Leningrado

20/09/2015
Tragedia de una ciudad sitiada

Tragedia de una ciudad sitiada

Anoche acabé el libro de Anna Reid sobre el sitio de Leningrado. Me imagino que habrá descripciones mejores “a vista de pajaro” de las operaciones militares; esta obra entra como un zoom en la vida de los petersburgueses que escribían diarios. Por supuesto ofrece información sobre el desarrollo de la invasión alemana hasta que el cerco se cierra en septiembre de 1941, aunque del mismo modo ese frente informativo se cierra en gran medida durante la mayor parte de los capítulos para pasar a describir otros aspectos, entre los cuales es muy interesante el de la maquinaria del poder soviético y sobre todo el de la vida (y la muerte) en la ciudad.

La séptima de Shostakovich es la banda sonora obligada de esta lectura. Yo la había escuchado muchas veces y sigo sin llegar a entenderla bien, más allá de que reconozco los pasajes inquietantes. Del mismo modo me resulta muy difícil entender el hambre o cómo de difícil es sobrevivir a treinta grados bajo cero con una ración diaria de 250g de pan, para los que además hay que hacer cola. Es difícil entender los cadáveres abandonados por las calles y la masa famélica acudiendo a sus puestos de trabajo, pero sobre todo me resulta absolutamente incomprensible cómo en una situación así todavía hay conferencias, conciertos y exámenes en la universidad. Creo que no podemos entender y que en una situación ni siquiera tan grave todos los que intentamos comprender algo de esto seríamos de los primeros en caer.

En fin, hemos aprendido bastantes cosas de la geografía y la historia de una ciudad que algún día quisiéramos ver con nuestros propios ojos. Es interesante pensar que la iglesia de la Resurrección se salvó de la destrucción paradójicamente a causa del inicio de la guerra. No sabía o no recordaba haber leído que el plan de Hitler era destruir por completo tanto Moscú como Leningrado, aunque por la idea que tengo “plan” sea un modo demasiado generoso de definir los delirios de las sobremesas en la Guarida del Lobo.

La División Azul española aparece en dos breves notas: una a propósito del frío (azul por el color de sus caras) y otra en la que se indica que la defensa de sus posiciones en febrero-marzo del 1943 fue más que decente a pesar de la condescendencia alemana. Se habla una vez de españoles dentro del cerco, pero no de su destino posterior (tengo leído que algunos de los niños de la guerra de España salieron por el “puente” del Ladoga).

En la tradición de la bibliografía inglesa aquí las culpas se reparten entre la brutalidad nazi y la brutalidad soviética. El más malo es Hitler y el segundo Zhdánov. Me pregunto cómo son los libros que se leen en Rusia sobre estos episodios de la Gran Guerra Patria. Me puedo imaginar que sean bastante diferentes.

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Bremen

19/07/2015
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Bremen

 Cuando quisimos comprar nuestro pasaje a Alemania, los vuelos a Bremen costaban tan sólo una tercera parte del precio de los destinados a nuestros aeropuertos de costumbre y como el horario era conveniente y permitía llegar a destino con un tren vespertino, decidimos darnos la oportunidad de conocer la ciudad hanseática.

El aeropuerto queda muy cerca del centro de la ciudad y otra de las ventajas es que no hace falta taxi, ya que el tranvía para justo enfrente del edificio de la terminal. Hay una parte del edificio que está muy bien, pero si uno sólo ve la parte desde la que opera la aerolínea irlandesa de bajo coste podría llevarse una pésima impresión.

Del aeropuerto a la estación del ferrocarril

Del aeropuerto a la estación del ferrocarril

El tranvía, en cuyo interior hay una máquina donde se puede comprar el billete, atraviesa la especie de isla en la que se encuentra el centro de la ciudad y muy convenientemente nos deja frente a la estación donde tenemos que utilizar la consigna para liberarnos de nuestro bagaje.

Hauptbanhof

Hauptbanhof

La ciudad es conocida mundialmente por el cuento recogido por los hermanos Grimm de los animales músicos de Brema. En cualquier esquina se encuentra uno al motivo del burro, el perro, el gato y el gallo. Hay estatuas conmemorativas, adornos del mobiliario urbano y suvenires turísticos por doquier.

