Macarroni

24/08/2017

La berlina de Prim

Gibson pone en boca del cochero aquel de La Línea (el que trabajaba en Gibraltar y sabía tanto de geología) una palabra que me parece interesante: Macarroni.

¿Y el general Prim? —le interrumpí—. ¿Qué dicen en La Línea del general Prim?
—Dicen que fue de lo más grande. Un caballero y un valiente. El único capaz de poner orden. Y que por ello lo mataron. Por envidia vil y por odio.
—Pero ¿quiénes?
—Esto yo no lo sé. Alguien lo sabrá, digo yo. Y tanto. Él fue quien trajo al Macarroni, y no se lo perdonaron.
No pude contener la risa.
—¿A Amadeo, dice?
—Sí, al rey italiano, al Macarroni ese, que luego estuvo dos años. Dicen que mataron al general pá que no viniera desde Roma. Pero era demasiado tarde, claro, estaba ya embarcao y venía hacia acá, hacia Cartagena.

No sé cómo de popular sería el palabro en el Gibraltar decimonónico (y menos aún para uno de la Línea) ya que creo que es un término más bien dieciochesco, pero dejémoslo ahí. El año pasado estuve en una exposición sobre caricaturas políticas británicas de entre 1770 y 1780 y uno de los paneles tocaba el estereotipo del macaroni (tal se escribe en esta lengua insular que no distingue ere de erre – también maccaroni).

Macarroni

El término macaroni, derivado de la pasta italiana, se popularizó en las décadas de 1760 y 1770 para describir a los jóvenes modernos que regresaban a las islas británicas tras completar el Grand Tour trayendo una versión exagerada de los gustos y modas continentales. Palabra sinónima de dandy y fop, fue utilizada tanto por quienes adoptaban el estilo como por aquellos a los que les parecía vergonzoso.

Palabra que fue traducida en su día al español como petimetre o pisaverde. Podría tener alguna conexión incluso con macarra (aunque las fuentes indican que esta proviene de una palabra francesa que significa caballa y chulo de putas) y más probablemente con macarrónico, que no es que sea el modo de hablar de los macarronis sino una pasta que se forma al mezclar lenguas.

En la Wikipedia hay un artículo sobre el particular que está medio bien. Hace muchos años oí a la rana Gustavo de Barrio Sésamo cantar en español la canción de Yankee Doodle y no entendí por qué a una pluma se lo podía poner por nombre macarroni.

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La berlina de Prim

03/08/2017

La berlina de Prim

Cuando era joven no habría podido imaginar que acabaría opinando que el siglo XIX español es mucho más interesate que el XX. Este fin de semana lluvioso nos hemos entretenido con La berlina de Prim, de Ian Gibson (2012).

Ian Gibson es quizás el irlandés más famoso de los que residen en España. En Irlanda en cambio nadie lo conoce. Pasa un poco como con Torrebruno. A cambio voy a decir que no hay ningún español residente en Irlanda que sea conocido por el público irlandés. Aunque se pueda apreciar que Gibson no es novelista es muy pero que muy meritorio escribir una novela en un idioma distinto del propio.

La lectura de la novela invita a investigar dos aspectos históricos, por un lado la expedición de Torrijos y por otro la biografía de Prim. En cuanto a esto último el general Prim tiene una biografía total que enlaza con casi todo lo que ocurre en España en el siglo. Su magnicidio inaugura la línea Prim-Cánovas-Canalejas-Dato-Carrero, pero analizada en todo su contexto: guerras carlitas, maniobras políticas, Marruecos, Cuba y Puerto Rico, el siglo XIX entero está ahí.

El protagonista de la novela es un hijo ficticio de Robert Boyd, el británico fusilado con todos los de Torrijos en Málaga en 1831. Boyd era súbdito británico originario de Londonderry en lo que entonces era el norte de Irlanda y hoy Irlanda del Norte. En la República de Irlanda la ciudad y el condado homónimo se suelen llamar Derry, en una de esas disputas político-toponímicas. Que se sepa Robert Boyd era protestante y su tumba fue la primera del cementerio inglés de Málaga. Hasta donde he visto, en ningún lado se muestra partidario de la autonomía ni de la independencia irlandesa, lo cual se corresponde con las décadas en que le toca vivir y morir. Patrick, el hijo que Gibson le inventa sí que parece tener veleidades fenianas, aunque esto plantea un problema de credibilidad dado que la acción acontece en 1873 poco antes de que la dinámica centrífuga de la política irlandesa empezara a acelerarse., pero en fin, más raro es que un cochero de La Línea trabajando en Gibraltar supiera de la inundación zancliense. El episodio de 1831 dejó al menos un cuadro y un soneto más que memorables.

Prim tiene calle en San Sebastián, y aprovecho para meter la anécdota que contaba el primer profesor de Derecho Político que tuve en la Facultad. Cuando en el año 77 comenzaron las gestoras de los partidos que prepararon el terreno para las primera elecciones municipales comenzó el juego de cambio de nombres de calles que aún sigue (aunque con mucho más sentido en aquel momento histórico) y muchas calles con nombres de militares perdieron su nombre y recuperaron uno cuatro décadas anterior o ganaron uno nuevo. Pues bien, según parece al general Prim le tocó perder su calle provisionalmente hasta que alguien con mejor criterio explicó algo de la historia de España a los proponentes. Algún día miraré a ver si esto ha quedado escrito en alguna parte, ya que yo lo pongo como anécdota contada en clase dieciséis años después.

No debo contar mucho sobre el libro en sí, ya que al final es una especie de investigación policiaca para averiguar quién mató a Prim. Más o menos Gibson culpa al sospechoso oficial. El contexto histórico -la llegada a España de Amadeo de Saboya- ofrece uno de mis datos poco conocidos favoritos de la historia de España.

La posibilidad de que subiera al trono de España un candidato alemán, Leopoldo de Hohenzollern —luego desechada—, sería uno de los factores que precipitaría, cuatro meses después, la guerra franco-prusiana.

Me interesa mucho el léxico histórico. No sé qué segmentos sociales podrían haber utilizado estos palabros ingleses en el Madrid de 1873, mis iletrados ancestros  de la Meseta digo desde ya que no:

Ya estoy en el Hotel de las Cuatro Naciones, que se acaba de mudar a un espléndido edificio nuevo al final de la céntrica calle del Arenal. Cuando vine en 1870 era una fonda, ahora es un hotel muy fashionable. Ambas palabras están de moda en Madrid, así como el término comfort.

A veces voy al Museo Nacional aquí en Dublín, donde sigue habiendo una interesante exposición sobre soldados irlandeses al servicio de otras potencias (Wild Geese). Veo que Gibson traduce esta expresion como ánsares silvestres y me lo voy a copiar, ya que en su momento ni me atreví a traducir.

Cameos de Hartzenbusch y el abuelo ornitólogo de Antonio Machado del que desconocía todo (hasta el padre folclorista sí que había llegado).

Si tengo algo de tiempo echaré un vistazo a Castilian Days, de John Hay y la guía de viaje de Richard Ford que es el tipo de lecturas que hacían los guiris del XIX antes de bajar a la Península.

Mi veredicto es que es una lectura mucho más adecuada para alguien como yo, a quien le interesa el periodo histórico, que para alguien a quien le interesen las novelas detectivescas de época.