Tenerife

28/12/2017
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A veces llegan y a veces no

Ahora que se acaba el año he iniciado esa cosa entre introspectiva y retrospectiva que hacen los medios de comunicación. Mirando atrás resulta que me había dejado en el cajón que el pasado enero el invierno hibérnico nos empujó de vuelta a la madre patria, departamento insular, sección una hora menos. Tras la experiencia de Lanzarote años atrás el segundo viaje a las islas Canarias fue a Tenerife, adonde acudía derrotado que es el estado de ánimo adecuado para los viajes con niños. Los ambiciosos planes de turismo de la parienta quedaron reducidos a la nada que yo más o menos presagiaba.

Una nada en el horror urbanístico a agradables temperaturas que se encuentra entre Los Cristianos y Costa Adeje. Debe de tratase además del lugar más alienado de la soberanía: hay zonas bilingües de la península en las que los lugareños no hablan el castellano aunque lo sepan, y aquí en la costa sur de Tenerife los camareros te adoran y te llegan a invitar al oirte hablar en español, de tan pocos que llegan a ser los turistas que hablan nuestra lengua.

Paseo entre Los Cristianos y Costa Adeje. Nuestra toma de contacto del primer día. Una lanzadera del hotel nos colocó en la Playa de las Américas y de allí seguimos hasta la de las Vistas y de vuelta hacia Costa Adeje por un paseo marítimo, a veces en dos y tres niveles, que parecía sacado de California. El lado hermoso de las cosas es que la carretera no vaya por la costa y que por lo menos ese horror de asfalto quede por encima y a lo lejos.

Quiero incidir un poco en la incoherencia urbanística. No es que no haya edificios bellos. Es la falta total de coherencia muy en plan disneylandia en un espacio creado sin ningún sentido de ciudad a golpe de urbanización tras urbanización. Todo adosados aislados del resto que recuerdan a partes de los Estados Unidos por cómo todo esta hecho para que haya que utilizar el coche, excepto quizá un largo paseo marítimo de quince kilómetros en el que vender cosas. Había muchos negros ofreciendo toallas y negras ofreciéndose a hacer trenzas a las damas y una sucesión interminable de garitos ingleses donde la gente puede engullir las mismas grasas y cerveza que en sus islas sólo que con más calor.

Hay un detalle que me pareció muy bueno y que quizá sea una ventaja que le sirve a esta parte del mundo para competir en el mercado turístico: tanto en la calle como en edificios todo parecía muy bien preparado para el acceso de silla de ruedas y se veían muchas y también otros vehículos con motor eléctrico para gentes de movilidad escasa. Dicho lo bueno y lo malo, en conjunto no es el peor lugar del mundo, pero ya no volvimos.

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La Caleta de Adeje y aledaños (clic)

La Caleta de Adeje. Este rincón es el confín del paseo marítimo antes descrito y tiene bastante mejor aspecto aunque sólo sea por la menor densidad de población transeunte. Un poco más allá todavía queda algo que podría llamarse natural: un promontorio de rocas volcánicas donde crece alguna que otra chumbera y tras el que se esconde otra cala con playa donde acampan unos jipis. Esto estaba cerca del hotel y fuimos varios días.

El Loro Parque. Esta debe de ser la gran atracción turística de la isla. No sé cuánto gasta esta empresa en publicidad pero es imposible no enterarse de que existe. Se encuentra en el Puerto de la Cruz en el lado norte y ofrecen entradas que incluyen el desplazamiento desde cualquier lugar de Tenerife. Una guagua que tiene el lado malo de que casi se tarda más yendo a buscar a la gente por los hoteles que luego en llegar al sitio y el bueno de que al menos algo ve uno del paisaje, en especial la transición entre el sur árido y el norte fértil. Me queda el recuerdo del médano magallánico que hay al final de la pista del aeropuerto del sur, las pirámides de Güímes y la vista del valle de la Orotava con el Teide al fondo. Luego el parque en sí, es un zoológico de los de toda la vida con la excepción de los espectáculos de  orcas, delfines, focas y loros amaestrados. Los chous de los bichos tendrían mucho más interés si no los hubiera visto uno por televisión mil veces antes. El resto puede ser un zoo, ligeramente peor que el de Dublín y bastante por debajo del de Hanóver (donde la entrada viene a costar la mitad). En conjunto pasamos un buen día.

