Episodios Nacionales: Bailén

03/06/2017

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Mientras leía el siguiente episodio nacional, Bailén, he recordado al profesor de Historia que tuve en el tercero de bachillerato, que dictaba las clases y hablando de la famosa batalla dijo algo así como que para la historiografía española era la primera derrota de Napoleón en campo de batalla mientras que para la inglesa era una mera emboscada en condiciones muy desfavorables de calor y terreno para el ejército francés. La lógica subyacente era que así los ingleses podían reclamar el honor de haber sido los primeros en derrotar a la Francia imperial. Eso me pareció lógico. Creo que era la primera vez que oía la palabra “historiografía” y de lo que no de di cuenta entonces es de que la auténtica derrota sea seguramente que en España la historiografía británica lo valga todo.

A lo mejor el primer sitio en el que había visto el nombre de Bailén había sido en el juego del Palé. Esa sería la de Madrid, creo que hay en varias decenas o cientos de poblaciones. Después Miguel Hernández :”Andaluzas generosas, nietas de las de Bailén”. Por la batalla en sí nunca me había interesado. Tampoco esta vez. De hecho el fragmento que me ha parecido más digno de ser destacado ocupa los dos párrafos finales del capítulo quinto y trata de la relación entre Don Quijote y el feo paisaje manchego.

Así atravesamos la Mancha, triste y solitario país donde el sol está en su reino, y el hombre parece obra exclusiva del sol y del polvo; país entre todos famoso desde que el mundo entero se ha acostumbrado a suponer la inmensidad de sus llanuras recorrida por el caballo de D. Quijote. Es opinión general que la Mancha es la más fea y la menos pintoresca de todas las tierras conocidas, y el viajero que viene hoy de la costa de Levante o de Andalucía, se aburre junto al ventanillo del wagon, anhelando que se acabe pronto aquella desnuda estepa, que como inmóvil y estancado mar de tierra, no ofrece a sus ojos accidente, ni sorpresa, ni variedad, ni recreo alguno. Esto es lo cierto: la Mancha, si alguna belleza tiene, es la belleza de su conjunto, es su propia desnudez y monotonía, que si no distraen ni suspenden la imaginación, la dejan libre, dándole espacio y luz donde se precipite sin tropiezo alguno. La grandeza del pensamiento de don Quijote, no se comprende sino en la grandeza de la Mancha. En un país montuoso, fresco, verde, poblado de agradables sombras, con lindas casas, huertos floridos, luz templada y ambiente espeso, D. Quijote no hubiera podido existir, y habría muerto en flor, tras la primera salida, sin asombrar al mundo con las grandes hazañas de la segunda.

D. Quijote necesitaba aquel horizonte, aquel suelo sin caminos, y que, sin embargo, todo él es camino; aquella tierra sin direcciones, pues por ella se va a todas partes, sin ir determinadamente a ninguna; tierra surcada por las veredas del acaso, de la aventura, y donde todo cuanto pase ha de parecer obra de la casualidad o de los genios de la fábula; necesitaba de aquel sol que derrite los sesos y hace locos a los cuerdos, aquel campo sin fin, donde se levanta el polvo de imaginarias batallas, produciendo al transparentarde la luz, visiones de ejércitos de gigantes, de torres, de castillos; necesitaba aquella escasez de ciudades, que hace más rara y extraordinaria la presencia de un hombre, o de un animal; necesitaba aquel silencio cuando hay calma, y aquel desaforado rugir de los vientos cuando hay tempestad; calma y ruido que son igualmente tristes y extienden su tristeza a todo lo que pasa, de modo que si se encuentra un ser humano en aquellas soledades, al punto se le tiene por un desgraciado, un afligido, un menesteroso, un agraviado que anda buscando quien lo ampare contra los opresores y tiranos; necesitaba, repito, aquella total ausencia de obras humanas que representen el positivismo, el sentido práctico, cortapisas de la imaginación, que la detendrían en su insensato vuelo; necesitaba, en fin, que el hombre no pusiera en aquellos campos más muestras de su industria y de su ciencia que los patriarcales molinos de viento, los cuales no necesitaban sino hablar, para asemejarse a colosos inquietos y furibundos, que desde lejos llaman y espantan al viajero con sus gestos amenazadores.