Bremen, interior de la estación

Bremen, interior de la estación

Este cuento, aunque sea bien conocido y haya tenido su influencia en la cultura, nunca me ha parecido especialmente bueno. De hecho, los bichos ni siquiera llegan nunca a Bremen. Ahora que le intento contar cuentos a mi hija me he dado cuenta de que a diferencia de las canciones, es un aspecto de la cultura europea en el que ya hemos alcanzado una fase posnacional y los cuentos de Perrault y los hermanos Grimm tamizados por Disney son las historias de la infancia de todos. Esto hace más fácil una formación multicultural.

Molino

Molino

Para retornar hacia el centro de la ciudad hay que pasar por un puente desde el que se ve el foso de la ciudad y un molino. Antes pasamos por un puente mayor sobre el río Wéser, que es donde en otro cuento un flautista lleva a los ratones a ahogarse, pero eso es en otra ciudad: Hameln, que es Hamelín como Bremen es Brema.

Demóstenes en el ayuntamiento

Demóstenes y Aristóteles (y/u otros) en el ayuntamiento

Ocurrió que llegamos a las cuatro de la tarde y hacía 32ºC, que es calorcito para allí. Ese mismo día Hamburgo tuvo la temperatura más alta registrada desde que se miden esas cosas, así que considero posible que en Bremen también lo fuera. Agradezco a los genes mediterráneos el hecerme más tolerable el paseo hasta la plaza de la catedral y el mercado, por donde estaban las cosas que queríamos ver. Tal era la temperatura que en la primera vuelta por el Domshof, había gente con los pies en la fuente de Neptuno.

Los del cuento

Los del cuento

No puedo aconsejar gran cosa tras un par de horas en la ciudad. El centro “neurálgico” son las plazas que hay junto a la catedral y el ayuntamiento, donde se encuentra la estatua del tal Roldán al que según la leyanda nuestro Bernardo del Carpio le dio las del pulpo. Leyenda todo. Como en Hanóver, hay “ayuntamiento viejo” y “ayuntamento nuevo”, sólo que aquí son edificios anejos. El viejo tiene mejor pinta para el ojeador. Hay unas estatuas de profetas bíblicos reconvertidos a pensadores clásicos y unos soportales que pueden verse en la ambientación de los fondos de la serie española de dibujos animados que versionaba el cuento de los cuatro animales, que se supone que nunca habían llegado a la ciudad.

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Las plazas de la catedral y del mercado ocupan una extensión considerable. Primero hay una iglesia de nuestra señora que no veo en absoluto porque su torre está toda cubierta de andamios y plásticos y luego en la plaza del mercado hay numerosos tenderetes protegidos por elevadas carpas que impiden una buena visión global, pero acercándose hay varios edificios interesantes, y en especial me gusta el de la cámara de comercio donde se indica que butten un binnen – wagen un winnen, que es bajoalemán que ni mi traductora oficial comprende, pero que quiere decir algo como que dentro o fuera hay que arriesgar para ganar. De la catedral me llaman la atención las alegorías de los evangelistas (un motivo que siempre me interesa) esculpidas en las escaleras.

El monumento famoso

El monumento famoso

El monumento oficial de los animales músicos está junto al ayuntamiento y debe de ser un lugar donde siempre hay gente como haciendo cola para sacarse fotos. He visto demasiadas representaciones del concepto y casi cualquiera me resulta más graciosa que esta estatua de bronce. En un cuento infantil, el color y la simpatía.

WOL GODT VORTROVWET DE HEFT WOL GEBOVWE

Wol Godt vortrovwet de heft wol gebovwet

Hay solamente un par de zonas por las que queremos pasear y que son idóneas en plena canícula. Una es la Böttcherstraße, la calle de los toneleros, que el nazismo consideró un ejemplo de arte degenerado del periodo de Weimar. Aquí hay varios edificios notables y esculturas, y encima de la entrada a la calle hay una imagen dorada de un ángel con espada flamígera que viene a alumbrar y aunque se lo quisieron ofrecer como homenaje a Hitler, que también era un iluminado, éste lo despreció. Y menos mal, porque si no seguramente ya no podríamos verlo, las cosas de la memoria histérica.

Buzón

Buzón

También hay muchos sitios donde tomar un refrigerio. Una vez que acaba la calle ya hay una carretera que es un horror y un túnel subterráneo para acceder a los muelles del Wéser y mucha gente sin camisa tomando cerveza y música técno. Llegar hasta ahí fue seguramente un error. La otra zona que queremos ver se llama Schnoor y fue de los cordeleros.