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El Teide desde el avión

El Teide. Lo vimos desde el avión despuntando por sobre su mar de nubes. La organizadora del viaje quería que tomásemos una excursión a las cañadas y luego subir en funicular, pero era complicado llegar con transporte público y en el fondo no nos apetecía tanto pasar de los veintitantos grados de temperatura a los meros dos. Por un lado, sé cómo es la cima, porque la he visto en vídeos y fotos y eso le resta algo a la pulsión de descubrir, por otro me gustaría hacerme una foto en el lugar que tantas veces vi en el billete de mil pesetas. Desde nuestra playa del sur las otras montañas evitaban que viéramos la cima grande, pero desde el norte lo vimos mejor. Como siempre digo, hay que dejar cosas sin ver por si se vuelve y esta será una.

El Siam Park. Más cerca del hotel había un parque acuático que era de la misma empresa que el Loro Parque, por lo que se ofrecía un billete combinado que no era mucho más caro que el del zoo y pensamos que sería una buena forma de pasar un día…. y lo fue al menos para mí que me subí a un montón de toboganes y de cosas mientras mis compañeras comían helado. La otra vez que estuve en uno de estos fue en 1989 en el viaje de fin de estudios de EGB. No ha llovido.

Puesta del sol. Enfrente, La Gomera y al fondo, El Hierro.

Puesta del sol. Enfrente, La Gomera y al fondo, El Hierro.

Puesta de sol. Una de las cosas que hicimos casi todos los días era ver las puesta de sol desde el balcón antes de ir a cenar. Me sorprendió gratamente saber que La Gomera se podía verse no tan a lo lejos y más en lontanza El Hierro. Me informa un amigo canario de que desde el Teide pueden verse las otras seis islas. En su día había leído que los guanches y demás no sabían navegar y que los de unas islas no conocían al resto.

El hotel. No ha sido hasta hace pocos años que uno ha empezado a ir a este tipo de complejos turísticos. Con cierta admiración intento observar su funcionamiento industrial como de cadena de montaje. El edificio en el que estuvimos tiene 17 años y no los aparenta en absoluto, debe de ser una combinación de clima benigno y mantenimiento eficiente. Para una alimaña como yo es un error incluir una cena de bufé en la que uno puede comer cuánto quiera. Hubo dos noches en que acabé pasándolo mal, hasta acabar moderándome. Los empleados amabilísimos y más en cuanto se daban cuenta de que formábamos parte de la minoría que a pesar de ser hispanohablante va a estos sitios. El socorrista me contó que ya le habían bajado el salario dos veces y que ahora no llegaba a mileurista por cincuenta euros. Otra chica me dijo que venía desde Santa Cruz todos los días (80km) porque allí no hay tanto trabajo y los hoteles del sur pagan mejor. La cantidad de comida que tienen que preparar a diaro me resulta una operación fascinante.

La playa. Pasé más tiempo remojándome en la piscina templada a 26º del hotel (¿cuánta energía gastará eso?) pero no quería irme sin meterme en el agua del mar, cosa que puede hacer en la playa del Duque. No fue una experiencia demasiado agradable: el agua estaba muy fría. Nunca me ha gustado la playa entendida como actividad. Me parece muy aburrido estar en la arena sin hacer nada mientras los rayos ultravioleta me chamuscan la fina piel. Caminar bajo los rayos el sol es más llevadero.

Veredicto. Para la gente a la que le guste no hacer nada más que comer, bañarse, echar la siesta y estar en manga corta o en traje de baño a una temperatura agradable todo el día el sur de Tenerife es el lugar idóneo. De hecho, nunca he entendido por qué la gente atraviesa el océano para ir al mar de las Antillas que también Caribe llaman a hacer exactamente lo mismo sólo que con mayor pérdida de tiempo y gasto en queroseno. Yo reniego mucho de este tipo de vacaciones, pero cuando se tienen hijos pequeños se hace lo que se puede y tampoco nos podemos quejar.