Entre el final del capítulo XVII y el inicio del XVIII hay una elegante explicación del concepto de soberanía popular que también me ha gustado bastante.

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Trafalgar y la patria

27/05/2017

De jóvenes admirábamos cotidianamente a don Benito Pérez Galdós

Hará más de diez años que leí el Cabo Trafalgar de Pérez-Reverte (no me convenció) y esta mañana se me ha ocurrido ponerme con el Trafalgar de Pérez Galdós, el primero de los Episodios Nacionales. Éste me ha gustado más y puede que la comparación no sea justa aunque sólo sea porque uno no es el mismo de hace una década. Dos veces estuve en Trafalgar square de Londres y una en Nelson de Nueva Zelanda sin que estos antiguos acontecimientos bélicos resonaran lo más mínimo en mi consciencia.

Hay coloquialismos en Galdós que yo creía posteriores (Por ejemplo, la expresión “De Guatemala a Guatepeor”, que yo no habría imaginado que se usaba ya en el siglo XIX). Trafalgar fue publicada en el año convulso de 1873 (el de la Primera República Española) y en un fragmento que es el alegato de Gabriel Araceli antes de que comience la batalla el narrador se explaya sobre la idea de patria y en su alegato me parece ver algo de aquello por lo que Renan habría de llamar a la nación  “plebiscito cotidiano” en su famosa conferencia de 1882.

Por primera vez entonces percibí con completa claridad la idea de la patria, y mi corazón respondió a ella con espontáneos sentimientos, nuevos hasta aquel momento en mi alma. Hasta entonces la patria se me representaba en las personas que gobernaban la nación, tales como el rey y su célebre ministro, a quienes no consideraba con igual respeto. Como yo no sabía más historia que la que aprendí en la Caleta, para mí era de ley que debía uno entusiasmarse al oír que los españoles habían matado muchos moros primero, y gran pacotilla de ingleses y franceses después. Me representaba, pues, a mi país como muy valiente; pero el valor que yo concebía era tan parecido a la barbarie como un huevo a otro huevo. Con tales pensamientos, el patriotismo no era para mí más que el orgullo de pertenecer a aquella casta de matadores de moros.
Pero en el momento que precedió al combate, comprendí todo lo que aquella divina palabra significaba, y la idea de nacionalidad se abrió paso en mi espíritu, iluminándole, y descubriendo infinitas maravillas, como el sol que disipa la noche, y saca de la oscuridad un hermoso paisaje. Me representé a mi país como una inmensa tierra poblada de gentes, todos fraternalmente unidos; me representé la sociedad dividida en familias, en las cuales había esposas que mantener, hijos que educar, hacienda que conservar, honra que defender; me hice cargo de un pacto establecido entre tantos seres para ayudarse y sostenerse contra un ataque de fuera, y comprendí que por todos habían sido hechos aquellos barcos para defender la patria, es decir, el terreno en que ponían sus plantas, el surco regado con su sudor, la casa donde vivían sus ancianos padres, el huerto donde jugaban sus hijos, la colonia descubierta y conquistada por sus ascendientes, el puerto donde amarraban su embarcación fatigada del largo viaje, el almacén donde depositaban sus riquezas; la iglesia, sarcófago de sus mayores, habitáculo de sus santos y arca de sus creencias; la plaza, recinto de sus alegres pasatiempos; el hogar doméstico, cuyos antiguos muebles, transmitidos de generación en generación, parecen el símbolo de la perpetuidad de las naciones; la cocina, en cuyas paredes ahumadas parece que no se extingue nunca el eco de los cuentos con que las abuelas amansan la travesura e inquietud de los nietos; la calle, donde se ven desfilar caras amigas; el campo, el mar, el cielo; todo cuanto desde el nacer se asocia a nuestra existencia, desde el pesebre de un animal querido hasta el trono de reyes patriarcales; todos los objetos en que vive prolongándose nuestra alma, como si el propio cuerpo no le bastara.
Yo creía también que las cuestiones que España tenía con Francia o con Inglaterra eran siempre porque alguna de estas naciones quería quitarnos algo, en lo cual no iba del todo descaminado. Parecíame, por tanto, tan legítima la defensa como brutal la agresión; y, como había oído decir que la justicia triunfaba siempre,no dudaba de la victoria. Mirando nuestras banderas rojas y amarillas, los colores combinados que mejor representan al fuego, sentí que mi pecho se ensanchaba; no pude contener algunas lágrimas de entusiasmo; me acordé de Cádiz, de Vejer; me acordé de todos los españoles, a quienes consideraba asomados a una gran azotea, contemplándonos con ansiedad; y todas estas ideas y sensaciones llevaron finalmente mi espíritu hasta Dios, a quien dirigí una oración que no era padrenuestro ni avemaria, sino algo nuevo que a mí se me ocurrió entonces. Un repentino estruendo me sacó de mi arrobamiento, haciéndome estremecer con violentísima sacudida. Había sonado el primer cañonazo.

