España NO es el segundo país más montañoso de Europa

06/04/2019

Yo tuve algún libro de geografía en la EGB en el que se decía que, tras Suiza, España era el segundo país más montañoso de Europa. Creo que mucha gente ha debido de utilizar el mismo libro de texto que yo ya que una búsqueda en Google da varios miles de resultados. Como es lógico la frase viene de antes de los años ochenta. Mirando entre varios libros la publicación más antigua en la que he encontrado la afirmación de marras es una de la Delegación de Prensa del Movimiento (1961). Estaría gracioso que fuera uno de los intentos de la propaganda franquista para poner arriba España. Así, de esta manera tan peculiar.

Creo que hay dos formas de decidir qué países son más montañosos. Una relativamente sencilla es indicar la altitud media del territorio. Es un tanto curiosa ya que un país plano situado a una altitud elevada se consideraría más montañoso que otro con muchas montañas que esté al pie del mar. El mapa del Daily Telegraph que he puesto arriba indica la altitud media por países y creo que son los mismos datos que hay en una página de la Wikipedia. En Europa, en esta lista en la que no aparece Liechtenstein (quizá por diminuto, pero estaría en el podio) tenemos los siguientes países con más altitud media que España (660 m):

1- Andorra (1.996 m)
2- Armenia (1.792 m)
3- Georgia (1.432 m)
4- Suiza (1.350 m)
5- Turquía (1.132 m)
6- Montenegro (1.086 m)
7- Austria (910 m)
8- Albania (708 m)
9- España (660 m)

Y bien, Andorra es otro microestado y en los años ochenta Armenia y Georgia pertenecían a la URSS (incluso hoy hay quien considera que Transcaucasia no es parte de Europa), igualmente Montenegro era parte de Yugoslavia y el caso de Turquía en Europa siempre es problemático, pero parece bastante claro que al menos Austria y Albania son países europeos con mayor elevación que España que deberían haber sido reconocido como tales si la altitud media es el criterio a seguir.

Otra forma de mirar qué país es más montañoso es la rugosidad. Este indicador se aproxima más a lo que intuitivamente entendemos como que un terreno sea montañoso. He encontrado una lista de países y territorios en la que sale que lo más rugoso del mundo es Gibraltar (7,811). A cualquiera que haya visto lo que es el peñón le parecerá lógico. Lo quito de mi lista por no ser un país sino una cosa rara y por la misma razón quito también a las islas Feroe (2,253). En cualquier caso los tres primeros son miniestados y después está Suiza pero si entendemos la montañosidad como rugosidad hay muchos países europeos más montañosos que España:

1 Mónaco 6,612
2 Andorra 5,717
3 Liechtenstein 5,328
4 Suiza 4,761
5 Georgia 3,659
6 Austria 3,513
7 Albania 3,427
8 Grecia 3,103
9 Chipre 2,718
10 Armenia 2,688
11 Macedonia del Norte 2,665
12 Turquía 2,620
13 Eslovenia 2,496
14 Italia 2,458
15 Bosnia Herzegovina 2,311
16 San Marino 1,802
17 España 1,689

Esto empezó por una conversación guasapera sobre la segunda provincia más montañosa de España, que no era Málaga sino Guipúzcoa. Guipúzcoa es la segunda con mayor rugosidad pero una de las de menos altitud, lo cual ilustra la elección que debemos hacer para decidir a qué llamamos “más montañoso”.

Hay datos de altitud y rugosidad de las provincias españolas en este informe de Francisco J. Goerlich e _Isidro Cantarino para la Fundación BBVA (2010). También me pareció interesante el paper Ruggedness: The Blessing of Bad Geography in Africa de Nathan Nunn y Diego Puga, de donde saqué la tabla de datos por países y donde se explica qué es la rugosidad.

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Episodios Nacionales: Un cortesano de 1815

04/01/2018

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Seguimos con la lectura de la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. Segunda novela: Un cortesano de 1815.

En esta como en tantos otros están por un lado las peripecias del protagonista, el cortesano alavés Juan Bragas de Pipaón, que siguiendo el linaje hispánico de la picaresca ejerce como buen arribista de conseguidor y por otra las circunstancias que pueden entreverse de la España de la época (1814-1815). Sus oficios peermite acceder a las camarillas que se conjuran, una constante del XIX español, y a los modos de una burocracia que premiaba las conexiones con puestos y rentas a cuenta del erario.

