Relojes de sol en obelisco

25/02/2016
Obelisco

Obelisco

En las fotos de mi paseo de ayer aparecen un reloj de sol y un obelisco por separado. Hoy voy a poner otra curiosidad dublinesa que tengo cerca de la oficina: un obelisco con reloj de sol. Según parece está ahí, en James street, la calle de Santiago desde finales del siglo XVIII.

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Por aquí debería salir agua

En realidad sería una fuente-obelisco, pero como no le sale agua, dejémoslo en obelisco. No se me ocurre qué ventaja puede haber en añadirle un obelisco a una fuente pero cosas más raras se ha visto. Tampoco entiendo muy bien por qué hay cuatro relojes si el sol no puede darle por todos los lados. A riesgo de decir una barbaridad me parece que uno de los cuatro tiene que ser bastante inútil, si no los cuatro tratándose como se trata de Irlanda.

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El reloj de sol

Por si el título resulta equívoco, a diferencia del Solarium Augusti de Roma, en este caso el obelisco no es el gnomón cuya sombra marca la hora. El reloj de sol es una pieza de metal en lo alto y no trabaja demasiados días el pobre, con tan poco sol como suele hacer.

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Placa de la renovación (1995)

La placa de la renovación dice que es en realidad una fuente-obelisco con reloj de sol. Pagaron la minuta del arreglo la corporación Guinness cuya sede queda al lado mismo y el dinero de unos irlandeses de Canadá.

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Donde empieza el camino de Santiago en Irlanda

13/02/2016
Iglesia de Santiago (aka St James)

Iglesia de Santiago (aka St. James)

Estoy bastante en contra de utilizar la palabra “Camino” en inglés para referirse a lo que siempre había sido “St. James Way / Way of St. James“, pero es una constante de la lengua inglesa incorporar palabras a troche y moche, incluso para significados ya existentes y una constante universal utilizar palabras extranjeras para quedar como elegante y cosmopolita. También pronunciarlas a la manera extranjera tiene el mismo efecto: Una vez en un café nos encontramos con un tipo que no hablaba una palabra de español y estuvo contando cómo fue en autoestop al Mundial 82 (aquí quizá debería haber dicho “a dedo” por mayor coherencia aunque ni auto-stop exista en inglés). Lo que resultó irritante de la conversación es que hablando de mi ciudad natal y siempre en la lengua de Shakespeare él pronunciaba San Sebastián a la española mientras que yo insistía en San Sebáschen.

Aquí empieza

“El camino empieza aquí”, dicen

Bueno, pues sepan ustedes que decir I want to go Spain and walk the Camino (en vez de St James Way) está de moda en inglés, o sea que es cool y es trendy. Fenómeno que más en general ya habíamos tratado cuando aquél café con leche y que por otra parte tiene algo que ver con una película que también vimos en su día. El caso es que la Guinness de la cerveza, cuyo museo es uno de las atracciones turísticas de Dublín se encuentra en St James Gate, que así suele aparecer incluso en guías turísticas en español (o sea que funciona para los dos lados y en realidad más para éste que para aquél) y que no es otra cosa que la Puerta de Santiago.

Al lado mismo de las instalaciones cerveceras está la iglesia de Santiago que según indican es el inicio del viaje a la primera trampa para turistas de Europa. Al parecer desde principios del siglo XIII salían de aquí para Santiago de Compostela. Aunque esto está lejos de lo que hoy es el puerto por entonces el mar llegaba a lo que es el centro de la ciudad así que embarcaban desde esta parte de la ciudad. En la actualidad uno puede comprar el pasaporte de peregrino  y ponerle el primer sello en esta iglesia dieciochesca.

Los horarios de misa seguro interesan a mis lectores

Los horarios de misa seguro interesan a mis lectores

Pocas conexiones más puede haber entre Hibernia e Hispania en un barrio cutre (aunque con cierto encanto) como The Liberties.


Alacenas de Collins Barracks

16/01/2016
Ventana

Ventana

Están siendo estos los días más fríos del invierno, pero no me quejo ya que apenas llueve. Algo de aguanieve en la ciudad y dicen que estos días ha nevado en Wicklow y en Arabia Saudí. Hemos salido de casa (porque hay que moverse y por la comida japonesa) llegando tan sólo hasta el museo de Collins Barracks. Es un sitio al que deberíamos venir más a menudo. Desde una ventana se veía bien la extensión del Croppy Acre y al fondo la fábrica de la Guinness.