No sé si se puede decir que Pérez Galdós se adelantó a Renan. Es lógico pensar que esta idea será incluso anterior. Tras la derrota y cuando los ingleses están tomando el Santísima Trinidad, Gabriel Araceli del que casi se podía decir que había despertado de su preconcepción de la idea de patria a cañonazos se la vuelve a plantear junto con el el tema del Otro:

Siempre se me habían representado los ingleses como verdaderos piratas o salteadores de los mares, gentezuela aventurera que no constituía nación y que vivía del merodeo. Cuando vi el orgullo con que enarbolaron su pabellón, saludándole con vivas aclamaciones, cuando advertí el gozo y la satisfacción que les causaba haber apresado el más grande y glorioso barco que hasta entonces surcó los mares, pensé que también ellos tendrían su patria querida, que ésta les habría confiado la defensa de su honor; me pareció que en aquella tierra, para mí misteriosa, que se llamaba Inglaterra, habían de existir, como en España, muchas gentes honradas, un rey paternal, y las madres, las hijas, las esposas, las hermanas de tan valientes marinos, los cuales, esperando con ansiedad su vuelta, rogarían a Dios que les concediera la victoria.

Puede decirse que las cuestiones del patriotismo y del patrioterismo y la otredad siguen plenamente vigentes en nuestro tiempo y también puede decirse que  todo está ya en los clásicos.


La cultura de las islas Británicas, sección rezos parlamentarios

05/05/2017

La democracia irlandesa

Voy a poner en conexión un fragmento del penúltimo libro que hemos leído con una noticia de hoy. Una de las teorías que explican por qué Irlanda ha sido una democracia desde la independencia en los años veinte hasta hoy se llama “teoría tutelar británica“. Es de tipo tradicionalista-institucionalista y destaca la imporancia del legado británico:

El sistema político mayoritario del Estado Libre Irlandés tenía sus orígenes en el common law inglés. Según los términos del Tratado angloirlandés de 1921 todas las decisiones jurídicas existentes con anterioridad seguían siendo válidas. El grueso de los funcionarios formaba parte de la administración desde antes de la independencia y estableció las normas y procedimientos de Whitehall. Después de 1922 la naturaleza británica de las prácticas políticas irlandesas en lo relativo a convenciones constitucionales, toma de decisiones y competición entre los partidos se hizo aún más pronunciada. En Westminster había habido diputados irlandeses desde 1801 y las elecciones habían sido acontecimientos populares de la vida irlandesa desde 1820. La democratización fue gradual y como coincidió con la sustitución del irlandés por el inglés como lengua de masas, el sistema británico se “internalizó”.

Bill Kissane, Explaining Irish Democracy, UCD Press 2002; trad. alfanje

El propio libro cita un fragmento de otro anterior que ofrece la misma idea:

Como en el caso de las comunidades blancas de la Mancomunidad Británica de Naciones, muchas de las tradiciones y valores políticos que se conservan en la actualidad se inculcaron y absorbieron en un periodo formativo crítico: el del advenimiento de la democracia de masas… A la extensión del derecho de sufragio en Inglaterra le siguió su extensión con modificaciones en Irlanda: los irlandeses adquirieron hábitos y valores democráticos. Las ideas políticas se expresaron casi en su totalidad mediante categorías británicas ya que desde O’Connell hasta Parnell y aún después la mayoría de los dirigentes políticos irlandeses se curtió en la vida política británica y practicó los modos parlamentarios de Westminster.

