Lavabos latinos y anglosajones

07/02/2016
Lavabo

Lavabo (18.12.2015)

Lavabo quiere decir en latín “lavaré”. Esto lo he aprendido hace poco y a mí me confunde porque en italiano lavavo significa “(yo) lavaba”. La mayoría de los españoles tendrá en su cuarto de baño una pila con grifo a la que le da ese nombre. También franceses e italianos; portugueses creo que no. En España a veces con elegante y eufemística metonimia se llama a la estancia con el nombre del invento (y también de otro par de inventos que suele haber en ella).

Bien, al parecer, antes del desarrollo de la hidráulica y el acceso de grandes capas de la población al agua corriente lo más parecido que había era la fuente en la que el sacerdote se lavaba las manos antes de la eucaristia, mientras pronunciaba las palabras mágicas “lavabo inter innocentes manus meas”. Este lavado de manos, diferente del de Poncio Pilatos, está en el origen del nombre.

En el inglés de las islas Británicas los lavabos de los aseos se suelen llamar sink, que es idéntico nombre al que se da la fregadera y a que se hunda el Titánic, que ya parece pobreza léxica. Esto es hablar por hablar, ya que tanto el español como el inglés (y cualquier otra lengua) están llenos de casos en los que un idioma diferencia lo que el otro no (por ejemplo, en el ámbito deportivo, para lo que en español se llama “pista” en inglés hay que distinguir entre track, floor, ring, court y rink por lo menos), pero es fácil que un necio vea sólo un ejemplo e intentar deducir algo de la naturaleza de la lengua o de la de sus hablantes a partir del mismo. Es fácil que yo haya sido a veces ese necio.

Por cierto, en las islas Británicas se conservan muchos lavabos con la peculiaridad de tener grifos separados y alejados para el agua fría y caliente, lo que complica la obtención de agua templada.

El truco

Por saber, sabía hasta que en los EEUU la palabras es washbasin. Lo que no sabís es que la palabra lavabo, así tal cual, sigue aplicándose en inglés al ornamento litúrgico o al menos la usará quien suela hablar de estas cosas. Encabeza esta entrada uno con forma entre la de la clásica tetera y la de la lámpara mágica de Aladino que hay en el Museo Nacional de Irlanda, el de arqueología de Kildare st.

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Las islas británicas según Norman Davies

29/01/2016
Las islas británicas

Las islas británicas

Ya me acabé el tocho de Norman Davies sobre las que él llama “las islas”. Él explica muy bien por qué lo hace así, pero creo que desde nuestra perspectiva del mundo podemos decir “las islas Británicas”, aunque le moleste a algún irlandés. “las islas Célticogermánicas” es el título de un capítulo que aunque se refiere a una etapa concreta me parece que serviría bien para etiquetar al conjunto. Creo que “las islas Angloparlantes” es lo que funciona en la mente de todos los que no pertenecemos a ellas.

A mí una parte que me interesa mucho es la historia de la lengua inglesa y su relación con lo que sería la etnogénesis de la población de la isla grande. Los procesos (militares, políticos, biológicos, ecológicos) por los que a partir de la llegada de los anglosajones en el siglo V las lenguas célticas y el latín “retroceden” en una medida que no parece compatible con que sólo un tercio del ADN de los ingleses sea de origen germánico según se cree últimamente. También la “lucha” por la primacía entre palabras sajonas, escandinavas y normandas a la vez que esas gentes que las hablan entran en la isla: la guerra total de genes y memes por decir de algún modo. Sobre esas cosas he leído con fruición. Luego he tenido que aguantar más novela rosa dinástica de la que tolero. Es muy difícil sentir igual interés por todos los periodos históricos.

Como es una señora historia completa de un territorio enorme a lo largo de una enormidad de siglos creo que no tiene mucho sentido comentar demasiado de la misma. De hecho, los trozos más interesantes me los voy a guardar para futuras entradas en momentos en que la imaginación escasee. Lo más que voy a decir es que se nota que este libro está escrito con el cambio de siglo y que década y media después algunas de las impresiones que el autor saca ya no están en consonancia con el espíritu de los tiempos que corren.