El museo nacional de Irlanda (sección artes decorativas) tiene el gran atractivo de estar albergado en un edificio con un patio más que notable y mucha historia (antes de Michael Collins los cuarteles se llamaban Royal Barracks). Además, la entrada es gratuita. Se ha planteado a veces la posibilidad de cobrar entrada, pero creo que le faltarían un puñado de piezas con atractivo suficiente para justificar el pago. Tiene en cambio bastantes que uno está contento de ver si no le cuestan un céntimo. A mí en especial me gusta la colección Albert Bender de arte oriental. Ya puestos voy a decir tamién cuál es la que menos, que es la dedicada a la diseñadora Eileen Grey. Probablemente la mejor sea a que trata de los soldados irlandeses, pero le tienen que interesar a uno los asuntos bélicos. A lo mejor no es la mejor para ir con la novia. Hay otra que tiene piezas del hogar de la Irlanda rústica. Le he tirado un par de fotos a unas alacenas.

Alacena

Alacena

La primera me recordó mucho a la que había en la casita en la que nos alojamos en Gales hace un par de años.

Estancia de hogar rústico

Estancia de hogar rústico

En este museo se pueden hacer las fotos que se quieran sin pegar chispazos, pero como me queda cerca de casa no me da por hacer demasiadas. Hay tantas piezas que la visita a este sitio no cabe en una entrada de blog, así que espero poner algúna cosa suelta más en el futuro.


Paseo hasta el obelisco

29/12/2015
Croppy Acre y fábrica de Guinness

Croppy Acre y fábrica de Guinness

Ayer fui caminando hasta el Phoenix Park y hoy voy a enseñar unas pocas fotos de mi safari. El primer lugar en el que paré está frente al Museo Nacional (sección Artes Decorativas) en los antiguos cuarteles que aún se conocen como Collins Barracks (por el famoso Michael Collins). Frente al museo y la parada homónima del tranvía hay un fantástico terreno urbanizable que se llama “Croppy Acre” o “Croppies Acre” y probablemente no se le da un mejor uso debido a los clásicos tabúes relacionados con la muerte. Hay quien cree que aquí enterraron a los croppy boys de la rebelión de 1798, pero a saber. Es una especie de parque que permanece cerrado casi todo el tiempo y los yonquis utilizan una especie de monumento que hay en su centro para chutarse a placer. Ya he dicho mil veces que la absoluta falta de sentido urbanístico define la gran mayoría de las políticas públicas en estea ciudad. He parado más que nada porque me he dado cuenta de que desde aquí se ve bien el mirador de la Guinness donde estuvimos el otro día.

Anna Livia

Anna Livia

Un poco más adelante me encontré con la estatua de Anna Livia que antiguamente (hasta 2002 o por ahí) estaba en O’Connell st. No sabía que estaba aquí (compruebo ahora que sólo desde 2011). Lo curioso es que habré pasado muchas veces por delante, pero resulta que también está en una especie de zona verde vallada y de difícil o imposible acceso. Hay una interesante tradición en Dublín que consiste en ponerles nombres que rimen a las estatuas. Anna Livia era un personaje de Joyce en Finnegan’s Wake que representaba al río Liffey. El nombre de la estatua para el populacho: Floozie in the Jacuzzi.

Árbol de Navidad en el Fénix Park

Árbol de Navidad en el Fénix Park

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Obelisco de Wellington

Luego una vez que he llegado al parque, como los días son aún cortos y no me iba a dar tiempo de más, me he acercado al obelisco de Wellington, que queda muy cerca de la entrada. Es bastante más grande de lo que parece cuando uno lo ve. Una vez les había dicho a mis padres que tiene inscrito “Salamanca” en un lateral, pero no he encontrado información sobre qué ciudades y batallas se mencionan. Me he acercado y en efecto, hay varias batallas de la Guerra de la Independencia o Peninsular War que le llaman los guiris. El nombre de Salamanca está inscrito en la cara norte y se refiere a la batalla que nosotros llamamos “de los Arapiles”. También aparecen “Vittoria” y “Pyrinees” (que me imagino que es por la batalla de San Marcial), y luego ya pues la India, Waterloo…

