Un viaje por la historia de Ucrania

28/07/2018

Portada

Ese episodio del otro día con tropas griegas patrullando por Odesa durante la guerra civil rusa me ha recordado que tenía por leer un libro que compré diría que hace tres años, después de haber leído otro de la misma autora sobre el cerco de Leningrado. Se llama Borderland: A Journey through the History of Ukraine y como ya dije una vez borderland bien podría traducirse como extremadura. Lamentablemente el volumen no está en español ni he sido capaz de encontrar manuales de historia ucraniana que me hayan parecido solventes en nuestro idioma, así que me he puesto a leer en inglés con la intención de aprender y rememorar cosas de aquel viaje de 2010.

Eso sí, la primera versión del libro es de 1997 y la que tengo, de 2015 no es una edición revisada sino que a los diez capítulos originales (que yerran en varios de sus augurios) les han metido cuatro de propina para actualizar. A diferencia de otros países para los que una historia que llegara hasta finales del siglo XX reflejaría lo esencial, en el caso de Ucrania no es así y si no se cuenta lo que ha pasado desde la llegada de Putin al poder en Rusia y especialmente a partir de 2014, parece que no se entera uno de nada.

El libro de 1997 en vez de hacer un recorrido en orden cronológico presentaba una a una diversas partes del país para ilustrar procesos históricos de mayor calado. A mí me parece que peca un poco de la “enfermedad de la unidad de destino en lo universal”, enfatizando los elementos que invitan a pensar en una etnogénesis ucraniana más sólida, separada y  distintiva con respecto a la formación de Rusia de la que a mí (en mi ignorancia) me parece intuir que pudo darse.

Aquí me he enterado de que Joseph Conrad, del que sí sabía que era polaco, nació en un lugar que hoy es parte de Ucrania, lo que parece no importar demasiado a los actuales habitantes ucranianos del pueblucho, como suele suceder. Como los grandes villanos de la historia de la zona son alemanes y rusos la tensión entre polacos y ucranianos se suele dejar pasar aunque no sea poca cosa.

A pesar de su antagonismo circunstancias históricas parejas empujaron a Polonia y Ucrania hacia estrategias de supervivencia parejas. Para los polacos del siglo XIX y para los ucranianos hasta 1991 la idea de nacionalidad tomó un significado religioso, casi metafísico. Del mismo modo que los ucranianos de la diáspora se consideran a sí mismos parte de Ucrania a pesar de haber nacido y crecido en Canadá o Australia los exiliados polacos del siglo XIX no se consideraban menos parte de Polonia por haber pasado sus vidas en París o Moscú. Sus países existían en una especie de hiperespacio mental independiente de banalidades tales como gobiernos o fronteras. “Polonia no se ha perdido aún” era el título de una marcha napoleónica, “Ucrania no ha muerto aún” el poco inspirador primer verso del actual himno ucraniano.

Hablando de la cuenca del Donetsk se dice que esta ciudad se llamó antes Yuzovka en honor al industrial minero galés John Hughes y que la palabra minero en ruso –shajtior– tiene un tono mítico (su equivalente ucraniano es shajtar, tal y como se llama el equipo de fútbol local). Veamos lo que decía la autora en 1997 de esta zona del país ahora convertida en la poco reconocida República Popular del Donetsk:

Para conservar su independencia Ucrania debe mantener contento al este rusófono que, densamente poblado y muy industrializado, tiene mucho que decir en el país. En las primeras elecciones tras la independencia fueron los votos orientales los que entregaron la victoria a Leonid Kravchuk, antiguo jefe del Partido ante Vyacheslav Chornovil, antiguo disidente y dirigente del movimiento independentista. En 1994 fueron los votos orientales los que echaron a Kravchuk, que para entonces era el niño bonito de los nacionalistas, favoreciendo a Leonid Kuchma, exdirector de una fabrica de misiles en la ciudad rusófona de Dnipropetrovsk. Curiosamente, el año anterior Kuchma había tenido que dimitir como primer ministro cuando miles de mineros del Donbass llegaron a Kiev pidiendo aumentos de sueldo. La peor pesadilla de los políticos ucranianos es el separatismo del Donbass, el temor de que un día Ucrania oriental quiera la autonomía o apueste por volver a unirse a Rusia.

Hablando de la batalla de Poltava (1709) se nos dice que en los noventa “descendientes de los soldados allí abandonados pueden verse ante la embajada sueca en Kiev para solicitar la ciudadanía de un país que sus antepasados dejaron tres siglos antes”. No me parece que pueda haber tantos descendientes de suecos como para que ni en los peores momentos hubiera una cola más o menos permanente pero sí que recuerdo que antes de ir a Ucrania me sorprendió saber del pueblo de Gammalsvenskby donde algo de la cultura sueca ha sobrevivido durante muchas décadas casi en el mar Negro.

Como lo de cambiar nombres de calles es un tema muy hispánico, un fragmento sobre cómo se produjo en Odesa tras el fin del comunismo:

Más deprisa que ningún otro lugar Odesa se está desprendiendo de su monocromático barniz soviético para revelar la antigua identidad multiétnica que subyace. La calle de Carlos Marx ha vuelto a ser Yekaterniskaya; la de Lenin, Richelyevskaya; la de Karl Libknecht, Griecheskaya (griega). Babelya, que llevaba el nombre del gran novelista odesita Isaac Babel se ha convertido en Yevrevskaya (calle hebrea). Del mismo modo que fueron extranjeros quienes construyeron la ciudad son extranjeros los que le están volviendo a dar vida. Una empresa suiza ha reformado el antiguo y grandioso Hotel Londonskaya, que es ahora una de las guaridas preferidas de negociantes confabuladores. Unos chipriotas han abierto un casino en el edificio de la antigua bolsa de valores donde ahora trabajan croupiers de Liverpool y son italianos los que han renovado el puerto desde el que pequeños comerciantes y prostitutas recorren de nuevo las antiguas rutas que van a Haifa, Alejandría o Estambul.

