Arte falangista

15/11/2015
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“De Corte a Cheka”

El fin de semana pasado hice caso a Pérez-Reverte y me puse a ver “Rojo y Negro” (1942), película de Carlos Arévalo, director de cine de filiación falangista. A los amantes del cina de la edad dorada de Hollywood les tiene que gustar. Para lo que se suele esperar del cine español la película tiene aportes técnicos indiscutibles, siendo a mi modo de ver lo más interesante corte en sección – estilo 13 rue del Percebe – de la famosa checa de Fomento. Sin embargo, al no ser yo un gran cinéfilo mi comentario se tendrá que circunscribir a aspectos políticos, campo en el que se acepta que el amateurismo sea la norma.

 

 

 

El laureado escritor y académico lo explica mejor, pero básicamente es una película del bando de los vencedores de la guerra civil que describe las maldades del bando derrotado y las calamidades del régimen anterior. En cambio, a cualquiera que haya visto cine del que los franquistas consideraban “patriótico” le llamará la atención que la película es más ponderada y presenta más matices que el cine propagandístico al uso en la época. Los malos no son satanizados sin más, sino que aparecen como personajes equivocados y víctimas de demagogos. También asoman críticas (de mucha menor entidad si se quiere) que apuntan hacia bando ganador. Probablemente por estas causas cayera en desgracia, quedando olvidada en un cajón durante varias décadas y abandonando el director la cinematografía.

Por la temática (primeros meses de la guerra en Madrid y la persecución a los quintacolumnistas), he creído que podría resultar similar a una novela que no había leído pero sobre la que había leído varias veces: “Madrid, de corte a checa” del aristócrata, diplomático y también falangista Agustín de Foxá (1906-1959), así que anoche me puse con ella. La novela fue concluida en Salamanca en 1937 y publicada en San Sebastián en 1938 y a pesar de ello tampoco es propaganda pura, pero me resulta bastante menos mesurada que el filme de Arévalo. Se divide en tres partes llamadas “Flores de lis”, “Himno de Riego” y “La hoz y martillo” que más o menos vienen a corresponderse con la etapa final de la monarquía (pre 1931), la república (1931-1936) y la guerra civil (1936-1939). Tengo la impresión de que la primera está bastante bien escrita y que luego la calidad literaria va descendiendo en beneficio del mensaje político.

La primera parte me gusta porque resulta una especie de caleidoscopio del final de reinado de Alfonso XIII (sus estertores en tiempos del gobierno de Miguel Primo de Rivera y la posterior dictablanda de Berenguer) y creo que se recogen bien las personalidades políticas y artísticas y las ideologías que había en España en los estertores de la década de 1920, una situación que en nada se parecerá a la polarización de pocos años después. Foxá, que parece tener más talento para el relato corto que para la complejidad de la trama de novela trama tiene momentos graciosos:

-¡Muera el Rey! -clamaba un estudiante encaramado en el brazo de piedra de la estatua de Recesvinto-. ¡Muera! -atronaba la muchedumbre.
Frente a los jardines de la calle de Bailén, en el rincón callado de la fuente, las celosías y los chamerots del convento de la Encarnación, se había estacionado el grupo de los tiradores de estatuas. Rodeaban con un cable el cuello blanco
de una reina de piedra.
-Traed picos.
Interrogó José Félix:
-¿Por qué vais a tirarla?
-Es la madre de Berenguer.
José Félix se acercó al pedestal. Leyó en la piedra una inscripción, entre una hormiga que subía y la mancha caliente del sol: “Doña Berenguela, Reina de León.”

Luego, llegadas la República y la guerra el narrador en primera persona se va metiendo en harina. Tengo para mí que algunas cosas que se tienen por Historia cierta pueden provenir de ficciones como esta novela y que episodios como el asedio al alcázar de Toledo y las últimas frases de los fusilados en las sacas de noviembre de 1936 han sido embellecidos por propagandistas y la propia dinámica selección natural de memes.

Nadie puede negar los hechos luctuosos en la capital en el otoño de primer año bélico. La discusión suele centrarse en quién es responsable de la disolución del órden público, si el Gobierno o la facción rebelde del ejército, pero las sacas, paseos, registros, arrestos estuvieron ahí. Acierta bastante Foxá al describir cierto lumpen que forma parte de la turba y que aprovecha el río revuelto. Esas clases que aprovechan la causa de la izquierda no por que crean en un reparto más justo sino porque quieren mejorar su posición en él.

