El orgullo y el Orgullo

01/07/2017

Una pequeña nota para dejar constancia de mi percepción de que algunos debates un poco chorras que se dan en España respecto al Día del Orgullo Gay tienen como origen la circunstancia, mayormente inadvertida, de que hay una serie de casos en que orgullo/orgulloso en español y  pride/proud en inglés se usan de modo diferente.

Debería poner algunos ejemplos ya si eso cuando tenga tiempo.

Anuncios

“La piel”, de Curzio Malaparte

22/02/2016
La pelle

La pelle (1949)

Ha caído en mis manos una edición en español de esta novela. Me gustaría tener más tiempo y leer más y eso incluye leer más en español, cosa que considero una experiencia bastante diferente de la de leer en inglés, que es quizá el idioma en el que más leo o al menos en el que leo más libros. La diferencia es difícil de explicar pero fácil de intuir. En este caso, el original es en italiano, lengua de la que se suele traducir bastante bien. Creo que con la excepción de par de veces en las que pone “operario” donde debería ser “obrero” no me he encontrado nada raro. De hecho, lo que habría sido un pérdida sería haberla leído en inglés. En el original italiano se intercalan conversaciones o trozos de conversación en inglés con las tropas aliadas en la invasión de Italia y también partes en francés. El efecto se respeta si el castellano ocupa el lugar del italiano, pero mantener el efecto en lengua inglesa será más difícil. Por cierto, este multilingüismo debe de ser una característica importante del texto. Como excepto por unas pocas frases en ruso todo está en cosas que chapurreo me pasa bastante desapercibido.

Al parecer he fallado porque para leer esto hay que leer primero Kaputt. Lo haremos al contrario si se tercia. Malaparte hizo todo el recorrido político del espectro político totalitario (que no es tanta distancia si se piensa bien) y en 1943 tras haber caído en desgracia con el fascismo y ser liberado de prisión se encontraba como asistente del ejercito estadounidense que liberaba a Italia de la Alemania nazi y de sí misma. El relato comienza en Nápoles, que es una ciudad por la que nunca me he planteado pasar, a pesar de su interesante conexión con la Historia española. Hay algo en lo que he leído con anterioridad y en las cosas que me han contado que hace que le tenga reparo. En cambio me fascino cuando un compañero de trabajo napolitano encontró una baraja española en mi casa y estuvimos hablando de juegos de naipes que son los mismos: la brisca, las siete y media y la escoba. Luego, según las tropas van subiendo a Roma por la vía Apia ya me encuentro con escenarios que he pisado, como el mausoleo de Cecilia Metela, esposa de Mussolini en la versión gringa de la película. También Florencia.

Si no es por una bandera que me recuerda a las momias de turbera del Museo Nacional de Irlanda, la causa del título está al final del capítulo cuarto, a propósito de como unas madres prostituyen a sus chiquillos con las tropas:

— […] Deben haber ocurrido cosas terribles en Europa para que estén reducidos a eso.
—No ha ocurrido nada en Europa — dije yo.
—¿Nada? —preguntó el general Guillaume—. ¿Y el hambre, los bombardeos, los fusilamientos, las matanzas, la angustia, el terror, todo eso no es nada para usted?
— ¡Oh, eso no es nada! —dije—. Son cosas de risa; el hambre, los bombardeos, los fusilamientos, las matanzas, la angustia, el terror, los campos de concentración son cosa de risa, tonterías, viejas historias.
En Europa estas cosas ya hace siglos que las conocemos. Hoy ya estamos acostumbrados. No son estas cosas lo que no han reducido a esto.
—¿Qué es, pues, lo que les ha hecho así? — dijo el general Guillaume con la voz un poco ronca.
—La piel.
—¿La piel? ¿Qué piel? —dijo el general Guillaume.
—La piel — respondí en voz baja—, nuestra piel, esta maldita piel. No puede usted imaginarse siquiera de cuántas cosas es capaz un hombre, de qué heroísmos y de qué infamias, para salvar la piel. Esta, esta asquerosa piel, ¿la ve usted? (Y al decir esto agarraba con dos dedos la piel del dorso de la mano y tiraba de ella.) Un día se sufría hambre, tortura, sufrimientos, los dolores más terribles, se mataba y se moría, se sufría y se hacía sufrir, para salvar el alma, para salvar el alma propia y la de los demás. Para salvar el alma se era capaz de todas las grandezas y de todas las infamias. No solamente la propia, sino las de los demás. Hoy se sufre y se hace sufrir, se mata y se muere, se realizan cosas maravillosas y horrendas, no ya para salvar la propia alma, sino para la propia piel. Se cree luchar y sufrir por la propia alma, pero, en realidad, se lucha y se sufre por la piel, por la propia piel tan sólo. Todo lo demás no cuenta. Hoy se es héroe por una cosa bien pequeña. Por una cosa asquerosa. La piel humana es una cosa asquerosa. ¡Fíjese! Es una cosa repulsiva. ¡Y pensar que el mundo está lleno de héroes dispuestos a sacrificar la propia vida por una cosa semejante!