Es interesante cómo Pérez Galdós, que a finales del XIX y principios del XX era de ideas avanzadas, alcanza a meterse en las mentes de la más rancia España. En el capítulo 3 hay una descripción de una idea central para el absolutismo que sirve para los tiempos de los serviles y que tiene cierta continuidad en la tradición reaccionaria española hasta el final del franquismo:

-Pero ven acá, majadero impenitente, ¿cuándo has visto que tales fórmulas sean otra cosa que una satisfacción dada a esas entrometidas naciones de Europa que quieren ver las cosas de España marchando al compás y medida de lo que pasa más allá de los Pirineos? Ríete de fórmulas. No se pueden hacer, ni menos decir las cosas tan en crudo que los afeminados cortesanos de Francia, Inglaterra y Prusia se escandalicen. ¡Reunir Cortes! Primero se hundirá el cielo que verse tal plaga en España, mientras alumbre el sol… ¡Seguridad individual! ¡Bonito andaría el reino, si se diesen leyes para que los vasallos obraran libremente dentro de ellas, y se dictaran reglas para enjuiciar, y se concedieran garantías a la acción de gente tan ingobernable, díscola y revoltosa! El Rey, sus ministros y esos sapientísimos y útiles Consejos y Salas, sin cuyo dictamen no saben los españoles dónde tienen el brazo derecho, bastan para consolidar el más admirable gobierno que han visto humanos ojos. Así es y así seguirá por los siglos de los siglos… ¿Eres tan tonto, que crees en manifiestos de reyes? Como los de los revolucionarios, dicen lo que no se ha de cumplir y lo que exigen las circunstancias. Bajo las fugaces palabras están las inmóviles ideas, como bajo las vagas nubes las montañas ingentes, que no dan un paso adelante ni atrás. Las nubes pasan y los montes se quedan como estaban. Así es el absolutismo, hijo mío; sus palabras podrán ser bonitas, rosadas, luminosas y movibles; pero sus ideas son fijas, inmutables, pesadas. No mires lo de fuera sino lo de dentro. Estudia el corazón de los hombres y no atiendas a lo que articulan los labios, que siempre han de pagar tributo a las conveniencias, a la moda, a las preocupaciones…

Una figura interesante del bando absolutista en las cortes de Cádiz es la de Blas de Ostolaza que se deja caer por el capítulo 5. A mí más que lo de que alguien sea partidario de la Inquisición me fascina lo de “tunantes que tenían casas atestadas de libros”:

Era tan celoso por la causa del Rey y del buen régimen de la monarquía, que si le dejaran ¡Dios poderoso!, habría suprimido por innecesaria la mitad de los españoles, para que pudiera vivir en paz y disfrutar mansamente de los bienes del reino la otra mitad. Fue de ver cómo se puso aquel hombre cuando se restableció la Inquisición. Parecía no caber en su pellejo de puro gozo. Una sola pena entristecía su alma cristiana, y era que no le hubieran nombrado Inquisidor general. ¡Oh!, entonces no se habría dado el escándalo de que se pasearan tranquilamente por Madrid muchos tunantes que tenían casas atestadas de libros y que recibían gacetas extranjeras sin que nadie se metiese con ellos.

Si los hechos suceden en 1814-1815, me sorprendió que Fernando VII dijera a propósito de la compra de unos barcos:

-¡Se compran!… Y dice «se compran» como si costaran dos pesetas.

La peseta es moneda oficial desde 1869. La Wikipedia me informa de que la palabra ya existía desde antes:

El Diccionario de Autoridades de 1737 define la peseta como «la pieza que vale dos reales de plata de moneda provincial, formada de figura redonda. Es voz modernamente introducida».
La primera pieza que se acuñó con la inscripción pesetas fue una pieza acuñada en Barcelona de 2½ pesetas, en 1808, durante la dominación napoleónica. La pieza correspondiente de peseta se acuñó el año 1809, año en que también fue acuñada la de 5 pesetas (del tamaño y peso de las de 8 reales), que funcionaron hasta el final de la Guerra de la Independencia Española.

Si la expresión “dos pesetas” con el significado de muy poco ya era corriente en 1815, Galdós lo sabría. Se me ocurrió que podría haberse confundido en 1879.