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Onomatopeyas de estornudos en diferentes idiomas

30/01/2016

 

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Mocoso estornudando en Naciones Unidas

Tenía guardada esta imagen que agarré de Pinterest en diciembre. No sé cuál es su origen ni su calidad. Alguien se ha molestado en meter al enano mocoso de Blancanieves dieciséis veces en una imagen con diferentes banderas nacionales y bocadillos de tebeo en los que está escrito el sonido que produce su estornudo en dieciséis idiomas.

A primera vista y a pesar de mi ignorancia (aparte de en mi lengua nativa no sé cómo escribir esto en los otros idiomas que se supone que hablo) voy a decir que a pesar de que a la vista de las grafías las diferencias parezcan importantes si se sabe cómo pronunciar lo escrito en estos idiomas, la mayoría son bastante parecidas.

Un indicio que me hace sospechar que la fuente puede ser fiable es el hecho de que en el estornudo español aparece el signo de abrir exclamación.


Lanzarote

19/09/2014
Postal y mapa, dos de mis temas clásicos

Postal y mapa, dos de mis temas clásicos

La falta de luz solar tiene efectos perniciosos sobre el organismo. En las islas británicas estamos muy pobres de vitamina D y a unos más y a otros menos eso se nos nota. En el rostro pálido y el alma en pena. El pasado año de 2013 el invierno se hizo larguísimo, con un mes marcial mucho más riguroso que los cuatro meses anteriores. Ya se me había ocurrido años atrás que había que tomar vacaciones a finales de enero o en febrero para partir por la mitad todas esas semanas de penuria climática. Y como en toda Europa se está más o menos igual y el sol no lo garantiza nadie, se me ocurrió que el mejor lugar en el que apurar las chances (siempre dentro del primer mundo civilizado y a distancia de pasaje aéreo asequible) podrían ser las islas Canarias, “islas afortunadas” como les dicen en España.

The Lanzarote Effect from Lea et Nicolas Features on Vimeo.

Luego había que escoger isla y de Dublín salen vuelos regulares a cuatro de las siete: Tenerife, Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote. Ésta última nos pareció la mejor, debido a lo peculiar de su paisaje volcánico, a la existencia de un parque nacional y a su tamaño reducido. Viajando con bebés uno no puede hacer lo que le da la gana y creímos que más o menos en siete días podríamos ver aproximadamente toda la isla y dejar días de reposo para posibles enfermedades y cabreos infantiles. En lugar de adocenarnos con los guiris en Playa Blanca, Costa Teguise o el Puerto del Carmen se nos ocurrió alquilar una casa de campo con terreno y vistas a las viñas y los volcanes en la zona de La Geria. Luego más o menos todo queda a tiro de piedra desde un coche. Otra razón para escoger el lugar es que las carreteras son excelentes, incluida la pista forestal que debíamos tomar montaña arriba para llegar a nuestra casita en la ladera del volcán.

Y así salimos de Dublín el penúltimo día de enero. El vuelo suele llegar en casi cuatro horas, pero gracias a los vientos de cola hicimos el trayecto sólo en tres. Eso no estuvo mal. Ahora bien, para una vez que tenía que estar alguien esperándonos con el cartelito con nuestro nombre, llegó tarde. Era el hombre de la empresa de coches de alquiler. Curiosamente no todas las empresas que operan en el aeropuerto tienen un puesto y algunos comparten un espacio para firmar contratos y entregar llaves en el aparcamiento propiamente dicho. Fuimos a pasar una semana de calorcito y los tres primeros días nos hizo frío y lluvia. Lo de frío es un decir, porque durante el día el termómetro subía a los 16-18ºC, con lo que estábamos diez grados por encima de lo que acostumbramos y sin viento polar, lo que en conjunto es una mejora notable. Además, así logramos ver una cara menos habitual de la isla. Creo que los canarios a ese tiempo lo consideran frío y los que vinieron a darnos las llaves de la casa nos recomendaron que pusieramos leña en la chimena y usáramos una estufa de gas que había allí, pero preferimos no arriesgarnos a quemar nada. Al día siguiente por la mañana, cuando nos acercamos a Uga a desayunar nos contaron que llevaba haciendo bastante frío diez días. Su frío es casi nuestro calor.