No es que me haya parecido una gran obra, también es cierto que la he leído deprisa, buscando trocitos de sabiduría o viñetas que me llamaran la atención. Sin mucho que comentar aquí dejo unos que me gustaron.

Este fragmento sobre el cambio de bando de Italia durante la guerra que resulta más esclarecedor al lector que a sus protagonistas:

— ¡Compañía, descanso! —gritó el sargento.
Los soldados se apoyaron sobre el pie izquierdo en una actitud de abandono y desmadejamiento y me miraron ahora fijamente con una mirada más dulce y humana.
—Y ahora —dijo el coronel Palese— vuestro nuevo capitán os hablará brevemente.
Yo abrí la boca y de mis labios salieron unos sonidos horrendos; eran palabras sordas, hinchadas y flojas.
Dije:
—Somos los voluntarios de la Libertad, los soldados de la nueva Italia. Debemos luchar contra los alemanes, echarlos de nuestra casa, rechazarlos más allá de nuestras fronteras. Los ojos de todos los italianos están fijos sobre nosotros; debemos levantar de nuevo la bandera caída en el fango; ser el ejemplo de todos en medio de tanta vergüenza, mostrarnos dignos de la hora que ha sonado, de la tarea que la Patria nos confía.
Cuando hube terminado de hablar, el coronel dijo a los soldados:
—Ahora uno de vosotros repetirá lo que ha dicho el capitán. Quiero estar seguro de que habéis comprendido. Tú —dijo indicando un soldado—, repite lo que ha dicho vuestro capitán.
El soldado me miró; tenía los labios delgados y sin vida de los muertos. Con un horrendo tono de voz,
dijo:
—Debemos mostrarnos dignos de la vergüenza de Italia.
El coronel Palese se acercó a mí y me dijo en voz baja:
—Han comprendido.

El carácter nacional y sexual de Italia:

La primera vez que tuve miedo de haberme contagiado, de haber sido también yo atacado de la peste, fue cuando fui con Jimmy a casa del vendedor de «pelucas». Me sentí humillado del repugnante morbo precisamente en el punto en que un italiano es más sensible, en el sexo. Los órganos genitales han tenido siempre una gran importancia en la vida de los pueblos latinos, y especialmente en la vida del pueblo italiano, en la vida de Italia. La verdadera bandera italiana no es la tricolor, sino el sexo masculino. El patriotismo del pueblo italiano está todo allí, en el pubis. El honor, la moral, la religión católica, el culto de la familia, está todo allí, entre las piernas, allí, en el sexo; que en Italia es bellísimo, digno de nuestras antiguas y gloriosas tradiciones de civismo. Apenas franqueé el umbral del almacén de «peluquería» sentí que la peste me humillaba en lo que, para todo italiano, es la sola, la verdadera Italia.

Las resonancias del mundo clásico son un tema italiano clásico:

Hacía un esfuerzo por pensar en Roma, no como una inmensa fosa común en la que los huesos de los hombres y de los dioses yacen entremezclados entre las ruinas de los templos y de los foros, sino como una villa humana, una villa de hombres simples y mortales donde todo es humano, donde la miseria y ía humillación de los dioses no envilecen la grandeza de los hombres, no dan a la libertad humana el valor de una herencia traicionada, de una gloria usurpada y corrompida.

Cosas que pasan en las guerras, sección homosexualidad:

A la primera noticia de la liberación de Nápoles, como llamados por una voz misteriosa, como guiados por aquel dulce olor de cuero nuevo y tabaco de Virginia, aquel olor de mujer rubia que es el olor del ejército americano, los lánguidos escuadrones de los homosexuales, no de Roma ni de Italia solamente, sino de toda Europa, habían franqueado a pie las líneas alemanas sobre las nevadas montañas de los Abruzzos, atravesando los campos de minas, desafiando los fusilamientos de las patrullas de Fallschirmjager, y habían acudido rápidamente a Nápoles al encuentro de los ejércitos liberadores.

