A orillas del Támesis

24/09/2015
Vista

Vista matutina del río que luego pasa por Londres

He tenido que volver a nuestra sede de por los alrededores de Londres para asistir a unas reuniones de la empresa. Esta vez nos hemos tenido que alojar en un hotel que no es el que queda al lado de la oficina, pero que a cambio tiene una vista decente del Támesis y de un aparcamiento de coches. Esta vez era inevitable imaginarse dónde jugó Julio Camba a la pelota allá por 1912 mientras pensaba en el error de los deportistas. No es que me agrade especialmente venir a trabajar a esta zona próspera del extrarradio londinense, pero me parece un lugar bastante más civilizado que la capital irlandesa, cosa que es muy de notar en la limpieza de sus calles peatonales. Es una barbaridad la cantidad de inmobiliarias que hay en el lugar y en los pubs la cocacola es de esa de grifo. Comida de pub, nos ha dado tiempo hasta de ver un partido del mundial de rugby. La nueva terminal 2 de Heathrow me sigue flipando bastante, tras años esperando el embarcar en aquel pasillo horrible de la 4. Londres no acabo de disfrutarlo, me parece que voy a tener que esperar a ser rico.


Heathrow y a casa

11/04/2015
Windsor Palace 10-04-2015

Windsor Palace 10-04-2015

Ya estamos otra vez en la vieja y sucia ciudad de Dublín. Ayer tras varias reuniones volvimos al aeropuerto y a causa del retraso del vuelo todavía nos quedó una hora y pico para deambular por la terminal 2 de Heathrow. Hasta hace relativamente poco todos los vuelos a Irlanda salían de la terminal 1. Hay un pasillo en el que he estado esperando decenas de veces. Los vuelos eran tan frecuentes que incluso una vez me hicieron perder uno a causa de una revisión intensiva de mi pasaporte descolorido y ni siquiera importó.

En este momento no recuerdo si he estado antes en la T2. Si es que he estado era muy diferente a lo que puede verse ahora, que según compruebo se inauguró en 2014. Los aeropuertos me siguen resultando fascinantes, en especial los más grandes, dónde ves a gente de todo tipo yendo a cualquier lugar. También me parece que son lugares dónde se experimentan tendencias comerciales y que algunos de los establecimientos de estilo novedoso que vi ayer serán el pan nuestro de cada día en todas las ciudades de aquí a pocos años.

Luego ya en la pista vi el A380 de Malaysia Airlines y el Concorde de British Airways (que no sé a qué lo dedican). Al despegar pude ver el palacio de Windsor, que o bien me despisté en el taxi o no se ve desde la carretera. Hace muchos años viví con un tipo que se hacía el nido Windsor en la corbata y yo le llamaba “el duque de Windsor”. Llegando a Dublín y a punto de tocar tierra he tenido la oportunidad, por vez primera, de sufrir en carne propia un aterrizaje “abortado” en el último segundo. En esta ocasión al menos fue más sorpresa que susto. En casa sanos y salvos, que es lo que cuenta.

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Tiflis – Bakú – Londres – Dublín

30/09/2011

28.08.11 La noche anterior, el checo adoptivo de Fortaleza y el checo de verdad me dijeron que probablemente íbamos en el mismo vuelo, porque el suyo era a la misma hora, pero el de ellos iba a Kiev. Acordamos ir juntos al aeropuerto. Yo pensaba tomar un taxi, pero me dijeron que había un tren a las 5.30. Les pregunté si no habría algún problema, al ser el 28 de agosto festivo (Mariamoba, por lo que a mí respecta equivalente a la Asunción, que se celebra el día 15 en los países católicos) y me dijeron que habían consultado los horarios. Yo ni siquiera sabía dónde quedaba la estación del ferrocarril y resulta que estaba casi al lado, a menos de un kilómetro. Nos fuimos a dormir cerca de las doce y nos despertamos a las cuatro y media. Un paseo por calles sórdidas para encontrarnos la estación cerrada. Por fortuna el checo hablaba ruso y los seguratas le dijeron que había que dar un rodeo para entrar directamente al andén y así lo hicimos, pasando por entre improvisados refugios donde dormía algún que otro mendigo.

Vagón de tren georgiano

Los bohemios

Entrar en el tren fue sobre todo un alivio, pero también algo deprimente. Era uno de los vagones más sucios y con olor a tabaco que he visto en mi vida y nosotros eramos los únicos tres pasajeros. Se suponía que el trayecto al aeropuerto duraba unos veinte minutos, pero fue más bien media hora. Entendimos al que vino a cobrarnos los billetes que eran dos laris por cabeza, pero luego dijo que no, que con dos laris ya estaba pagado por los tres. Curiosa cantidad no divisible entre tres, que en todo caso es menos que un euro. La estación de tren del aeropuerto ya tiene mejor aspecto. Me despedí de mis amiguetes antes de la facturación. Estos muchachos me hicieron la velada anterior muy agradable y quizá me salvaron la vida al sugerirme que los acompañara al aeropuerto, habida cuenta de la experiencia con el taxista del día de la llegada.  La facturación fue rápida, sin colas y eficaz y estuve un rato corto esperando para embarcar, en el que pude deleitarme con unos juegos para niños en la sala de espera que había donado la primera dama, la esposa neerlandesa de Saakashvili.

Avión de Armavia, las líneas aéreas armenias

Bandera georgiana en el aeropuerto de Tiflis (TBS)

El avión que nos llevaría a Londres, pasando por Bakú

El vuelo iba bastante vacío, y tuve la suerte de que me colocaran en un asiento de los de salida de emergencia, con más espacio para las piernas. A diferencia de la primera, esta vez sí que pude ver algo en Bakú, aunque sólo fuera la pista del aeropuerto, un alminar, dos camiones y un avión de las líneas aéreas azerbaiyanas.

Aeropuerto Heydar Aliyev de Bakú

Avión azerbayano

Camiones en la pista del aeropuerto de Bakú

Luego, de camino a Londres, tuvimos una buenísima vista del monte Elbrus, el más alto de Europa según lo que se considere que es Europa. En Heathrow tuve la sensación de que ir por los aeropuertos con un portátil como el mío – que no llevaba – era como del paleolítico, al ver a toda la gente con esos ordenadores pequeñitos, y con los finitos y con las tabletas. El ratito esperando a que asignaran la puerta de embarque y ese tubo lejos de todo en donde se embarca para Dublín por donde llevo pasando diez años. Vi los primeros flequillos y pendientes como aros para papagayos y allí se acabaron las vacaciones por el Cáucaso.

Tiflis-Bakú-Londres