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Uga

El parque nacional de Timanfaya fuimos a verlo el primer día y para mi vergüenza fue la primera vez que puse pie en un parque nacional español, con casi cuarenta años de edad. El paisaje hasta llegar a la entrada del parque ya es un mar desolado de lava solidificada. Luego el parque en sí está muy bien. El recorrido se hace en la guagua oficial, por lo que uno tiene que tomar sus fotografías a través de las lunas del vehículo lo cual les da un tono interesante. Curiosamente quedaron con mejor color del que yo recuerdo de la visita. Supongo que algo mejor debe de ser verlo en un día más soleado con esos colores poderosos como del Fuji rojo de Hokusai. Algunas curvas del recorrido daban miedo, pero me imagino que el conductor se las sabe de memoria. Sonaba una grabación con las explicaciones, primero en español, luego en inglés y por último en alemán, lo que hacia imposible que se nos escapara dato alguno. Las demostraciones geotérmicas que hacen junto al restaurante en el que asan patatas, pollos y lo que sea aprovechando el mismo calor de la tierra también son una cosa interesante.

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Timanfaya

Al volver paramos en el echadero de los camellos, que pensaba que a mi niña le iban a encantar, pero les dijo bye bye. En el museo del camello que había al lado mismo contemplé con horror que habían puesto “hechadero (sic) de camellos” en un letrero en el que cada letra era un azulejo.

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Los famosos camellos, echados, en el echadero.

Luego volvimos hacia atrás para pasear otro rato por Yaiza, que es un pueblo pequeño y muy ligado a la historia de las erupciones volánicas pero que hoy por hoy está muy tranquilo y muy bien y de allí por el mirador de Femés hacia Playa Blanca. Una cosa que me resulta curiosa es que la toponimia castellana de Lanzarote sea casi transparente. Es la diferencia entre los nombres gastados que por veinte siglos y la llegada reciente de una cultura ya casi formada. Antes de Playa Blanca hicimos un amago de expedición a la playa del Papagayo, pero la pista de tierra aquella no nos pareció nada conveniente y además, ni siquiera sabemos estarnos quietos en una playa.

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Vista desde el mirador de Femés

Playa Blanca me pareció un horror relativo. No estaba tan mal como esperaba, con su paseo marítimo y eso. En un restaurante más caro de lo que debería me di cuenta de que el potaje canario es lo mismo que el potaje y de que el gofio, del que un compañero canario me había hablado tan mal, está bastante rico. La tontería de ver Fuerteventura desde allí me compensaba de otros sinsabores. Había un tipo muy profesional haciendo un castillo de arena gigante y casi todo me parecía planteado para gente que no hablaba español. Lo más deprimente fue ver a toda esa gente extranjera jubilada y retirada de la vida que se supone que va allí a pasarlo bien y en algunos momentos el paseo marítimo parecía el pasillo de un hospital. No parecía que estuvieran disfrutando mucho, pero al menos no pasaban frío. De vuelta a casa paramos en las salinas de Janubio, que conforman un paisaje si no bello al menos interesante.