No les desarmaba el pudor, ni la belleza, ni la valentía. Eran fuerzas telúricas, abismales, sueños prehistóricos que resucitaban. Y un odio químicamente puro.  Era el gran día de la revancha, de los débiles contra los fuertes, de los enfermos contra los sanos, de los brutos contra los listos. Porque odiaban toda superioridad. En las “checas” triunfaban los jorobados, los bizcos, los raquíticos y las mujerzuelas sin amor, de pechos fláccidos que jamás tuvieron la hermosura de un cuerpo joven entre los brazos.

-Hay que darles a esas señoritas del pan pringao.

Querían ver los bellos cuerpos humillados en la muerte, desnudos, los hermosos senos sonrosados, a la altura de sus tacones torcidos. Algo satánico animaba a aquellos hombres. Parecían un caso colectivo de posesión diabólica
Tenían reflejos rojos en sus caras renegridas y una sonrisa feroz, casi con espuma de salivilla. Olían a sangre, a sudor, a alpargatas. El instinto del mal les dada agudeza. Y obreros ignorantes que jamás habían pisado el museo, sabían destruir los mejores lienzos, rasgar los “Riberas” más difíciles.
No eran ateos, sino herejes. No ignoraban a Dios, sino lo odiaban. Le decían al cura, tembloroso, junto al zanjón de la Casa de Vacas en la “checa” de la Casa de Campo:

-Blasfema y te perdonamos la vida.

Entre tantos curas heroicos, aquél era una excepción. Tenía miedo. Dijo una irreverencia. Entonces le pegaron un tiro. Y comentaba el jefe, con una preocupación teológica:

-Así es seguro que va al infierno.

Por eso fusilaban en el Cerro de los Ángeles al Sagrado Corazón y serraban las cabezas de los ángeles de los retablos. Eran creyentes vueltos del revés.

Lo de “creyentes vueltos del revés” me parece que se aplica a muchos procesos políticos, que funcionan por negación y oposición incorporando gran parte de lo que pretenden rechazar. Los modos de los autodenominados antifascistas no de los años treinta sino de esta última hora son un ejemplo bastante representativo, pero más en general en todas las etapas históricas he observado una parte de las izquierdas cuyo agravio no es la forma en que se reparten los recursos sino su posición relativa en la misma, esa visión de socialismo como capitalismo de los pobres, similar al anticlericalismo como religión de los desheredados que Foxá ilustra.

En cambio tiene otros fragmentos en los que se expresa un clasismo que me gustaría que a día de hoy a todos nos pareciera deleznable. El párrafo que viene a continuación me ha desagradado especialmente y  no he sido el único al que le ha llamado la atención:

Pasaban masas ya revueltas; mujerzuelas feas, jorobadas, con lazos rojos en las greñas, niños anémicos y sucios, gitanos, cojos, negros de los cabarets, rizosos estudiantes mal alimentados, obreros de mirada estúpida, poceros, maestritos amargados y biliosos.
Toda la hez de los fracasos, los torpes, los enfermos, los feos; el mundo inferior y terrible, removido por aquellas banderas siniestras.

En resumen on me parece que la novela tenga demasiado valor por lo que es como novela en sí, sino por la descripción que hace del ambiente de aquel Madrid revolucionario. Las tramas de amor de los protagonistas no me han parecido demasiado buenas. Sí que me ha parecido ver aspectos de “Rojo y negro” en los registros domiciliarios. Supongo que es posible que Carlos Arévalo hubiera leído el libro de Foxá, pero las coincidencias pueden deberse simplemente a que las cosas fueran aproximadamente así.

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Los veintisiete puntos… perdón veintiséis

27/07/2011

El punto primero

Han coincidido dos circunstancias esta semana. Una, que un amigo me envió un artículo de Timothy Garthon Ash titulado Los Estados Unidos y Europa en decadencia. Creo que se puede estar bastante de acuerdo con muchas de las cosas que dice, aunque para mí China sigue siendo una incógnita, por mucho que quiera creerse que ha encontrado una forma de gobiernon superior a la democracia liberal capitalista. Y en el fondo, está en el mismo barco. No sé bien qué sería de China si Estados Unidos suspendiera pagos.