Todo lleno de detalles de estos

Todo lleno de detalles de estos

A mí me pareció que Schnorr estaba escondido en un lugar en el que uno no puede imaginarse que haya una zona histórica. Un par de calles de adoquines, con casitas de muñecas, callejones y tiendas de recuerdos. Me ha recordado a Friburgo y Basilea porque los tengo muy recientes en la memoria, pero en Europa central hay muchos lugares así. De camino a Schnorr vi un dintel en el que un antiguo dueño había escrito que todo lo que era y tenía se lo debía al Dios de Lutero. Ya en el barrio una fuente nos recordaba que el agua y el pan son las cosas más importantes de la vida. Hay infinidad de palabras sabias en una cultura tan grande.

Teléfono público

Teléfono público – Fernsprecher es una palabra que mola

Era sábado y estaba todo muy tranquilo. Unos mendigos que habíamos visto junto a la catedral habían bajado a San Juan a pedir limosna a la salida de misa, había un tour dirigido por una actriz vestida de época y poca actividad. Un par de horas después de nuestra llegada la temperatura bajó notablemente y comenzó a llover a ratos, con lo que el camino de vuelta a la estación resultó mucho más agradable.


Sábado peliculero

07/02/2015

Estoy intentando ajustar mis biorritmos, que es una forma exagerada de referirse al ciclo de sueño, para adaptarlos a una vida laboral asimilable. Lo hago bastante mal y en consecuencia hoy me desperté tarde y luego aparte de ir a comprar cuatro cosas para tener algo en la nevera he podido hacer el vago. Lo más destacable para mí, que apenas miro audiovisuales, es que he visto tres películas viejunas. Me las he encontrado en el Youtube, enteras y subtituladas. No sé cómo funciona eso de los derechos. A lo mejor no es que se pueda hacer sino que los dueños de los mismos no se molestan en ejercitarlos. Ni idea.

“El sabor de las cerezas” de Kiarostami. Creo que fue la primera película iraní que alcanzó cierta notoriedad en Occidente, en el año 1997. No se ajusta a nuestro canon del cine jolibudiense y a mí me cuesta mucho apreciarla. Me ha resultado aburrida y ni siquiera la atracción que tengo por la sonoridad del persa la salva. Hay una escena tonta al principio que creo que en el futuro no se entenderá. El protagonista va conduciendo despacio, se le ve a él y la vista de la ventana izquierda del vehículo (como si la cámara estuviese grabando desde el asiento del copiloto). En un momento se oye a alguien conversando por teléfono (que quedaría detrás de la cámara). Esa persona a la que no vemos pregunta al conductor-protagonista si quiere utilizar el teléfono. Casi veinte años después, es difícil imaginar que se trata de una cabina telefónica. El otro día vi por la calle un papel en una de las pocas que quedan. Decía que la iban a retirar en marzo. En el mismo año en que salió esta película, en un viaje por el norte de Francia me sorprendió la abundancia de cabinas. Esta densidad parecía entonces un signo de modernidad y hoy seguramente parecería un atraso. Puede que esté equivocado ya que no lo he investigado bien, pero me ha parecido que cerezas era una traducción más sonora pero menos precisa, ya que se refería a las moras de morera.

Luego he estado viendo dos que están bastante conectadas entre sí a través del nazismo. Una estadounidense de los años 80 que se llamó la caja de música, con Jessica Lange cuyo padre, húngaro emigrado a los EEUU, ha estado implicado en crímenes contra la población civil en Hungría en 1944-45. Es bastante de estilo telefilme con juicios pero me ha gustado. Sale el Budapest de los ochenta, el puente de las cadenas. Tengo que ver si consigo por algún lado la traducción del diálogo en húngaro que tiene con una anciana, que no aparecía subtitulado.

La otra es la famosísima “Der Untergang”, sobre los últimos días de Hitler en el búnker de la Cancillería, de la que sólo había visto la famosa escena viral doblada por todo el mundo con todo tipo de guiones de intenciones humorísticas. Eso queda casi al principio de un filme de dos horas y media. He visto algunos detalles que me han parecido que tenían que haber sido tomados necesariamente de las memorias de Albert Speer y según veo en la Wikipedia parece que ese fue el caso. Casi toda la película ocurre dentro del búnker, con unos pocos exteriores urbanos en Berlín, que creo que pretenden ser Unter den Linden.