B. Chubb, The Government and Politics of Ireland (Londres 1970); trad. alfanje

Esto es algo que les pasa muy desapercibido a los irlandeses en general. Tienden a creer que sólo hay un tipo de parlamento y que viene a ser el modelo de Westminster/Dáil Eireann. Lo mismo sucede con la administración, donde las instituciones, departamentos ministeriales, quangos y demás suelen ser un calco de los de la isla de al lado. Incluso los procedimientos…. por ejemplo, cuando llegamos aquí nos preguntábamos por qué el año fiscal empezaba el 5 de abril sin saber que es que en Gran Bretaña era exactamente lo mismo.

La noticia de hoy era que ha habido una votación en el parlamento irlandés para abolir la práctica de la oración de antes de empezar la sesión. Los partidarios de eliminarla han perdido 94-14, con 18 abstenciones y ahora van a tener, además, 30 segundos de reflexión en silencio de propina.

Y yo que ni sabía que tal cosa existía, cuando empecé a oir hablar de ello a principios de la semana creí que sería el típico atraso paleocatólico congénito del país. Ayer leí que uno del Sinn Fein había criticado esto del rezar diciendo que sólo existe porque forma parte del legado británico… Por un lado no creía que esa pudiera ser la única causa (algo tendrá que ver la idiosincrasia del país que venía de unos niveles de ultracatolicismo y religiosidad extrema) y por otro lado me costaba creer que en el Reino Unido (al que tengo por más moderno) los legisladores comiencen su jornada entre sortilegios, pero resulta que sí, que los Comunes y los Lores también tienen su plegaria cotidiana desde mediados del siglo XVI.

Los irlandeses son muy parecidos a los mediterráneos y muy diferentes de los ingleses, obviamente.


Comparaciones con la población histórica de Irlanda

15/04/2017

Lo de que Irlanda es el único país de Europa occidental con menos población que en el siglo XIX es un aspecto bien conocido. La isla llegó a tener 8 millones de habitantes y tras la gran hambruna de la patata y la emigración a América quedó en menos de la mitad. En los últimos años la república ha aumentado su población, que ha pasado de los 3,5 millones de 1987 a los más de 4,5 millones de hoy. Siempre me acuerdo un titular de periódico del año 2000 que venía a decir algo así como “la población, en su punto más alto de los últimos 120 años”.

Pero hace unas semanas vi el interesante tuit que encabeza esta entrada y me llamó la atención la comparación. Ciertamente a principios del XIX la población de Irlanda era más del doble de la de Portugal o la de Grecia o la de todos los países nórdicos juntos. Nunca había pensado que Portugal, que hoy tiene unos 10 millones de habitantes habría tenido por entonces, por cuando era un imperio marítimo global, apenas 3.

Para los que quieran una comparación hispanoirlandesa, España empezó el siglo XIX con unos 10 millones de habitantes , el XX con unos 18 millones, el XXI con unos 41 millones y ahora estará cerca de los 47 millones de habitantes.

Más sorprendente aún es el gráfico que he visto en fechas más recientes, en el que se compara la población de Irlanda con la de Inglaterra, Escocia y Gales. En realidad, antes de la gran hambruna de 1846-1848 las dos islas eran magnitudes comparables en términos demográficos. El salto inglés es espectacular

Luego también la semana pasada, este fragmento citado en Marginal Revolution en el que se aborda el declive de la parte céltica del Reino Unido:

Since 1821 the population of the Celtic arc of the north and west has declined as a proportion of the population of the United Kingdom, from 46 per cent in 1831, to 20 per cent in 1911, to 16 per cent in 2014, due to famine, independence and emigration.  This is a configuration of the country which we have been losing for nearly two centuries.

Del libro Love of Country: A Hebridean Journey, de Madeleine Bunting.