Odesa es una ciudad sobre la que me gustaría saber más cosas. La autora dice que fue fundada por un mercenario hiberno-español (o hispano-irlandés que tanto monta). No puede ser otro que José de Ribas, pero no le he encontrado la conexión irlandesa y el apellido Boyons no me parece prometedor. Tampoco encontré nada sobre las tropas griegas (en apenas dos líneas dedicadas al episodio sólo se habla de los franceses). Eso sí, por fin me ha quedado claro que el Duque de Richelieu cuya estatua está al final de la mítica escalera era sobrino nieto del famoso cardenal. Me hace falta un buen libro con la historia de Odesa.

La perspectiva rusa de las cosas está basada en la escasa entidad o importancia de la identidad y la lengua ucranianas:

La rusificación no se dio sólo en Ucrania. La sufrieron todas las naciones del imperio tanto bajo el zariano como bajo el comunismo. Sin embargo, la rusificación se dio con mayor determinación y éxito en Ucrania que en ningún otro lugar. En primer lugar Ucrania se unió al imperio más temprano: Las tierras ucranianas al este del Dniéper fueron a Rusia en 1686, Estonia y Letonia fueron conquistada veinte años después, el Cáucaso y Finlandia no lo fueron hasta finales del siglo XIX. Ucrania fue para Rusia lo que Irlanda y Escocia fueron para Inglaterra – no una posesión imperial como Canadá y la India, sino parte del centro irreductible. De ahí que el comentario (probablemente apócrifo) de Lenin de que “perder Ucrania sería perder nuestra cabeza” y el sueño de nacionalistas románticos como Solzhenitsyn de que Rusia, Ucrania y Bielorrusia un día volverán a unirse.

En segundo lugar, los rusos consideraban y aún consideran a los ucranianos como una subespecie de rusos antes que nada. Cualquier diferencia que existiera entre ellos seria la obra artificial de los pérfidos papistas polacos, que en la imaginación rusa actual han sido sustituidos por la intromisión de Occidente en general. En lugar de atacar a los ucranianos y a la identidad ucraniana como algo inferior lo que los rusos hacen es negar su existencia. Los ucranianos son una “nación no histórica”, el idioma ucraniano un dialecto de broma, Ucrania misma una Atlántida -una ensoñación legendaria de ciertos intelectuales ucranianos” en palabras de un parlamentario de Donetsk. La proximidad de las culturas rusa y ucraniana, la sutiliza de las diferencias entre ellas es algo irritante. La razón por la que los lituanos y los kazajo rechazan considerarse rusos es perfectamente obvia pero que los ucranianos quieran hacer lo mismo es simplemente indignante.

El Edicto de Ems:

En 1876 la rusificación alcanzó su culmen mediante el Edicto de Ems. Mientras tomaba las aguas en esa ciudad balnearia alemana Alejandro II firmó un decreto que prohibía la importación y publicación de libros y periódicos en ucraniano así como  todo tipo de conciertos, conferencias y espectáculos en ucraniano, toda la educación en ucraniano incluida la preescolar. Los libros en ucraniano serían eliminados de las bibliotecas escolares y los maestros ucraniófilos transferidos a la Gran Rusia. Durante las epidemias de cólera incluso los avisos sanitarios se pondrían sólo en ruso.

Entre las cosas leopolitanas y en general de la otrora multiétnica Galizia oriental me sorprende esta anécdota que si ya sería rara en los noventa del s XX hoy en día debe de ser imposible:

De todos los gobernantes de Lviv son los austriacos los únicos por los que los ucranianos retienen algún tipo de afecto. Todavía puede encontrar uno ancianos que silban la marcha “Ich hat’ einen Kameraden” (Yo tenía un camarada) y babushkas que cuando se les pregunta la hora responden “¿la vieja o la nueva?” ya que sus relojes están aún puestos a la hora oficial en tiempos del benigno y patilludo emperador Francisco José.

Aquí gracias a un fragmento de la Baedecker me he enterado de que la colina de las ruinas del gran castillo leopolitano por donde subimos años ha (Vysoky Zamod) se llamó en sus tiempos Franz-Josef-Berg. Veamos un chiste austrohúngaro de finales del siglo XIX:

Un policía para a un socialista polaco que va a cruzar la frontera de Galitzia. Cuando le pregunta a qué se refiere cuando habla de “socialismo” el polaco responde “es la lucha de los trabajadores contra el capital” a lo que el policía replica “En ese caso puede usted entrar en Galitzia ya que aquí no tenemos ni de lo uno ni de lo otro”.

Era la región más pobre del imperio austrohúngaro, lo cual supuso muchas cosas:

Para muchos la ruta de escape fue la emigración. En los veinticinco años anteriores a la Primera Guerra Mundial más de dos millones de campesinos tanto ucranianos como polacos abandonaron Galitzia. De ellos unos 400.000, que suponían el 5% de la población de la provincia lo hicieron en 1913. Unos fueron a las nuevas fábricas de la Silesia polaca y otros a Francia o Alemania pero la mayoría embarcó hacia Canadá o los Estados Unidos fundando la diáspora ucraniana en Norteamérica que a día de hoy está conformada por unos dos millones de personas.

Identidad nacional a la carta, que también es una cosa muy española:

Para los habitantes de Ucrania con estudios la identidad nacional era una cuestión de gusto personal. En muchas familias hubo individuos que se convirtieron en prominentes ucranianos mientras que otros seguían considerándose a sí mismos rusos o polacos.