Estalingrado

07/03/2014

Anoche estuve viendo un documental llamado “Secretos de Estalingrado”. Me ha parecido que la idea principal que quieren transmitir es que Stalin no fue tan buen estratega militar como suele suponerse y que realmente tuvo bastante suerte, y que lo que se solía considerar una retirada estratégica fue más bien una huida desordenada de soldados soviéticos despavoridos.

No sé hasta qué punto puede describirse una campaña militar con una versión que sea “la verdad”. Seguramente también haría falta saber leer en ruso y escuchar la opinión de los historiadores soviéticos y rusos. En todo caso soy escéptico respecto a la posibilidad de una versión verdera: ni siquiera en otros casos sin barrera lingüística y donde el acceso a documentos sería más sencillo estamos nada cerca. Es probable que los soviéticos tuvieran la fortuna de cara en importantes momentos concretos, pero eso ocurre todo el tiempo en todas las batallas de todas las guerras. Más o menos es opinión comunmente aceptada que la obcecación de Hitler por no retirarse, contra la opinión de sus generales, fue un error estratégico de primer orden y el rival también juega.

A mí me parece que el documental fracasa en ofrecer una narrativa coherente de si las fuerzas y el armamento alemanes eran superiores o no, o si el exceso de extensión creaba problemas de abastecimiento que eran más importantes que esa ventaja y también de cuántas tropas disponía la URSS para la operación Urano y desde dónde tenían que transportarlas.


Albert Speer

26/12/2013

Hace años había empezado las memorias de Albert Speer. Tenía el libro en español y lo perdí. Me dio mucha rabia porque había leído unas decenas de páginas y me estaba pareciendo una traducción de mucha calidad. Da mucha rabia perder un libro y luego he oído decir unas cuantas veces que es un texto indispensable, así que como lo he vuelto a encontrar por dos reales y tenía un par de festivos por delante he sentido la urgencia de comprarlo y leerlo del tirón.

Hace más años aún, en Berlín, compré otro libro muy interesante. Era una guía de la ciudad que relacionaba todos los lugares con lo que habían sido entre 1933 y 1945. Incluía edificios que ya no existían, los nombres antiguos de elementos urbanos que llevaran nombres nazis y hablaba de las condiciones de vida de la época y cosas así. Un capítulo muy interesante eran los planos de Speer para construir el nuevo Berlín tras la victoria en la guerra. Antes de eso su nombre no era uno que destacara en especial en mi mente entre los de los otros jerarcas nazis.

Es una autobiografía de lo más interesante en muchos aspectos, ya que Speer se subió al carro del nazismo en el último momento y no dejó de ser considerado un outsider por muchos de los antiguos camaradas de Hitler. Parece un personaje mucho más íntegro que los demás protagonistas, aunque tuvo la ventaja de vivir para contar su punto de vista y defender su actuación. Su posición privilegiada en el entorno del caudillo alemán ofrece vistas interesantes sobre cómo se vivieron los aconteceres en la cabina de mando. A mí en especial me parece interesante la desastrosa gestión de Estalingrado, pero datos y aspectos menores como la importancia de la industria de rodamientos, la expedición al monte Élbrus o la personalidad de Eva Braun no están exentas de interés.

Curiosamente la lectura del libro me ha hecho reflexionar mucho sobre asuntos que no son ni históricos, ni políticos ni ideológicos ni bélicos. Las observaciones de Speer sobre la organización del Tercer Reich me han hecho pensar mucho sobre el mundo de la empresa. En especial sobre el principio de responsabilidad; la necesidad de la crítica y la autocrítica para aprender de los errores y mejorar los procesos; y los estilos de liderazgo.

Una gran parte de las memorias pivota alrededor de la figura de Hitler y cómo ejerce el poder. Speer muestra muchas facetas de su jefe dando a entender una personalidad muy complicada que según las cosas se van poniendo difíciles es cada vez más irascible, carente de empatía y rayana en la locura aunque aprecia muchos rasgos positivos y su juicio se debate entre la admiración y la lealtad de doce años de colaboración y la opinión final que de él le queda tras la derrota. La autoridad de Hitler es incontestada pero a la vez sin mucha capacidad para comprobar si sus órdenes se estaban llevando a cabo. En muchos sentidos se podría decir que su liderazgo era blando. Gran parte de los juegos de poder dentro del sistema consisten en ver quién consigue el apoyo de Hitler para tal o cual cosa. Es muy sorprendente la incapacidad de los demás para postularse como alternativa.