El primer duque de Wellington (y Ciudad Rodrigo), Arthur Wellesley, nació en Dublín, dicen que en una casa que está enfrente de lo que hoy son las oficinas del primer ministro. Esto lo sé porque cuando trabajaba por la zona vi varias veces una placa que lo indica. También hay otra en Grafton st que conmemora el lugar donde cursó estudios. ¿Irlandés o británico? Si alguna región española se independiza en el futuro lo fácil es que nos veamos obligados a elegir sobre el pasado. Como sus hazañas fueron a mayor gloria del Imperio británico se le suele considerar foráneo (no en cambio a otros de la misma lealtad y diferente profesión). De hecho ha habido propuestas de demolición del obelisco y a diferencia de la Columna de Nelson seguramente lo haya salvado el estar apartado de la ciudad.

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Curioso salón y árbol navideño

Paella precocinada

Paella precocinada

Sin mucho más volví a casa a cenar. Son días muy breves y de mal tiempo en los que me obligo a salir de sin demasiadas ganas. A las cuatro y poco se hace de noche.


De paseo por Kilmainham

22/12/2015
Suministros de baño

Suministros de baño – mirad qué grifo

Esta mañana me he acercado a Kilmainham, que es un barrio poco atractivo de Dublín por el que hará más de una década que no me pasaba.

Entrada a los parques del museo

Entrada a los parques del museo

Casi todo es bastante feo y si uno se acerca no por el río sino por Thomas st como servidor ha hecho, lo bueno es que cada cosa que parezca medio normal produce una sensación equivalente a la belleza.

Museo en lontananza

Museo en lontananza

La otra vez que recuerdo haber estado por estos andurriales fue cuando vine, creo que con el remero, a ver la famosa cárcel que tanta importancia ha tenido en la historia de Irlanda y sin embargo se recuerda por la película en la que se supone que representa a otra cárcel que no es esta. Yo no flipo demasiado con esas cosas, pero creo que un recorrido por ese otrora penal y algo de reflexión sobre cómo era la vida de antes valen la pena. Hoy no he llegado hasta allí.

Charca y obelisco

Charca y obelisco

Adonde creo que no he entrado nunca es al Museo Irlandés de Arte Moderno (IMMA, por sus siglas en inglés, como una chavala que conocí hace años). Tengo entendido que como casi todos los del género es, en general, una bazofia con alguna cosa que puede que esté pasable sin que ninguna persona normal la pueda considerar lo que se dice “arte”. Por suerte era lunes, así que no he podido ni sucumbir a esa tentación.

Mucha hierba

Mucha hierba

Desde esta ribera norteña del río se catan perspectivas inéditas del obelisco de Wéllington y de un edificio relativamente reciente que son los juzgados. Cuando paso por delante para ir al Fénix Park no se aprecia bien su forma de plaza de toros, que desde esta orilla resulta palmaria.

Juzgados como coso taurino

Juzgados como coso taurino

El museo está en lo que antiguamente era un hospital en cuyos frontales se encuentra bien dispuesto un jardín de estilo neoclásico. No es que sea Herrenhäuser pero tampoco está mal. Cerca queda un edificio que salvando las distancias me recuerda por su forma al Burj al Arab de Dubái.

Entre Hanóver y Dubai

Entre Hanóver y Dubai

Después de un rato mariposeando por ahí me he vuelto al centro. Estos días del solsticio de invierno en que el sol se pone a las cuatro son especialmente deprimentes en un área especialmente deprimida. La mayor parte de la gente que se parece a uno ha salido del país por estas fechas y por la calle sólo malviven cuatro gatos alcohólicos y fumadores.

El edificio del museo

El edificio del museo

En Thomas st he visto a los de atestados haciendo el papeleo de dos coches cutres que se habían chocado. Luego he pagado cuatro euros por un bocadillo infame. He perdido la cuenta de los negocios cerrados y los edificios en ruina. Será que la alegría la exportan en barriles, pero creo que hay mucha tristeza por los alrededores de la fábrica de la Guinness.

Jarrón clásico

Jarrón clásico

Una fuente con forma de obelisco y funciones de reloj solar me ha resultado especialmente estrambótica. Mientras le hacía una foto que ya pondré otro día el tranvía ha estado a punto de atropellar a un chino.