La primera gramática ucraniana apareció en 1818 (su compilador creía que estaba registrando un dialecto en extinción) y el primer diccionario breve en 1823:

El ucraniano está aún en estado de flujo. El vocabulario técnico está subdesarrollado y necesita tomar préstamos a mansalva del alemán y del inglés (de cualquiera menos del ruso). También hay variaciones entre el ucraniano influenciado por el ruso de las provincias centrales y el influenciado por el polaco de Galitzia, que fue anatemizado por los soviéticos como nada ucraniano sino una forma bastarda de polaco. Un amigo ucraniano que creció cerca de Lviv recuerda que en la escuela le decían que “el idioma que hablamos es impropio, muy malo, incorrecto, un tipo de dialecto…. y que en algún lugar existe el ucraniano correcto pero que es diferente, no el que hablamos, claro.”

A continuación dejo apenas tres datos sobre tres momentos históricos pero cuya la magnitud se debe tener en cuenta por los millones de de seres humanos a las que afectaron:

La Gran Guerra:

En el momento en que se declaró la guerra en julio de 1914 los ucranianos se encontraron divididos en dos ejércitos opuestos: tres millones y medio de soldados en el ruso y un cuarto de millón en el ucraniano.

La hambruna de 1932-33

Con más muertos que todos los de la Primera Guerra Mundial en todos los bandos juntos la hambruna de 1932-33 fue y aún es una de las atrocidades de la historia humana de la que menos se ha informado, un hecho que contribuye poderosamente al persistente sentido de victimización ucraniano.

La Segunda Guerra Mundial:

En los meses finales de la guerra miles de prisioneros fueron empujados hacia el oeste en marchas de la muerte similares a las de los campos de concentración. En total, de los 5,2 millones de soldados soviéticos hechos prisioneros por Alemania durante la guerra dos millones están registrados como muertos en campos y otro millón trescientos mil cae en la categoría de “huidas, exterminaciones, no contabilizados, muertes y desapariciones en tránsito. Tomando la cifra más conservadora de dos millones de muertes los campos de prisioneros del Frente Oriental causaron un tercio de las muertes de las que causó el Holocausto.

Tras mucho hablar sobre Chernóbil y el fin del comunismo el libro de 1997 se cierra con una serie de conjeturas sobre el futuro de las cuales la que más me divierte es esta, de un analista de Reagan:

“Hay una historia de Turgenev” dice “un hombre está tumbado al sol en la hierba. Una campesina llega y le trae pan y leche. Piensa para sus adentros – “¿Para qué necesitamos Constantinopla?” Rusia está así ahora con respecto a lugares como Crimea.

Dejo los cuatro capítulos agregados y que cubren (1997-2015) para comentarlos tras una relectura. Muchas cosas han cambiado en el mundo desde el 97, seguramente en Ucrania más que en ningún país de Europa occidental. Entre las pequeñas pude ver en Leópolis hecha realidad la estatua de von Masoch que se había propuesto y Kirovogrado se llama Kropyvnytskyi. Entre las grandes las hay que van muy despacio, y otras que llaman más la atención como todo aquello de la revolución anaranjada, pero sobre todo la guerra que se inició en 2014 y la pérdida de Crimea. Ahora se ha dejado de poner el foco en aquella parte del mundo pero aún hay mucho por escribir.


El tren llegó puntual

17/12/2011

Das Schweigen derer, die nichts sagen, ist furchtbar. Es ist das Schweigen derer, die nicht vergessen, derer, die wissen, dass sie verloren sind.

El tren llegó puntual

Me han pasado este libro de Heinrich Böll y me lo he leído de un tirón. Der Zug war pünktlich, su primera obra, de 1947. La acción se desarolla a finales de 1943 y son tres días, acaso los últimos, de la vida de un soldado alemán de camino al frente oriental que ya está desmoronándose. Comienza a bordo de un tren que sale de Dortmund junto con otros soldados y destacan los pensamientos de Andreas en el trayecto. Dresde, Breslau y luego Polonia para llegar a la capital de Galizia: Lemberg. Andreas ha calculado que morirá en algún lugar entre Lemberg y Czernowitz, pero finalmente ocurrirá o no entre Lemberg y Stryj.

Lo he leído con avidez porque junta tres intereses míos como lo son la historia cultura y literatura de Alemania (nada menos); la Segunda Guerra Mundial y los nacionalismos de Europa oriental. Además ocurren cosas en dos de ciudades de las que hemos escrito como son Breslavia (entonces Breslau, hoy Wrocław) y Leópolis (Lemberg, Lvov, L’viv).

Cuando lo he leído me ha venido a la cabeza la idea importante de que hay libros que sólo pueden escribir quienes han vivido lo que se narra. Böll fue soldado raso durante la guerra y seguramente conoció cosas que cuenta y que son muy difíciles de inventar: pequeñas como el olor a café de los trenes, el sabor de las raciones; otras que tienen más importancia y no suelen salir en los libros, como las corruptelas en el ejército, el mercado negro o la interacción de soldados y población civil ocupada o sucesos terribles como los de las marismas de Ssiwasch; pero también hay algo discutible en su planteamiento y es que Andreas “sabe” lo que va a pasar, tiene la premonición de que todo está perdido y llega a hablar a Olina de de 1945.

Aquí no es problemático porque es literatura, pero cuánta gente quiere escribir la Historia así. Siempre me ha parecido interesante observar las cosas desde la perspectiva del que falta y no pudo saber. Uno de los inconvenientes de la muerte es no poder satisfacer la curiosidad por qué pasará luego. Andreas lo ha visto todo sin duda a través de los ojos de Böll, pero algunas veces he pensado en sus coetáneos, que murieron en la estepa a cientos de kilómetros de casa defendiendo una superioridad racial absurda y una ensoñación imperial demente. No se les dio la oportunidad de cambiar y si ya es malo morir, cuánto más lo es hacerlo luchando por unas tonterías en las que ya sólo los tarados creen.