Arte falangista

15/11/2015
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“De Corte a Cheka”

El fin de semana pasado hice caso a Pérez-Reverte y me puse a ver “Rojo y Negro” (1942), película de Carlos Arévalo, director de cine de filiación falangista. A los amantes del cina de la edad dorada de Hollywood les tiene que gustar. Para lo que se suele esperar del cine español la película tiene aportes técnicos indiscutibles, siendo a mi modo de ver lo más interesante corte en sección – estilo 13 rue del Percebe – de la famosa checa de Fomento. Sin embargo, al no ser yo un gran cinéfilo mi comentario se tendrá que circunscribir a aspectos políticos, campo en el que se acepta que el amateurismo sea la norma.

 

 

 

El laureado escritor y académico lo explica mejor, pero básicamente es una película del bando de los vencedores de la guerra civil que describe las maldades del bando derrotado y las calamidades del régimen anterior. En cambio, a cualquiera que haya visto cine del que los franquistas consideraban “patriótico” le llamará la atención que la película es más ponderada y presenta más matices que el cine propagandístico al uso en la época. Los malos no son satanizados sin más, sino que aparecen como personajes equivocados y víctimas de demagogos. También asoman críticas (de mucha menor entidad si se quiere) que apuntan hacia bando ganador. Probablemente por estas causas cayera en desgracia, quedando olvidada en un cajón durante varias décadas y abandonando el director la cinematografía.

Por la temática (primeros meses de la guerra en Madrid y la persecución a los quintacolumnistas), he creído que podría resultar similar a una novela que no había leído pero sobre la que había leído varias veces: “Madrid, de corte a checa” del aristócrata, diplomático y también falangista Agustín de Foxá (1906-1959), así que anoche me puse con ella. La novela fue concluida en Salamanca en 1937 y publicada en San Sebastián en 1938 y a pesar de ello tampoco es propaganda pura, pero me resulta bastante menos mesurada que el filme de Arévalo. Se divide en tres partes llamadas “Flores de lis”, “Himno de Riego” y “La hoz y martillo” que más o menos vienen a corresponderse con la etapa final de la monarquía (pre 1931), la república (1931-1936) y la guerra civil (1936-1939). Tengo la impresión de que la primera está bastante bien escrita y que luego la calidad literaria va descendiendo en beneficio del mensaje político.

La primera parte me gusta porque resulta una especie de caleidoscopio del final de reinado de Alfonso XIII (sus estertores en tiempos del gobierno de Miguel Primo de Rivera y la posterior dictablanda de Berenguer) y creo que se recogen bien las personalidades políticas y artísticas y las ideologías que había en España en los estertores de la década de 1920, una situación que en nada se parecerá a la polarización de pocos años después. Foxá, que parece tener más talento para el relato corto que para la complejidad de la trama de novela trama tiene momentos graciosos:

-¡Muera el Rey! -clamaba un estudiante encaramado en el brazo de piedra de la estatua de Recesvinto-. ¡Muera! -atronaba la muchedumbre.
Frente a los jardines de la calle de Bailén, en el rincón callado de la fuente, las celosías y los chamerots del convento de la Encarnación, se había estacionado el grupo de los tiradores de estatuas. Rodeaban con un cable el cuello blanco
de una reina de piedra.
-Traed picos.
Interrogó José Félix:
-¿Por qué vais a tirarla?
-Es la madre de Berenguer.
José Félix se acercó al pedestal. Leyó en la piedra una inscripción, entre una hormiga que subía y la mancha caliente del sol: “Doña Berenguela, Reina de León.”

Luego, llegadas la República y la guerra el narrador en primera persona se va metiendo en harina. Tengo para mí que algunas cosas que se tienen por Historia cierta pueden provenir de ficciones como esta novela y que episodios como el asedio al alcázar de Toledo y las últimas frases de los fusilados en las sacas de noviembre de 1936 han sido embellecidos por propagandistas y la propia dinámica selección natural de memes.

Nadie puede negar los hechos luctuosos en la capital en el otoño de primer año bélico. La discusión suele centrarse en quién es responsable de la disolución del órden público, si el Gobierno o la facción rebelde del ejército, pero las sacas, paseos, registros, arrestos estuvieron ahí. Acierta bastante Foxá al describir cierto lumpen que forma parte de la turba y que aprovecha el río revuelto. Esas clases que aprovechan la causa de la izquierda no por que crean en un reparto más justo sino porque quieren mejorar su posición en él.