Relacionando la figura de Hitler con lo de las cuestiones de management, es curioso que su sistema de trabajo tal y como lo describe Speer fuera tan ineficiente, con unos horarios un tanto absurdos, amateurismo e incapacidad para determinar cuáles eran los puntos importantes de la agenda. Aparte de las carencias del líder, en lo relativo al sistema Speer critica mucho la burocracia alemana a la que considera muy inferior a lo que estadounidenses y británicos estaban haciendo en tiempo de guerra. Tengo dudas sobre cuál es el nivel adecuado de burocracia que maximiza la eficiencia. También cuestiona la falta de sinergias cuando más de una organización hace el mismo trabajo o si las líneas de abastecimiento de los diferentes ejércitos son totalmente diferentes. Tampoco está claro a mi modo de ver cuánta redundancia es necesaria, ya que cuando hay un solo sistema se maximiza la eficiencia pero su defensa es capital y su fallo un problema crítico.

En el libro no se ve nada de la persecución a los judíos ni en general las condiciones de Alemania prebélica y tampoco los crímenes de guerra perpetrados en el este y Speer ha sido criticado por ello. Tampoco aparece que el exterminio de la población civil y muchos temas que hoy nos parecen centrales para entender el nacionalsocialismo fueran asuntos sobre los que se debatiera en la cancillería. En cambio se ve mucho a Hitler como un megalómano obsesionado por construir edificios, sobre todo antes de que empiece la guerra pero también una vez iniciada la misma. Resulta muy curioso cómo no cambia su foco de atención y pretende seguir construyendo sin entender lo que se viene encima. Diría yo que el líder efectivo de un país, y más en la actualidad, deja cuestiones de arquitectura y otros asuntos menores que parecían obsesionar a Hitler a los técnicos.

Al final, y a diferencia de otros,a Speer acepta su responsabilidad en el sistema y en Núremberg lo condenan a veinte años, donde tuvo tiempo para reflexionar y escribir estas memorias. La idea más importante que queda en ellas es que Hitler merece ser condenado por la Historia, no sólo por las desgracias y crímenes que provocó en otros países y la aniquilación de millones de seres humanos sino también por haber creido que su figura y el destino de su plan eran más importantes que la pervivencia de la nación alemana.


1938 Hitler’s Gamble

11/09/2013
Portada

Portada

A veces leo libros cuyo nivel de detalle esté por encima de mis posibilidades.  Por ejemplo, creo que a rasgos generales conozco bien la historia de los años treinta y la segunda guerra mundial, sin embargo no al nivel técnico de un historiador. Cosa lógica. Sin embargo, me ha apetecido sumergirme en esta obra, que han traducido al español como “1938, el año de las grandes decisiones”.

Me ha ayudado a decidirme que había leído el anterior del autor, Giles McDonough, que es un historiador inglés de ascendencia alemana y especializado en ese país. El libro trata el curso de un año capital en la historia de Alemania, en el que todo lo que sucedió fue muy importante para la llegada a la guerra mundial y el devenir futuro del mundo.

La estructura del libro son doce capítulos, uno por cada mes del año. Para aquellos a quienes les interese lo suficiente como para echar un vistazo pero no para leerlo completo, no hay mejor resumen que el prólogo del autor, que iba a traducir yo mismo, pero mejor lo leen aquí (págs 13-16).

¿Qué es lo que he aprendido en este libro? Creo que ahora tengo una visión mejor de la lucha de poder dentro del bloque del nazismo, que incluso siendo un movimiento totalitario enfrenta en su seno a numerosos individuos y organizaciones, cuyos intereses van en sentido opuesto. Por ejemplo la noche de los cristales rotos organizada por Goebbels el 11 de noviembre supuso un contratiempo para Göring y Ribbentrop, preocupados por la política exterior.

También me parece interesante la ruptura del nacionalismo alemán postimperial clásico y el nazismo que se produce en el mismo año, cuando la vieja guardia de generales prusianos puede ver con nitidez que los objetivos y la agenda de Hitler no son los suyos después de haberles sido útil durante años y sin embargo deciden no hacer nada. Quizá los escándalos de Blomberg y Fritsch supusieron un punto de inflexión.