Escenarios.

La historia va en dos sentidos, el del soldado hacia el frente y el del frente hacia el soldado. He puesto un mapa para ilustrar el recorrido geográfico que hace Böll. Aunque el primer título de la novela fue Zwischen Lemberg und Czernowitz la historia de Andreas acaba entre Lemberg (F) y Stryj (G). pero las menciones a otros lugares, a un mapa que lleva y al lugar en el que calcula que lo encontrará la muerte son continuas.

En mi edición española no hay mucha coherencia toponímica, pero quizá en el original alemán tampoco la haya. Przemyśl se llama en alemán Premissel, pero me supongo que lo que hacen los traductores es copiar lo que pusiera Böll excepto para Cracovia. En esta lista pongo los topónimos que aparecen en la novela junto con los actuales. El mapa en Google Maps tiene las fronteras posteriores aa 1945, lo cual no es ideal pero sólo llego técnicamente hasta ahí. Yo hago indicaciones teniendo en cuenta las anteriores a 1939, ya que en los años de la guerra las fronteras son flexibles y sin demasiado valor.

  • A: Dortmund, Alemania
  • B: Dresden, Alemania (en español Dresde)
  • C: Breslau, Alemania (en español Breslavia; pertenece a Polonia como Wrocław desde 1945)
  • D: Cracovia (en polaco Kraków, en alemán Krakau)
  • E: Przemysl, Polonia (en polaco la ese es acentuada: Przemyśl)
  • F: Lemberg, Polonia (en Polonia hasta 1939 como Lwów; en la URSS desde 1945 [ruso Lvov] [ucraniano L’viv] )
  • G: Stryj, Polonia (es el nombre polaco; hoy pertenece a Ucrania [en ucraniano Стрий, Srtiy]) – no confundir con otro Stryj que hay en la Polonia actual.
  • H: Czernowitz, Rumania (es el nombre alemán, en ucraniano es Чернівці Chernivtsi; hasta 1940 perteneció a Rumania como Cernăuţi)
  • I: Stanislau, Polonia (hoy en ucraniano Ivano-Frankivsk, antes fue Stanyslaviv, perteneció a Polonia hasta 1939 como Stanisławów)
  • J: Kolomea, Polonia  (hoy en ucraniano Коломия Kolomya, perteneció a Polonia hasta 1939 como Kołomyja
Más adelante aparecen Nikopol (K) y Anapa (L), que también se mencionan. Las marismas de Ssiwasch están en Crimea.



Lvov, 18 de mayo de 2010

18/05/2011

Vista desde el Hotel George - Plaza de Galicia (Halytska, Galizia, Galitzia)

En el Hotel George dormimos francamente bien. Está en una ubicación muy central. Aquellos días estaban de obras y por eso se entraba por un lateral, en lugar de por el vestíbulo principal. Creo que deben de estar remozándolo para la Eurocopa de 2012. Me parece que por el precio que tenía era una pequeña ganga. El desayuno fue abundante, tipo bufé de gran hotel. No nos podemos quejar, salimos bien avituallados y pertrechados para la aventura.

Teatro de la ópera de Lvov

Se nos ocurrió ir a ver un museo de la cerveza. Hubo un momento de confusión porque estaba fuera de la zona que cubría nuestro plano. El hospital hebreo y la cúpula de la sinagoga nos liaron; pero preguntando se va a Roma, y como sabíamos decir pivo y musei, nos anotamos otro tanto. El problema fue al llegar, que estaba cerrado y nos dijeron vuelva usté mañana. Lo interesante entonces fue atravesar un mercadillo y meterse por calles nada elegantes.

Fábrica de cerveza Lvivske

Al final, de tanto liar la madeja tuvimos que preguntar a otra chica a ver por dónde se iba al centro, pero con suerte estábamos al lado. El día había empezado bien, bastante soleado. Nos acercamos al rynok, donde había más gente que el día anterior. Grupos de estudiantes, sobre todo.

Nº 31 Ploschka Rynok

Decidimos acercarnos a ver la capilla de la familia Boym, de la que hemos leído que es muy interesante. Está en la plaza de la catedral, a unos pasos de la plaza mayor. Por uno de los lados no llamaría nada la atención si no fuera por unos cuadros que dan al exterior. La fachada sí que impresiona. Luego dentro, es pequeña, pero está ornamentada muy barrocamente. El estilo es, por consiguiente, muy recargado. Uno se sienta y comienza a mirar al techo y cuesta no perderse entre tanto detalle.

Capilla de la familia Boym

Poco a poco, el día se ha ido poniendo más oscuro y de repente se pone a llover bastante, así que nos metemos en una terraza a echar una cervecita. Una Lvivske, la marca local cuyo museo queríamos haber visitado esta mañana.

Cerveza Lvivske (Львівське)

Después no tenemos ningún plan en concreto hasta las siete y pico de la tarde, hora en la que sale el tren para Odesa. Así que nos ponemos a callejear, en la esperanza de que la lluvia pare.

Hotel George

En algún momento volvemos a la Puzata Hata para repostar. Pasamos por delante de nuestro bonito hotel y probablemente -ya no recuerdo- volvemos a escoger un camino que nunca es el más corto. En alguno de los momentos nos hemos cruzado con un anciano condecorado, con bastón y medallas. Aún pueden verse abuelos bélicos de la Gran Guerra Patria, aferrados a esa hojalata que quizá les haga la vida un poco mejor en un mundo postsoviético que es difícil para los viejos.