Cuando dice “independence” se refiere obviamente a la independencia de la República de Irlanda.

 


Cañones de la Armada Invencible

14/02/2016
Cañón de la Juliana

Cañón de la Juliana

Como ya he dicho en alguna ocasión, los museos dublineses son pequeñas joyas por los que lo mismo puedo estar años sin dejarme caer (los pubs eran otro tipo de museo) que yendo a visitar casi semanalmente. Hoy me he vuelto a pasar por Collins Barracks (Museo Nacional de Irlanda, sección Artes Decorativas). He ido tan sólo con la intención de volver a ver la exposición de “Soldados y Jefes”, que trata de temas militares irlandeses y una especie de depósito donde tienen amontonadas o almacenadas (decir “expuestas” sería exagerar) una cantidad enorme de piezas muy bonitas de artesanías orientales con las que no saben ni que hacer.

Casco español del siglo XVI

Casco español del siglo XVI

El mes que viene se inaugura otra exposición que tratará el Levantamiento de Pascua de 1916 del que este año se cumple el centenario. En asuntos militares me fijo más en lo español y no es por despreciar episodios interesantísimos que hay de irlandeses en los ejércitos del Imperio Británico y de los otros países. Realmente la conexión con España no es tanta y el contexto más conocido para nosotros que -pongamos por caso- el de la batalla de Fontenoy durante en la guerra de sucesión austriaca.

Uno de los episodios más conocidos que nos conecta con la lejana Hibernia es el de la Grande y Felicísima Armada que iba a acometer la Empresa de Inglaterra en 1588 y que ha acabado conociéndose con el irónico nombre de “Invencible”. Recorriendo librerías españoles y del mundo anglosajón se da uno cuenta de que lo que para nosotros es un pequeño episodio similar a que Núñez de Balboa fuera el primer europeo en avistar el Pacífico (cosa que ellos ignoran) es para los británicos un gran capítulo de su epopeya nacional de isla nunca invadida desde 1066 (que también es un poco un mito, y si no que se lo cuenten al señor de Amézqueta y al señor Sánchez de Tovar).

Cañón de la Trinidad Valencera

Cañón de la Trinidad Valencera

En un rincón de la exposición antes mencionada se encuentra un cañón de la Juliana, nave mercante del escuadrón de Levante que se hundió a pocas millas de la playa de Streedagh, que está el condado de Sligo en la costa oeste de la isla. A lo mejor dentro de poco vemos más porque el pasado año de 2015 han aparecido más piezas de artillería de este navío en el lecho marino. Esta pieza no es especialmente grande ni está ornamentada.

El cañón de la Trinidad Valencera apuntando al patio de armas de los otrora cuarteles

El cañón de la Trinidad Valencera apuntando al patio de armas de los otrora cuarteles

El que sí que me parece una pieza muy apreciable es el cañón de asedio de la Trinidad Valencera, barco éste al igual que la Juliana del mismo escuadrón de Levante que comandaba el bilbaíno Martín de Bertendona y Goronda y que naufragó en septiembre de 1588 en la bahía de Kinnagoe, que queda en el condado de Donegal, al norte de Irlanda y muy cerca de Malin Head que es el punto más septentrional de la isla y de la República de Irlanda (es un dato bien conocido que el punto más al norte de Irlanda no está en Irlanda del Norte).

Felipe II Rey, en cuyo imperio no se ponía el sol pero al que no todo le salía bien

Felipe Rey, en cuyo imperio no se ponía el sol pero al que no todo le salía

En el cañón aparece un escudo de armas que lleva debajo vitola que indica “Philippvs Rex” (Felipe II de España, obviamente). Junto al león rampante de León, el castillo castellano, las barras aragonesas y las cadenas navarras aparecen los leones pasantes y las flores de lis del escudo de Inglaterra. Creo que no es que el Austria se estuviera apoderando ya de la isla, sino que es el escudo de armas de su esposa María I de Inglaterra, la sangrienta Bloody Mary. También hay una orla muy trabajada cerca de la boca del cañón.