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Salinas de Janubio

El primer día de febrero, que amaneció lluvioso, lo estrenamos parando en el Monumento al Campesino, que como todo en Lanzarote es obra o de la geología o de César Manrique. En este caso el segundo. Fue la primera vez que vi un arcoíris completo (“tocando” ambos extremos el suelo dentro de mi campo de visión) y es una lástima que no me cupiera en el objetivo del teléfono (que por cierto, no pone el fenómeno óptico en el mismo lugar en el que mi vista lo percibía). La llovizna le dio al sitio un aspecto que supongo que es poco habitual. Me dijo un amigo que vivió dos años en la isla que en total vio llover seis días y a nosotros nos cayó agua durante las tres primeras de nuestras siete jornadas. Del monumento al campesino en en sí, el conjunto escultórico llamado Fecundidad, se puede decir que es interesante pero también que es feúcho. El complejo en el que se encuentra  y en el que comimos un día me pareció mejor en su brillo lilial con contrastes de puertas y ventanas verdes y esas chimeneas tan hermosas que luego vi por todas partes. Después el tiempo levantó un poco y por conocer fuimos a la capital isleña de Arrecife, donde pasamos un par de horas sin que nos llegara a gustar demasiado. De allí por la carretera de Los Valles y sin parar en Haría hasta Arrieta. Acabamos el día con un vino blanco y unas papas en las Bodegas Rubicón de La Geria. Ese es un punto excelente desde el que admirar la puesta de sol por encima de los volcanes del parque.

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Monumento al Campesino

Un día después tocó el mercado de Teguise. Es un acontecimiento en la isla, pero a decir verdad todos los mercadillos del mundo son el mismo mercadillo. No me gustó nada y el gentío me imposibilitó disfrutar de la arquitectura tradicional, que me interesaba bastante más que los puestos de bisutería y perritos calientes. En todo caso, a lo largo de la semana pasamos varias veces por Teguise, antigua capital de la isla y plaza con mejor posición desde la que defender el territorio. De allí salimos para los Jameos del Agua, obra también del inefable César Manrique, donde me por fin me enteré de lo que era un jameo y tras un par de horas recorriendo el predio nos fuimos a comer pescado a Órzola, que es el puerto del que sale el barco para ir a la isla Graciosa. En una playa de los alrededores nos aterrizo justo al lado un tipo en parapente. Cuando llegamos a casa faltaba aún algo para que anocheciera y acometí el ascenso al volcán de La Asonada. Aunque me hubiera gustado subir al vértice me quedé en la parte baja del cráter. Probablemente era más interesante la vista hacia el Puerto del Carmen.

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Barquitos en Órzola

La mañana siguiente la empezamos en la Fundación César Manrique en Tahiche. Más que la posibilidad de ver obras de Picasso, Dalí y el propio Manrique me gustaron el ventanal que da al volcán y a la capa de lava de la erupción y el colorido “juguete del viento” que hay fuera del edificio. Después subimos al Mirador del Río que está en la parte más alta de Lanzarote y que es de donde hay mejores vistas de la Graciosa. Alguna gente se quejaba de que hubiera que pagar por acceder al mirador, pero creo he visto pagar bastante más más por cosas bastante peores. Aún no me he enterado de por qué se llama “río” al estrecho que separa ambas extensiones de tiera. Nos acercamos luego a comer a Haría y echamos el resto de la tarde en el jardín de los cactos de Guatiza, que aunque tenía algunos especímenes bastante impresionantes me acabo defraudando un poco.

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Vista desde la Fundación César Manrique

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Lanzarote y la Graciosa

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El otro día, a diferencia de muchos otros en que desayunamos en una pastelería de San Bartolomé lo hicimos en la Bodega La Geria. Fuimos después por cerca del parque nacional y paramos en la playa de piedrecillas negras que hay cerca de la salina. Después de comprobar la fuerza de la marea en Los Hervideros acabamos parando en Tinajo, donde la jefa se empeñó en comprar un pollo y por lo que quizá fuera la cosa más fea que vi en Lanzarote, que es una urbanización llamada La Santa y la isla que tiene al lado que no es más que una rotonda gigante que se está aguantando un hambre voraz de ladrillo. La mayor parte del un día bastante soleado y caluroso la pasamos en Famara, donde uno se pregunta por qué las calles no se pueden asfaltar.

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Los Hervideros

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Famara

El día menos memorable de nuestra estancia fue aquel en el que volvimos a Haría para ver la casa de César Manrique. Además de que me había resfriado no tenía el mínimo interés y ya tenía cierto empacho de este hombre omnipresente. La casa, que se puede considerar la casa de un rico, está bastante bien para vivir en ella pero no tengo tan claro que tenga algún interés ir a verla. Una cosa que no entiendo mucho de la obra manriqueña es que si nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar y en Lanzarote hay una escasez enorme de agua ¿cómo es posible que el máximo defensor de su medio ambiente diseñara casas con tres piscinas y cosas así? La casa no la recomendaría, pero la fundación sí.