No les desarmaba el pudor, ni la belleza, ni la valentía. Eran fuerzas telúricas, abismales, sueños prehistóricos que resucitaban. Y un odio químicamente puro.  Era el gran día de la revancha, de los débiles contra los fuertes, de los enfermos contra los sanos, de los brutos contra los listos. Porque odiaban toda superioridad. En las “checas” triunfaban los jorobados, los bizcos, los raquíticos y las mujerzuelas sin amor, de pechos fláccidos que jamás tuvieron la hermosura de un cuerpo joven entre los brazos.

-Hay que darles a esas señoritas del pan pringao.

Querían ver los bellos cuerpos humillados en la muerte, desnudos, los hermosos senos sonrosados, a la altura de sus tacones torcidos. Algo satánico animaba a aquellos hombres. Parecían un caso colectivo de posesión diabólica
Tenían reflejos rojos en sus caras renegridas y una sonrisa feroz, casi con espuma de salivilla. Olían a sangre, a sudor, a alpargatas. El instinto del mal les dada agudeza. Y obreros ignorantes que jamás habían pisado el museo, sabían destruir los mejores lienzos, rasgar los “Riberas” más difíciles.
No eran ateos, sino herejes. No ignoraban a Dios, sino lo odiaban. Le decían al cura, tembloroso, junto al zanjón de la Casa de Vacas en la “checa” de la Casa de Campo:

-Blasfema y te perdonamos la vida.

Entre tantos curas heroicos, aquél era una excepción. Tenía miedo. Dijo una irreverencia. Entonces le pegaron un tiro. Y comentaba el jefe, con una preocupación teológica:

-Así es seguro que va al infierno.

Por eso fusilaban en el Cerro de los Ángeles al Sagrado Corazón y serraban las cabezas de los ángeles de los retablos. Eran creyentes vueltos del revés.

Lo de “creyentes vueltos del revés” me parece que se aplica a muchos procesos políticos, que funcionan por negación y oposición incorporando gran parte de lo que pretenden rechazar. Los modos de los autodenominados antifascistas no de los años treinta sino de esta última hora son un ejemplo bastante representativo, pero más en general en todas las etapas históricas he observado una parte de las izquierdas cuyo agravio no es la forma en que se reparten los recursos sino su posición relativa en la misma, esa visión de socialismo como capitalismo de los pobres, similar al anticlericalismo como religión de los desheredados que Foxá ilustra.

En cambio tiene otros fragmentos en los que se expresa un clasismo que me gustaría que a día de hoy a todos nos pareciera deleznable. El párrafo que viene a continuación me ha desagradado especialmente y  no he sido el único al que le ha llamado la atención:

Pasaban masas ya revueltas; mujerzuelas feas, jorobadas, con lazos rojos en las greñas, niños anémicos y sucios, gitanos, cojos, negros de los cabarets, rizosos estudiantes mal alimentados, obreros de mirada estúpida, poceros, maestritos amargados y biliosos.
Toda la hez de los fracasos, los torpes, los enfermos, los feos; el mundo inferior y terrible, removido por aquellas banderas siniestras.

En resumen on me parece que la novela tenga demasiado valor por lo que es como novela en sí, sino por la descripción que hace del ambiente de aquel Madrid revolucionario. Las tramas de amor de los protagonistas no me han parecido demasiado buenas. Sí que me ha parecido ver aspectos de “Rojo y negro” en los registros domiciliarios. Supongo que es posible que Carlos Arévalo hubiera leído el libro de Foxá, pero las coincidencias pueden deberse simplemente a que las cosas fueran aproximadamente así.


Migraciones

08/11/2015

 

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Franco y los francos

Hace unas semanas, seguramente meses, me encontré en el Youtube con una película española de la pasada década, de la que había oído hablar pero que no tuve ocasión de ver en su momento (2006). Un Franco, 14 Pesetas, de Carlos Iglesias al que sí había conocido en su etapa más boba de la caja tonta y le había visto Ispansi (2010). Ahora, mirando la tipografía de los carteles, me acabo de dar cuenta de que hay un juego de letras entre el Franco de España con mayúscula y el franco suizo en minúsculas.