Una baraja española: Conocer los palos de la baraja uno de los tests de españolidad definitivos

Una baraja española: Conocer los palos de la baraja española es uno de los tests de españolidad definitivos

De los 130 navíos de aquella armada unos 20 naufragaron en costas irlandesas (lo que hay de La Girona en el Museo del Úlster en Bélfast es incluso mejor, por sus tesoros – el barco llegó a aparecer en un billete de diez libras), así que es posible que aparezcan nuevos restos. Incluso es probable que haya más cosas de origen español en las muchas salas de este museo enorme y un tanto desorganizado. Con un poco de suerte es posible que crezca.

En general las conexiones históricas no son muchas: hay referencias al tercio de don Eugenio O’Neill y al Regimiento Ultonia famoso por su actuación durante el sitio de Gerona. Vivir en esta ciudad y poder ir a ver estos cañones del siglo XVI es un privilegio que la mayoría de los que viven en España no tienen, pero no pasa nada tienen otros que a veces son mejores y siempre la posibilidad de leer a don Francisco de Cuéllar, que quizá deja una impresion más viva que la visión de los metales.

Mapa de Irlanda con ubicación aproximada del emplazamiento de los pecios del Juliana y el Trinidad Valencera

Mapa de Irlanda con ubicación aproximada del emplazamiento de los pecios del Juliana y el Trinidad Valencera. Hay muchos más pecios de la Armada Invencible en costas irlandesas (unos 20)


Las islas británicas según Norman Davies

29/01/2016
Las islas británicas

Las islas británicas

Ya me acabé el tocho de Norman Davies sobre las que él llama “las islas”. Él explica muy bien por qué lo hace así, pero creo que desde nuestra perspectiva del mundo podemos decir “las islas Británicas”, aunque le moleste a algún irlandés. “las islas Célticogermánicas” es el título de un capítulo que aunque se refiere a una etapa concreta me parece que serviría bien para etiquetar al conjunto. Creo que “las islas Angloparlantes” es lo que funciona en la mente de todos los que no pertenecemos a ellas.

A mí una parte que me interesa mucho es la historia de la lengua inglesa y su relación con lo que sería la etnogénesis de la población de la isla grande. Los procesos (militares, políticos, biológicos, ecológicos) por los que a partir de la llegada de los anglosajones en el siglo V las lenguas célticas y el latín “retroceden” en una medida que no parece compatible con que sólo un tercio del ADN de los ingleses sea de origen germánico según se cree últimamente. También la “lucha” por la primacía entre palabras sajonas, escandinavas y normandas a la vez que esas gentes que las hablan entran en la isla: la guerra total de genes y memes por decir de algún modo. Sobre esas cosas he leído con fruición. Luego he tenido que aguantar más novela rosa dinástica de la que tolero. Es muy difícil sentir igual interés por todos los periodos históricos.

Como es una señora historia completa de un territorio enorme a lo largo de una enormidad de siglos creo que no tiene mucho sentido comentar demasiado de la misma. De hecho, los trozos más interesantes me los voy a guardar para futuras entradas en momentos en que la imaginación escasee. Lo más que voy a decir es que se nota que este libro está escrito con el cambio de siglo y que década y media después algunas de las impresiones que el autor saca ya no están en consonancia con el espíritu de los tiempos que corren.

Lo que sí dejo para muestra son unos cuantos botones, datos sueltos que me han parecido interesante descubrir. Y como estos hay decenas:

  • La historiografía británica on presta demasiada atención a la Guerra de los Cien Años, acaso porque Inglaterra acabó perdiendo. Sin embargo el autor considera que esta derrota fue muy positiva para que se ocupara de otras cosas que a la postre le otorgaron una importancia mayor.
  • Los reyes de Inglaterra se hicieron llamar “y de Francia” hasta 1801.
  • La unión de Inglaterra con Escocia se aprobó el mismo día que un montón de actos legislativos de menor importancia.
  • La dinastía de los Tudor toma su apellido del nombre de un antepasado de su fundador galés, que se llamaba Twdor (Teodoro)  [en 2012 criticábamos que al papa cópto lo llamaran Tawadros en vez de Teodoro, pero miren]
  • El nombre del condado irlandés de Laois se escribe Leix en inglés. [Un descubrimiento, porque esta forma no se utiliza en la República de Irlanda. Pasó de Queen’s County a Laois y dejó relegada la ortografía inglesa, como Kingstown pasó a Dun Laoghaire y Dunlaery quedó en el olvido.]
  • El condado de Sutherland, el más septentrional de los de Escocia y por el que pasamos en 2011, tiene un nombre que es lo mismo que southern land. La razón es que para los escandinavos medievales (mal llamados vikingos) eran las tierras más sureñas que poseían.