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La Geria

 

El último de los días me llevé una agradable sorpresa con la parada en el museo agrícola de Tiagua que fue mucho más interesante de lo que esperaba. Nos ayudó mucho a comprender mejor la dificultad de la mera superviviencia en un terreno tan árido durante los siglos en que su población estuvo apenas conectada con el resto de las islas y del mundo y además narraba historias interesantes como la participación de los canarios en la fundación de San Antonio en Tejas o el reportaje que National Geographic hizo sobre las islas en 1930. Aperos de labranza, elaboración de productos tradicionales, objetos antiguos, un jardín y un huerto funcionales, un bonito patio y un corral para el ganado: cabras e incluso un camello. Quizá una de las mejores cosas que puedan verse en Lanzarote. De allí salimos para comer pescado en El Golfo, curiosamente en un restaurante gallego que fue el que más nos gustó. Tras la comida nos acercamos a ver el Charco de los Clicos, que es una pequeña laguna interior de color verde intenso que hay cerca de la playa y de allí al aeropuerto para volver a casa.

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El Golfo

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El Charco de los Clicos.

Aunque no creo que vayamos a volver, nos gustó mucho Lanzarote. Lo escogimos como destino porque nos pareció lo suficientemente pequeño como para poder verlo en una semana ya que no queríamos quedarnos con la pena de no poder ver cosas por viajar con un tierno infante. El clima es agradable todo el años, las carreteras son muy buenas, el paisaje es exótico y variado y hay suficientes cosas para descubrir. Me gustó la comida porque viviendo en las islas británicas ¡cómo no me va a gustar!. Puedo decir algo que no me gustó nada, que es eso de que los carteles con los precios no incluyan el impuesto general canario y luego acabe uno pagando más de lo que pensaba por las cosas. Si no volvemos no será porque esta isla tenga nada de malo, sino mas bien porque el mundo está lleno de lugares que ver. Intentaremos otra de las Canarias la próxima vez que queramos librarnos del triste invierno.

Más fotos.


¿Solsticio pagano?

22/12/2012
La Garda en la plaza de Smithfield

La Garda en la plaza de Smithfield

Anoche me acerqué en tranvía a la plaza de Smithfield, donde había quedado con una amiga que vive en las inmediaciones. Recuerdo esta plaza como un barrizal inmundo de improvisadas carreras de caballos y que el lugar en el hoy que están los edificios más modernos era apenas una empalizada y un solar en el que en ocasiones había conciertos.

Estaba dedicado a la espera y me entretenía paseando por el elongado espacio: aunque la temperatura parecía agradable tampoco era mi intención agarrar un resfriado quedándome quieto. He visto una furgoneta de la policía y una cámara de televisión. Se adivinaba un grupo de gente en lo oscuro, dentro de una plaza interior que da acceso al museo de la destilería y unos edificios de apartamentos donde hace cérca de una década vivían Rodrigo y Jordi.

Faroles encendidos en la oscuridad

Faroles encendidos en la oscuridad

Una voz grave dirige la ceremonia

Una voz grave dirige la ceremonia

Los niños encienden un fuego

Los niños encienden un fuego

No teniendo otra cosa que hacer me he acercado a ver qué hacía esa gente. Llevaban estandartes y faroles, muchos estaban disfrazados de hadas, druidas y cosas hípster que no sé muy bien lo que son. Un hombre de voz grave dirigía una especie de ceremonia en la que hablaba de portar los faroles con orgullo (pride, que tengo para mí que no es exactamente lo mismo), pero con consideración a las medidas reglamentarias de seguridad, sin quemar nada ni hacerse daño. Luego pidió que los niños se acercaran a él y que empezaran un fuego. Las personas del círculo más exterior del grupo sacaban fotografías con teléfonos móviles.