La película muestra la experiencia de los españoles que emigraron a Suiza (o a Francia, Alemania…) durante los años sesenta y setenta. Uno puede apenas percibir lo cutre y falta de expectativas que era la España de la época (y eso que había mejorado bastante comparado con lo que hubo en las dos décadas anteriores, las de la posguerra dura – en 1956 el PIB alcanzó el nivel de 1935). Dos hermanos de mi madre estuvieron cerca de Zürich ya a principios de los setenta (o sea, diez años después de lo que la película cuenta) y este mismo año me he enterado de que ella misma estuvo pensando en ir, y de haberlo hecho seguramente nos habríamos perdido este autor y esta entrada.

Todo esto me ha parecido un buen pretexto para comparar la emigración española al resto de Europa de aquellos tiempos (décadas de 1960 y 1970) con la posterior (que es la mía) y la actual (post-2008, por así decirlo). Puede decirse que son muy diferentes, pero a la vez mantienen puntos comunes. En el plano anecdótico, a mí me hace bastante gracia una escena de la película en la que tras varios días en la pensión sin probar los cruasanes del desayuno los dos gañanes se enteran de que van incluidos en el precio, y más que nada me recuerda a mi primer vuelo en avión cuando las azafatas de Air France venían con las bandejas del desayuno y yo no sabía si a mí me iban a dar una, ni quería pagarla. Gañán que es uno,y problema que los gañanes de hoy ya no tienen por mor de la proletarización del transporte aéreo.

El filme me ha hecho pensar en datos sueltos de la historia social de hace cincuenta años (¿hacia qué año se impuso el uso del papel higiénico en Madrid?). Luego hay otros elementos que, aunque tengan cierta relación, ya ni se conectan con el nivel de renta… como la españolísima costumbre de llevar bocadillos y embutidos hasta al fin del mundo.

Hace ya unos sños (2001), en Edimburgo, tomando una pinta con un amigo que había venido de visita y me comentaba cómo habían mejorado las cosas, ya que en aquel momento los españoles en el extranjero hacíamos trabajos cualificados (el mío de por entonces era teleoperador) mientras que anteriores generaciones eran en la Europa civilizada el equivalente a los moros en España. Lo del estatus social por un lado, sí; pero mientras que mis tíos después de tres años en Suiza volvieron a España y se compraron un piso con sus ahorros, a mí los ahorros de los tres primeros años me habrían dado apenas para unos meses de alquiler.

Ya no creo que quede ningún sitio donde se pueda ganar diez veces más que en España, no sé si acaso Noruega o alguna dictadura del Golfo. Eso sí, hoy es el día en que mis tíos no hablan palabra de alemán, ni creo que se defendieran demasiado bien siquiera cuando estaban allá, mientras que yo tras tres años de emigrante creo que ya había aprendido a hablar inglés bastante decentemente y, me parece a mí, que para toda la vida. Como el concepto de necesidad me resulta impreciso, yo resumiría las cosas diciendo que, comparando con etapas anteriores, hoy por hoy los españoles emigran más por el estatus y menos por el dinero.

Total, que puede que sea por lo que me toca, pero tengo la impresión de que a esta película no se le ha dado el reconocimiento y la importancia que merece. Hubo también una segunda parte y la he visto, pero ésta en cambio me parece que no vale nada.


España ante sus fantasmas

18/04/2015
Portada

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La tarde del domingo pasado se la dedicamos a un libro –Ghosts of Spain- escrito por quien fue corresponsal del Guardian en España durante más de una década, que trabaja ahora para The Economist. En inglés se subtitula “viajes por el pasado oculto de un país”, pero la versión española de 2006 se llamó “España ante sus fantasmas”. La edición que ha caído en nuestras manos es de 2012 y añade un prefacio y un capítulo final que resulta más que necesario porque mira que no ha cambiado nada en España, en especial desde 2008 hasta hoy. El capítulo final añadido a esta edición se llama The Fiesta is Over, que no te digo nada y te lo digo todo.