Si leo Kaputt lo suficientemente pronto lo poco que se me quede en la memoria estará indisolublemente mezclado y más o menos se habrá enmendado mi error.


Carteles del referéndum

23/05/2015

Ayer se celebraron en Irlanda sendos referendos cuyo resultado aún se desconoce mientras escribo. Apenas nadie ha hablado del que se ha hecho para rebajar de 35 a 21 años la edad legal para ser presidente de la república. No he visto ni un cartel al respecto. El otro, sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, ha tenido más miga.

En Irlanda se vota hasta las diez de la noche y el cómputo de votos se deja para el día siguiente, costumbre ésta que no tendría demasiado éxito en un país de desconfiados como España. Tampoco hay jornada de reflexión y se hace campaña incluso en el día de la votación. Ayer por la tarde todavía me ofrecían pegatinas y folletos por la calle. Esto último me parece bastante más normal que lo que se viene haciendo por allí abajo.

En algún momento del día de hoy sábado saldrán los resultados. Entiendo que pronto. Cuando hay elecciones legislativas a veces se tarda más de un día y en contar y recontar los votos, debido al sistema de voto transferible. Entre esto, Eurovisión y las elecciones de mañana en trece regiones y más de ocho mil municipios españoles el fin de semana puede estar bastante entretenido.

En general el matrimonio llamado igualitario me importa bastante poco. Entre los activistas me parecía más simpática la tribu del sí, que en Dublín al menos parecía bastante mayoritaria. He visto a muchos con pegatinas del sí, y a nadie con pegatina del no, pero habrá que ver los resultados en el retropaís culturalmente dominado por la iglesia romana.

Como a rasgos generales se puede decir que de lo que estoy en contra es del matrimonio como institución tengo dudas de si extenderlo contribuye a su consolidación o a su disolución.

Aquí dejo unas fotos con carteles del sí y del no que saqué por la zona de Westland Row y Merrion square.


Los chicos están bien

25/08/2014
Poster

Poster

Hacía mucho tiempo que no veíamos una peli en casa y nos hemos puesto con ésta The Kids Are All Right, de 2010, que va de una pareja de lesbianas que se han inseminado por un mismo donante tiempo atrás y empieza en el momento en el que los muchachos, moza y mozo, tienen 18 y 15 años respectivamente y quieren contactar con su padre biológico. No estoy muy avezado en bioética y me pregunto cómo de posible será en el mundo real ir a buscar esperma de la misma botella tres años después, cosa que me parece complicada de averiguar porque las leyes y los principios morales van por países, regiones y barrios.

Que yo recuerde nunca he visto un filme en el que el lesbianismo sea un aspecto central y ahora puedo meter aquí un oh wait de esos como irónicos. La película contribuye a normalizar situaciones que sin duda se producen y con las que algunos no tenemos ningún contacto real. Entiendo también que la homosexualidad sea un fenómeno de diferentes implicaciones sociales en California  y en mi pueblo, donde adolecía de una estética especialmente difícil de presentar al gran público. Por otra parte, ni siquiera la proximidad altera prejuicios arraigados y menos aún opiniones políticas.

Al final es una película que se salva por el lesbianismo. Tiene un la sensación de haberla visto mil veces. La misma historia con un matrimonio adoptante es un bodrio ya visto mil veces. Muchas veces se queda uno con la sensación de que en Hollywood hacen las pelis con plantilla y con tópicos previsibles. Aquí lo primero se nota mucho lo primero en cómo el resto de protagonistas rota para maravillarse con el donante y lo segundo en cómo las sáficas están bien predispuestas a aceptar la homosexualidad del hijo y no tanto su búsqueda de las raíces.  Con todo, me parece que se deja ver más que la media. 6.5/10.


¿Hará algo el PP con el “matrimonio gay”?

10/12/2011

En el libro The Evolution of Human Sexuality (1979) de D. Simmons que yo leí hacia 2003-04, hubo un párrafo sobre la sexualidad masculina que me llamó la atención.

“Although homosexual men, like most people, usually want to have intimate relationships, such relationships are very difficult to maintain, largely owing to the male desire for sexual variety; the unprecedented opportunity to satisfy this desire in a world of men; and the male tendency towards sexual jealousy… I am suggesting that heterosexual men would be as likely as homosexual men to have sex most often with strangers, to participate in anonymous orgies in public baths, and to stop off in public restrooms for five minutes of fellatio on the way home from work if women were interested in these activities.”