Knigi (libros)

Había una librería, que creo que pertenecía a alguna iglesia, en la que nos pusimos a mirar mapas y libros con muchas fotos. En un mapa hemos visto el recorrido de nuestro tren nocturno. También lo lejos que queda Crimea. Antes de venir nos habíamos planteado la posibilidad de ir allí, y desistimos ya que el tren entre Lvov y Simferopol tarda un día: veinticuatro horas enteras.

Publicidad

Aquel día había un espectáculo de flamenco-tango en la ciudad: María Serrano. En Polonia había visto la posibilidad de utilizar coches viejos, en muy mal estado, como soporte publicitario. Por otra parte, percibo que aquí en Ucrania las tentaciones del capitalismo (juego, sexo) utilizan reclamos más agresivos que en occidente.

Sbovody Prospekt - Avenida de la Libertad

Las calles se poblaron de paraguas. Por la mañana hacía un día soleado, bastante bueno y ahora las cosas se ha puesto así. Por fortuna, uno no suele venir a Ucrania a disfrutar del tiempo. Durante la mayor parte del año el clima es extremo. Frío extremo con mucha nieve en invierno y mucho calor en verano. Venimos en una zona templada del calendario y nos llueve.

Banderas y tridentes del Ejército Insurgente y de Ucrania

Junto a la estatua de Ivan Pidkova-Juan Herradura, vi dos banderas iguales en forma y distintas en color. La azul y amarilla es la bandera nacional de Ucrania con su tridente. Dicen que los colores simbolizan el cereal y el cielo. La roja y negra no sé de qué es. Luego buscando en internet he visto que es la bandera del Ejército Insurgente Ucraniano, el UPA de Stepan Bandera, un personaje histórico con el que se puede simpatizar muy poco, a no ser que uno sea un nacionalista ucraniano muy recalcitrante.

Hombre pidiendo

En el rynok había un hombre pidiendo que parecía de otro tiempo. Llevaba una taza de loza. Su aspecto podría ser hebráico, pero quizá la larga barba tenga más que ver con la indigencia que con la ortodoxia religiosa. Pienso en la imagen y la sueño en blanco y negro.

Leones

Ya hemos dicho que Lvov es la ciudad del león. En el rynok había un banco de metal con dos leones forjados, no sé si con cañones tomados al enemigo.

Nº 4 Ploscha Rynok

Una de las casas más bonitas de esta plaza mayor es el nº 4, de color negro. No sé si es el contraste con las estatuas blancas o con las flores moradas lo que realza más su belleza, pero sin duda destaca entre muchas otras casas principales. La llaman “la Mansión Negra” y perteneció a un mercader italiano del siglo XVI. El jinete montado de la fachada es san Martín.

Jardín en el Rynok

Es tan grande la plaza que hasta cabe un trozo grande de césped y arbolado, junto al ayuntamiento, que en ucraniano se llama ratusha, muy parecido al polaco ratusz y al alemán Rathaus. Otra palabrita ucraniana que oí varias veces en esta ciudad fue diakuyu (Дякую), que quiere decir gracias y se parece mucho al polaco dziękuję y nada al ruso spasiva. El continuum dialectal eslavo y sus cosas.

)

Patio Italiano

Podía habernos pasado inadvertida tranquilamente, pero una de las casas del rynok esconde un patio italiano en su interior. Era la casa del rey polaco Juan III, de la Casa  Sobiecki. Hay un café restaurante y una galería de arte. Nos introdujimos furtivamente cuando ya nos íbamos de la plaza y no nos acabó de quedar claro si había que pagar entrada.

Taras Shevchenko

Cuando decidimos salir hacia la estación, el día se pone bonito. Volvemos por la avenida de la libertad y vamos despidiéndonos de estas  vistas que hemos tenido estos dos días. El monumento a Taras Shevchenko es muy interesante. Un regalo a la ciudad de la diáspora ucraniana en la Argentina. Curiosamente, lo más interesante no es la escultura del propio escritor, sino la columna que se levanta a su espalda, con forma de bumerán. Tiene que ver con el renacimiento nacional y cosas de esas que dan miedo, pero es bonito.

Ópera leopolitana

Poco a poco las calles se van secando y dejamos la ciudad por la misma calle que vinimos, entre los castaños de Svobody Prospekt, pasando por delante del edificio del Teatro de la Ópera.

Высокий замок - Vysoky Zamok, la colina del castillo

Antes de girar a la izquierda, vemos la colina del castillo a la que subimos ayer para tener una vista completa de la ciudad desde el lugar en el que nació. Inevitable, por supuesto, intentar imaginar cómo sería el castillo en sus tiempos. Por fortuna hay láminas antiguas que lo muestran.

Цирк - Circo

Tienda de hábitos ortodoxos

Y en el camino a la estación vamos recogiendo las mismas vistas por la misma avenida que ayer: el circo, la tienda de hábitos para el clero ortodoxo, una tienda que se llama “Manco: Moda de España & Italia”. No sé si sabrán lo que quiere decir “manco”, pero creo que buscan imitar el logotipo de la empresa “Mango”, de Inditex.

Chernivetska vulitsya

Y cuando llegamos al principio o final de la avenida Godorotska, donde ésta se encuentra con el paseo de la estación, la encontramos con el mismo aspecto desolado de ayer. Hay unas casas a mano izquierda, señoriales ellas, que hace cosa de cien años deben de haber estado muy bien. Pero una revolución, limpieza étnica, tres guerras, setenta años de dictadura del proletariado y una independencia titubeante hacen que se resienta la ciudad más pintada.