Escrito en la tradición de la literatura de viajes británica, con descripciones costumbristas y salpicado de decenas de expresiones en la lengua del país (bastantes de las cuales se podrían verter al inglés sin demasiados problemas) hace un recorrido por temas centrales de la memoria histórica, política y sociológica del país que en una lista aproximada que parte a parte y capítulo a capítulo son las siguientes:

  • Parte Primera: la represión durante y tras la guerra civil, el legado de Franco, el pacto del olvido de la Transición y los cambios culturales en la España del seiscientos y de la llegada del turismo.
  • Parte Segunda: Lo que mi generación vivió por los periódicos  y telediarios en los años ochenta y noventa: corrupción, terrorismo y sumarios; flamenco, droga y gitaneo variado; el clero y los puticlubs y una descripción de los sistemas educativo y sanitario.
  • Parte Tercera: Capítulos sobre 11-M, País Vasco, Cataluña, Galicia, otro sobre la cultura y el arte y por último el que cuenta el estallido de la burbuja y que la fiesta ya se acabó.

Creo que lo de leer a autores británicos que intentan explicar(se) nuestra cultura no es por complejo de inferioridad y de hecho a veces me parece que se equivocan bastante.

Pero sí que es verdad que en España hay bastante devoción por los hispanistas foráneos y que quizá se les hace más caso del que se debería. A los anglosajones les importa más bien poco lo que el resto del mundo piense y escriba de cómo son y su modo de vida. Ya les puedes explicar con números que el sueño americano es un fraude, que no se van a enteran. En cambio, si el New York Times dice que Madrid es una de las diez mejores ciudades del mundo, la prensa española va a tardar minutos en hacerse eco mecánicamente, debido a ese complejo de inferioridad paleto que arrastramos.

Hace casi diez años leí un libro similar –The New Spaniards, the John Hooper- y allí obtuve algunas ideas interesantes que luego he mezclado con otras propias. Lo de “cultura del exceso” lo saqué de allí y lo digo mucho, a veces para compararla con otra cultura latina, la italiana que es más una “cultura de la apariencia”. Es para lo que valen estos libros: se estereotipa más dignamente.

Por poner otra elaborada por mí mismo a partir de mi experiencia y de cosas leídas aquí y allá. Es cierto que la cultura gastronómica anglosajona es bastante pobre. Supongo que en parte tiene que ver con factores ambientales, pero también habrá razones difíciles de determinar por las que esa gente no le ha dado a los alimentos y al ritual de degustarlos la misma consideración que la nuestra. En cambio me parece que ese relativo desinterés ha supuesto que tengan una ventaja competitiva en la economía, que se traduce en jornadas laborales mejores y una mayor productividad individual. En el fondo tiene que ver con cómo el liberalismo y cómo se relaciona con el crecimiento económico. en este caso la libertad de comer un perrito caliente o de saltarse la comida suponen una ventaja sobre las restricciones que supone la obligatoriedad social de una comida formal de tres platos y una sobremesa, palabra ésta última que no existe en inglés.

No me voy a enrollar nada con el libro en sí: un periodista inglés vive un montón de años en España y cuenta cómo lo ve. A mí me parece que para entender bien el país haría falta un relato basado más en estadísticas que en noticias y que gran parte de los asuntos ideológicos, como la guerra civil y el franquismo, van teniendo menos peso con cada lustro que pasa, pero al final, lo que me interesa de estos anglosajones viviendo en el mundo hispano es que tienen una visión hasta cierto punto simétrica a la que yo percibo como hispano viviendo en el mundo anglo.

Es una visión notablemente diferente a la que puedan tener esos grupos poco admirables de ingleses (también los habrá alemanes) que se retiran al sol del sur español. La segunda ley de Cowen dice que hay bibliografía sobre todo, pero me ha sorprendido agradablemente la noticia de que los antropólogos ya les han dedicado tesis y tratados.

Esos son los expats. Tras leer el libro de The Third Culture Kids escribí en su día que un problema que le veía era que  sólo consideraba dos tipos de situaciones: La de los expats en la que se centraba bastante y la de los inmigrantes, a los que consideraba como individuos que trataban de dejar algo atrás y asimilarse a un nuevo país y cultura. Lo que nos pasa a muchos, al igual que al periodista que escribe, es que nos queremos quedar en el terreno del medio y vivir lo mejor de ambos mundos. Sólo un cambio muy radical puede obligarte a integrarte de modo más intenso en el país de destino.