Letras

Letras

Puede que tarde muchos años en volver a Kilmainham

Un palo pinchado

Un palo pinchado en un palo


Lo de la fábrica de la Guinness, su museo y su mirador

13/12/2015
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Se ve el pincho llamado “The Spire”

Además de la cena de Navidad hemos tenido otro acto social del trabajo, esta vez sólo para nuestro departamento, y el jueves pasado fuimos a comer a un restaurante que hay en el museo de la fábrica de la cerveza Guinness, que no queda lejos de nuestra oficina en el privilegiado barrio de Las Libertades.

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Instalaciones de la fábrica y bus turístico

De hecho hay días de un intenso olor a levadura que me trasladan a la infancia. Una de mis conversaciones habituales surge por iniciativa de desconocidos que me preguntan por indicaciones para llegar a este punto de interés turístico cuando salgo a comprarme el almuerzo. La entrada está un poco escondida y el complejo cervecero es grandote tirando a gigantesco.

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Un jueves cualquiera de diciembre

Estuve en el museo en el año 2000 con una chica mexicana que vivía en Amsterdam y que se llamaba Rosalía. Era amiga de una francesa con la que yo compartía casa por aquel entonces. Creo que pagamos cuatro libras irlandesas por la entrada, que hoy serían cinco euros. Luego por el año 2002-2003 hicieron unas reformas y pusieron un mirador con vistas a toda la ciudad y el precio de la entrada ascendió vertiginosamente hasta los 18 euros que creo que cuesta hoy. Me parece que además la pinta de cerveza que te daban antes (y que por sí sola justificaba la entrada) se ha visto reducida a media pinta.

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Ciudad gris

Por lo que recuerdo de mi paso por el sitio hace quince años, había una parte dedicada a explicar el proceso de elaboración de la cerveza y luego otra en el que ponían un montón de publicidad antigua de la marca, además de algunas estatuas de plástico con las que hacerse fotos graciosas. Nunca he entendido la fascinación por los museos de bebidas alcohólicas (cuando viví en Holanda era muy parecido lo del museo Heineken en Amsterdam). Es decir, que entiendo perfectamente que a uno le pueda mucho gustar beber alcohol sin que le interese nada saber cómo se elabora. La parte de la publicidad me pareció bastante mejor que los vídeos que explicaban como tostar la cebada o como fabricar un barril, pero esa es otra, al final les estás pagando por dejarte ver su publicidad. En general siempre he desaconsejado a la gente acercarse a lo que considero una trampa para turistas que, según parece, es la atracción turística número uno de Dublín.

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Pimplando

La comida del restaurante me pareció cara para lo que era (y eso que pagaba la empresa) además de que la carta no era demasiado variada, quizá por estar limitada a platos en los que puedan utilizar su cerveza o que combinen bien con ella. Incluso la pinta de cerveza estaba a 5 libras, más cara que en muchos tugurios dublineses. Al final para comer ahí hay que dejarse 25 ó 30 euros así que no lo recomiendo nada.

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Montañas de Wicklow. En diciembre a eso de las cuatro ya está anocheciendo en Dublín

Antes de salir a mi jefe se le ocurrió que subiéramos al Gravity Bar, que es el sitio en el que está el mirador sobre la ciudad. Cuando intentando aconsejar a turistas en contra de su propósito inicial de acercarse a este museo he solido decir que por muy bien que esté el mirador, al final Dublín no es Ciudad del Cabo ni Río de Janeiro. No sé si lo que hicimos (subir al bar este del mirador sin pagar la entrada del museo) está permitido o no. Sí sé que si uno puede subir al restaurante en el que estuvimos sin pagar la entrada del museo, así que puede ser que para el Gravity Bar sea lo mismo. Al final también es un punto en el que te pueden sacar dinero por echar una cerveza.

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Un millón de libros, pero no es aquí

El mirador me pareció bastante mejor de lo que había imaginado y eso que creo que había visto fotos del sitio con anterioridad. También me imagino que en días nublados o lluviosos, que en Dublín son muchos, puede parecer bastante peor.

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Brutalismo industrial

Lo que puede ser bastante interesante es subir al Gravity Bar sin pagar entrada. Incluso estoy dudando si no podríamos habernos metido hasta en el museo. Lo malo que puede tener este bar de planta circular es que si en un triste jueves de diciembre estaba relativamente lleno puede ser que haya días del verano en los que no se pueda dar ni un paso, ni disfrutar de la cerveza ni apropiarse de algo de espacio en los cristales para ver algo del panorama de la ciudad.