No he entendido muy bien de qué se trataba y se me ha ocurrido que podría ser una celebración neopagana del solsticio de invierno. En un momento han empezado a hacer sonar los tambores y me he salido hacia la plaza. Poco después ha comenzado una procesión encabezada por los percusionistas, a los que seguían varios hombres portando el fuego ¿purificador?, la abeja reina, los niños y los de los estandartes. El colorido muy bonito y bastante ruido, aunque no he entendido nada.

El fuego

El fuego

La infancia

La infancia

Todas las banderas

Todas las banderas

Durante los cinco días más cortos del año, los que se encuentran alrededor del solsticio de invierno, la luz solar entra en la cámara interior de Newgrange. Hay un sorteo para poder ver esta curiosidad, que sin embargo se puede reproducir con luz artificial en cualquier otro momento del años. Francamente esta forma de hacer el indio de ayer me parece mucho más divertida.


Llegó el frío del invierno

13/12/2011

Esta mañana me descolgué del autobús en la parada habitual y en lo que atravesaba el páramo de la autovía comenzó a lloverme aguanieve primero y a caerme nieveagua después. El viento gélido me hizo arrepentirme de haberme quitado la barba, como casi todas las veces, y constaté -a la fuerza ahorcan- que era como si el invierno ya hubiera llegado a este lugar.

El año pasado por estas fechas ya había visto placas de hielo como losas. Acababa de dejar mi anterior empleo y esa cálida alegría coincidio con un temporal de frío y nieve que hizo que ni los tranvías pudieran circular. Tuve que comprar una impresora para mi contrato nuevo y me tocó volver patinando con la caja desde el centro.

A lo mejor este año el invierno llegó justo después del jálogüin, el día primero de noviembre, cuando levantaron el arbol navideño en el centro comercial de los pabellones. O puede que  cualquier día de estos fines de semana alocados en los que fue imposible pisar varias calles de esta capital sin ser atropellado por las hordas de consumistas insensatos; entre ellos mi compañera Juana, con quien discuto a diario de lunes a viernes, pero siempre menos de un cuarto de hora.

Hoy hemos hablado de la navidad y los regalos, de la organización y todo eso. A mí se me ha ocurrido que la vida privada es aquella que no requiere de organización. Para ella en cambio, es la que se puede organizar por completo. De ese choque de trenes de juguete ha salido que a ambos nos gustan las listas: a ella para sistematizar todas sus tareas y a mí, como era previsible, por unir en ellas cosas que en principio nada tienen que ver entre sí.

Luego me enteré de que Pat murió el domingo y no por esperada fue una noticia menos triste. Me consuela pensar que aunque su modo de vida fuera el de tantos y su muerte tan estadísticamente probable, él vivió de verdad la vida en que creía y con ella fue feliz. Muchos han intentado transformar todas las estructuras del mundo para acabar llegando a las cosas sencillas, buenas o malas. Descanse en paz. Jodido frío del invierno.


Insomnio….

04/12/2005

Mucho me temo que llega, con el invierno, una nueva fase de insomnio. Durante años he compaginado estas etapas con otras de hibernación a las que atribuyo carácter compensatorio.

Como lo que no te mata te hace más fuerte, me estoy planteando la mejor estrategia para sobrellevar esta nueva oleada, que habrá de llenar el día de horas y fantasmas. Las bennies han quedado descartadas, por lo que supongo que me dejaré arrastrar al consumo compulsivo de producción cultural, pornografía incluida.

Esta noche he visto un documental sobre Octavio, una película sobre Cromwell, he releído la Historia universal de la infamia, he editado varios artículos de la wikipedia (1, 2, 3), estudiado vídeos de lesbianas no militantes y accidentes de coches. Las estrategias de consumo evitan pensamientos negativos sobre la muerte y el desempleo.

Una de las cosas que me resultan curiosas del insomnio es la sensación recuerdos borrosos que deja. Me consta que ayer he estado en San Sebastián con Andrés y Eduardo, pero podría ser un sueño. De hecho los conocí en otra etapa insomne, por lo que puede que no existan o que, si existen, no sean como yo los recuerdo. En cualquier caso fue un sueño muy agradable.