Comentando el artículo dije que los clásicos no supieron prever el tránsito que se ha producido entre la democracia de los individuos y la democracia de los grupos de presión. En general, en Occidente, los sistemas políticos se mueven desde el lobby. Y en los europeos se ve un corrimiento hacia el modelo estadounidense. De hecho, es probable que en Bruselas haya más malvados con maletines que en Washington DC. No sé si es inevitable, ni si es lo mejor ni si cambiara: parece que a corto y medio plazo va a seguir siendo así.

Luego me he encontrado con un libro que compré en 2005. Una edición facsímil impresa aquel mismo año de los “Los XXVI puntos del Estado Español” según la portada y “Los XXVI puntos del Nuevo Estado Español” según la contraportada, donde se indica que el opúsculo es de 1940. Es el programa político de Falange Española. La tipografía es espléndida y leerlo mezcla muchas sensaciones: el estremecimiento de saber lo que ocurría de verdad a los vencidos en aquel país y aquel tiempo, que no tenía nada que ver con el paraíso colorido del libreto; la diversión por el discurso imperialista y trasnochado (punto 5), el deleite por lo florido del lenguaje y la curiosidad con la que uno mira al pasado.

Lo que conecta este encuentro con lo anterior. es que en el punto primero, se trata la primacía de la Nación por encima de intereses individuales de grupo o de clase.

Creemos en la suprema realidad de España. Fortalecerla, elevarla y engrandecerla es la apremiante tarea colectiva de todos los españoles. A la realización de esa tarea habrán de plegarse inexorablemente los intereses de los individuos, de los grupos y de las clases.

No estoy muy seguro de que lo que se llama grupo sea exactamente lo que hoy entendemos como grupo de presión y estoy seguro de que algunos, como la Iglesia Católica (punto 25), están excluídos de la idea, pero me ha parecido interesante ver que se apuntan cuatro modelos de régimen político a partir de sus actores principales. El nacionalista (nación), que es el que defiende el librito. El liberal (individuos), el de clases (marxista-socialista, también el del Antiguo Régimen y sus estamentos, supongo) y el de grupos (¿oligarquía? y de un modo profético, una dimensión de lo que existe en la actualidad)

Como son muy poquitas páginas, me lo he vuelto a leer. Muchas cosas me parecen curiosas. Por aquel tiempo fue cuando empezó a utilizarse la expresión Estado Español, que tanto convenía a los franquistas por su indefinición de si era un Reino sin rey o seguía siendo una República y que luego tanto ha gustado a los nacionalistas periféricos. También lo de Nuevo Estado fascista, que es un calco del Nuovo Stato italiano y del Estado Novo portugués. El programa ideológico económico entre los puntos IX y XV es peronismo puro, antes de Perón. Entre otras curiosidades, me he encontrado con una que me ha servido para enterarme de algo que no sabía:

La Constitución vigente, en tanto en cuanto incita a las disgregaciones, atenta contra la unidad de destino de España. Por eso exigimos su anulación fulminante.

Y eso no podía ser, porque en 1940 no quedaba Constitución vigente. Muchos creerían ilegítima la usurpación del poder por los vencedores, pero no iban a ser precisamente ellos quienes reconocieran vigencia a la Constitución de 1931. Así que aunque la edición sea de 1940 tenía que haber una edición anterior.

Y así me he enterado de que en realidad los 26 puntos eran originalmente 27. El vigesimoséptimo fue anulado “por Franco” (lo entrecomillo porque no sé en qué medida era decisión personal) en el decreto de unificación con los requetés:

 Nos afanaremos por triunfar en la lucha con sólo las fuerzas sujetas a nuestra disciplina.
Pactaremos muy poco. Sólo en el empuje final por la conquista del Estado gestionará el mando las colaboraciones necesarias, siempre que esté asegurado nuestro predominio.

No es que yo defienda en nada a Franco, pero siempre me ha resultado frustrante la cantidad de cosas que se le atribuyen, sin que fuera técnicamente posible. Me imagino que en parte es un mecanismo para descargar la culpa tanto individual como colectiva y por otro lado hace la historia más fácil de procesar, que es una de las funciones de lo que llaman memoria. Hace años en una reunión de Comunidad de Vecinos para tratar el asunto de un ascensor oí decir “estamos así desde el franquismo”, en lugar de decir “desde hace veintintantos años”, así vinculando el asunto a la dictadura más que al tiempo, parecía que de no cumplirse lo que quería aquel copropietario, se perpetraba una injusticia cósmica.