Que viene a decir que los varones en lo del frotarse vienen a ser todos lo mismo, tanto los que se procuran macho como los que buscan hembra; pero que de la interacción con el objetivo de su afán resultan pautas de conducta distintas aunque la intención original fuera la misma o muy parecida. Al final, los varones inclinados a las relaciones heterosexuales suelen acabar en relaciones estadísticamente más estables mientras que los varones encaminados a la homosexualidad experimentan vidas sexuales considerablemente más promiscuas.

Mi idea del matrimonio es que ha sido una institución con orígenes muy vinculados a lo religioso pero cuya función en las sociedades ha estado destinada a salvaguardar la paz social mediante la consolidación de una monogamia estable de carácter indudablemente heterosexual. Quizá la función principal sea un racionamiento del hembraje, entendido como recurso que maximiza las posibilidades de reproducirse de muchos. Los aspectos relativos a la minoría homosexual son hasta cierto punto secundarios y probablemente las normas sociales que los han regido se puedan explicar como un efecto secundario de las que regulan la heterosexualidad. ¿por qué el tabú, el odio y la violencia? ¿por qué la tolerancia muchas veces? Es todo complejo, pero lo que es seguro es que hasta muy recientemente apenas unos pocos han considerado ambos modos de sexualidad como una misma cosa, ni digna de ser regulada por las mismas instituciones. Lo de defender la cohesión social mediante la monogamia estable ha perdido gran parte de su sentido en las sociedades abiertas sin que, en mi opinión, extender el modelo caduco a otras situaciones haya ganado ninguno.

Ya he anotado con anterioridad que nunca fui un partidario acérrimo del mal llamado matrimonio homosexual, debido no a mi conservadurismo sino precisamente a todo lo contrario. Mis ideas liberales van más bien en la línea de la abolición del matrimonio y la búsqueda de un mundo en el que se considere a los seres humanos como individuos únicos e irrepetibles y no en función de sus relaciones con grupos étnicos, territoriales, genéticos, lingüísticos o familiares, y creo que el estado no tiene por qué regular relaciones que están en la esfera privada de los individuos aunque, desde luego, es fácil apreciar algunas ventajas de que se siga haciendo. La realidad siempre es deficitaria con respecto a cualquier ideal.

Pero esos son mis valores, aunque defenderlos no anule la realidad, ni pretenda forzarla más allá de los valores de otros. Creo que las cosas en las que yo creo son opiniones relativamente minoritarias en las sociedades entre las que me muevo. Al final uno tiene que gestionar el desajuste y ciertamente uno tiene curiosidad por saber qué hará el Partido Popular con la ya histórica (seis añitos) institución del (siempre mal llamado) matrimonio homosexual español. Yo si fuera ellos lo dejaría como está y no haría nada. Pero eso es de listos.

Alguna vez se ha sugerido un cambio de nombre que no afectara a los derechos adquiridos. Que tomara la denominaión que tiene en otros países (el pacto civil de solidaridad, creo que le dicen en Francia). A mí, que como no vivo en España matrimonio homosexual me sigue resultando un oxímoron en mayor medida que a mis compatriotas, y esa solución no me parecería mal del todo. Y no por joder, sino que porque aunque al igual que muchos creo que las etiquetas “heterosexual” y “homosexual” no recogen la amplia gama de variación de la sexualidad humana, si de verdad se utilizan esos dos bloques, creo como Simmons que no son de la misma naturaleza ni simétricos, y trasladando el mundo real al político, no creo que  tengan por qué merecer el mismo reconocimiento ni protección. Aunque si yo fuera político y la decisión dependiera de mí, lo dejaría estar.

También me llama la atención que se sigan manteniendo tabúes, como que en el matrimonio entre personas del mismo sexo, lo mismo que en el otro, no puedan participar parientes de primer y segundo grado. ¿Eso no es discriminación? Andar ahora con esas cosas. Con lo bien que convendría en algunos linajes para asegurar el patrimonio.

Habrá quien intente explicar que la repugnancia por el incesto es de una naturaleza totalmente diferente a la que otros sienten por la homosexualidad, como si eso fuera un argumento moral. Además, del mismo modo que se puede entender que el matrimonio no tiene por qué ser entre un hombre y una mujer, ni estar destinado a la procreación, también se puede entender que no sea algo destinado a la práctica del sexo, sino simplemente un contrato con ventajas fiscales y de protección social que por qué razón no iba a querer uno compartir con sus padres, hijos o hermanos.

En mi opinión la mejor forma de no discriminación es la desaparición paulatina del matrimonio. Pero el matrimonio es lo que es aunque se pueda cambiar todo lo que se quiera cambiar.