Sobre la libertad

23/12/2014

Un vídeo con metraje antiguo de British Pathé que trata sobre cosas que antes eran normales y ahora en la práctica, sea porque estén prohibidas, mal consideradas o pasadas de moda, ya no se pueden hacer:

Fumar en cualquier sitio, dejar a los niños ir solos a la escuela, tener un trabajo para toda la vida, ir en motocicleta sin caso, enviar un telegrama, llevar abrigos de pieles, cazar ballenas, el baile de salón

La conclusión del vídeo es que hay cosas que hacemos ahora que en el futuro no se podrán hacer. Es interesante pensar cuáles serán. Por algún tipo de sesgo cognitivo solemos plantearnos el futuro en términos de qué podremos hacer que ahora no hacemos y no al revés.

Me voy a quedar con lo de que los niños ya no van solos a ningún lado. El narrador dice que:

En el autobús, en bicicleta o caminando a la escuela los niños tenía conversaciones y aventuras que los padres no supervisaban y compartían pequeños secretos que hoy son los secretos de su infancia. Aunque la disciplina parental tendía a ser más autoritaria en general los niños disfrutaban de un grado mayor de libertad personal en su tiempo de ocio que el que disfrutan hoy en día.

Y esto me ha hecho pensar en el franquismo. No sólo porque es la etapa histórica española que se corresponde con el pasado reciente en que eso se producía (aunque también después) sino porque el franquismo en realidad era así: autoritario en una serie de aspectos que consideraba fundamentales (digamos políticos y morales) y a la vez totalmente ausente a la hora de imponer pequeñas restricciones a la libertad personal. En aquél tiempo se pagaban muchos menos impuestos y la mayor parte de las actividades estaban menos regladas que en la actualidad, la gente tiraba basura donde la daba la gana, o conducía vehículos como quería y en cierto modo se podría decir que existía más libertad.

Sería difícil defender que durante el franquismo había “más libertad”. Es el tema clásico de los tipos de libertad del ensayo de Berlin. La libertad mal entendida que muchos llaman freedom en los Estados Unidos es la que en la India permite que los conductores vayan por el carril de la carretera que mejor les parezca independientemente del sentido oficial del tráfico.


Qué se debe memorizar

07/12/2013

Un asunto que me interesa bastante es el de la memoria en casi todos sus sentidos, aunque en estas líneas voy a dejar a un lado la memoria política e histórica para plasmar una idea muy sencillita sobre la memoria en la educación.

Empezaré con una sobresimplificación conocida como es esa de que la educación durante el franquismo se basaba en que el alumno memorizara datos sin comprenderlos, siendo el ejempo más característico la lista de los reyes godos. Tengo una anécdota más curiosa aún sobre el teorema de Pitágoras que ya contaré algún día.

Siguiendo con el esquema simplista, luego se pasa a una etapa en la que se evita que los alumnos tengan que memorizar y por ejemplo al estudiar Historia se dice que las fechas no son importantes, sino el comprender los mecanismos y tal.

Y me imagino que como en todos estos procesos pendulares en el medio estará la virtud, que al final es imposible no memorizar algunas cosas y si el año 1492 no te evoca nada el sistema educativo no ha hecho un trabajo fino contigo. El abecedario se memoriza, las tablas de multiplicar se memorizan; el vocabulario de un idioma extranjero se memoriza y se acaba adquiriendo por contacto y así una serie de cosa. Aprender por mecanización no es necesariamente malo y a veces y dependiendo de lo qué se trate es el único sistema posible. Eso no quiere decir que el ser humano no deba adquirir conocimiento mediante otros ejercicios ni que deba poner sus esfuerzos en convertirse en loro, que básicamente es en lo que consisten las oposiciones a varios puestos jurìdicos importantes en España, por poner un ejemplo.

Ahora bien, yo voy a poner el péndulo donde yo quiero. No me parece mal, por ejemplo, que a un alumno español se le pida memorizar los diez ríos más largos de la península Ibérica. Al fin y al cabo son ríos importantes cuyos nombres uno ha de oír muchas veces a lo largo de la vida. Esos hidrónimos son datos de una importancia que podría decirse objetiva.

En cambio, me parecieron muy discutibles esos exámenes en los que había una pregunta que le exigía a uno recordar “las diez características del arte gótico”, que al fin y al cabo eran una clasificación que se había inventado un tipo y que podía ser diferente a la de otro autor cualquiera. No es que las características no fueran interesantes, el problema es que el mecanismo para determinar la competencia y el aprovechamiento de la asignatura era la capacidad de recordar una lista subjetiva que no existe en el mundo real del mismo modo que unos ríos.