Andén de la estación de Lvov

La estación es un pequeño museo. Tiene hasta una sala de espera algo mejor, en la que hay que pagar algo para entrar. Hemos estado un rato merodeando, pero nos hemos aburrido. Al salir al andén hemos visto una oficina de correos que parece sacada del decorado de una película. Hemos comprado unos sellos y desde allí mismo hemos enviado unas postales. También las cabinas de teléfonos tienen su aquel.

Paisaje desde el tren

Sin intérprete ni nada, pero ha sido fácil instalarnos en el tren. Esta vez no vamos en clase cupé, porque no existe. El vagón está abierto, tenemos literas, pero hay un pasillo por el que la gente va pasando. Nos han tocado las dos literas de abajo. También hay otra litera enfrente, al otro lado del pasillo. Ha venido un tipo a vendernos una tarjeta para el teléfono móvil. Ha estado muy gracioso, porque iba borracho. Como veía que no le entendíamos mucho nos ha empezado a explicar en ruso “esto es una tarjeta, con ella puedes llamar a tu madre -¡hola mamá” – o a un amigo “¡hola amigo!“. Al final se ha ido, persiguiendo a una tía buena que ha aparecido de modo providencial. El paisaje es monótono y el tren va parando en muchas ciudades. En un momento de la noche nos ha tocado levantarnos, porque han llegado dos mujeres que se tenían que poner en las literas que estaban sobre nuestras cabezas.

Tren

Finalizada la aventura leopolitana, intentamos dormir atravesando Rutenia en un ferrocarril de tiempos soviéticos. Dentro de unas horas llegaríamos a Odesa. A la heróica ciudad de Odesa.


Lvov, 17 de mayo de 2010

17/05/2011

Lvov, estación del ferrocarril

No recuerdo la hora, pero era tan pronto que en lugar de tomar el tranvía decidimos acercarnos al centro caminando. Al fin y al cabo ya había amanecido y era poco más de un kilómetro. Aparte de desayunar y buscar alojamiento teníamos todo el día para hacer lo que nos diera la gana. La

Lvov, Lvi’v, Львів, Львов, Lwów, Lemberg, Leopolis: la ciudad del león. Si tuviera que escogerle un nombre en español sería probablemente Leópolis, pero me voy a quedar con el ruso Lvov, que a pesar de impronunciable es el que más tengo visto. Es probable que dentro de poco la forma ucraniana Lviv vaya apareciendo más. Lev es león en ruso, como recordarán quienes hayan oido llamar tanto así como León a Tólstoy o a Trótsky.

Monumento a Iván Herradura (Ivan Pidkova)

De enfrente mismo de la estación sale una línea de tranvía. El ambiente en general es un tanto decrépito. Al lado hay una explanada que hace las veces de estación de autobuses. El suelo está desconchado y al parque móvil se le nota, en general, una cierta edad. Hay doscientos metros junto a las vías del tranvía hasta llegar a una curva. Luego hay una avenida que se llama Gorodovtska o Horodotska, según cada letrero. (porque la letra Г que es la ge en ruso, se pronuncia como una hache aspirada en ucraniano. Básicamente, el que la o del ruso se convierte en i, y el que la g se convierte en h, es lo que tengo entendido que diferencia a uno del otro. Chernigov se convierte en Chernihiv) Esta avenida desciende lentamente hacia el centro de la ciudad. Tras algo más de un kilómetro llegamos al teatro de la ópera, que se encuentra frente a un bulevar que llaman Avenida de la Libertad (Svobody Prospekt).

Allí vemos por primera vez el monumento enorme a Taras Shevchenko (debe de haber miles por toda Ucrania, ya vimos el de la plaza de la Universidad en Kiev… frente a este que es más bonito pasaremos muchas veces). Empezamos a tomar el pulso a la ciudad. Hay un cartel enorme de propaganda del Mundial de Fútbol y salen varias estrellas mundiales (Messi, Torres) y un futbolista ucraniano que ni sabíamos quien era. También encontramos el hotel en el que acabaremos pernoctando, el George Hotel. Elegante edificio rosado que muestra en la fachada un relieve de san Jorge de Capadocia matando al dragón. Pero sobre todo, el monumento que más nos sorprendió fue el del caudillo (hetman) cosaco Iván “Herradura” Pidkova, que se parece a la estrella yanqui de lucha libre Hulk Hogan.

Mleczarnia

Tres meses antes no me habría imaginado que iba a estar aquí. Hay una razón por la que me resultaba interesante venir a Lvov. En febrero, cenando en el rynek de Breslavia, probando las delicias leopolitanas en un restaurante llamado Lwówska, estaba rememorando lo aprendido sobre la historia de aquella región de la Baja Silesia, que fue repoblada con polacos de la región de Lwów tras la expulsión de los alemanes. Lwów había pertenecido a Polonia en el período de entreguerras (1918-1939), pero pasó a la Unión Soviética tras el pacto Molotov-von Ribbentrop y lo que vino después. Tras la guerra los soviéticos expulsaron a los polacos para nunca devolver la ciudad. Tenía curiosidad por saber cómo era el lugar que dejaron los habitantes del nuevo Wrocław.

Lenguas

Pero hasta 1918 la ciudad perteneció al Imperio Austrohúngaro. En aquel Lemberg ya lejano nacieron por ejemplo, el conde Leopold von Sacher-Masoch, que le dió al marqués de Sade la mitad complementaria del concepto y que tiene estatua propia o el economista Ludwig von Mieses por poner un par de ejemplos de la cultura germánica. En lo que va del censo austrohúngaro de 1910 a hoy, es un mundo que se ha extinguido casi por completo. De hecho, fue gratificante encontrar este local comercial en el que las paredes aparecen inundadas de anuncios en alemán, en polaco y en yidis.