Y por último, si alguien me pregunta alguna vez qué libro sobre la Historia de Irlanda puede leerse le voy a recomendar este. He leído alguna Historia de Irlanda propiamente dicha, pero la verdad es que sin el contexto de la otra isla casi no tiene sentido. En las más de mil páginas habrá entre cien y doscientas dedicadas a la isla menor. No aparecerá demasiado detalle, pero contexto todo. Si cualquier región española se independiza mañana durante los primeros años resultaría obvio que una historia aislada de la misma es absurda, aunque seguramente paulatinamente el concepto iría pareciendo más razonable, lo cual no querría decir que en realidad lo fuera. Irlanda se ha independizado anteayer y entre la lengua común, la mentalidad insultar, la colonial, Irlanda del Norte, los restos del protestantismo, el modo de vida y la inercia histórica al final sigue siendo un trozo de lo mismo. Mucho más cuando se mira para atrás y a vista de pájaro.

 


Cambria y Cumbria

21/01/2016
Cumbria de rojo, Cambria de verde

Cumbria de rojo, Cambria de verde

A pesar de haber estado en Gales hace apenas un par de añitos tengo esta confusión muy arraigada en la memoria y ha vuelto a hacer estragos ahora que ando ocupado con la historia pregermánica de las islas. Me parece curioso no haber encontrado un mapa en el que se identifiquen Cambria y Cumbria y aquí dejo el mío para deleite de la plebe de Internet.

Cambria es la forma latina de Cymru, el nombre céltico del país de Gales. Dicho de otro modo Cymru es el nombre de Gales en galés y Cumbria el mismo país pero con letras más normales y no tanta uve doble y tanta i griega. No se utiliza casi nunca, excepto acaso como adjetivo en contextos geológicos cuando se habla del cámbrico, que debe su nombre a que las primeras rocas del período se estudiaron precisamente en Gales. Supongo que quedará elegante decir cámbrico por galés del mismo modo que en vez de francés se usa galo, pero hasta la fecha no lo he oído.

Cumbria es una zona del noroeste de Inglaterra. Por simplificar diremos que es un condado. Por complicarlo más que lo es en varias de los diferentes tipos de condados que hay: por ejemplo, condado ceremonial y condado no metropolitano. También que en realidad es resultado de la fusión en 1974 de varios condados de los llamados “históricos”, entre ellos Westmoreland (escribámoslo así, como la calle dublinesa), Lancashire y Cumberland. Aquí arrastraba yo otro equívoco de muchos años, ya que creía que Cumberland en inglés y Cumbria en español (o latín, italiano…) eran la misma cosa y resulta que no.  También me parece que el nombre se utiliza bastante poco y que cuando se habla de esta parte de la isla – la ciudad de Carlisle y alrededores- en plan turístico lo que se suele mencionar es el Lake District : el Distrito de los Lagos.

La conexión y confusión entre ambos topónimos viene de la antigua o antiguas lenguas celtas, llamadas británicas o britónicas, que se hablaban en la isla grande antes de la llegada de los anglosajones. (Este es el llamado grupo P, con el bretón de la Bretaña de Francia y la extinta lengua de Cornualles; el gaélico irlandes, el escoces y el manés forman el grupo Q también llamado lenguas goidélicas). En un momento dado podría ser que cúmbrico y galés fueran la misma o dialectos de la misma. El cúmbrico desapareció hacia el siglo XII, XIII o por ahí; el galés aún existe. He leído varias cosas sobre la etimología de cymry, pero entiendo que quería decir algo simple como “paisano” o “campesino”.