Otro aspecto que está muy bien descrito es el proceso que conduce a la anexión de Austria y cómo se llega a ella y una vez que se produce cómo es la persecución de los judíos y el sistema Eichmann para forzarlos a emigrar. Hay que tener en cuenta que no se habían visto en las calles de Austria los hechos que se llevaban desarrollando en Alemania  desde 1933 (en aquel momento ya “el resto de Alemania”). El autor tiene un buen conocimiento de la historia de Viena y recuerdo haberme interesado mucho por la descripción que hace de la caída de la ciudad ante las tropas soviéticas en 1945 en After the Reich.

Cosas curiosas son que Chamberlain no queda tan mal como suele, ni tampoco el Papa Pío XI cuyo retrato resulta bastante amable en comparación con otros que he leído. Nunca he tenido muy buena opinión de Edvard Beneš y eso no cambia con lo leído en este libro. En cualquier caso, el análisis de estas tres figuras suele ser siempre retrospectivo con una visión post-1945 que hace difícil juzgar su actuación en 1938 como se haría sin conocer los acontecimientos posteriores.

¿Qué es lo que no me gusta del libro? Creo que la incorporación de los Sudetes no está tan bien explicada como el Anschluss. Además me parece que el libro está demasiado centrado en tres focos urbanos (Berlín, Múnich y Viena) y se ve relativamente poco de lo que ocurre en el resto del país. Hay algunos aspectos que ocupan demasiado espacio para su importancia cuantitativa (los bautizos de judios por la iglesia anglicana en Viena). Aunque puedo entender que un historiador alcance conocimiento exhaustivo de un episodio concreto y lo meta en el libro con afán ilustrativo, a mi modo de ver el salto de macro a micro desenfoca la perspectiva.

Una cosa que me sorprende mucho es que en todo el libro no aparezca la palabra España, cuando en 1938 en España se estaba disputando una guerra en la que Alemania y la Unión Soviética participaban directamente y el resto de potencias participaban en el circo del Comité de No Intervención. A mí, personalmente me parece una omisión bastante grave aunque el libro tenga poco más de 300 páginas.

 


En tiempos de Hitler

04/12/2011

Demolición del Deutschlandhalle

Un día mencioné de pasada, y si no lo hice lo hago ahora, que soy miembro de una asociación cultural cuya sede se encuentra en la planta baja de un edificio de viviendas y que en un momento dado, hará una veintena de años, se produjo un conflicto con los copropietarios del inmueble, que precisaban de un pequeño trozo de nuestra planta para acometer las obras de instalación de un ascensor. El edificio, de seis alturas, se construyó en 1958 sin este complemento hoy considerado esencial.

El caso es que en las discusiones para la cesión de esos pocos metros cuadrados un vecino dijo varias veces lo de “llevamos con esta situación desde el franquismo”. Bien. Con dos cojones. No le valía con decir más de treinta años o lo que fuera. Parecía que mentar al mal absoluto le cargaba de razón en algo en lo que realmente no la tenía, aunque finalmente se acabara saliendo con la suya. Probablemente hoy en día se le habría añadido algo de gender perspective al argumento emocional, ya que la ausencia de elevador afecta sobre todo al ama de casa que vuelve al hogar cargada con las bolsas de la compra.

Hoy me he encontrado con una pequeña nota en El País que trata de la demolición del Deutschlandhalle, un edificio polideportivo multiusos berlinés construido en la década de 1930. Yo lo digo así porque la razón del derribo es que el edificio es viejo y no está en condiciones. En cambio, el país prefiere “un edificio construido en tiempos de Hitler”. Bien otra vez. O sea, en algún momento entre 1933 y 1945  si tomamos en cuenta el tiempo en que Hitler estuvo en el poder. O quizá entre 1923 si tomamos como referencia el putsch de la cervecería, cuando su figura empieza a tomar relevancia o 1889 si preferimos pensar en su año de nacimiento. Probablemente lo primero de todo.

En los tiempos actuales, cuesta menos de diez segundos saber que el edificio se construyó en nueve meses y fue inaugurado por Hitler el 29 de noviembre de 1935. No creo que le debamos exigir a la prensa seria menos precisión que el año. Es que además el edificio lo tiran porque está viejo, y no porque tuviera nada que ver específicamente con el nazismo.

Cada vez que uno lee la palabra “franquismo” puede estar casi seguro de que se encuentra frente a una vaguedad moralizante y cada vez que uno lee el nombre “Hitler” lo más probable es que se encuentre con una comparación que no viene a cuento o una generalización de estas. Son dos términos que casi quitaría del libro de estilo.