Lo que sí dejo para muestra son unos cuantos botones, datos sueltos que me han parecido interesante descubrir. Y como estos hay decenas:

  • La historiografía británica on presta demasiada atención a la Guerra de los Cien Años, acaso porque Inglaterra acabó perdiendo. Sin embargo el autor considera que esta derrota fue muy positiva para que se ocupara de otras cosas que a la postre le otorgaron una importancia mayor.
  • Los reyes de Inglaterra se hicieron llamar “y de Francia” hasta 1801.
  • La unión de Inglaterra con Escocia se aprobó el mismo día que un montón de actos legislativos de menor importancia.
  • La dinastía de los Tudor toma su apellido del nombre de un antepasado de su fundador galés, que se llamaba Twdor (Teodoro)  [en 2012 criticábamos que al papa cópto lo llamaran Tawadros en vez de Teodoro, pero miren]
  • El nombre del condado irlandés de Laois se escribe Leix en inglés. [Un descubrimiento, porque esta forma no se utiliza en la República de Irlanda. Pasó de Queen’s County a Laois y dejó relegada la ortografía inglesa, como Kingstown pasó a Dun Laoghaire y Dunlaery quedó en el olvido.]
  • El condado de Sutherland, el más septentrional de los de Escocia y por el que pasamos en 2011, tiene un nombre que es lo mismo que southern land. La razón es que para los escandinavos medievales (mal llamados vikingos) eran las tierras más sureñas que poseían.

Y por último, si alguien me pregunta alguna vez qué libro sobre la Historia de Irlanda puede leerse le voy a recomendar este. He leído alguna Historia de Irlanda propiamente dicha, pero la verdad es que sin el contexto de la otra isla casi no tiene sentido. En las más de mil páginas habrá entre cien y doscientas dedicadas a la isla menor. No aparecerá demasiado detalle, pero contexto todo. Si cualquier región española se independiza mañana durante los primeros años resultaría obvio que una historia aislada de la misma es absurda, aunque seguramente paulatinamente el concepto iría pareciendo más razonable, lo cual no querría decir que en realidad lo fuera. Irlanda se ha independizado anteayer y entre la lengua común, la mentalidad insultar, la colonial, Irlanda del Norte, los restos del protestantismo, el modo de vida y la inercia histórica al final sigue siendo un trozo de lo mismo. Mucho más cuando se mira para atrás y a vista de pájaro.

 


Islas no aisladas

19/01/2016
Mata de la provincia romana de Britannia

Mata de la provincia romana de Britannia

Sigo leyendo sobre la historia de las islas. Me estaba acordando de una vez que fuimos a Belfast en la primavera de 2000. Éramos un grupo de compañeros de trabajo y entre ellos estaba la típica izquierdista española que en España es anticlerical y en Irlanda del Norte, católica. La sigo teniendo en el Facebook y me llama la atención que sea fiel a IU y pase de Podemos. En la plaza en la que está el ayuntamiento de Belfast dijo algo como “ver ahí ondeando la bandera británica me ha parecido muy fuerte”. Es lo que tiene acercarse a la realidad desde el prejuicio. También ondea la bandera española en Santa Cruz de Tenerife, que queda bastante más lejos de la España peninsular.

El gaélico que se habla en Escocia está ahí a consecuencia de la migración de celtas provenientes de Irlanda y durante muchos siglos existe una cultura céltica bi-insular. Dice Davies hablando del siglo X o por ahí que como resultado de los numerosos movimientos de poblaciones la configuración geográfica de “lo irlandés” tardó en configurarse. No sólo es Escocia, sino también la isla de Man o partes de Gales como la península de Lleyn y más al sur Cornualles. De hecho, habría sido posible que la cultura céltica se hubiera impuesto a la romana y a la germánica. La frase importane es: Sólo cuando los asentamientos irlandeses en Gran Bretaña dejan de funcionar puede empezar a emplearse el concepto moderno e insular de “Irlanda”.

Las islas británicas

Las islas británicas