Leche de Galicia

Lvov es la capital de la región que se ha conocido como Galicia oriental (la capital de la Galicia occidental es Cracovia). El nombre de la región también se ha escrito de otras formas: Galizia, Galitzia, Галичина (Halychyna). pero quizá la forma más habitual sea la que comparte letra por letra con la noroccidental región española. Creo que este hecho no es muy conocido en España y una de las tonterías que me propuse y cumplí era enviar una postal  con el texto “Recuerdos de Galicia” a casa de mis padres.

Panorama desde el castillo

Antes de encontrar albergue, el elegante Hotel George, ya nos habíamos dado un paseo por la plaza mayor. En ucraniano se llama rynok y es lo mismo que el rynek de Polonia, no en vano era una ciudad polaca. Por la mañana estaba más bien vacío. Pero es curioso como evoluciona la vida cotidiana a lo largo de las horas en una ciudad. Luego pasamos más rato ahí. Tras registrarnos en el hotel, nos subimos al castillo de la ciudad, que en realidad no es ningún castillo, sino una colina con una antena de televisión desde la que se divisa Lvov por todas partes. Una parte del ascenso era relativamente empinado y estaba adornado con las estaciones del via crucis.

Había algunos niños haciendo deporte con profesores de la escuela y al llegar arriba, otro par de turistas perdidos y dos chicas que nos quitaban los mejores ángulos desde los que hacer fotos. Observamos una costumbre que se repetía en las muchachas ucranianas, la incapacidad de posar con naturalidad. La vista de la ciudad desde las alturas resultaba prometedora. Destacaba el verde de la vegetación, especialmente para los ojos mediterráneos.

Estatua de Vyacheslav Chornovil, que hace el tridente con la mano.

Luego en el descenso pasamos por una zona de viviendas pobres, que estaba justo detrás de edificios interesantes. En un parque cercano a la universidad, lleno de castaños en plenitud floral, nos encontramos con la estatua de un hombre que hacía el gesto del tridente. El tridente es uno de los símbolos nacionales de Ucrania, y hace las veces del escudo en su bandera. También aparece en la portada de los pasaportes. Luego averiguando, supimos que se trataba del político nacionalista Vyacheslav Chornovil. Cerca hay otra estatua de Iván Fiodorov, que es más famoso.

León sobre el cartel de una farmacia

En esa parte de la ciudad y ya después del mediodía, había cierta animación. Entramos en una especie de mercado y luego nos pusimos a callejear, en general por calles de alrededor del Rynok.

Hogares de tres naciones

Ahora está muy distinto de como lo conocimos esta mañana. Pasan con mayor frecuencia los tranvías. Por cierto, casi todos los tranvías de Lvov los conducen mujeres. Ahora nos detenemos más a mirar las fachadas austrohúngaras de las casas. Hay algunas muy bonitas, y la que no lo es se embellece con flores. El ayuntamiento, que ocupa todo el centro de la plaza, no parece nada especial.

Rynok

En los rynek de Silesia también había fuentes con un Neptuno. Las vimos en Jelenia Gora y Świdnica. Aquí, por lo ya comentado del tridente, puede que el dios griego adquiera una connotación especial.

Rynok. Neptuno

No sé cual es la extraña razón por la que una vez llegados al hotel, saliendo en sentido contrario al que se precisa para llegar al Rynok, siempre lográbamos perdernos. Íbamos para allí porque era la zona de las facultades universitarias y habíamos localizado una Puzata Hata que fue nuestra salvación. Allí estuvimos comiendo y cenando de todo: más de lo mismo, algunas cosas nuevas. Fue el gran descubrimiento culinario de Ucrania.

Adam Mickiewicz

Despues de comer, nos sentamos un rato a la sombra en un parque que hay frente al edificio de la universidad, que fue el del parlamento de Galicia en tiempos austrohúngaros. Hay una estatua enorme del poeta nacional Ivan Franko. Cerca del hotel hay otra estatua imponente de Adam Mickiewicz, el gran poeta polaco. La verdad es que Cervantes está casi olvidado si se compara con Shevchenko, Franko, Mickiewicz, Prešeren…. por decir algunos nombres con los que he tenido contacto estos meses. Pero casi no sabe uno qué es peor.

Lvov Ivan Franko University

Después he persuadido a mi acompañante para acercarnos al cementerio de Lychakiv, cosa que no le gustaba nada. Al que se reía de que me aparto de los perros. El cementerio de Lychakiv es una de las cosas más interesantes que se pueden ver en Lvov. Hay que caminar un par de kilómetros desde el centro. Se pasa por una zona de facultades universitarias más modernas (medicina, derecho….) la calle se llama Pekarska y acaba unos pocos metros a la izquierda de la entrada del camposanto. Se paga una entrada que tiene un precio más bien simbólico (tanto que ni lo recuerdo) y nada más entrar se encuentra uno con esculturas impresionantes sobre las tumbas.

Tumba

En algunos casos llama la atención la belleza trágica de las estatuas, otras lo gráfico de las placas (por ejemplo, un barco que se hundía en la tumba de dos jóvenes: es de suponer que perecieron de ese modo). También es interesante observar los nombres y apellidos alemanes, polacos, rusos y otros, así combinaciones de varios de los elementos culturales que dan una idea del crisol cultural que fue este territorio hasta el siglo XX.

Lychakivsky

Cuando el mejor amigo de los perros estaba protestando no sé si por los fantasmas, se nos apareció una comitiva fúnebre. Primero creímos que era un entierro pero resultó ser un homenaje a los caídos en la guerra de 1920. Estuvimos algo más de una  hora por allí, en la que dimos la vuelta al cementerio sin meternos por demasiados vericuetos. Se puede hacer una especie de recorrido circular. La verdad es que me pareció muy interesante y me hubiera quedado más, pero comenzaba a llover, se me habían agotado las pilas de la cámara de fotos y contaba con la oposición de mi escudero.