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Dale que te pego

En septiembre salió una noticia de que a Guinness Storehouse, que es como se llama este complejo , lo habían nombrado la mejor atracción turística de Europa por delante de la torre Eiffel, la Sagrada Familia, la Acrópolis y el Coliseo de Roma. Me pregunto si el premio lo daba una asociación de fabricantes de cerveza.

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Allende el río, en lontananza, el Phoenix Park

Los irlandeses son como todo el mundo y otorgan credibilidad a este tipo de noticias ridículas. A mí me da una mezcla de pena y vergüenza contradecirles, entre otras cosas porque cuando vivía en Guipúzcoa solía leer el Diario Vasco cuyo leit-motiv es básicamente este tipo de aldeanismo.

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Por aquí sin saltar se va a nuestra oficina

La ausencia de todo sentido de urbanismo es una característica básica para entender la psique nacional irlandesa y su proceso político. En cualquier otro país habría habido planes para sacar esta industria fuera del casco urbano que aquí brillan por su ausencia.

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La industria favorita del país

Una de las tipicas tonterías dublinesas es la discusión sobre en qué sitio ponen la mejor pinta de Guinness, que básicamente es la misma en todas partes. Entre los candidatos suelen estar los grifos de la propia fábrica y los pubs de los alrededores. Sí que voy a decir que es una bebida que sabe mejor cuanto menos a menudo se toma. Yo hace muchos siglos que no la cato, así que puede que la próxima sea espectacular.

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Lo siento, rubita, tengo que marcharme


El día de Arturo

24/09/2009
Anuncio del acontecimiento en la parada del tren

Anuncio del acontecimiento en la parada del tren

Hoy era el día de Arturo, de Arthur Guinness, el hombre que fundó la famosa cervecera. Ocurrió tal día como hoy (no lo sé, de hecho mi investigación superficial apunta al 31 de diciembre) de 1759 (eso seguro, de hecho se suponía que el momento cumbre del día era estar brindando a las 17.59h). El caso es que se celebran los 250 años de la bebida, un cuarto de milenio.

Al parecer, con la recesión la gente sale y bebe menos. A cinco euros la pinta no es broma. Entiendo que los mayoristas tienen stock y pueden permitirse incitar al consumo. Es lo que tiene vender sustancias adictivas, siempre puedes confiar en salir ganando a la larga. Así que hoy en los pubs, pintas gratis para celebrar el día histórico.

La guinness en Irlanda es casi una religión. La pinta, es una unidad de capacidad de 56 centilitros, pero también monetaria y de tiempo.Nunca he estado muy de acuerdo con la liturgia del tirarla, ni me creo los cuentos chinos del pub con la mejor Guinness de Dublín, Leinster, Irlanda, mundo… No sé cuantas pintas de Guinness puedo haber bebido en Irlanda, ¿quizá unas mil?. Antes eran más. Ahora se me pasan las semanas sin catarla, y su sabor es mejor cuanto mayor es la ausencia.

Un día calculamos que Pat, que es sesentón, podría haberse bebido cincuenta mil pintas a lo largo de su vida. A precios de hoy, es el valor de una casa.

El cartel, en los servicios del Mulligan's

El cartel, en los servicios del Mulligan's

Una de las grandes estafas turísticas de Dublín es el museo de la Guinness en St James Gate. Yo estuve allí en el año 2000, cuando la entrada costaba 4 libras irlandesas (5 euros) y como al final de la visita te invitaban a una cerveza, te salía a cuenta. Después hicieron algunas reformas y pusieron una especie de balcón desde el que se ve la ciudad (que no es gran cosa, ni Río de Janeiro ni Ciudad del Cabo) y pasaron a cobrar 12, 15 ó 17 euros por entrar.

La mayor parte de las cosas que se pueden ver son de cartón piedra. De hecho, lo más interesante que recuerdo eran los carteles antiguos con los tucanes, pingüinos y demás iconos guinesianos. Había también una serie de vídeos que hoy en día estarán disponibles en los tubos habituales. No se lo recomiendo a nadie que visite Dublín. Excepto quizá a los aficionados a la elaboración (no al consumo) de cerveza.

Feliz cumpleaños, Arturo.