Kebab con Obama

10/02/2016
adw

Con Obama en mi mesa habitual – febrero de 2015

Hace unos pocos días ha hecho un año desde que comencé en mi empleo actual, aunque al principio teníamos una oficina más céntrica por Candem st y ahora una mas espaciosa en los confines de la civilización. He encontrado una foto que me ha recordado los tiempos en que estábamos en todo el meollo. A cinco minutos del trabajo había dos sitios para comer kebab: uno persa al que iba más a menudo y otro moruno que tenía una foto de Obama que le daba un efecto muy kitsch. Además algunas paredes del sitio estaban empapeladas con unos motivos de banderas yanquis y taxis de Nueva York, digo yo que como para separar el negocio y la comida de cualquier asociación geopolítica del kebab con el islamismo. O a saber.

Is feidir linn, que aparece escrito con letras adhesivas sobre un espejo, es la forma de decir en gaélico “sí, se puede” (yes we can). Uno no sabe gaélico ni como para eso, pero cuando Obama estuvo por aquí en 2011 lo dejó caer.


Harlech

17/08/2013

Harlech queda al norte de Barmouth

Volvíamos de Portmeirion con hambre y decidimos que era urgente parar a comer alguna cosa. En Dyffryn Ardudwy no hay demasiado, así que Harlech era el mejor lugar que quedaba de camino. Ahí encontramos un maravilloso local de kebabs, en el que tardaron bastante en servirnos nuestra dosis de comida rápida, pero a cambio estaba bastante mejor que el promedio.

Luego nos sentamos a zamparlo en un banco que había en un pequeño rincón junto a una iglesia y apareció por alli un jipi de unos cuarenta tacos con su hija de un año. Russell se llamaba el tipo y era de Glasgow. Un personaje. Entre otros datos biográficos curiosos, tenía un terreno en Cataluña. Comentó que vivir en Gales se estaba volviendo caro, que en verano no está tan mal ya que sólo paga ochenta libras al mes por el lugar en el que tiene la caravana, pero que en invierno un cottage le sale por no menos de seiscientas. Este hombre vivía de los trabajos que le van saliendo. Seguramente lo mejor para una niña de un año no sea vivir en una caravana, pero quién sabe. Nos regaló una pluma de pavo real.

Luego nos acercamos al castillo, que es un señor castillo y además el que sale en la portada del librito. Harlech es un pueblo colgado por encima del mar y por la tarde la vista de los montes de Snowdonia hacia el norte es muy buena. En cambio el sol se pone en el mar, lo que no me deja hacer ninguna foto buena de la fortaleza. Hay una estatua bastante fea a un lado. La jefa ha decidido venir a tomar café aquí al día siguiente, lo cual no entiendo demasiado bien, porque es justo después del desayuno, pero no me quejo porque me gustaría ver el castillo con mejor luz,

Por eso nos plantamos en Harlech el día siguiente por la mañana, después de la ya habitual cháchara con el señor de Shropshire y la pareja finoinglesa. Ese café en un local pequeñito con una terraza desde la que se ven bien el mar y el castillo y luego otro breve paseo por la localidad. En el aparcamiento que hay frente al monumento, un hombre con pintas del profesor chiflado me preguntó con una pronunciación muy buena: “¿de qué parte del mundo hispánico son ustedes?” y contesté que de la propia España, lo cual pareció defraudarle, creo yo.

Y sin más historia dejamos el pueblo por el que aún habríamos de pasar otras cuantas veces aunque ya sin detenernos, para llevar a cabo el plan que se nos había ocurrido para ese día trece: recorrer la península de Lleyn.

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12.07.2013-13-07-2013