Por el afán de ver cosas nuevas, volvimos al centro por la calle que lleva el nombre del cementerio: Lichakivska bulica. Volvimos a acabar refugiándonos de la lluvia bajo un portal. Coincidió con la hora punta de la tarde, gente corriendo, atasco de autobuses. Un poco antes de anochecer, volvimos a la Puzata Hata, que es como quien dice el mejor sitio del mundo y después de cenar un par de veces, estuvimos tomando cervezas hasta que nos entró sueño.


Doble clic

15/05/2011

Algunas veces me ocurre que pulso dos veces muy seguidas el botón de la cámara de fotos. Me quedan dos fotos casi iguales, parecen idénticas si no hay ningún elemento móvil. Ahora se me ha ocurrido que puedo hacer archivos .gif con algunas páginas que hay en internet para eso. Algunas quedan muy bien, incluso el leve desplazamiento da sensación de profundidad tridimensional, en esto que también podría considerarse el menor timelapse posible.

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Picasion

Este el el Teatro de la Ópera de Lviv-Lvov-Lemberg-Leópolis, en Ucrania (mayo de 2010).

Veo que ya hace un año que estuvimos -como toreros felices- al otro lado del telón de acero. No llegué a publicar nada de lo que escribí sobre Ucrania. Es verdad que el perfeccionismo mata la creatividad, así que en estos días colgaré los textos y las fotos, estén como estén.


El blanco, el negro y el otro

02/01/2011

Ya he dicho que me voy a poner a publicar todo lo de cuando estuvimos en Ucrania. Sólo me detiene que son muchas notas y me da pereza. A lo mejor en estos pocos días libres que me quedan lo dejo todo hecho para que vaya saliendo automáticamente.

Entretanto, he estado mirando las fotos y me he puesto a jugar con ellas. Uno de los pocos trucos que me sé hacer con fotochop es lo de dejar todo en blanco y negro, manteniendo el color de un elemento de la imagen. No es que sea gran cosa, pero a veces queda bien.

Dejo un par de imágenes tomadas en Lvov y en Odesa. Ese hombre leopolitano mendigando con un cazo, que con sus barbas me parece como sacado de otros tiempos y el clavel sobre la lápida odesita en la avenida del recuerdo que concluye en un obelisco frente al mar Negro.

Lvov, mayo de 2010

Odesa, mayo de 2010


Tres ciudades ucranianas

29/05/2010

Ucrania: del 14 a 23 de mayo de 2010

Estoy empezando a escribir las impresiones del reciente viaje por Ucrania. Un país muy singular. El más grande de Europa si descontamos a su madre, Rusia. Una “nación improbable”, como he leído hace poco, que aparece muy tarde en la historia. La palabra Ucrania significa frontera y es de la misma raíz eslava que Krajina, como las varias krajinas de los Balcanes. Es algo así como Extremadura, en ese sentido toponímico. Digo que la nación aparece tarde. Antes es Rusia Menor, o Rutenia, también una frontera en el sentido de que le dan los colonos del oeste norteamericano. Estepa difícil, tierra de invasión mongola, de cosacos, de hebreos, húngaros, polacos, rusos y por último el gran debate aún inconcluso ¿qué es Ucrania? ¿hay una identidad ucraniana sin Rusia?

Esas cosas quise saber. Realmente, diez días es poco tiempo sobre el terreno en un país tan vasto. En la práctica hemos estado dos fines de semana en Kiev (Kyiv) y por el medio un par de días en Lvov (Lviv) y en Odessa (Odesa). Son tres ciudades muy diferentes. Por hacer un símil yo diría que Kiev es Madrid, Lvov es Salamanca y Odesa es Málaga.

Kiev es una megalópolis de hormigón con cúpulas doradas y una madre de hojalata que se extiende a lo largo de un río que es un mar. Más de tres millones de seres habitan la ribera del Dniéper en el lugar de la primera capital de Rusia, no lejos de la zona de exclusión de Chernóbil. Como capital del país, refleja su complejidad. Dicen que se oye más ruso que ucraniano en sus calles, pero casi todo está ucranianamente rotulado. Este desnivel entre el Kyiv oficial y el Kiev real me recuerda sospechosamente a Barcelona.

A quinientos kilómetros Lvov (en ucraniano Lviv, a veces con apóstrofe L’viv), la ciudad del león. Confín del Imperio Austrohúngaro hasta su disolución, luego de Polonia y tras la Segunda Guerra Mundial dentro de los límites de la República Socialista Soviética de Ucrania. Ciudad histórica y universitaria, de pasado multicultural, bastión del nacionalismo ucraniano. Capital de la Galicia centroeuropea. Dice Eva que esto es en realidad Ucrania y el resto son adiciones territoriales, siendo esto especialmente cierto en el caso de Crimea.

Tras doce horas de tren esquivando los Cárpatos y el Dniéster se llega a Odesa, ciudad legendaria fundada por Catalina la Grande, su amante Potemkin y construida por el español José de Ribas. La primera imagen a la que uno la asocia es la escalinata de la película inmortal de Eisenstein, Acorazado Potemkin, pero es también un puerto de primer orden en el mar Negro. Probablemente sería una de las ciudades más elegantes del mundo a finales del siglo XIX. Si hay una palabra que la define hoy es “decadente”, sin duda. Las mujeres más bellas de Ucrania se pasean por sus bulevares. Es una ciudad con aire de nouveau-riche, entre sus palacios decrépitos y sus playas con promesas de una nueva Ibiza.