer chimapancé” de un estante de mi librería habitual sin reparar en que no se trataba de la edición original de 1992 sino una reedición de 2015 “para jóvenes”. No sé cuál será la diferencia, pero entiendo que básicamente se trata del mismo libro. Parece inferior al de “Armas, gérmenes y acero” (el que más me gustó) y a “El mundo hasta ayer” (que trata aspectos más específicos de las poblaciones humanas). A cambio se lee mucho más deprisa (a lo mejor por lo de los jóvenes). Si el libro de 1992 se parece mucho a este, parece que el autor ya iba apuntando a temas que iba a desarrollar más extensamente con posterioridad.

Hay una parte dedicada a explicar la similaridad genética y las diferencias entre el ser humano y chimpancés y bonobos (estos últimos también llamados chimapancés pigmeos, de ahí lo de que seamos el tercer chimpancé). La parte relativa a la sexualidad humana y su parecido con la de ciertas aves me ha recordado a “The Mating Mind” de Geoffrey Miller, un libro que leí demasiado tarde en la vida como para sacarle partido.

No tengo la sensación de haber aprendido un montón de cosas, pero la explicación de por qué la piel más oscura de las poblaciones humanas cercanas a los trópicos se debe más a la selección sexual que a la selección natural me ha parecido reveladora. También es un remedio para mi ignorancia el listado de características similares entre los componentes de una pareja humana determinantes para que se atraigan y que suelen pasar desapercibidas.

Leer ciencia es más gratificante que leer teoría política, pero es seguramente una toma de partido también.


El espejismo del consumismo

26/03/2010

Tenía marcado este trozo de texto para leer desde hace casi un año. Lo había encontrado en Marginal Revolution, el blog de Tyler Cowen y no sé cómo se había quedado atrapado tanto tiempo en mi bandeja de entrada. Es del nuevo -por aquel entonces- libro de Geoffrey Miller, que aún no he leído (a párrafo por año, mal vamos), pero supongo que será interesante. The Mating Mind me encantó. Ojalá lo hubiese leído con dieciséis años, Si jeunesse savait, si vieillese pouvait… Hace un tiempo comentamos The Red Queen, de Matt Riddley, de temática similar. Respecto al trozo de texto que nos ocupa, he hecho un ejercicio de traducción mejorable, pero que vierte al español la idea principal del texto. Es algo que todo el mundo ya sabe, aunque no sepamos describirlo en términos científicos.

From my perspective as an evolutionary psychologist, this is how consumerist capitalism really works: it makes us forget our natural adaptations for showing off desirable fitness-related traits.  It deludes us into thinking that artificial products work much better than they really do for showing off these traits.  It confuses us about the traits we are trying to display by harping on vague terms at the wrong levels of description (wealth, status, taste), and by obfuscating the most stable, heritable, and predictive traits discovered by individual differences research.  It hints coyly at the possible status and sexual payoffs for buying and displaying premium products, but refuses to make such claims explicit, lest consumer watchdogs find those claims empirically false, and lest significant others get upset by the personal motives they reveal.  The net result could be called the fundamental consumerist delusion — that other people care more about the artificial products you display through consumerist spending than about the natural traits you display through normal conversation, cooperation, and cuddling.

MILLER, Geoffrey: Spent: Sex, Evolution, and Consumer Behavior

Desde el punto de vista de la psicología evolutiva este es el modo de funcionar del capitalismo consumista: nos hace olvidarnos de nuestra adaptación natural para ostentar rasgos de aptitud. Nos engaña haciéndonos creer que los productos artificiales funcionan mucho mejor de lo que realmente lo hacen si queremos alardear de esos rasgos. Nos confunde respecto de las características que tratamos de mostrar, evocando términos vagos en niveles de descripción erróneos (riqueza, estatus, buen gusto) y a través de la ocultación de los rasgos más estables, hereditarios y predecibles descubiertos mediante la investigación de las diferencias individuales. Sugiere la posibilidad de obtener beneficios sexuales y de estatus si se adquieren los productos de gama alta, pero no hace explícitas esas sugerencias, no sea que los defensores del consumidor demuestren empíricamente que esas pretensiones son falsas, y no sea que las personas a quienes pretendemos impresionar se enojen por los motivos personales que revelan. El resultado neto se podría denominar “el espejismo fundamental del consumismo”: que las demás personas se preocupen más por los productos artificiales que mostramos mediante el gasto consumista que de los rasgos naturales que mostramos mediante la conversación normal, la cooperación y el afecto.

MILLER, Geoffrey: Spent: Sex, Evolution, and Consumer Behavior


La dama roja, sexo y evolución de la naturaleza humana.

27/01/2010

“A gazelle on the African savannah is trying not to be eaten by cheetahs, but it is also trying to outrun other gazelles when a cheetah attacks. What matters to the gazelle is being faster than other gazelles, not being faster to cheetahs. (There is an old story of a philosopher who runs when a bear charges him and his friend. “It’s no good, you’ll never outrun a bear”, says the logical friend. “I don’t have to”, replies the philosopher, “I only have to outrun you.”) […] We use our intellects not to solve practical problems, but to outwit each other. Deceiving people, detecting deceit, understanding people’s motives, manipulating people – those are what the intellect is used for.”

Matt Ridley, “The Red Queen: Sex & the Evolution of Human Nature“, Penguin Books (1993)

Esta historia la he contado varias veces en los últimos años. Mis amigos me tendrán que disculpar. Creo que leí el libro de Ridley (de quien también recomiendo Genome) en 2003.  Por desgracia no se encuentra aún en español, aunque hay una sinópsis de la idea central en la wikipedia. En lugar de como reina, yo traduzco queen como dama. Es un tic de ajedrecista, porque en este caso reina parece un poco más correcto. La dama roja de ajedrez que aparece en el texto es un personaje de Alicia a través del espejo, que por más que corre no avanza.

En la sabana africana, una gacela no sólo trata de no ser devorada por los guepardos, sino que intenta ser más veloz que las demás gacelas cuando los guepardos atacan. Lo que le importa a la gacela es ser más rápida que las otras gacelas, no más rápida que los guepardos. (Hay una vieja historia de un filósofo que corre cuando un oso les ataca a él y a su amigo. “Eso no es bueno, es imposible correr más rápido que un oso” dice el amigo lógico, “no me hace falta, sólo tengo que ser más rápido que tú.” responde el filósofo. […] No utilizamos nuestros cerebros para resolver problemas prácticos, sino para ser más listos que los demás. Engañar a otros, detectar el engaño, entender los motivos de la gente, manipular a otras personas… eso es para lo que se usa el intelecto.