Ahora bien, al igual que cuando comentamos lo de la no discriminación por razón de sexo en las dinastías monárquicas, hay cambios que para mí no tienen ningún sentido. Uno acepta la tradición o la destruye. ¿De qué sirve asimilarse a un mundo tan injusto?. O se es o no se es.


Matrimonio homosexual (una idea interesante)

07/01/2010

Beyond Red and Blue by Peter S Wenz

Tomo la idea de una nota del libro de Peter S Wenz que ya comenté (Beyond Red and Blue: How Twelve Political Philosophies Shape American Debates). Por lo que he podido averiguar, el libro de Bennett (The Broken Hearth: Reversing the Moral Collapse of the American Family) no ha sido publicado aún en España. Las líneas que cito a continuación suponen una crítica al concepto de “matrimonio homosexual”, desde el punto de vista ideológico del conservadurismo, en dos párrafos:

Los partidarios del matrimonio homosexual no tienen ninguna base en el terreno de los principios para oponerse al matrimonio por consentimiento entre dos hermanos.
Tampoco pueden explicar de modo convincente por qué hay que denegar el libro de familia a tres hombres que se quieran casar ni a un hombre que busca un arreglo polígamo consensuado.
Cualquiera de estas personas puede tener la voluntad de entrar en una vida de compromiso amoroso y fiel; pueden creer que sin el matrimonio su capacidad de amar y ser amados es incompleta, que la sociedad no les permite alcanzar la felicidad y que merecen ser tratados con equidad por los poderes públicos.

Después de reescribir la regla central del vínculo matrimonial, los partidarios del matrimonio homosexual no están capacitados para dictar a otros lo que constituye su significado central ni por qué debe ser compartido sólo por dos seres humanos y no por más de dos. ¿Qué argumentos invocarán? ¿La tradición? ¿La religión? ¿La definición de familia sancionada por el tiempo? Esos son los mismos pilares que ellos acaban de destruir. No, una vez que el matrimonio se ha desvinculado de la teleología natural y complementaria de los sexos, se convierte en nada más que lo que cada uno de nosotros quiera hacer de ello. A esto sigue el caos: no sólo caos intelectual y moral, sino caos social.

William J. Bennett, The Broken Hearth: Reversing the Moral Collapse of the American Family (New York: Doubleday, 2001), pp. 119– 120.

Digamos que yo estoy de acuerdo con lo que dice el primer párrafo. Es cierto que las sociedades occidentales están superando el tabú contra la homosexualidad. También lo es que hay otros colectivos que la sociedad no está acomodando y que se pueden sentir víctimas de un prejuicio similar (los que quieren vivir en comuna, los polígamos, los incestuososos o los pederastas). Entre aquellos a los que la sociedad rechaza, yo haría una distinción importante entre aquellos cuyo comportamiento es ético en el sentido de que no daña a otras personas y aquellos cuyo comportamiento es dañino para otros (ej: los pederastas). Creo que una razón por la que las sociedades occidentales no aceptan las demandas de, por ejemplo, los polígamos es, además del prejuicio en sí, la ausencia de una masa crítica que suponga una cantidad significativa probablemente de votantes. En general, estas personas que se plantean un proyecto de vida que es poco habitual tienen el mismo problema que quienes padecen enfermedades raras. A la sociedad les cuesta darse cuenta de que están ahí. Haría falta una masa crítica y probablemente una mása crítica de votantes para que sus demandas fueran atendidas. Si la población homosexual es el 10% del total y su lucha es larga y ardua, puede uno imaginarse lo complicado que puede resultar obtener reconocimiento al 0.1% (?) de la población que podrían ser los polígamos.

En lo que disiento es en el segundo párrafo. Al matrimonio homosexual no le sigue ni el caos intelectual, ni el moral ni el social. Le sigue la aceptación, el desinterés, la asimilación, la normalidad y la nada. Los neocons son como sus primos españoles, pero en lugar de la cantinela del “España se rompe” tienen la de la moral, el fin de la familia, de la comunidad y otra serie de iconos.

Hay algo de falaz en el argumento. Por un lado es cierto que el matrimonio es una construcción social, y en tanto que tal es arbitraria. Las convenciones arbitrarias se modifican y evolucionan a lo largo del tiempo atendiendo a cambios tecnológicos, necesidades económicas o demandas sociales. Es cierto también que podrían evolucionar de modos en los que no lo hacen. Pero de ahí a inferir que de un cambio leve, de una pequeña ampliación en el número o condiciones en que los individuos pueden adherirse a este contrato, se vaya a derivar la destrucción del orden social… eso sería más bien exagerado.